El funicular de Artxanda se ha quedado anticuado


El funicular de Artxanda no da más de sí. Después de veintiséis años desde su puesta en servicio (junio de 1983) el Ayuntamiento de Bilbao se ha propuesto cambiar el sistema de funcionamiento, que ha quedado desfasado. Y parece que ya no puede demorarse más la sustitución del mecanismo de funcionamiento, al que el consistorio de la capital vizcaína piensa destinar 570.000 euros.

No se trata de adquirir nuevos componentes nuevos para sustituir los que se han deteriorado, sino de sustituir por completo el mecanismo que mantiene activo el arrastre de los dos coches que en estos momentos cubren el servicio entre la plaza de Castaños y Artxanda; un viaje de apenas tres minutos.

Según explican desde el consistorio (que me perdone Joseba Barrio si soy un tanto impreciso), los sistemas de comunicaciones entre la sala de máquinas, la sala de control y los vagones, al igual que los automatismos de los distintos elementos de este tradicional transporte bilbaíno son una unidad integrada que no permite que sean reemplazados de forma parcial con otros materiales del mercado.

Los responsables municipales han proyectado la implantación de un nuevo sistema “redundante” de comunicaciones y automatismos en el funicular, que serán independientes y compatibles con distintas marcas comerciales. No sé si han tenido en cuenta la experiencia de gente del sector que sabe mucho de estas cosas, pero yo que Iñaki Azkuna les escucharía antes de meterme en una obra que quizá luego no sea la mejor solución. Por cierto, quien quiera saber más de este tipo de transportes que entre en la página de trenak en la que hay información muy detallada sobre nuestro ‘funi’ y otros transportes de este tipo en otros países.

La primera actuación que ha preparado el consistorio pasa por la instalación del sistema de comunicaciones mediante la colocación de fibra óptica y cable radiante en la vía. El segundo paso, implantar el citado sistema de automatización “redundante” en las salas de control y de maquinaria, renovando el pupitre y panel de mando. Después, los expertos acometerán la automatización en los dos vagones del funicular. Acabarán colocando aparatos de videovigilancia integral que permita observar el servicio desde la sala de control. Lo que da a entender que los maquinistas quizá vayan a desaparecer de este peculiar transporte. No parece, sin embargo, que los coches vayan a ser sustituidos, aunque me cuentan que uno de ellos, por ejemplo, tiene problemas de goteras durante los días de lluvia. Y, de momento, Bilbao no es Río de Janeiro. Es decir que hay más días con agua que de sol.

La historia del ‘funi’, como así se conoce el transporte entre los bilbaínos, se remonta a los primeros años del siglo XX, si bien no fue posible disponer de un funicular hasta el 7 de octubre de 1915. Benito Marco Gardoqui era alcalde de la villa, cuyos habitantes utilizaban las campas y txakolís (merenderos) de uno de los montes de Bilbao para su esparcimiento y ocio personal. La construcción del casino aceleró los planes para la puesta en marcha del transporte, que costó 2.935,39 euros en aquel entonces. La maquinaria fue diseñada y construida por la empresa suiza L.Von Roll, que se dedicaba a elaborar trenes de montaña. En muchas ocasiones fue utilizado de transporte, incluso de ganado que llevaban los aldeanos que vivían en el monte al mercado o al matadero.

Los primitivos coches aguantaron hasta el año 1976; durante el cambio del cable motriz, un fallo en los frenos de agarre y de las mordazas, hizo caer un vagón hacia la estación inferior con cuatro operarios dentro; tres saltan del coche, pero el cuarto aguanta tirado en el suelo hasta la estación inferior; es rescatado entre los escombros y trasladado al hospital, donde se recuperó. Tras un paréntesis de siete años, se modernizó el ‘funi’ y de nuevo volvió a comunicar Artxanda con el Bilbao de toda la vida. Tiene un recorrido de 770 metros, capacidad para 70 personas y la duración del viaje apenas llega a los tres minutos.

(Imagen Maite Bartolomé)

Una respuesta a “El funicular de Artxanda se ha quedado anticuado

  1. Bien, como dices muy bien Mikel el telemando es la pieza fundamental de todo funicular. Se trata del conjunto de instrumentos que sirven para transmitir las órdenes desde los puntos claves del funicular: trazado, coches, pupitre de mando, sala de máquinas y estaciones.
    El actual funicular está diseñado con tecnología hoy algo obsoleta y que, efectivamente, es de difícil parcelación. Entonces, quizás mirando qué es lo que hay en el mercado se debieron de solicitar varios telemandos y parece ser, por lo que leemos en varios medios de comunicación, de que ya han elegido el que consideran más adecuado.
    Los telemandos de hoy en día son mucho más complejos que los que había hace unas décadas y pueden tener control sobre muchas más variables que los antiguos, entre ellas, la de ser capaces de transmitir señal de video de todos los puntos considerados claves.
    Después, lo que se haga con ellos y cómo se diseñe el nuevo funicular es ya otra cuestión. La noticia que aparece en algún medio, en igual sentido de esta que aparece en este blog parece que podría apuntar la posibilidad de una supresión del puesto de maquinista-conductor.
    No creo que el cambio de un telemando por otro tenga que implicar necesariamente la supresión de puestos de trabajo ni quizás, siquiera, su readecuación. Aunque es bien sabido que la inversión en tecnología suele implicar en muchas ocasiones reducción de mano de obra.
    Pero lo que apuntas en tu noticia, efectivamente, es cierto. A simple vista parece que tendría que tener una mayor atención los propios coches que fueron diseñados en su día, con la mejor intención posible, pues se intentó que todo lo que podría ser elaborado en Euskadi lo fuera, pero que hoy en día no responden a necesidades que otros medios de transporte sí han incorporado: aire acondicionado, etc. Etc
    Aunque tengo que decir que la remodelación para suprimir barreras arquitectónicas, tanto en coches como en estaciones, ha sido lo mejor que he visto yo en todos los funiculares que conozco.
    En fin, como muy bien se dice que la economía política o la política económica es elegir, elegir entre las muchas necesidades presentes cuales se satisfacen y cuales no.
    Pues esperemos, por el bien de todos, que acierten en la elección.

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