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Un proyecto navarro para el Museo de Delicias

El estudio de arquitectura navarro GVG ha obtenido el primer premio en el concurso de proyectos para la rehabilitación de la estación de Madrid-Delicias, sede del Museo del Ferrocarril de Madrid. El concurso ha sido promovido por el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (Mitma) en coordinación con Adif y la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. El Mitma contratará el pan director, la redacción del proyecto y la dirección facultativa de las obras con cargo a los créditos del Programa de Rehabilitación Arquitectónica, y se aportarán 1.272.851,33 euros.

La propuesta ganadora, “1878-1880”, es obra del Estudio de Arquitectura GVG, que forman los arquitectos Daniel Galar Irure, Josecho Vélez Ballesteros y Javier Gil Ayesa, quienes proponen recuperar el espíritu originario de la estación entendida como un complejo de edificaciones, infraestructuras y actividad, así como potenciar sus capacidades urbanísticas y sociales. “El Jurado valora el planteamiento respetuoso con el edificio en los aspectos espaciales, constructivos y de funcionamiento existentes, singularizando la intervención con elementos que no rompen las cualidades arquitectónicas del mismo, y dando como resultado una solución sintética, clara y ordenada”. El equipo ganador será el encargado de elaborar el proyecto de ejecución y asimismo de asumir la dirección facultativa de las obras. La estimación económica de las obras de renovación y ampliación del museo asciende a 14,5 millones de euros, que contará con financiación del Ministerio a través del Programa del 1,5% Cultural.

La resolución del concurso coincide con el 140º aniversario de la estación, inaugurada el 30 de marzo de 1880. En la convocatoria han participado trece equipos de arquitectos. La valoración ha corrido a cargo de los miembros del jurado nombrados a propuesta de Adif, la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, el Colegio de Arquitectos de Madrid, el Ayuntamiento de Madrid, el Ministerio de Cultura y el propio Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana. Entre sus miembros se encuentran figuras relevantes de mundo de la arquitectura, como Víctor López Cotelo e Iñaki Ábalos Vázquez.

El conjunto de la propuesta se divide en fases. Tras el traslado de la Biblioteca y el Archivo, se iniciará el acondicionamiento museístico del antiguo edificio de viajeros de la estación, con rehabilitación de cubiertas, estructura y fachadas, la transformación del vestíbulo, y un nuevo acceso y obras de urbanización exterior. En la siguiente fase se acometerá la restauración y consolidación estructural y constructiva de la marquesina de la nave Central y los acondicionamientos museísticos que exigieran el traslado o la protección de los vehículos históricos expuestos, la rehabilitación de cubrición, estructura principal de cubierta y fachadas y trabajos de urbanización exterior en la fachadas norte y sur. Las últimas etapas se destinan a la restauración de las fachadas interiores y exteriores y de las cubiertas de los cuerpos laterales del edificio de viajeros, para terminar con el acondicionamiento de la zona reservada a usos complementarios al museo.

El proyecto tiene una vertiente de regeneración urbana en el entorno de la estación, que se concreta en la creación de un bulevar transitable en las vías de acceso, despejadas de vehículos y la creación de nuevas edificaciones para exposición, taller y almacenaje. “Esta actuación demuestra el compromiso del Gobierno en la protección y salvaguarda del Patrimonio Cultural Español”, sostiene en su convocatoria el Mitma

Este compromiso se materializa no solo a través del Programa de Rehabilitación del Patrimonio Arquitectónico, que consiste en la ejecución de obras relevantes de rehabilitación del patrimonio arquitectónico español y dotación de equipamientos públicos con los presupuestos propios del Ministerio; sino también a través del Programa del 1,5% Cultural, que constituye uno de los instrumentos de la Administración General del Estado para responder al mandato constitucional por el que los Poderes Públicos deben garantizar la conservación y promover el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de España y de los bienes que lo integran.

En el marco del primero de los programas, Mitma ejerce como órgano de contratación, habiendo destinado en el ejercicio 2019 más de 21 millones de euros. En el ámbito del segundo, tras el establecimiento del nuevo procedimiento de concurrencia competitiva, en el VII Acuerdo de Colaboración entre los antiguos Ministerios de Fomento y de Educación, Cultura y Deportes, son ya cuatro las convocatorias de ayudas publicadas. La última de ellas, publicada en el BOE del 16/01/20, supondrá una aportación máxima por parte del Mitma de 61.000.000 euros, distribuidos entre 2020 (20,5 millones de euros) y 2021 (40,5 millones de euros).

La estación de Delicias de Madrid es uno de esos lugares donde el tiempo parece haberse parado. Inaugurada en 1880 por los reyes Alfonso XII y María Cristina, constituye uno de los ejemplos más significativos de la llamada ‘arquitectura del hierro’ del siglo XIX. Este edificio monumental es desde hace treinta y seis años la sede del Museo del Ferrocarril. En él se exhibe una de las colecciones de material histórico ferroviario más completas de Europa. Una selecto conjunto de máquinas, locomotoras y unidades recuerda de forma permanente el pasado férreo de este país que el tren ayudó a vertebrar y conjuntar.

Ubicada en el Paseo de las Delicias, fue la primera estación monumental de la capital de España; compartía raíles con las líneas de Madrid, Ciudad Real-Portugal y la de Madrid-Zaragoza-Alicante. Iniciada en 1879, se levantó en el tiempo récord de once meses, gracias al carácter puramente funcional del edificio. El componente fundamental es el hierro. Delicias, Norte (1882) y Atocha (1892) eran las estaciones más importantes del país. Cada una de ellas pertenecía a una compañía distinta; y sus terminales venían a ser su carta de presentación en la ciudad. Por ello cada compañía procuró dar a sus estaciones una imagen propia con la idea de mostrar su potencial económico y tecnológico. Era una exhibición de capital, firmas constructoras y técnicos franceses,

El autor del proyecto fue el ingeniero francés Émile Cachelièvre, que incorporó al edificio la última novedad que ofrecía por entonces la cubierta metálica que Henri de Dion había mostrado con éxito en la Exposición Universal de París de 1878. La armadura parisina llamada ‘De Dion’, compuesta por una serie de cuchillos armados que forman un todo con los propios pilares de sostén fijados en una cimentación hundida, tiene extraordinaria semejanza con la armadura de la estación de Delicias que, por primera vez, cubría una superficie de esta amplitud sin ningún tipo de tirantes, riostras ni contrafuertes. La eliminación de estos elementos, así como la solución dada al problema de la dilatación, habían sido las dos novedades más importantes respecto al sistema tradicional de Polonceau, e incluso a las soluciones apuntadas en las anteriores exposiciones universales de 1855 y 1867.

