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Adif libera por fin Abando de andamios

Tras tres años de ‘obras’, la estación de Abando se libera de los andamios que ha lucido durante estos tres últimos años. Las tareas de rehabilitación de la fachada de la terminal han acabado por fin. El Administrador de Infraedstructuras Ferroviarias (Adif) da por finalizados los trabajos que se iniciaron en 2015 y cuya duración inicial estaba prevista para 11 meses.

El pasado viernes comenzó el desmontaje del mecanotubo que ha permanecido en la fachada de Abando desde octubre de 2015 y que aún habrá que esperar un par de días antes de que finalice. Los trabajos se iniciaron en octubre de 2015, pero poco antes del verano de 2016 tuvieron que paralizarse. La detención del proyecto se debió a un desacuerdo con la empresa encargada de realizar el proyecto de la fachada del edificio. La terminal permaneció cubierta del andamio sin que se realara ninguna tarea, a la espera de que se resolviera el conflicto entre las dos partes. “La idea es realizar el proyecto de rehabilitación del inmueble en breve”, aseguraban en 2016. Pero han tenido que transcurrir tres años para hacer posible el trabajo, que tampoco presentaba numerosas complicaciones.

“Por discrepancias con el contratista, se acordó iniciar los trámites de resolución del contrato en julio de 2016. Contratándose, en noviembre de 2017, con carácter de urgencias los trabajos para la eliminación de los riesgos que se pudieran originar por la interrupción de las obras, así como la reparación de la fachada y la impermeabilización. Finalizado éstos, en octubre de 2018, se inició el desmontaje del andamio”. Esta es toda la explicación de su departamento de comunicación web (el gabinete de prensa se ha negado a proporcionar información porque “no trata con particulares”), pese a las demandas de Treneando.

La intervención pretendía mejorar las tres fachadas que tiene la estación de Abando, calificada de especial protección en el Plan General de Ordenación Urbana de Bilbao, y mejorar el estado general del edificio, afectado por el paso del tiempo, la contaminación del tráfico diario y las condiciones climáticas de la capital vizcaína. Entre los trabajos a realizar figuraban la restauración y consolidación de los elementos pétreos y cerámicos (balaustradas, cornisas, vuelos, alféizares), y la reparación y reintegración de piezas de piedra natural. La obra incluía también la reposición de la carpintería y la mejora de la iluminación en el interior del edificio y en la fachada. Pero poco o nada se sabe de esta última actuación.

También estaba previsto realizar mejoras en el patio interior, que sirve de vestíbulo para los viajeros, en el que se repondría el pavimento de terrazo y se sustituiría el cerramiento de paso al Metro, entre otras actuaciones. Tampoco parece que aquí se hayan completado las obras. En el exterior se mantendría el acceso principal a la estación por la calle Hurtado de Amezaga, de forma que se respetaran los peldaños que rodean el edificio, si bien se debía ejecutar un nuevo tramo exterior de acceso por la plaza Olabarría, que se completaría con una rampa para incrementar la accesibilidad.

Para garantizar la seguridad de usuarios y peatones, se instalaron elementos de protección en todo el perímetro del edificio durante la ejecución de las obras, que se están eliminado durante estos días. Adif se vio obligada por el Ayuntamiento de la capital vizcaína a esta acción para evitar daños potenciales a los transeúntes. Durante mucho tiempo se preguntaba por la demora en realizar estas obras, ya que la fachada de la terminal ha estado cubierta por un velo que ensuciaba la contemplación de esta singular construcción.

Y a la vista de lo realizado, son muchos los que se preguntan por la tardanza en ejecutar estas obras, máxime cuando Adif debería comenzar a diseñar los actos conmemorativos del 70 aniversario de la antigua estación del Norte, que se cumplirán en 2020, en medio de la polémica ante las intervenciones previstas por la llegada del Tren de Alta Velocidad (TAV) a Bilbao. El proyecto contempla el derribo del 25% de la gran bóveda acristalada de la estación con el fin de prolongar en su tramo final la calle Alta Lojendio., sin que Adif se haya pronunciado al respecto.

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Restauración del ómnibus de 1861 de Delicias

Alumnas de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales (ESCRBC) de la Comunidad de Madrid casi han culminado los trabajos de restauración de un ómnibus de 1861 propiedad de la Fundación de Ferrocarriles Españoles. Durante este mes, y en virtud de un acuerdo de colaboración entre ambos organismos, han trabajado en la recuperación de esta pieza histórica de la colección del Museo de Delicias. El ómnibus, un carruaje para el transporte urbano de viajeros con tracción animal, se utilizaba en los primeros tiempos del ferrocarril para complementar el servicio de las estaciones.

Este ómnibus del museo es un carruaje de cuatro ruedas y tracción animal, de un solo compartimento –con capacidad para diez personas– y una portezuela en la parte trasera para el acceso a su interior. Es de caja cerrada y techo resistente, que va montado sobre listones convexos para aguantar la carga de los equipajes. Su pescante –asiento para el conductor– está bastante elevado y el diámetro de sus ruedas delanteras es la mitad que el de las traseras, para una mejor tracción.

Su procedencia es incierta y no se conoce dónde prestó servicio. Lleva rotulación: ‘Servicio al ferrocarril’ (en mayúsculas) y numeración ‘Nº 4’, así como un cartel de ‘Servicio público’. En las esquinas posteriores de la caja aparece el dato más significativo para su identificación: ‘Bernardo/Rodríguez/Constructor/Zamora/1861’. La consulta de prensa histórica permite deducir que este constructor tuvo su taller de coches y carruajes en Zamora y Salamanca, anunciándose como “el inventor del freno de seguridad en los carruajes y desenganche de caballos del vehículo”. En 1884 consiguió la medalla de 1ª clase en la Exposición Regional de Salamanca.

