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La Cuco de MZA 606 para Móra la Nova

El Museo del Ferrocarril de Móra la Nova, integrado en el Museo de la Ciencia y de la Técnica de Catalunya, acaba de recibir una Cuco 1886. Esta locomotora de vapor será restaurada y de nuevo puesta en funcionamiento para realizar pequeños recorridos dentro de la instalación. La puesta en marcha de esta máquina encaja con el proyecto del museo de potenciar un ferrocarril turístico de vapor para viajar desde la costa hasta Caspe.

Una vez restaurada será la locomotora de vapor en funcionamiento más vieja de las expuestas en centros museísticos catalanes (y una de las más antiguas de toda España). Se trata de una máquina Marcinell et Couillet, modelo 020 T MZA 606, fabricada en Bélgica, fabricada para hacer maniobras en los talleres y no para largos recorridos. Pertenece a un lote de diez pequeñas locomotoras-tender que MZA adquirió para maniobras en algunos puertos mediterráneos. Tenían una potencia de 288 CV, un esfuerzo de tracción de 2891 kg y estaban timbradas a 9 kg/cm2. (Se apodan como Cuco por el balanceo que hacen cuando circulan por la vía).

El museo de Móra tiene grande expectativas en esta Cuco que será la pieza más antigua del centro. A partir de ahora se inicia el proceso de restauración de la locomotora, cuyos plazos no se han determinado aún a la espera de comprobar el estado de sus piezas y de la caldera. Después habrá que pasar por el proceso de homologaciones, autorizaciones y elaboración del plan comercial de explotación. Pero se confía en que en 2020 el tren turístico se pueda poner en funcionamiento.

La compañía del ferrocarril de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA) puso en servicio en el año 1886 las locomotoras de vapor 020 con numeración 601 a la 610. Fue en 1885 cuando la compañía hizo el pedido de fabricación de diez locomotoras a la constructora Société Anonyme Usines Metallúrgiques du Haimaut, Couillet, Marcinelle de Bélgica. Couillet construyó entre 1849 y 1951 un total de 1826 locomotoras de las cuales 146 fueron para España. Esta serie de locomotoras salieron con el número de fábrica del 786 al 795. Esta serie estuvo dedicada casi exclusivamente a montar y desmontar trenes, tanto de viajeros como de mercancías, tanto en depósitos como en las principales estaciones, junto con trabajos de línea de trazado ligero. Fue una serie dedicada básicamente a locomotoras de maniobras. Llegaron todas a Renfe en 1941, recibiendo las matrículas 020-0231 a 0240 y su baja definitiva fue en 1969.

Curiosamente para la historia de este país esta serie es de las que más locomotoras se habían preservado. La MZA 601 se localiza en un pedestal en el Museo del Ferrocarril de Delicias-Madrid. La 602 fue restaurada por la Asociación para la Reconstrucción de Material Ferroviario (ARMF) en Lleida y se encuentra totalmente operativa. La 604, en un pedestal en la ciudad de Terrassa. La 605, en el Museo Elder de la Ciencia y la tecnología en la Las Palmas de Gran Canaria. Y la 607, en el museo de la Siderurgia en Langreo.

El Museo de Móra reivindicaba hace tiempo tener una máquina de vapor, porque esta localidad fue uno de los mayores depósitos de locomotoras del país. A finales del siglo XIX era un punto de relevo de locomotoras, y por lo tanto también un centro con numerosos talleres. Más adelante, en los años 1970, cuando se electrificó la línea de Barcelona hasta Móra la Nova, aquí se sustituían las locomotoras eléctricas por máquinas de fuel, que continuaban hasta Zaragoza. Móra la Nova se llenó de locomotoras antiguas retiradas de otras líneas. Por eso la voluntad del museo es recuperar las viejas vaporosas y poner en marcha un tren turístico, el Caspolino, que una la costa con Caspe con material del museo.

Un siglo de la estación de Toledo

Toledo es una de las grandes joyas de este país. Abrazada por el río Tajo, ofrece entre sus murallas una espectacular muestra de la historia del arte español. La capital castellanomanchega ha sabido conservar su patrimonio cultural como muy pocas ciudades. Y, sin duda alguna, presume de albergar algunos de los tesoros más valiosos de nuestro patrimonio. A su larga lista de edificios centenarios, se une ahora la vieja estación, una de las grandes ‘catedrales’ del siglo XX, inaugurada en 1919.

Toledo tenía tren desde 1858, pero en los primeros años del siglo XX, la ciudad pedía a gritos un edificio acorde con sus ilustres visitantes, de forma que se vio en la necesidad de construir una nueva estación, pero no una más de las que se ejecutaban sino una «casi a medida». Se logró abrir “una nueva puerta a la ciudad, una puerta monumental”, como explica el historiador y escritor toledano Rafael del Cerro Malagón. Contaba incluso con un Salón de Honor para atender visitas oficiales. Una sala que se convirtió en capilla después de la Guerra Civil y en la que todavía hoy se oficia misa cada domingo por la mañana.