Delicias alberga el museo ferroviario desde hace treinta y seis años, aunque en realidad en 1967 ya se abrió en España una galería dedicada al ferrocarril en el Palacio de Fernán Núñez de la capital de España, actual sede de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. Distribuido en cuatro salas, albergaba maquetas, grabados y pequeños objetos relacionados con la historia y la explotación del ferrocarril. Allí permaneció hasta 1983, año en el que se trasladó a las viejas dependencias de la estación, que permitían, sobre todo, la exposición de trenes en la gran nave central. El museo ha alcanzado su máxima apogeo en su actual ubicación de Delicias, ya que el edificio en sí, y su característica marquesina, es uno de los principales atractivos. En la nave central de la estación se pueden ver más de treinta vehículos de material rodante de gran valor histórico, entre locomotoras de vapor, diésel, eléctricas, automotores y coches de viajeros.

Las piezas expuestas son tan solo una mínima parte de las existentes, que o bien se ubican en los alrededores, a la espera de su reparación, o se entregan a otras instituciones y asociaciones para ser restauradas. Con la restauración, es posible que se puedan contemplar algunos de los valiosos ejemplares del patrimonnio ferroviario español que se custodian aquí y en otros centros del país.

Joyas en custodia: Coche de Franco (SS 3)

Con la creación de Renfe (1941), el parque de locomotoras de vapor se refuerza. Mientras se completa la entrega de nuevo material que suministran los fabricantes nacionales (406 unidades), se inicia el plan de fuelización, al tiempo que se incorporan 221 locomotoras eléctricas, 219 diésel y 20 automotores TAF (auténtica innovación) y las cuatro pioneras unidades de Talgo (1950). También se incorporan los ferrobuses (1954), a los servicios de Cercanías y Regionales. Los parques del material remolcado, igualmente heterogéneos y envejecidos, también se modernizan progresivamente. Renfe aquiriere 496 coches metálicos y 190 de madera, así como 16.200 vagones de distintos tipos y se instala el equipo de freno automático en otros 18.500.

En estos primeros años de postguerra, el tren sigue siendo el mejor medio de transporte y el más rápido (…) para comunicar las ciudades del país, pese a que la red ferroviaria sufre graves carencias y diversos problemas derivados de los tres años del el conflicto bélico y el desgaste de las antiguas compañías ferroviarias. Si a ello unimos que aún no se dispone de un entramado de carreteras adecuado, no resulta sorprendente que las autoridades del régimen, con Franco a la cabeza, se vean obligados a recurrir al ferrocarril para sus desplazamientos. Sabida la fobia del dictador a los aviones (vistos los antecedentes quizá con Sanjurjo y Mola), y su poco entusiasmo por el tren, Renfe se inclina por rescatar algunos vehículos del parque de material remolcado que tienen los directivos de Norte y MZA, las dos grandes compañías españolas, para el uso especial del jefe del Estado.

La D.G.F.T. (Obras Públicas o el Estado) tiene tres coches propios para los viajes de altos directivos del Gobierno, numerados en Norte como D.G.F.T. Sfhv 1 (construido por la S.E.C.N. en 1929, Bogie tipo M Acero moldeado monobloc Commonwealth), D.G.F.T. Sfhv 2 (también de S.E.C.N. en 1923, Bogie tipo L, acero laminado) y D.G.F.T. Sfhv 3 (de Braine LC, 1907, Bogie L), según precisa Javer Fernández López, director del Museo del Ferrocarril de Asturias. El primero de los los coches aquí citados (Sfhv 1), el más moderno, pasa a matricularse en Renfe como Sffv 1 primero (Estado General del Material Móvil, 1947) para posteriormente aparecer como SS 3 en el inventario de 1969. El ‘break’ pasa una completa revisión general en 1953; en los siguientes años se utiliza profusamente. En 1956, cae en desuso y posteriormente queda apartado y abandonado (de hecho en el inventario de 1969 ya ni figura).

Tras el final de la guerra, Franco deja de utilizar los coches del Tren de la Jefatura del Estado (antes Tren Presidencial y antes Tren Real), vehículos bastante antiguos (de 1900 salvo el cocina, que es más moderno), y coomienza a usar un coche ‘break’ de la Dirección General de Ferrocarriles y Tranvías (Obras Públicas), también denominados genéricamente “coches salones del Estado”. Al parecer, el dictador elige los coches de Obras Públicas para sus desplazamientos, sobre todo, el SS 1 (ex Pullman Andaluces AAX 1105), el SS 2 (ex ZZ 1112) y el ya citado Sffv 1, renumerado como SS 3.

Aunque existe cierta controversia entre los especialistas, parece seguro que el coche donde viaja normalmente el dictador se corresponde con el SS 3. De hecho hay constancia documental (vídeo) de que en este vehículo, el dictador acude a Hendaya para entrevistarse con Hitler (1940). Este coche, junto algún que otro ‘break’ (‘Butacas’ de la serie Norte AAfhv 1001 a 102 de la SECN de 1931 y probablemente el Pullman de Andaluces AAX 1105 ) parten de Madrid con la ‘ Montaña 241-4600’ de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, hasta Alsasua. Ahí cambia de tracción y la releva la eléctrica 7209. Las imágenes existentes llegan a confundir a los expertos a la hora de distinguir los coches; algunos aseguran que se trata del Sfhv 2, pero Javier Fernández lo descarta, basado en investigaciones realizadas en documentos del Ministerio de Cultura. Sin saber a ciencia cierta lo que pasa con este coche, apunta a su posible desguace y al uso de algunos de sus elementos en el SS 3 (anterior Sffv 1).

El SS 3, de carrocería metálica y la puerta de acceso en mitado del coche, está decorado en azul mahón, con techo en gris y diversos ribetes dorados en ventanas y fileteado blanco. Sale de los talleres del Nervión de la Sociedad Española de Constrrución Naval, y se pone al servicio de Alfonso XIII y su familia. Cuando el rey abandona el pasís (1931), se dispone para el traslado del personal de Norte, en especial de sus altos cargos, una práctica habitual enlas compañías ferroviarias que habilitan vehículos de lujo para la inspección de las vías y los viajes de su directivos. Tras su asignación al jefe del Estado, se pinta con el típico color verde oliva unificado de Renfe con franjas amarillas.