En el marco de las campañas de verano que la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Comunidad de Madrid (ESCRBC) organiza para sus estudiantes de Grado, un equipo de seis alumnas, bajo la dirección docente de Begoña Mosquera, se ha trasladado al Museo del Ferrocarril para afrontar la restauración de un vehículo histórico perteneciente a la exposición permanente. Los trabajos que se están llevando a cabo en el ómnibus son continuación de la primera intervención realizada en 2014 y que incluyó un sentado de la policromía, la eliminación de la suciedad superficial, realización de catas (con el objetivo de visualizar las distintas capas de policromía presentes en el ómnibus desde su origen) o el estucado de algunas zonas con pérdidas de policromía.

En esta segunda fase de intervención se pretende recuperar el aspecto original de la pieza y para ello se está retirando un repinte que desvirtúa su correcta lectura histórico-artística, además de continuar con labores de limpieza y reintegración cromática de una parte del ómnibus que permitirán finalizar la restauración en próximas campañas. Los criterios que rigen cualquier trabajo de este tipo son los de un máximo respeto al original y una mínima intervención, asegurando la correcta transmisión de los valores de la obra sin que se vea afectada su integridad.

El antecedente más antiguo del transporte de viajeros en carruajes es de 1662, año en que el polifacético Blaise Pascal estableció en París un servicio de carruajes, con itinerarios, tarifas y horarios determinados. En 1819, Jacques Lafitte reintrodujo en la capital francesa este tipo de transporte, pero no fue hasta 1828 cuando el vocablo ‘ómnibus’ (del latín omnĭbus, “para todos”) se asoció oficialmente a este vehículo. Se cuenta que tal asociación se debe a que el servicio de carruajes instaurado en Nantes en 1826 por Stanislas Baudry tenía su parada principal junto a una sombrerería, en la que se podía leer el cartel: ‘Omnes Omnibus’. Supuestamente, los empleados adoptaron la costumbre de decir “Voy al Omnibus”, y el término arraigó. Independientemente del origen del término, Stanislas Baudry lo oficializó cuando creó, en 1828, su Entreprise Générale de l´Omnibus. En 1829 George Shillibeer estableció en Londres un servicio de carruajes tirado por caballos, que está considerado como el primer ómnibus moderno, predecesor de los actuales tranvías y autobuses.

Con la llegada del ferrocarril y para complementar el buen servicio de las estaciones, se requería que los viajeros y equipajes tuvieran fácil acceso a ellas, a sus patios de carruajes y demás dependencias, bien desde pueblos inmediatos o bien desde la propia ciudad. Por eso, muchas compañías ferroviarias tenían establecido por su cuenta o contratado el servicio de ómnibus.

La Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales (ESCRBC) es el centro decano en la formación de conservadores-restauradores de bienes culturales en España, con una experiencia de casi cinco décadas impartiendo la correspondiente titulación oficial. Los orígenes de la institución, pionera en el campo de la conservación–restauración en nuestro país, cabe buscarlos en el antiguo Instituto Central de Restauración y Conservación de Obras y Objetos de Arte, Arqueología y Etnología (actual Instituto del Patrimonio Cultural de España), del que se desgajó en 1977 al pasar a depender del Ministerio de Educación. En 1999 la ESCRBC se transfirió a la Comunidad de Madrid, de cuya Consejería de Educación depende, como Centro de Enseñanzas Artísticas Superiores, dentro de la Dirección General de Universidades e Investigación.

Vallas en la centenaria estación de Almería

La fachada de la elegante estación de Almería ya tiene actividad. Y, al parecer, comienzan las obras: además del vallado perimetral, se ha colocado un tubo para desescombrar y se ve a operarios en la zona. Los obreros llegan casi dos meses después de que Adif y el Ministerio de Fomento anunciaran el inicio de las obras de rehabilitación de la antigua estación del ferrocarril con la firma del acta de replanteo.

La empresa Tragsa se hace cargo de las obras costeadas a través del 1,5% Cultural. En los próximos once meses -trece inicialmente- se actuará en la restauración de las fachadas de la estación, incluyendo la reparación de carpinterías de madera, cerrajerías y carpinterías metálicas. Se invertirán 1.725.867 euros y otros 170.000 euros correspondientes a la dirección de obra.

Está previsto que se rehabiliten las cortinas vidriadas y la estructura metálica del cuerpo central de la estación. Con estos trabajos se pretende que el edificio construido entre el año 1893 y 1895 diseñado por el arquitecto francés Laurent Farge siguiendo el estilo de la arquitectura del hierro, aunque con aportaciones eclécticas, recupere todo su esplendor para incorporarse al nuevo uso como contenedor cultural que se le ha previsto para esta nueva andadura en el siglo XXI. Las cubiertas, tanto las laterales como la central, también se someterán a un proceso de reparación en el que se incluyen un sistema de evacuación de aguas y sustitución de sumideros y bajantes.

Este edificio histórico, cuyo expediente para ser catalogada como BIC lleva años en tramitación sin llegar a término, ha sufrido graves desperfectos desde que se apostara por la Estación Intermodal para la llegada de los viajeros a Almería por tren.

Almería fue la última capital andaluza en alcanzar el ferrocarril, pensando en sus inicios más para el transporte de mineral que para el tráfico de pasajeros. La estación se asienta sobre una especie de plataforma para evitar las avenidas periódicas de agua por las ramblas que atraviesan la ciudad hacia el mar, del que se sitúa tan solo a 8,28 metros.