No hubo inauguración al uso, pero la casualidad hizo que aquel 24 de abril de 1919 los participantes en un congreso de medicina, que presidía Santiago Ramón y Cajal, decidieran regalarse un día de ocio en Toledo en medio de sus sesiones de trabajo. Y de esta forma estrenaron la nueva estación. Entre ellos estaba Marie Curie, que viajaba con su hija Irene.

De estilo neomudéjar, la estación de Toledo es ejemplo del rico legado patrimonial de la arquitectura ferroviaria española. El edificio comenzó a construirse el 4 de marzo de 1914 y entró en servicio en 1917, sustituyendo a uno anterior de 1858. Declarada BIC con la categoría de Monumento en 1991 e integrada en el Patrimonio Histórico Español, la estación ferroviaria de Toledo es obra del arquitecto Narciso Clavería, marqués de Manila, que redactó un proyecto cercano a los dos millones de pesetas para la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA).

Su planta se desarrolla sobre una superficie de 12.600 metros cuadrados y sus elementos constructivos fueron el ladrillo, la piedra, el hierro y el cemento. El edificio fue reformado en el año 2005, con motivo de la puesta en servicio de la línea de alta velocidad Madrid-Toledo.

El francés M. Hourdillée asumió la construcción de este magnífico y espectacular edificio, que costó la friolera de un millón de pesetas de la época (hoy en día serían cerca de 500 millones de euros), donde se combinan artesonados, yeserías y zócalos del ceramista toledano Angel Pedraza; cerrajería, lámparas y apliques del maestro forjador Julio Pascual Martínez; el diseño de Narciso Clavería, que consigue aunar funcionalidad y estética; y la dirección y vigilancia de las obras del ingeniero de caminos y director adjunto de la compañía, Ramón Peironcely.

Representante de la tendencia historicista de la época, concibe una hermosa arquitectura neomudéjar, llena de matices tanto cromáticos como materiales, sin dejar de ser funcional y moderna. El edificio se compone de un pabellón central flanqueado por dos alas laterales de menor altura, en uno de cuyos extremos se levanta la torre del reloj, elemento arquitectónico reservado hasta entonces a iglesias y ayuntamientos, símbolo del auge y la importancia que estas edificaciones adquirieron dentro de las ciudades.

El conjunto se completa con otras edificaciones menores, como el muelle de la pescadería, en las que se prolongan los arcos de herradura polilobulados y entrecruzados, los frisos de ladrillo, las almenas escalonadas, las armaduras de carpintería, los alicatados y las celosías. Sin duda alguna es una de las estaciones más significativas del patrimonio ferroviario español, las grandes catedrales de los siglos XIX y XX.

El Tren de la Fresa arranca este jueves

El ‘Tren de la Fresa’ inicia este jueves 18 de abril una nueva temporada. En la campaña de 2019 -con una primera fase que se extenderá hasta el 30 de junio, y una segunda, que tendrá lugar entre el 14 de septiembre y el 26 de octubre– se han programado 30 viajes. Estos se realizarán, como ya es tradicional, los sábados y domingos, incluyendo la posibilidad de realizar una visita guiada al Palacio Real de Aranjuez, con guías oficiales de turismo de la Comunidad de Madrid, y la visita libre al Museo de Falúas.

La composición está formada por dos coches ‘Costa’, un coche de departamentos de la serie 5000, de los primeros que construyó Renfe metálicos en los años cuarenta, y dos furgones de la década de 1960, un J-2 y un DV. Los ‘Costa’, construidos en la década de 1920 con caja de madera, reciben esta denominación porque en origen fueron destinados al servicio de cercanías de la compañía MZA en el litoral catalán.

Desde que en 1984 se promoviera la idea de rememorar el recorrido del que fue el primer ferrocarril de Madrid y el segundo de la Península, el recorrido se ha transformado hoy en un atractivo viaje en tren. Al mismo viaje se añaden la riqueza arquitectónica, artística, paisajística, cultural y gastronómica del Real Sitio de Aranjuez, una ciudad que conserva todo el sabor y esplendor de su regia historia.

En 2015, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) dio un paso más en la protección y reconocimiento de la ciudad de Aranjuez al declararla como “lugar de excepcional valor universal”. Cinco años antes, en la Exposición Universal de Shanghái 2010, el ‘Tren de la Fresa’ fue elegido para estar presente en el stand de ICOM (Consejo Internacional de Museos), donde se mostraba la realidad de los museos en los cinco continentes, como ejemplo de contribución de un museo a la revitalización y el dinamismo económico a través de un producto de turismo cultural.

Hay varias posibilidades de rutas turísticas para completar el viaje en el tren: Fresas con nata: Chiquitrén y visita al Jardín del Parterre y de la Isla. Fresas del Tajo: recorrido en barco y visita a los exteriores del Palacio Real y los jardines. Fresas Reales: visita al Palacio Real, Museo de Falúas y Jardín del Príncipe. Además, se han programado dos viajes especiales: Fresas con música: el sábado 19 de mayo, un viaje con horario especial permitirá asistir al “Festival de Música Antigua” de Aranjuez e incluye un paseo musical con guía por los Jardines del Rey, del Parterre y de la Isla. Fresas con chocolate: el sábado 14 de septiembre, circulará un tren especial hasta Pinto para asistir al Segundo Salón Internacional del Chocolate.