Incompresiblemente, Renfe decide subastarlo en 1974; acaba en una finca de Ciudad Real, propiedad de un terrateniente de la zona muy aficionado a las antigüedades, Vicente de Gregori. Cuando se pregunta a los responsabbles del patrimonio ferroviario los motivos de su venta, estos se escudan en la inercia burocrática; los vehículos apartados por vejez o cualquier otra circunstancia se venden en pública subasta. Durante años sirve de refugio a quienes participan en largas jornadas cinegéticas en Navacalballo; muchos de los que se sientan en sus salones ni tan siquiera se interesan por el origen del vehículo que aún conserva el el escudo franquista con el yugo y las flechas, en un lado, y el emplema del Ministerio de Obras públicas, en el otro.

Cuando el empresario se cansa del juguete, decide ofrecerlo a Renfe que, carente de dinero, paga el material con chatarra (150 toneladas de piezas metálicas valoradas en dos millones de pesetas,….). Aún es posible incorporarlo a un museo. Separado en dos piezas (caja y bogies), se traslda a Valdepeñas y de allí a Soria, donde un equipo de ebanistas y carpinteros se ocupa con mimo de su restauración. Pese a su destartalado aspecto, el deterioro es más aparente que real. La rehabilitación es más que posible.

El interior, de 20 metros de largo por 3 de ancho, mantienn la división original de seis habitáculos: un lavabo con retrete, tres dormitorios (el principal dispone de otro servicio), un salón comedor y una pequeña cocina. En las paredes del compartimento, aún se aprecian varias láminas de marquetería, cuidadosamente trabajadas en maderas de distintos tonos, representando sendos jarrones con flores. Un lavabo, con un espejo cuadrado, sin marco ni ningún detalle especial, completa el mobiliario, en el que se incluye una cama estrecha, de latón forjado, bajo la cual, sujetas al suelo, asoman tres gruesas cañerías de agua caliente. No hay camas en los otros dos dormitorios, sino cuatro literas abatibles. El resto (mesas, sillas, armarios…) se encuentra en una de las naves de la estación, entre pilas de tablones y herramientas. La grifería, las gruesas cañerías de plomo, los conmutadores de la luz, los portaequipajes de red, las chapas desgarradas de maderas nobles que recubren el sólido armazón del coche permanecen en su sitio; pero el tiempo que pasa sin ciudados se hace evidente en estas piezas.

El SS 3 conserva también las tres mesillas de noche y los posapiés, provistos de gruesos cojines tapizados adornados con grandes borlas de flecos en sus esquinas. Y el resto del mobiliario se conserva en bastante buen estado: una mesa rectangular, un sofá, seis sillones, un aparador y un espejo cuadrado. Seis pequeños escudos, de los ocho que adornan el salón comedor, también se resguardan en las oficinas de la nave de carpintería. Están hechos de escayola policromada sobre soporte de madera. Uno de ellos representa el escudo de la villa de Bilbao, rodeado por la inscripción “MNML” (“My noble y muy leal”- e “Invicta Villa Bilbao”). Otro parece representar la figura de Fernando III ‘el Santo’ en la que se ve al monarca sentado, con los símbolos del poder real en sus manos, y flanqueado por dos obispos con sus báculos; y todo ello enmarcado con las letras “NO DO” -acróstico de “no manejado”- (el lema heráldico del Rey).

Todo el coche está recubierto con planchas de maderas nobles, entre las que parecen apreciarse, debajo de la capa de polvo y barnices cuarteados, maderas de raíz y de caoba. Cuenta, además, con un generador que debe proporcionar su propia energía eléctrica. Todo ello conduce a mostrar un gran optimismo sobre su pronta recuperación. “Nuestros carpinteros están perfectamente preparados para devolver al vagón (sic) y al mobiliario su estado original. En marzo, espero, podrá quedar expuesto en el Museo Nacional del Ferrocarril“, declara a la Prensa uno de los responsabes de estas tareas. Ese marzo que se cita se enmarca ¡en 1995! ¿Qué sucede para que no se complete la tarea en tres lustros?

La crisis, apuntan, impide llevar a cabo esta operación. Casi quince años pasan ya desde la última vez que alguien toca el SS 3. Trasladado 30 kilómetros más al sur, de Soria a a Almazán, se pone a cubierto y se inicia otra rehabilitación que tampoco concluye por motivos económicos. La escuela taller de esta localidad no tiene prespuesto. La Fundación de Ferrocarriless Españoles tampoco dispone de fondos e incluso no cree prioritaria su restauración. Mientras, el tiempo, enemigo acérrimo, no pasa en balde. Ciertamente, sin dinero poco o nada se puede hacer. Otra cosa es que haya interés para recuperarlo. ¿Acaso lo hay?

(Fuentes. Carlos Baranguá, en “Los coches perdidos de Renfe”, Artículos periodísticos, El País. Javier Fernández López, en foros ferroviarios. Vía Libre)

Restauración de Pendolinos en Reino Unido

La flota de trenes más emblemática de Gran Bretaña va a experimentar una gran renovación, que creará decenas de puestos de trabajo de alta cualificación y garantizará el mantenimiento de otros centenares de empleos en el Reino Unido. Durante los próximos 7 años, los 56 trenes de alta velocidad Pendolino que circulan en la Línea Principal de la Costa Oeste (West Coast Mainline) serán mantenidos y revisados por Alstom, en el marco de un contrato valorado en más de 755 millones de euros (642 millones de libras), firmado entre el nuevo operador de la línea, Avanti West Coast, y Alstom, fabricante de los trenes.

Además de incluir un plan de actualización y modernización de los trenes Pendolino, valorado en 150 millones de euros (127 millones de libras) y que será el mayor programa de modernización de trenes llevado a cabo en el Reino Unido, el acuerdo también incluye su mantenimiento hasta 2026 por Alstom. El contrato también comprende el mantenimiento de la nueva flota de trenes recientemente adquirida a Hitachi.

El primero de los trenes pendulares Pendolino entró en servicio en la línea entre Londres y Glasgow en enero de 2003. La modernización que se va a llevar ahora a cabo se centrará en las instalaciones de a bordo y proporcionará a los pasajeros asientos más confortables, mejoras en la tienda, baños más modernos, mejor iluminación, nuevo diseño interior, la instalación de cargadores en los asientos y una mejor conexión Wi-Fi en todo el vehículo. También habrá mejoras en el rendimiento de los trenes, gracias a los nuevos programas de mantenimiento.