La fachada de 54 metros tiene un cuerpo central rematado por una marquesina metálica de forma piramidal y revestido de cristal sobre los bastidores en los testeros de ambos extremos. La Guerra Civil afectó a la integridad del edificio, pero la remodelación efectuada en 1988 permitió resaltar algunos de sus elementos característicos e históricos. Así, el reloj sobriamente enmarcado en labor de hierro, las carenas acristaladas en el interior de vestíbulo y un mural cerámico de Francisco Cañadas.

Estas obras permitieron esclarecer el origen de la firma constructora de la cubierta metálica, que lleva el sello de Fives-Lille. También son propios de esta construcción los azulejos de la facha principal donde se repite la ‘A’ con el típico grafismo vasco en forma de txapela, lo que se considera un aporte de los artesanos de las tierras del Norte. Sin lugar a dudas, es uno de los edificios más singulares de la arquitectura ferroviaria de entresiglos y uno de los conjuntos más impactantes que se conservan en nuestro país.

Coches del ferrocarril como restaurantes

La crisis ha bloqueado la restauración de vehículos ferroviarios. No hay dinero. Sin embargo, en estos años se han producido iniciativas empresariales que han salvado del desguace los coches que en otro tiempo trasladaban a los viajeros de un lugar a otro. Durante un tiempo, también se puso de moda la restauración de viejos vagones de mercancías y su adaptación como casa de campo. También hay quien ‘colecciona’ algún coche de los antiguos ferrocarriles, aunque es un gusto caro y con poca salida. Bastantes dificultades hay para conservar algunas piezas históricas del pasado.

Dentro de las iniciativas empresariales destaca la de restaurar estos vehículos para acondicionarlos como restaurantes. Al Vagón de Beni (Hoyo de Manzanares-Madrid) y El vagón (Miranda de Ebro-Burgos) se unen el coche restaurante del Museo del Ferrocarril (R12-12954), uno de los vehículos de la antigua CIWL, y el segoviano La Postal y el murciano El Patio IV. Es muy probable que haya más. De hecho, hace unos años cerca de Madrid había un coche del Talgo III a la orilla de la carretera que servía a los automovilistas que allí paraban. Hoy os cuento la situación de estos que aquí os planteo.

El Restaurante La Postal situado en Segovia ofrece unas vistas privilegiadas de la ciudad medieval mientras se disfruta de un menú castellano desde un vagón de los años 50 que ha sido bautizado como Antonio Machado. Se trata de un vagón, bautizado con el nombre del escritor muy vinculado a la ciudad de Segovia ya que fueron innumerables los viajes que el escritor realizó en tren para ver a su amada Pilar Valderrama a Madrid. Se considera que este tren fue lugar de inspiración y el lugar escogido para escribir parte de su obra. Desde el restaurante se puede disfrutar de unas vistas excepcionales del Alcázar de Segovia.

El vagón, que pesa 60 toneladas y mide 22 metros de largo, ha sido habilitado como un comedor con capacidad para 54 comensales. Cuenta también con un pequeño jardín, zona de juegos infantil y una terraza cubierta donde se pueden celebrar actividades al aire libre. El tren viene de Granada y las vías de Alicante. Cuenta además con un restaurante anexo con comedor principal con chimenea con capacidad para 220 personas. El restaurante también ofrece talleres de cocina y ‘showcooking’. Sus actividades se completan con paquetes de enogastronomía, turismo activo y turismo cultural por la zona.

En el 1987 Benito Celestino, propietario del restaurante de Hoyo de Manzanares, tuvo la idea de reformar un antiguo vagón de tren, para rememorar los antiguos coches-restaurantes de Wagon Lits en donde se mezclaban el lujo, el placer de viajar y la comida. La idea surgió de combinar sus dos grandes pasiones: la restauración por parte de la familia de su mujer y los vagones de tren, a los que han estado ligados sus hermanos durante años. En 1989 adquirió el primer vagón de tren, “El Vagón Grande”. Un vagón de madera de 1931, que compró en los desguaces de Renfe. Pasados un sinfín de problemas, propios de una tarea tan ardua como es el traslado de un vagón de 35.000 kilogramos hasta Hoyo de Manzanares, comenzó un proceso de años de duro trabajo, en los que compaginó su trabajo como litógrafo con el de restaurador.

Siempre cuenta Benito que el vagón se hizo en sus pocos ratos libres, por eso en un principio se pensó en llamar “La estación de los Ratos” como así lo demuestran las locomotoras serigrafiadas en los cristales interiores del vagón. Después de este largo proceso, en 1994 da comienzo la andadura del vagón como restaurante, consolidándose como una referencia indiscutible en la sierra madrileña.

Pero Benito, hombre incansable, siempre apoyado por su mujer, María del Carmen, no deja aquí su proyecto y se decide a adquirir años más tarde un nuevo vagón de tren, en esta ocasión de vía estrecha, que data del año 1890, procedente de una finca en Majadahonda y en el que viajó Alfonso XII durante una visita a Cataluña, “El Vagón Pequeño”. También remodela la terraza anexa al vagón, para conseguir un ambiente más ferroviario si cabe, e intentar trasladar a sus clientes a una estación escondida en la sierra de Madrid.

“Todo este marco quiere propiciar que las sensaciones que experimenten sean placenteras y que los platos que realizamos, escogiendo con mimo las mejores materias primas y preparándolas con su buen saber hacer por nuestro equipo de cocina, hagan de su estancia con nosotros un viaje distinto, divertido y especial. Esperamos que disfruten del placer de viajar en nuestro pequeño Orient Express!!”, dicen en su publicidad.