El Tren de la Fresa rememora la puesta en marcha del primer ferrocarril de Madrid que unió la capital con el Real Sitio de Aranjuez. Ese primer tramo de apenas cincuenta kilómetros era en realidad un planteamiento estratégico que nacía “buscando el mar” y que se pudo consolidar gracias al tesón y a la osadía de su promotor, el marqués de Salamanca. Hubo varios proyectos antes de realizarse el definitivo, auspiciado por el marqués de Salamanca, y en todos se eligió Aranjuez como final de la línea porque en aquella época la Corte pasaba grandes temporadas allí y era cita de la aristocracia y de las gentes relacionadas con Palacio.

Las obras de la nueva línea se dieron por concluidas el 8 de febrero de 1851 y un día después se celebró su inauguración. La presentación en sociedad de tan magno acontecimiento se convirtió casi en una fiesta popular, dada la masiva asistencia de gente, con la reina Isabel II y la plana mayor del Gobierno, con Bravo Murillo a la cabeza, quienes tras la celebración de una misa en la cabecera de la línea realizaron el viaje de ida y vuelta completo. Los actos se prolongaron durante todo el día con sendos banquetes en Madrid y Aranjuez. En un principio, la línea Madrid-Aranjuez fue considerada como un medio para el divertimento de la Corte, pero también sirvió para abastecer al mercado de Madrid de las frutas y hortalizas regadas por el río Tajo.

El Papa beatificará a un jefe de la estación de Coscurita ¿Será el nuevo patrón de los ferroviarios?

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Los ferroviarios festejan, por lo general, a San Fernando como su patrón. Sin embargo, hay quien propone a san Judas Tadeo como guía de los profesionales de los trenes por aquello de que la historia ferroviaria se inició en nuestro país un 28 de octubre, festividad del primo de Jesucristo. La virgen de Fátima, Santa María de Guía o la virgen de Luján argentina también se festejan entre los que mueven en las vías. Ahora que uno de ellos alcanzará la bendición del Papa y el reconocimiento de su santidad ¿se pondrán de acuerdo para elegirle como su patrón?

El monje profeso, reformador de la orden de San Jerónimo, Manuel de la Sagrada Familia será beatificado en Tarragona, en una gran ceremonia que prepara para este otoño la Conferencia Episcopal Española dentro de la cual “serán beatificados más de 500 mártires”. Uno de ellos será el alcarreño Manuel Sanz Domínguez que murió en Paracuellos del Jarama entre los días 6 y 8 de noviembre de 1936, tras ser detenido y trasladado a la Cárcel Modelo junto a otros religiosos, sacerdotes y laicos en noviembre de aquel año. Ahora la Iglesia ha decretado el martirio de su muerte, y la de otros muchos, en lo que se conoce como la ‘matanza de Paracuellos’.

Manuel Sanz (Sotodosos, Guadalajara, 1887) se empleó en su juventud en la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), donde realizó distintos servicios y alcanzó la categoría de jefe de estación en Coscurita (Soria). También trabajó en la estación de Atocha de la capital de España. Fue allí, según ha informado la Diócesis de Osma-Soria, donde se inició en las labores de evangelización que ejercía incluso en las propias instalaciones del ferrocarril. Por ello recibió el apodo de ‘San Manuel’.

Coscurita es hoy uno de esos nudos ferroviarios que lleva cerrado ya muchos años.Vivió mejores tiempos. Allí confluían el ferrocarril Torralba-Soria con el Valladolid-Ariza. Este último fue cerrado a viajeros en 1985, y al resto de los tráficos en 1993. Con estas clausuras aquel nudo devino hacia una lánguida existencia que, a pesar de todo, no le ha hecho perder su categoría de estación.

Más tarde, cambió la gorra y banderola de ferroviario por la banca, trabajando en el London Cutis Lda. y, poco después, en la dirección del Banco Rural en la calle Alcalá 26 de Madrid. El joven exferroviario y bancario entró en contacto con el ‘apóstol de Madrid’, como era conocido José María Rubio, y con la Adoración Nocturna, donde forjó su carácter de hombre de oración.

La deteriorada salud de su padre y la dependencia económica de sus hermanas le impidió ingresar en la Compañía de Jesús y fue en 1920, coincidiendo con el XV centenario de la muerte de San Jerónimo, cuando se interesó por la orden Jerónima. Esta regla había desaparecido como tal un cien años atrás, pero Manuel Domínguez fue el artífice de su restauración, lo que consiguió a mediados de la segunda década del siglo XX junto a un reducido grupo de amigos de El Parral (Segovia).

Según la Diócesis de Osma-Soria, fray Manuel Domínguez fue detenido y trasladado a la Cárcel Modelo junto a otros religiosos, sacerdotes y laicos en noviembre de 1936 y falleció en Paracuellos del Jarama entre los días 6 y 8 de noviembre de aquel año. Nada se supo de sus últimos días, aunque llegó a la prisión bastante enfermo. Una vez que alcance la beatificación ¿le propondrá la Iglesia española como patrón de los ferroviarios?