El acuerdo creará 100 puestos de trabajo de alta cualificación, la mayoría de ellos en el centro tecnológico de Alstom en Widnes, y asegurará los cientos de empleos ya existentes en los talleres de Glasgow, Manchester, Oxley y Wembley. “El Pendolino es un tren de pasajeros icónico y estamos encantados de darle un nuevo lavado de cara. Este acuerdo mejorará la experiencia de los pasajeros y asegurará que la flota seguirá sirviendo a las poblaciones de la Costa Oeste los próximos años», explica el director general de Avanti West Coast, Phil Whittingham.

«En Alstom estamos orgullosos de haber sido elegidos por First Trenitalia para mantener la flota de Avanti West Coast y modernizar los trenes Pendolino. Durante los últimos 15 años, estos trenes han revolucionado los trayectos por ferrocarril, ofreciendo a los pasajeros viajes más rápidos y mayores frecuencias. Ahora descubrirán un nuevo capítulo de esta historia, con Avanti West Coast y, gracias a este contrato, Alstom invertirán em empleo de calidad y programas de aprendizaje», destaca Nick Crossfield, director general de Alstom para el Reino Unido e Irlanda.

Por su parte, Alan Lowe, director financiero de Angel Trains, que alquila la flota a Avanti West Coast, asegura que «la remodelación de la flota de Avanti West Coast mejorará de forma significativa la experiencia de los pasajeros y creará trabajos de alta cualificación a nivel local. Estamos encantados de apoyar a First Trenitalia y Alstom en el inicio de este proyecto tan emocionante. Angel Trains se compromete a invertir en la modernización del ferrocarril en el Reino Unido y este proyecto asegurará que los trenes Pendolino responden a las cambiantes necesidades de los pasajeros actuales, al tiempo que continúan siendo una parte icónica de nuestras vías».

La Big Boy 4014 luce su inmenso poderío

La Big Boy 4014 regresa a las vías después de más de dos años de restauración. Tras una ceremonia de bautizo, esta histórica locomotora de vapor, la más grande del mundo, abandonó el depósito de Cheyenne para llegar a la Ogden Union Station, donde podrá visitarse hasta el 11 de mayo. La Big Boy tiene planificadas varias paradas a lo largo del trayecto y participa en otras celebraciones que tendrán lugar a lo largo de todo el año en los estados en los que opera Union Pacific.

Un total de veinticinco Big Boys fueron construidas para Union Pacific Railroad, la primera de las cuales se entregó en 1941. Las locomotoras, que habitualmente operaban entre Ogden (Utah) y Cheyenne (Wyoming), tenían más de cuarenta metros de largo y pesaban más de quinientas toneladas. Debido a su gran longitud, su rodadura era articulada. Este tipo de máquinas dejaron de estar operativas en 1959. Tanto la mítica 4014 como las restantes locomotoras fueron conducidas hasta algunos de los museos estadunidenses para poder ser veneradas. En la actualidad solo quedan ocho. La Big Boy número 4014 se estacionó en un museo ferroviario de California en 1962, luego regresó al depósit de Union Pacific en Cheyenne (Wyoming), hace aproximadamente seis años para comenzar el proyecto. En marzo, Union Pacific anunció que Big Boy y otra máquina de vapor conocida como Living Legend 844 saldrían de gira este año para conmemorar el 150 aniversario del Ferrocarril Transcontinental.

La locomotora Big Boy mide algo más de dos autobuses urbanos. Es más pesada que un avión Boeing 747 completamente cargado de pasajeros, pero lo suficientemente poderosa como para arrastrar 16 Estatuas de la Libertad subiendo una montaña. Es una na imponente máquina con una disposición 4-8-8-4 cuya longitud, locomotora y ténder, alcanzaba más de 40 metros, y con un peso de 530 toneladas. Tal era su tamaño que incluso en su caja de humos cabía un hombre dentro puesto en pie. Actualmente existen otras siete Big Boys en exposiciones abiertas al público en las ciudades estadounidenses de San Luis, en Missouri; Dallas,en Texas; Omaha, en Nebraska; Denver, en Colorado; Scranton, en Pennsylvania; Green Bay, en Wisconsin; y Cheyenne, en Wyoming.

Era tal su capacidad y fuerza de arrastre que se utilizaron casi exclusivamente para el transporte de mercancías, quedando así las Challenger para el transporte de pasajeros. Sin embargo, tenían una tasa de combustión altísima lo que provocaba enormes gastos de combustible. No había más que ver sus intensas humaredas negras que regaban todo el paisaje norteamericano. Estas Big Boy llegaban a consumir hasta 20 toneladas de carbón en un viaje de 4 horas, así como entre 55.000 y 60.000 litros de agua. Tal era su combustión y la carbonilla que expulsaba, que incluso la locomotora incorporaba un sistema con el que regaba a los primeros coches para evitar su exposición a las brasas.

El paso del carbón al diesel acabó por condenarlas definitivamente. Si a eso le añadimos su elevado costo de mantenimiento, parece lógico su destino por los que apenas veinte0 años después todas las Big Boy se encontraban ya fuera de servicio. Sin embargo, eso no quitó que su elevado rendimiento hiciera que cada una de aquellas míticas máquinas recorriera la friolera de aproximadamente 1.500.000 de kilómetros de media.

Por su parte, la Living Legend 844, es la última locomotora de vapor construida para Union Pacific Railroad. Se entregó en 1944. Cuando los motores diesel se convirtieron en los dominantes en la tracción de los trenes de viajeros, la 844 se adscribió al servicio de mercancías en Nebraska entre donde operó entre 1957 y 1959. En 1960 se salvó de ser retirada y pasó a mantenerse para servicios especiales como embajadora de Union Pacific.

Vigo recuerda a sus viejos tranvías

El tranvía de Vigo ha sido uno de los servicios más emblemáticos del mundo. El primer vehículo de estas características rueda por las calles viguesas, de prueba, el 2 de junio de 1914, aunque hay que esperar oficialmente al 9 de agosto para su funcionamiento regular. Pero como en tantas ciudades españolas, sus dirigentes pensaron en jubilar este transporte y sustituirlo por otros más modernos. El 31 de diciembre de 1968 entran en la cochera de Florida para no volver a salir nunca más.

Ahora la ciudad quiere rendir un tributo al viejo tranvía, aunque solo sea testimonial. Mientras esperan a dar el paso de restituir el transporte, han decidido instalar uno de aquellos vehículos en el entorno de la Plaza do Emigrante, donde 50 años atrás se recogían. Los vigueses podrán contemplar y visitar una réplica de aquel tranvía que vio la modernización de esta zona gallega.