Miranda está intrínsencamente unida al ferrocarril, que dio a la ciudad hace 150 años carácter e identidad. No es de extrañar, por tanto, que se rinda tributo al tren y que una emblemática cadena hostelera haya tenido la idea de instalar frente a su edificio un coche ferroviario. Ferrocarriles de la Generalitat de Cataluña adquirió en 1994 dos unidades de ancho métrico procedentes del ferrocarril suizo Appenzeller Bahn, con el fin de poder superar una importante punta de tráfico entre tanto se recibían trenes de nueva construcción. Conocidos originalmente como ABe 4/4 44 por FGC para su línea Catalans (actual línea Llobregat-Anoia) cubrieron servicio entre Igualada y Martorell de 1995 a 1999. Sus remolques con cabina conformaron la serie 8200; uno fue matriculado como 8201 y el otro como 8202.

Uno de esto automotores suizos de Appenzeller Bahn se reconvierte en 2013 en un restaurante de cuatro tenedores. Bautizado como ‘El Vagón’, funciona bajo la supervisión del equipo de cocina del vitoriano Zaldiaran, con una estrella Michelín en su haber. El reputado cocinero Mikel Castañares, elegido en su día como el mejor de Euskadi, se unió a la plantilla para «ofrecer esa cocina tradicional, de calidad y de producto que caracteriza a los chefs del norte». El coleccionista que los compró en su día, tras su retirada del servicio, terminó por desguazar todos los vehículos suizos de FGC, salvo el remolque con cabina 8201, por tanto, este es el que se encuentra en Miranda. En Suiza, su matrícula fue Dzt65.

El Museo del Ferrocarril de Madrid, ubicado en la antigua estación de Delicias, alberga desde septiembre de 2016 un servicio de restauración dentro de uno de los antiguos coches expuestos en la nave central. El coche R12-12954, junto a otros tres de la misma serie, llegó a España en 1964 y prestó servicio como restaurante en los expresos nocturnos de Madrid a Vigo, La Coruña, Hendaya y Cerbere. Construido por la Compagnie Internationale des Wagons-Lits, el R12-12954 pasó a formar parte del inventario del Museo del Ferrocarril de Madrid en 1999. Había dejado de circular en 1983; Renfe lo adquirió cinco años más tarde para que formara parte de algunos de los trenes especiales de aquella época.

Este coche, matriculado como R12-12954,se construye en 1926 en los talleres de Leeds Forge Company (Leeds, Inglaterra) como un coche salón de primera clase. Prestó servicio en varios ferrocarriles europeos hasta 1939. Ese año se incorporó al ‘Flèche d’Or’, el tren de gran lujo que circulaba entre París y Calais. Con la Guerra Mundial, estos servicios quedaron suspendidos. Se reanudaron en 1946, pero sin el esplendor de las décadas anteriores a la contienda mundial.

El restaurante El Patio IV ( para muchos conocido como Los Vagones) se encuentra en Los Alcázares (Murcia), especializado en arroces a la leña, delirio de muchos de los comensales que hasta allí se acercan. Tienen una barra donde tapear o comer rápido para los que llevan la agenda ajetreada, un pequeño salón muy luminoso que da una terraza y unos vagones de mercancías antiguos, que se rehabilitaron y se convirtieron en un pequeño salón, siendo una zona más íntima, para comer o cenar en pareja, familia o amigos. Son antiguos vehículos de los años 50 recuperados y restaurados para la ocasión.

¿Conoces alguno más?

El tren de Arganda abre temporada con la Áliva

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Este domingo 5 de marzo el Tren de Arganda comienza su temporada de primavera arrastrado de nuevo por una locomotora de vapor, una recién restaurada máquina de 1926 llamada Áliva. Este antiguo convoy realiza los domingos de primavera y otoño a las 11.00, 12.00 y 13.00 horas un recorrido de casi 4 kilómetros desde la estación de La Poveda en Arganda del Rey al apeadero de la laguna de El Campillo en Rivas.

La locomotora oficial del tren de esta temporada será la Áliva, recién restaurada por los miembros de esta asociación. Esta máquina fue fabricada por la empresa alemana Orenstein&Koppel en 1926 y perteneció a la Real Compañía Asturiana de Minas, que la utilizó para transportar el mineral desde la Mina Reocín (Cantabría). A los años de darse baja, se hizo cargo de ella la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Torrelavega, que la traspasó en 1994 a CIFVM, cuyos voluntarios han estado restaurándola sacando tiempo de su ocio.

Hasta ahora el tren corría cargo de la locomotora Arganda. Esta máquina -Henschel Arganda-, era la joya de la asociación con la que se efectuaban los recorridos turísticos. Una máquina de vapor-carbón que fue fabricada en el año 1925 en Kassel (Alemania) y de diseño especial para industrias y haciendas, con capacidad para arrastrar cargas considerables, aunque a velocidad reducida, con sus ruedas de pequeño diámetro. Trabajó en unas obras del puerto del Musel (Gijón, Asturias). Su velocidad máxima se estima que es de 20 kilómetros a la hora. Es decir, no era la máquina ideal para trenes de viajeros, por su limitada velocidad. Es una locomotora-ténder, con rodaje de tres ejes acoplados, sin ejes libres, clasificada como 0-3-0T. Muy apropiada para el servicio turístico.

Aunque madrileño de nacimiento, el Tren de Arganda recorría 70 de los 148 kilómetros de su trayecto por tierras alcarreñas de Guadalajara. Sus orígenes datan de 1883, cuando se concedió a Juan Carlos Morillo la licencia para la construcción de un ferrocarril que uniría la capital de España con la población de Vaciamadrid y posteriormente con la de Arganda, con la finalidad de transportar los materiales de construcción que abundaban en estos lugares. La empresa se llamó ‘Compañía del Ferrocarril Madrid-Arganda’, que en 1892 se cambió por el de ‘Compañía del Ferrocarril del Tajuña’, al tener en previsión el paso de la línea férrea por la vega de este río.

El Tren de Arganda está gestionado por la asociación sin ánimo de lucro Centro de Iniciativas Ferroviarias Vapor Madrid (CIFVM), que este 2017 cumple 30 años de actividad. Su viaje discurre por un tramo de la antigua línea del Ferrocarril del Tajuña en antiguos coches de madera con balconcillo: el AC201 fabricado por Carde y Escoriaza en 1916 y los coches C-1 y C-2, reconstruidos por la Escuela Taller Román Aparicio de Arganda.

La asociación Centro de Iniciativas Ferroviarias Vapor Madrid (CIFVM) es la encargada de operar el servicio turístico. Entre otros cometidos se dedica a la restauración de toda clase de vehículos ferroviarios antiguos. Fundada en 1987, adquiere cierto renombre tres años más tarde cuando deciden adquirir y recuperar una locomotora de vapor de ancho de vía métrica que adquieren en un estado lamentable a un chatarrero de La Felguera (Asturias) a escasos días de ser troceada y destinada a ser fundida en unos altos hornos. La asociación decide entonces radicarse en Arganda del Rey, que aún disponía de las vías del antiguo Ferrocarril del Tajuña. Después de tres años de trabajos de despiece, saneado y reconstrucción, se efectúan las primeras pruebas de funcionamiento, primero en la nave adquirida en el barrio de La Poveda, y poco después por las vías de la estación. La locomotora fue rebautizada como ‘Arganda’, como agradecimiento al municipio que les vio nacer.

Ceuta ‘recupera’ su centenaria estación

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Las obras de restauración de la antigua estación de ferrocarril se reanudarán en noviembre. El portavoz del Gobierno, Jacob Hachuel, anunciaba hace unos días que la empresa Dragados, encargada de la ejecución de las obras en la antigua estación de ferrocarril, firmará el próximo 3 de noviembre el acta de reinicio de los trabajos. Es probable que la empresa no agote el plazo de 30 días para proceder a la reanudación efectiva de las obras, puesto que ya ha desplazado a Ceuta el material para poder comenzar.

El Gobierno quiere que este equipamiento, una vez completada la restauración, cofinanciada por el Ministerio de Fomento a través del 1,5% Cultural, sea la sede de la Fundación Premio Convivencia, de la Consejería de Educación y Cultura. Además, el espacio se destinará a la habilitación de salas polifuncionales, salas de estudios y otros usos culturales que revertirán en beneficio del entorno, según señala el portavoz del Ejecutivo.

La estación es la cabecera de la antigua línea de ferrocarril que unía Ceuta con Tetuán inaugurada en 1918 y extinguida en los años 50. Se trata de un estilo historicista, ecléctico, si bien la estación del ferrocarril no se encuentra formalmente declarada como Bien de Interés Cultural sí se encuentra incluida en la Zona 1 de máxima protección en las Normas Urbanisticas del Plan general de Ordenación Urbana de Ceuta y es un edificio de interés arquitectónico e histórico.

La actuación plantea la restauración y rehabilitación del edificio para uso sociocultural conservando sus características arquitectónicas exteriores e interiores y colocando en el antiguo andén una de las primitivas máquinas utilizadas en la línea de ferrocarril hoy desaparecida.

La antigua estación era de estilo árabe tetuaní, con cuatro torres a modo de alminares. Disponía de una amplia superficie de terrenos anexos que se extendían desde los Jardines de la Argentina hasta los actuales pabellones de la Junta de Obras del Puerto. Se construyó en dos años y contaba con almacenes de explotación y talleres de la línea, así como muelles destinados al embarque de vehículos, mercancías y ganado, con sus correspondientes rampas al efecto. En el interior, sus patios centrales, servían de intercomunicación entre las distintas dependencias y servicios, mientras que los andenes cubiertos en forma de galería de arcos árabes, imprimían un sello de originalidad al edificio.

La línea fue utilizada sobre todo para el transporte de tropas y material militar durante la Guerra de Marruecos. Tuvo sus años de máximo esplendor entre 1920 y 1926. El final de la guerra en 1927 y la mejora de la carretera que unía Ceuta con Tetuán, además de la antigüedad del material ferroviario y la falta de repuestos de las locomotoras de carbón, harían perder importancia al ferrocarril, a pesar de la incorporación años después de catorce locomotoras de la línea Batel-Tistin, todas ellas en mal estado.

Recuperó actividad en la década de los 40 debido a la escasez de carburantes para vehículos. En 1942 el promedio de viajeros transportados al día era de 2.000 y el de mercancías de 4.000 toneladas. Pero en 1951 se suspendió el transporte de viajeros, quedando reducido el servicio exclusivamente a mercancías. Con la llega de dos modernas y lujosas locomotoras ‘mandiesel’, en 1995 se reanudó de nuevo el servicio de pasajeros con Tetuán, enlazando con el trasbordador, lo que permitía recoger y dejar a los viajeros a pie de pasarela. Hasta que en 1958 se cerró para siempre con la línea. Los automotores retornaron a la península, quedando aquí inmovilizados los viejos convoyes de madera y varias máquinas, hasta que 15 años después fueron subastados como chatarra.