Tras seis meses de restauración, el tranvía luce en las cocheras de la carretera de Camposancos. No es uno de aquellos vehículos que se emplearon en la urbe medio siglo atrás, ya que no se conserva ninguno, pero sí es “el más parecido que hemos encontrado, es prácticamente idéntico”, reconoce el director general de Vitrasa, Juan Carlos Villarino..

La compañía decidió adquirir uno de estos vetustos vehículos en Zaragoza para cederlo al Concello con el fin de colocarlo en algún punto estratégico de la ciudad. De momento, con la culminación del proyecto de remodelación, se ha decidido emplazarlo en los jardines de la Plaza do Emigrante, en Coia, donde se localizaban las antiguas cocheras. El gobierno local también estudia que el coche pueda ser visitado siempre y cuando quede preservada su conservación ya que está construido casi al 90% de madera.

“Hubo que restaurar prácticamente todo, no sé cambió nada del original a excepción de los dos perfiles, que al ser de madera estaban muy destrozados y eran insalvables”, narra Villarino mientras explica que todavía restan un par de retoques finales en su interior. “Colocaremos las luces y un par de detalles más pero se ha trabajado mucho en él; se restauraron las ventanas, los cristales, se desmontaron las máquinas y reutilizamos el pantógrafo”, explica casi con admiración.

El vehículo respeta los colores blanco y rojo que vestían estos vehículos en la ciudad. La madera es protagonista indiscutible. Los asientos con capacidad para 25 personas son reversibles. También conserva su timbre que anunciaba las paradas y las persianas originales adecentadas para la ocasión. “Nuestra idea es rendir homenaje al tranvía como uno de los primeros modelos de transporte colectivo en la ciudad coincidiendo con el 50 aniversario de Vitrasa”, añade su director general.

Adif libera por fin Abando de andamios

Tras tres años de ‘obras’, la estación de Abando se libera de los andamios que ha lucido durante estos tres últimos años. Las tareas de rehabilitación de la fachada de la terminal han acabado por fin. El Administrador de Infraedstructuras Ferroviarias (Adif) da por finalizados los trabajos que se iniciaron en 2015 y cuya duración inicial estaba prevista para 11 meses.

El pasado viernes comenzó el desmontaje del mecanotubo que ha permanecido en la fachada de Abando desde octubre de 2015 y que aún habrá que esperar un par de días antes de que finalice. Los trabajos se iniciaron en octubre de 2015, pero poco antes del verano de 2016 tuvieron que paralizarse. La detención del proyecto se debió a un desacuerdo con la empresa encargada de realizar el proyecto de la fachada del edificio. La terminal permaneció cubierta del andamio sin que se realara ninguna tarea, a la espera de que se resolviera el conflicto entre las dos partes. “La idea es realizar el proyecto de rehabilitación del inmueble en breve”, aseguraban en 2016. Pero han tenido que transcurrir tres años para hacer posible el trabajo, que tampoco presentaba numerosas complicaciones.

“Por discrepancias con el contratista, se acordó iniciar los trámites de resolución del contrato en julio de 2016. Contratándose, en noviembre de 2017, con carácter de urgencias los trabajos para la eliminación de los riesgos que se pudieran originar por la interrupción de las obras, así como la reparación de la fachada y la impermeabilización. Finalizado éstos, en octubre de 2018, se inició el desmontaje del andamio”. Esta es toda la explicación de su departamento de comunicación web (el gabinete de prensa se ha negado a proporcionar información porque “no trata con particulares”), pese a las demandas de Treneando.

La intervención pretendía mejorar las tres fachadas que tiene la estación de Abando, calificada de especial protección en el Plan General de Ordenación Urbana de Bilbao, y mejorar el estado general del edificio, afectado por el paso del tiempo, la contaminación del tráfico diario y las condiciones climáticas de la capital vizcaína. Entre los trabajos a realizar figuraban la restauración y consolidación de los elementos pétreos y cerámicos (balaustradas, cornisas, vuelos, alféizares), y la reparación y reintegración de piezas de piedra natural. La obra incluía también la reposición de la carpintería y la mejora de la iluminación en el interior del edificio y en la fachada. Pero poco o nada se sabe de esta última actuación.

También estaba previsto realizar mejoras en el patio interior, que sirve de vestíbulo para los viajeros, en el que se repondría el pavimento de terrazo y se sustituiría el cerramiento de paso al Metro, entre otras actuaciones. Tampoco parece que aquí se hayan completado las obras. En el exterior se mantendría el acceso principal a la estación por la calle Hurtado de Amezaga, de forma que se respetaran los peldaños que rodean el edificio, si bien se debía ejecutar un nuevo tramo exterior de acceso por la plaza Olabarría, que se completaría con una rampa para incrementar la accesibilidad.

Para garantizar la seguridad de usuarios y peatones, se instalaron elementos de protección en todo el perímetro del edificio durante la ejecución de las obras, que se están eliminado durante estos días. Adif se vio obligada por el Ayuntamiento de la capital vizcaína a esta acción para evitar daños potenciales a los transeúntes. Durante mucho tiempo se preguntaba por la demora en realizar estas obras, ya que la fachada de la terminal ha estado cubierta por un velo que ensuciaba la contemplación de esta singular construcción.

Y a la vista de lo realizado, son muchos los que se preguntan por la tardanza en ejecutar estas obras, máxime cuando Adif debería comenzar a diseñar los actos conmemorativos del 70 aniversario de la antigua estación del Norte, que se cumplirán en 2020, en medio de la polémica ante las intervenciones previstas por la llegada del Tren de Alta Velocidad (TAV) a Bilbao. El proyecto contempla el derribo del 25% de la gran bóveda acristalada de la estación con el fin de prolongar en su tramo final la calle Alta Lojendio., sin que Adif se haya pronunciado al respecto.

Restauración del ómnibus de 1861 de Delicias

Alumnas de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales (ESCRBC) de la Comunidad de Madrid casi han culminado los trabajos de restauración de un ómnibus de 1861 propiedad de la Fundación de Ferrocarriles Españoles. Durante este mes, y en virtud de un acuerdo de colaboración entre ambos organismos, han trabajado en la recuperación de esta pieza histórica de la colección del Museo de Delicias. El ómnibus, un carruaje para el transporte urbano de viajeros con tracción animal, se utilizaba en los primeros tiempos del ferrocarril para complementar el servicio de las estaciones.