Solo se salvó la locomotora C-1 ‘Ceuta’, la misma que circuló con el convoy inaugural el 20 de Mayo de 1918. Está máquina es de fabricación alemana. Se trata de una de las tres máquinas Tender, tipo 1-3-1, con tres ejes acoplados, frenos de vacío y dinamo para producir alumbrado eléctrico, con un peso de 60 toneladas. La C-1 Ceuta fue adjudicada en la subasta al Ayuntamiento para que fuese colocada en lugar público como homenaje.

(Imagen Spanish Railway)

Euskotren restaura el automotor MAB-15 de 1928 para el Museo Vasco del Ferrocarril

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El servicio de mantenimiento del material móvil de Euskotren restaura un automotor eléctrico de 1928. El vehículo se expone ya en la sede del Museo Vasco del Ferrocarril en Azpeitia (Gipuzkoa). Durante los primeros días de agosto se han llevado a cabo los últimos retoques para la puesta en marcha del automotor MAB-15. Este vehículo formaba parte de un grupo de quince unidades construido por la firma alemana AEG y la sociedad Material Móvil y Construcciones de Zaragoza para la Compañía de los Ferrocarriles de Santander a Bilbao, empresa que en 1928 electrificó la línea de vía métrica de Bilbao a Las Arenas y Plentzia, hoy integrada en la línea número 1 de Metro Bilbao.

Para sustituir a las locomotoras de vapor Santander-Bilbao, la Compañía adquirió en 1928 quince automotores que, a su vez, se dividían en dos modelos diferentes. Los doce primeros, destinados al servicio de viajeros y dotados de departamentos de primera y segunda clase, fueron matriculados como MAB-1 a 12, mientras que los tres restantes se especializaron en el tráfico de mercancías, por lo que, aunque tenían equipos de tracción y frenado idénticos a sus predecesores, ofrecían una configuración de furgones automotores. Estos últimos fueron matriculados en la serie MD-1 a 3.

En 1947, la Compañía de los Ferrocarriles de Santander a Bilbao segregó la línea de Bilbao a Plentzia y la integró en un nuevo operador: Ferrocarriles y Transportes Suburbanos de Bilbao (FTS). Esta nueva sociedad tuvo que hacer frente al incremento de la demanda que experimentaron los transportes públicos vizcaínos en los años de la posguerra, por lo que, además de adquirir diez nuevas unidades de tren construidas en los astilleros de la Sociedad Española de Construcción Naval en Sestao, decidió también modernizar algunas de las unidades heredadas de los ferrocarriles de Santander a Bilbao con un plan de metalización iniciado en 1960.

El principal objetivo del Plan de Metalización era reconstruir los automotores y remolques con carrocería de madera de 1928 para que ofrecieran los mismos estándares de calidad que las unidades eléctricas Naval de 1953. Para ello, en los propios talleres de FTS en Lutxana (Erandio), se construyeron nuevas carrocerías de acero para cuatro automotores y varios remolques. Dentro del plan, sin duda, la actuación más ambiciosa fue la conversión en automotores de viajeros de los tres antiguos furgones automotores MD-1 a 3 de 1928.

“El primero en experimentar esta transformación fue, precisamente, el coche ahora restaurado, el antiguo MD-3, que fue rematriculado como MAB-15″, destaca Juanjo Olaizola, director del Museo de Azpeitia. “En la operación, se desmontó su carrocería original de madera, que fue trasplantada a un viejo automotor adquirido de ocasión en 1948 a un chatarrero de Montecarlo, por lo que se mantuvo en activo hasta el año 1995, fecha en que, tras ser retirado del servicio, fue preservado por Euskotren para el Museo Vasco del Ferrocarril, donde se expone al público en su sede de Azpeitia (Gipuzkoa)”, indica Olaizola.

Aprovechando los bogies, motores, equipos de control de tracción y freno originales, se construyó en los talleres de Lutxana una nueva carrocería metálica muy similar a la de las unidades Naval, con su característico frontal redondeado en uno de sus extremos, siendo el otro plano. Dado que la experiencia ofreció un resultado satisfactorio, FTS decidió realizar la misma transformación sobre los otros dos furgones automotores, MD-1 y 2, que fueron rematriculados, tras su reconversión en automotores de viajeros, como MAB-13 y 14. Sin embargo, a diferencia del prototipo, en este caso los dos frontales eran totalmente rectos. La misma operación se realizó también sobre el automotor de viajeros MAB-2.

El MAB-15 continuó prestando servicio, primero en FTS y, a partir de 1982 en la sociedad pública del Gobierno vasco Euskotren, empresa que asumió las antiguas concesiones explotadas por FTS. Durante años, su presencia fue habitual en las líneas del Txorierri, pero la progresiva modernización de los servicios ferroviarios, con la llegada de las nuevas unidades de la serie 200 y la posterior integración del ferrocarril de Plentzia en la línea 1 de Metro Bilbao, trajo consigo su retirada del servicio de viajeros. A partir de 1994, el MAB-15, con 66 años de intensa vida activa, fue relegado del servicio de viajeros.

Sin embargo, en 1995, experimentó una segunda transformación para adaptarlo a una nueva función: tren de servicios auxiliares en la línea del Txorierri. Para ello, fue objeto de numerosas reformas como la sustitución de sus tradicionales sistemas de enganche por otros semiautomáticos tipo Alliance, el cambio del sistema de frenado automático de vacío por otro de aire comprimido, la modificación del sistema de control de tracción, reemplazado por otro heredado de las unidades de la serie 100 de FTS, de concepción más moderna, o el traslado de las resistencias de tracción del techo al bastidor. Además, sus llamativos pantógrafos romboidales originales, fueron reemplazados por un moderno semipantógrafo.