Este ómnibus del museo es un carruaje de cuatro ruedas y tracción animal, de un solo compartimento –con capacidad para diez personas– y una portezuela en la parte trasera para el acceso a su interior. Es de caja cerrada y techo resistente, que va montado sobre listones convexos para aguantar la carga de los equipajes. Su pescante –asiento para el conductor– está bastante elevado y el diámetro de sus ruedas delanteras es la mitad que el de las traseras, para una mejor tracción.

Su procedencia es incierta y no se conoce dónde prestó servicio. Lleva rotulación: ‘Servicio al ferrocarril’ (en mayúsculas) y numeración ‘Nº 4’, así como un cartel de ‘Servicio público’. En las esquinas posteriores de la caja aparece el dato más significativo para su identificación: ‘Bernardo/Rodríguez/Constructor/Zamora/1861’. La consulta de prensa histórica permite deducir que este constructor tuvo su taller de coches y carruajes en Zamora y Salamanca, anunciándose como “el inventor del freno de seguridad en los carruajes y desenganche de caballos del vehículo”. En 1884 consiguió la medalla de 1ª clase en la Exposición Regional de Salamanca.

En el marco de las campañas de verano que la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Comunidad de Madrid (ESCRBC) organiza para sus estudiantes de Grado, un equipo de seis alumnas, bajo la dirección docente de Begoña Mosquera, se ha trasladado al Museo del Ferrocarril para afrontar la restauración de un vehículo histórico perteneciente a la exposición permanente. Los trabajos que se están llevando a cabo en el ómnibus son continuación de la primera intervención realizada en 2014 y que incluyó un sentado de la policromía, la eliminación de la suciedad superficial, realización de catas (con el objetivo de visualizar las distintas capas de policromía presentes en el ómnibus desde su origen) o el estucado de algunas zonas con pérdidas de policromía.

En esta segunda fase de intervención se pretende recuperar el aspecto original de la pieza y para ello se está retirando un repinte que desvirtúa su correcta lectura histórico-artística, además de continuar con labores de limpieza y reintegración cromática de una parte del ómnibus que permitirán finalizar la restauración en próximas campañas. Los criterios que rigen cualquier trabajo de este tipo son los de un máximo respeto al original y una mínima intervención, asegurando la correcta transmisión de los valores de la obra sin que se vea afectada su integridad.

El antecedente más antiguo del transporte de viajeros en carruajes es de 1662, año en que el polifacético Blaise Pascal estableció en París un servicio de carruajes, con itinerarios, tarifas y horarios determinados. En 1819, Jacques Lafitte reintrodujo en la capital francesa este tipo de transporte, pero no fue hasta 1828 cuando el vocablo ‘ómnibus’ (del latín omnĭbus, “para todos”) se asoció oficialmente a este vehículo. Se cuenta que tal asociación se debe a que el servicio de carruajes instaurado en Nantes en 1826 por Stanislas Baudry tenía su parada principal junto a una sombrerería, en la que se podía leer el cartel: ‘Omnes Omnibus’. Supuestamente, los empleados adoptaron la costumbre de decir “Voy al Omnibus”, y el término arraigó. Independientemente del origen del término, Stanislas Baudry lo oficializó cuando creó, en 1828, su Entreprise Générale de l´Omnibus. En 1829 George Shillibeer estableció en Londres un servicio de carruajes tirado por caballos, que está considerado como el primer ómnibus moderno, predecesor de los actuales tranvías y autobuses.

Con la llegada del ferrocarril y para complementar el buen servicio de las estaciones, se requería que los viajeros y equipajes tuvieran fácil acceso a ellas, a sus patios de carruajes y demás dependencias, bien desde pueblos inmediatos o bien desde la propia ciudad. Por eso, muchas compañías ferroviarias tenían establecido por su cuenta o contratado el servicio de ómnibus.

La Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales (ESCRBC) es el centro decano en la formación de conservadores-restauradores de bienes culturales en España, con una experiencia de casi cinco décadas impartiendo la correspondiente titulación oficial. Los orígenes de la institución, pionera en el campo de la conservación–restauración en nuestro país, cabe buscarlos en el antiguo Instituto Central de Restauración y Conservación de Obras y Objetos de Arte, Arqueología y Etnología (actual Instituto del Patrimonio Cultural de España), del que se desgajó en 1977 al pasar a depender del Ministerio de Educación. En 1999 la ESCRBC se transfirió a la Comunidad de Madrid, de cuya Consejería de Educación depende, como Centro de Enseñanzas Artísticas Superiores, dentro de la Dirección General de Universidades e Investigación.

Vallas en la centenaria estación de Almería

La fachada de la elegante estación de Almería ya tiene actividad. Y, al parecer, comienzan las obras: además del vallado perimetral, se ha colocado un tubo para desescombrar y se ve a operarios en la zona. Los obreros llegan casi dos meses después de que Adif y el Ministerio de Fomento anunciaran el inicio de las obras de rehabilitación de la antigua estación del ferrocarril con la firma del acta de replanteo.

La empresa Tragsa se hace cargo de las obras costeadas a través del 1,5% Cultural. En los próximos once meses -trece inicialmente- se actuará en la restauración de las fachadas de la estación, incluyendo la reparación de carpinterías de madera, cerrajerías y carpinterías metálicas. Se invertirán 1.725.867 euros y otros 170.000 euros correspondientes a la dirección de obra.

Está previsto que se rehabiliten las cortinas vidriadas y la estructura metálica del cuerpo central de la estación. Con estos trabajos se pretende que el edificio construido entre el año 1893 y 1895 diseñado por el arquitecto francés Laurent Farge siguiendo el estilo de la arquitectura del hierro, aunque con aportaciones eclécticas, recupere todo su esplendor para incorporarse al nuevo uso como contenedor cultural que se le ha previsto para esta nueva andadura en el siglo XXI. Las cubiertas, tanto las laterales como la central, también se someterán a un proceso de reparación en el que se incluyen un sistema de evacuación de aguas y sustitución de sumideros y bajantes.

Este edificio histórico, cuyo expediente para ser catalogada como BIC lleva años en tramitación sin llegar a término, ha sufrido graves desperfectos desde que se apostara por la Estación Intermodal para la llegada de los viajeros a Almería por tren.

Almería fue la última capital andaluza en alcanzar el ferrocarril, pensando en sus inicios más para el transporte de mineral que para el tráfico de pasajeros. La estación se asienta sobre una especie de plataforma para evitar las avenidas periódicas de agua por las ramblas que atraviesan la ciudad hacia el mar, del que se sitúa tan solo a 8,28 metros.

La fachada de 54 metros tiene un cuerpo central rematado por una marquesina metálica de forma piramidal y revestido de cristal sobre los bastidores en los testeros de ambos extremos. La Guerra Civil afectó a la integridad del edificio, pero la remodelación efectuada en 1988 permitió resaltar algunos de sus elementos característicos e históricos. Así, el reloj sobriamente enmarcado en labor de hierro, las carenas acristaladas en el interior de vestíbulo y un mural cerámico de Francisco Cañadas.

Estas obras permitieron esclarecer el origen de la firma constructora de la cubierta metálica, que lleva el sello de Fives-Lille. También son propios de esta construcción los azulejos de la facha principal donde se repite la ‘A’ con el típico grafismo vasco en forma de txapela, lo que se considera un aporte de los artesanos de las tierras del Norte. Sin lugar a dudas, es uno de los edificios más singulares de la arquitectura ferroviaria de entresiglos y uno de los conjuntos más impactantes que se conservan en nuestro país.

Coches del ferrocarril como restaurantes

La crisis ha bloqueado la restauración de vehículos ferroviarios. No hay dinero. Sin embargo, en estos años se han producido iniciativas empresariales que han salvado del desguace los coches que en otro tiempo trasladaban a los viajeros de un lugar a otro. Durante un tiempo, también se puso de moda la restauración de viejos vagones de mercancías y su adaptación como casa de campo. También hay quien ‘colecciona’ algún coche de los antiguos ferrocarriles, aunque es un gusto caro y con poca salida. Bastantes dificultades hay para conservar algunas piezas históricas del pasado.

Dentro de las iniciativas empresariales destaca la de restaurar estos vehículos para acondicionarlos como restaurantes. Al Vagón de Beni (Hoyo de Manzanares-Madrid) y El vagón (Miranda de Ebro-Burgos) se unen el coche restaurante del Museo del Ferrocarril (R12-12954), uno de los vehículos de la antigua CIWL, y el segoviano La Postal y el murciano El Patio IV. Es muy probable que haya más. De hecho, hace unos años cerca de Madrid había un coche del Talgo III a la orilla de la carretera que servía a los automovilistas que allí paraban. Hoy os cuento la situación de estos que aquí os planteo.

El Restaurante La Postal situado en Segovia ofrece unas vistas privilegiadas de la ciudad medieval mientras se disfruta de un menú castellano desde un vagón de los años 50 que ha sido bautizado como Antonio Machado. Se trata de un vagón, bautizado con el nombre del escritor muy vinculado a la ciudad de Segovia ya que fueron innumerables los viajes que el escritor realizó en tren para ver a su amada Pilar Valderrama a Madrid. Se considera que este tren fue lugar de inspiración y el lugar escogido para escribir parte de su obra. Desde el restaurante se puede disfrutar de unas vistas excepcionales del Alcázar de Segovia.

El vagón, que pesa 60 toneladas y mide 22 metros de largo, ha sido habilitado como un comedor con capacidad para 54 comensales. Cuenta también con un pequeño jardín, zona de juegos infantil y una terraza cubierta donde se pueden celebrar actividades al aire libre. El tren viene de Granada y las vías de Alicante. Cuenta además con un restaurante anexo con comedor principal con chimenea con capacidad para 220 personas. El restaurante también ofrece talleres de cocina y ‘showcooking’. Sus actividades se completan con paquetes de enogastronomía, turismo activo y turismo cultural por la zona.

En el 1987 Benito Celestino, propietario del restaurante de Hoyo de Manzanares, tuvo la idea de reformar un antiguo vagón de tren, para rememorar los antiguos coches-restaurantes de Wagon Lits en donde se mezclaban el lujo, el placer de viajar y la comida. La idea surgió de combinar sus dos grandes pasiones: la restauración por parte de la familia de su mujer y los vagones de tren, a los que han estado ligados sus hermanos durante años. En 1989 adquirió el primer vagón de tren, “El Vagón Grande”. Un vagón de madera de 1931, que compró en los desguaces de Renfe. Pasados un sinfín de problemas, propios de una tarea tan ardua como es el traslado de un vagón de 35.000 kilogramos hasta Hoyo de Manzanares, comenzó un proceso de años de duro trabajo, en los que compaginó su trabajo como litógrafo con el de restaurador.

Siempre cuenta Benito que el vagón se hizo en sus pocos ratos libres, por eso en un principio se pensó en llamar “La estación de los Ratos” como así lo demuestran las locomotoras serigrafiadas en los cristales interiores del vagón. Después de este largo proceso, en 1994 da comienzo la andadura del vagón como restaurante, consolidándose como una referencia indiscutible en la sierra madrileña.

Pero Benito, hombre incansable, siempre apoyado por su mujer, María del Carmen, no deja aquí su proyecto y se decide a adquirir años más tarde un nuevo vagón de tren, en esta ocasión de vía estrecha, que data del año 1890, procedente de una finca en Majadahonda y en el que viajó Alfonso XII durante una visita a Cataluña, “El Vagón Pequeño”. También remodela la terraza anexa al vagón, para conseguir un ambiente más ferroviario si cabe, e intentar trasladar a sus clientes a una estación escondida en la sierra de Madrid.

“Todo este marco quiere propiciar que las sensaciones que experimenten sean placenteras y que los platos que realizamos, escogiendo con mimo las mejores materias primas y preparándolas con su buen saber hacer por nuestro equipo de cocina, hagan de su estancia con nosotros un viaje distinto, divertido y especial. Esperamos que disfruten del placer de viajar en nuestro pequeño Orient Express!!”, dicen en su publicidad.

Miranda está intrínsencamente unida al ferrocarril, que dio a la ciudad hace 150 años carácter e identidad. No es de extrañar, por tanto, que se rinda tributo al tren y que una emblemática cadena hostelera haya tenido la idea de instalar frente a su edificio un coche ferroviario. Ferrocarriles de la Generalitat de Cataluña adquirió en 1994 dos unidades de ancho métrico procedentes del ferrocarril suizo Appenzeller Bahn, con el fin de poder superar una importante punta de tráfico entre tanto se recibían trenes de nueva construcción. Conocidos originalmente como ABe 4/4 44 por FGC para su línea Catalans (actual línea Llobregat-Anoia) cubrieron servicio entre Igualada y Martorell de 1995 a 1999. Sus remolques con cabina conformaron la serie 8200; uno fue matriculado como 8201 y el otro como 8202.