También el interior fue completamente despejado para que el personal de Vía y Obras de Euskotren dispusiera del espacio necesario para transportar los materiales necesarios en sus trabajos. Sin embargo, conservó el bastidor original, la carrocería metálica de 1960 y, sobre todo, los robustos motores de tracción AEG de 1928, así como los magníficos bogies, también de 1928, construidos por CAF en Beasain bajo licencia del afamado fabricante norteamericano J.G. Brill.

En su nueva configuración, el automotor MAB-15 continuó prestando sus valiosos servicios, primero a Euskotren y, a partir de 2005, a Euskal Trenbide Sarea ETS/RFV, hasta su definitiva baja en 2012, cuando ya contaba con 84 años de existencia. En abril de 2016 fue trasladado a los talleres de Euskotren en Lebario (Bizkaia), donde ha sido sometido a una profunda restauración. La intervención se vio dificultada por las numerosas transformaciones que había experimentado este singular automotor a lo largo de su vida activa, por lo que se optó por una solución de compromiso que conserva la mayor parte de las modificaciones técnicas realizadas en 1995, pero devolviéndole la imagen exterior que, entre 1960 y 1995, ofreció a diario a los viajeros del tren del Txorierri.

El TER 9701 de Calatayud se rehabilita para servir como cafetería y sala de exposiciones

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El TER 9701, que desde el 1996 permanece junto a la estación de Calatayud, ha sido rehabilitado en una primera fase en virtud de unas obras de restauración sufragadas por el Consistorio que ya han finalizado. Cedido por la Fundación de Ferrocarriles Españoles al Ayuntamiento de Calatayud en mayo de 2015, en el futuro alberará un restaurante-cafetería y una sala de exposiciones sobre la historia del ferrocarril.

Con esta actuación, impulsada por el Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento y ejecutada por la empresa Wagonstill, firma española especializada en restaurar y rehabilitar antiguos coches de ferrocarril en desuso y que en 2015 realizó la primera fase de obras con la rehabilitación exterior, los coches del TER 9701 quedan completamente recuperados. El TER está ubicado en el parque de Renfe de la ciudad, anexo a la Estación de Ferrocarril.

El Consistorio ha invertido 21.672 euros en la eliminación de elementos interiores, butacas, mesas, etc, con el fin de dejar un espacio diáfano. Al mismo tiempo se han rehabilitado todos los elementos deteriorados o en mal estado. El siguiente paso pasa por dotar a los coches de un uso continuado. Desde el Ayuntamiento creen factible un bar-cafetería y una sala de exposiciones.

El 9701 recaló en Calatayud hace unos veinte años. La Asociación Bilbilitana de Amigos del Ferrocarril solicitó la cesión de estos vehículos a la Fundación de Ferrocarriles Españoles. Una vez autorizada se convirtieron en su sede social. La asociación no se ha llegado a disolver aunque no tiene actividad y el paso del tiempo, el olvido y algunos actos vandálicos han minado el atractivo del TER. En 2012 los Amigos del Ferrocarril comunicaron a la Fundación de los Ferrocarriles Españoles y a la administración municipal, que renunciaban a su custodia. Tenían que devolverlos en las mismas condiciones en las que fueron entregados y la asociación no cuenta con recursos para adecentarlos.

El Ayuntamiento ha llegado a un acuerdo con la fundación, que cede en uso temporal y en depósito por 20 años, prorrogables de cinco en cinco, el automotor diésel Renfe 597001/7. Lo componen un coche motor M9701, y un remolque cabina RC970. Con cargo a las arcas municipales y en dos fases se rehabilitarán. El coste total –según una memoria valorada– supera los 96.000 euros.

Esta actuación completa la mejora del entorno de la estación, al integrar los dos vehículos del TER en el parque que se va a crear en esta zona: “Destacará la importancia de Calatayud como nudo de comunicaciones, y se reconocerá el trabajo de quienes han tenido y tienen relación con el mundo del ferrocarril”, explican en el Consistorio.

La serie 597 de Renfe, ex UT-597, ex 9700/TER (Tren Español Rápido) (M-Rc-Rc-M vmax 120 km/h , 570 kw) constaba de 30 automotores diésel de cuatro coches, dos de ellos automotores, fabricados por FIAT y CAF (bajo licencia Fiat) que entraron en servicio en 1965. Se utilizaba para trayectos de largo recorrido aunque en la etapa final hicieron servicios regionales por lo que alguna unidad llegó a ser pintada con los colores de Regionales de Renfe. Durante los últimos años de su vida activa, a los automotores de esta serie con el esquema de pintura original se les denominaba‘pitufos’.

El servicio comercial comenzó a el 10 de enero de 1965 en el trayecto Madrid-Gijón vía Ávila. El TAR (como así se denominó inicialmente) realizaba también los trayectos Barcelona-Bilbao, Madrid- Barcelona o Logroño y Pamplona. Se los pudo ver también en servicios transversales como el Ruta del Plata Gijón-Sevilla, y también el Valencia- Granada, Barcelona- Salamanca, Valencia-Irún/Bilbao, La Coruña- Hendaya o Portbou-Alicante.

El último trayecto efectuado por un TER tuvo lugar el 16 de enero 1995, entre las localidades de Madrid y Cuenca, con el 597-052, haciendo el Regional Río Huécar. Poco después, otras unidades se venden a Argentina (597-004; 597-017, 597-018 y 597-029); el resto se desguazan en Arrigorriaga, excepto tres: el 9701 (597.001) ya citado de la Asociación Bilbilitana de Amigos del Ferrocarril; el 9710 (597.010) que se ha recuperado en los talleres de Lérida y permanece a la espera en el Museo del Ferrocarril de Madrid (estuvo en manos de la Asociación Vallisoletana de Amigos del Ferrocarril ). Y un tercero de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao, el 9736 (597.036), que quedó destruido por un incendio, provocado por indigentes, en noviembre de 2014 en la estación de Abando.

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(Imágenes. Arriba, José Luis Giménez González, Abajo, grupo ‘Como los chorros de oro’ de Facebook)

Los 17 kilómetros de vía que separan La Fregeneda y Barca D’Alva se restaurarán este año

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La recuperación de los 17 kilómetros de línea férrea que separan La Fregeneda de la localidad portuguesa Barca d’Alva, única vía de Europa que ha sido declarada ‘Bien de Interés Cultural’ en la categoría de monumento, están un paso más cerca de su recuperación. La Diputación de Salamanca ha remitido esta misma semana el proyecto a los alcaldes, Adif y la Junta, tanto a Patrimonio como a Medio Natural, para que revisen el plan de rescate de un trazado enclavado en pleno Parque Natural de Arribes del Duero.

La restauración se limita a un tramo de la línea, los citados 17 kilómetros finales de su recorrido, y todo parece indicar que se llevará a cabo este mismo año, aunque no se hace constar si las intervenciones a realizar redundarán en un nuevo uso ferroviario. Trece puentes y veinte túneles constituyen una de las mayores obras de la ingeniería ferroviaria del hierro en toda la Península Ibérica y, junto a la belleza del entorno de las Arribes del Duero, el Morgáez y el Águeda, despunta el paisaje de panorámicas de gran belleza.

La Salina invertirá 800.000 euros en un proyecto que quiere ejecutar este año y que supondrá acondicionar la vía férrea para que pueda ser transitable para el turismo. Para ello antes tendrá que rehabilitar tanto los puentes como la vía férrea, especialmente peligrosa en los tramos donde las traviesas han desaparecido por el paso del tiempo.

En la pasada edición de Fitur, la Diputación de Salamanca presentó el proyecto turístico, una iniciativa que pretende la recuperación de la vía férrea existente entre las localidades de La Fregeneda, en Las Arribes, y Barca D’alva en Portugal. Como objetivo se ha fijado la dinamización de la zona mediante la creación de empleo y creación de iniciativas empresariales con un significativo aumento del turismo.

“La Diputación quiere poner en marcha el proyecto cuanto antes, aunque habrá que solventar cuestiones medio ambientales que habrá que negociar con la consejería”, explica el alcalde de La Fregeneda, Bernardo García, para quien el proyecto “tiene un atractivo enorme”.

La vía que conecta ambas localidades es una obra de ingeniería del siglo XIX única por sus características. Son 17 kilómetros de recorrido, que atraviesan el parque natural de Las Arribes, con gran cantidad de túneles y puentes en una zona de una gran belleza paisajística’.
Se prevé la instalación de 500 nuevas traviesas de sujeción de vías y la seguridad de los puentes, adecuándose el paso por los túneles.

La vía férrea de Las Arribes del Duero fue inaugurada como una de las mayores obras de ingeniería civil de España en 1887. La vía original enlaza la Fuente de San Esteban con Barca d’ Alva, un trazado de 77 kilómetros, y fue cerrada por el gobierno socialista de Felipe González en el año 1984. Su majestuosa obra civil propició que en el año 2000 fuera declarada Bien de Interés Cultural para evitar su desmantelamiento.

Restauran el Salón de Baile del Palacio Fernán Núñez, sede de la Fundación del Ferrocarril

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Un total de 17 alumnos de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Comunidad de Madrid, junto con la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, han participado, durante el mes de julio, en la V Campaña de restauración, que este año contempla la restauración del Palacio Fernán Núñez y del Museo del Ferrocarril de Madrid.

En el Palacio de Fernán Núñez, sede de la fundación, los trabajos se han desarrollado en uno de los espacios más singulares del edificio, el Salón de Baile, obra del pintor y escenógrafo valenciano Joaquín Edo del Castillo (1829-1893), finalizada en 1863. El Salón, de decoración barroca y de ifluencia estilística francesa, es uno de los espacios más lujosos del Madrid Isabelino. En este espacio se ha intervenido el palco de los músicos, así como pinturas murales, esculturas en escayola y molduras doradas. Asimismo, destaca el descubrimiento de unos vidrios ovales pintados del siglo XIX, que permanecían ocultos por unos lienzos de igual forma y similar motivo.

La campaña ha consistido en la restauración del Museo del Ferrocarril de Madrid, donde los alumnos han intervenido la caja del reloj de Mataró, que en 1848 dio la salida al primer tren peninsular en la línea Barcelona-Mataró. También han trabajado en la maqueta de un mapa ferroviario en relieve de escayola y en dos esculturas de Julio Calleja, todos ellos objetos singulares de la colección del Museo.

Adquirido en 1941 por la Compañía de los Ferrocarriles del Oeste de España, el Palacio de Fernán Núñez es la sede de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles desde 1985. Pasó a ser sede del Consejo de Administración de RENFE en 1941 a raíz de la nacionalización de las compañías ferroviarias. Actualmente es propiedad de Adif y de Renfe.

La parte noble, la que mejor se conserva, está decorada con alfombras y tapices de la Real Fábrica de Santa Bárbara, algunos basados en cartones de Goya, lámparas de cristal de Murano y Baccarat, sedas y otros elementos de lujosa factura. La de servicio es la que se transforma en oficinas a partir del año 1941. Entre los ambientes más significativos pueden citarse el Salón de Baile que recuerda la Galería de los Espejos de Versalles, el Salón Isabelino y el Comedor de Gala. También hay que destacar el jardín, diseñado por arquitectos y paisajistas parisinos.