Uno de esto automotores suizos de Appenzeller Bahn se reconvierte en 2013 en un restaurante de cuatro tenedores. Bautizado como ‘El Vagón’, funciona bajo la supervisión del equipo de cocina del vitoriano Zaldiaran, con una estrella Michelín en su haber. El reputado cocinero Mikel Castañares, elegido en su día como el mejor de Euskadi, se unió a la plantilla para «ofrecer esa cocina tradicional, de calidad y de producto que caracteriza a los chefs del norte». El coleccionista que los compró en su día, tras su retirada del servicio, terminó por desguazar todos los vehículos suizos de FGC, salvo el remolque con cabina 8201, por tanto, este es el que se encuentra en Miranda. En Suiza, su matrícula fue Dzt65.

El Museo del Ferrocarril de Madrid, ubicado en la antigua estación de Delicias, alberga desde septiembre de 2016 un servicio de restauración dentro de uno de los antiguos coches expuestos en la nave central. El coche R12-12954, junto a otros tres de la misma serie, llegó a España en 1964 y prestó servicio como restaurante en los expresos nocturnos de Madrid a Vigo, La Coruña, Hendaya y Cerbere. Construido por la Compagnie Internationale des Wagons-Lits, el R12-12954 pasó a formar parte del inventario del Museo del Ferrocarril de Madrid en 1999. Había dejado de circular en 1983; Renfe lo adquirió cinco años más tarde para que formara parte de algunos de los trenes especiales de aquella época.

Este coche, matriculado como R12-12954,se construye en 1926 en los talleres de Leeds Forge Company (Leeds, Inglaterra) como un coche salón de primera clase. Prestó servicio en varios ferrocarriles europeos hasta 1939. Ese año se incorporó al ‘Flèche d’Or’, el tren de gran lujo que circulaba entre París y Calais. Con la Guerra Mundial, estos servicios quedaron suspendidos. Se reanudaron en 1946, pero sin el esplendor de las décadas anteriores a la contienda mundial.

El restaurante El Patio IV ( para muchos conocido como Los Vagones) se encuentra en Los Alcázares (Murcia), especializado en arroces a la leña, delirio de muchos de los comensales que hasta allí se acercan. Tienen una barra donde tapear o comer rápido para los que llevan la agenda ajetreada, un pequeño salón muy luminoso que da una terraza y unos vagones de mercancías antiguos, que se rehabilitaron y se convirtieron en un pequeño salón, siendo una zona más íntima, para comer o cenar en pareja, familia o amigos. Son antiguos vehículos de los años 50 recuperados y restaurados para la ocasión.

¿Conoces alguno más?

El tren de Arganda abre temporada con la Áliva

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Este domingo 5 de marzo el Tren de Arganda comienza su temporada de primavera arrastrado de nuevo por una locomotora de vapor, una recién restaurada máquina de 1926 llamada Áliva. Este antiguo convoy realiza los domingos de primavera y otoño a las 11.00, 12.00 y 13.00 horas un recorrido de casi 4 kilómetros desde la estación de La Poveda en Arganda del Rey al apeadero de la laguna de El Campillo en Rivas.

La locomotora oficial del tren de esta temporada será la Áliva, recién restaurada por los miembros de esta asociación. Esta máquina fue fabricada por la empresa alemana Orenstein&Koppel en 1926 y perteneció a la Real Compañía Asturiana de Minas, que la utilizó para transportar el mineral desde la Mina Reocín (Cantabría). A los años de darse baja, se hizo cargo de ella la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Torrelavega, que la traspasó en 1994 a CIFVM, cuyos voluntarios han estado restaurándola sacando tiempo de su ocio.

Hasta ahora el tren corría cargo de la locomotora Arganda. Esta máquina -Henschel Arganda-, era la joya de la asociación con la que se efectuaban los recorridos turísticos. Una máquina de vapor-carbón que fue fabricada en el año 1925 en Kassel (Alemania) y de diseño especial para industrias y haciendas, con capacidad para arrastrar cargas considerables, aunque a velocidad reducida, con sus ruedas de pequeño diámetro. Trabajó en unas obras del puerto del Musel (Gijón, Asturias). Su velocidad máxima se estima que es de 20 kilómetros a la hora. Es decir, no era la máquina ideal para trenes de viajeros, por su limitada velocidad. Es una locomotora-ténder, con rodaje de tres ejes acoplados, sin ejes libres, clasificada como 0-3-0T. Muy apropiada para el servicio turístico.

Aunque madrileño de nacimiento, el Tren de Arganda recorría 70 de los 148 kilómetros de su trayecto por tierras alcarreñas de Guadalajara. Sus orígenes datan de 1883, cuando se concedió a Juan Carlos Morillo la licencia para la construcción de un ferrocarril que uniría la capital de España con la población de Vaciamadrid y posteriormente con la de Arganda, con la finalidad de transportar los materiales de construcción que abundaban en estos lugares. La empresa se llamó ‘Compañía del Ferrocarril Madrid-Arganda’, que en 1892 se cambió por el de ‘Compañía del Ferrocarril del Tajuña’, al tener en previsión el paso de la línea férrea por la vega de este río.

El Tren de Arganda está gestionado por la asociación sin ánimo de lucro Centro de Iniciativas Ferroviarias Vapor Madrid (CIFVM), que este 2017 cumple 30 años de actividad. Su viaje discurre por un tramo de la antigua línea del Ferrocarril del Tajuña en antiguos coches de madera con balconcillo: el AC201 fabricado por Carde y Escoriaza en 1916 y los coches C-1 y C-2, reconstruidos por la Escuela Taller Román Aparicio de Arganda.

La asociación Centro de Iniciativas Ferroviarias Vapor Madrid (CIFVM) es la encargada de operar el servicio turístico. Entre otros cometidos se dedica a la restauración de toda clase de vehículos ferroviarios antiguos. Fundada en 1987, adquiere cierto renombre tres años más tarde cuando deciden adquirir y recuperar una locomotora de vapor de ancho de vía métrica que adquieren en un estado lamentable a un chatarrero de La Felguera (Asturias) a escasos días de ser troceada y destinada a ser fundida en unos altos hornos. La asociación decide entonces radicarse en Arganda del Rey, que aún disponía de las vías del antiguo Ferrocarril del Tajuña. Después de tres años de trabajos de despiece, saneado y reconstrucción, se efectúan las primeras pruebas de funcionamiento, primero en la nave adquirida en el barrio de La Poveda, y poco después por las vías de la estación. La locomotora fue rebautizada como ‘Arganda’, como agradecimiento al municipio que les vio nacer.