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Un gran libro: Artxanda y su funicular

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Hay libros que son de obligada lectura. Aunque este no sea el espacio más adecuado para comentar este tipo de publicaciones, tengo una cuenta pendiente con sus autores. Juanjo Olaizola y Joseba Barrio han publicado un pedazo de historia de Bilbao. El funicular de Artxanda tiene, después de un siglo, un libro que cuenta su trayectoria en estos cien años que han transcurrido desde su construcción en 1915. ¡Ya era hora!

Bilbao es una ciudad injusta. No se prodiga en actos culturales y, cuando lo hace, casi siempre es con acontecimientos de un determinado sesgo ideológico. Es lo que toca. Su comportamiento resulta especialmente odioso en el campo ferroviario. A nadie parece importarle. El sesquicentenario de la llegada del tren pasó sin pena ni gloria. El 125 aniversario del Portugalete-Bilbao, con poco ruido. El centenario del funicular tuvo un poco más de eco, pero tampoco como para tirar cohetes, lo mismo que el de Trapagaran. Y me consta que nadie está pensando en que el próximo año se cumplirán 70 años de la construcción de la estación de Abando, cuyo futuro pende de un hilo (¿nadie va a mover un dedo para evitar su derribo?).

Juanjo Olaizola no necesita presentación alguna. Es suficientemente conocido en este mundo. Joseba Barrio tampoco es un recién llegado; creo que ahora mismo es la persona que más sabe de funiculares, no solo de este país sino del mundo entero. Conductor en Artxanda, ha dedicado parte de su vida a visitar este tipo de artilugios. Y aunque estamos ante su primera publicación, desde hace años dedica parte de su tiempo a narrar sus experiencias y conocimientos en esta campo en una magnífica bitácora llamada Trenak. Ahora les ha dado por descubrirnos los entresijos del funicular bilbaíno.

‘El funicular de Artxanda, 1915-2015’ es una enciclopedia sobre este artilugio. El 7 de octubre de 1915 el entonces alcalde de la Villa, Benito Marco Gardoqui, realizó el primer viaje en el ‘funi’ que, pese a interrupciones puntuales del servicio (el asedio de Bilbao en la Guerra Civil, un accidente en la década de los 70 que lo tuvo apartado hasta 1983), ha seguido funcionando “como un referente en la memoria y en las costumbres de los bilbaínos”. Pocas cosas hay en la Villa tan bilbaínas como el funicular de Artxanda.

En este libro se cuenta, con profusión de datos, desde los inicios de la iniciativa empresarial hasta las últimas actuaciones que se han realizado en estos dos últimos años; ha conseguido el certificado de excelencia. Olaizola y Barrio relatan los diversos proyectos que, a lo largo de la historia, se plantean sobre Artxanda, una zona de esparcimiento y pulmón de oxígeno para los bilbaínos y su ocio.

En las 160 páginas de este libro, distribuidas en ocho capítulos temáticos, el lector puede acceder a todo tipo de datos sobre este artilugio. Las dificultades que entraña construir un transporte en el monte, la solución técnica que propician los funiculares para salvar estos obstáculos naturales, la experiencia de Artxanda y sus vicisitudes… forman un entramado casi enciclopédico.

Los autores se adentran en el camino que hubo de recorrer el ‘funi’ hasta llegar a la cima, entre los que sin duda destaca el trazado original del ferrocarril de Bilbao a Lezama y la perforación de un túnel para atravesar este macizo montañoso. Le siguieron otros intentos como un proyecto pionero desde la zona de La Salve o un cremallera desde Calzadas a Begoña, sin olvidar el tranvía eléctrico que, desde 1912, ascendía desde las Siete Calles bilbaínas hasta Begoña. Finalmente sería un grupo de promotores guipuzcoanos, los mismos que habían construido en San Sebastián el primer funicular vasco en Igueldo, quienes en colaboración con diversos empresarios vizcaínos entre los que cabe destacar a Horacio Echevarrieta, el Marqués de Chávarri o a Marcelino Ibáñez de Betolaza, impulsarían la definitiva puesta en servicio del primer funicular vizcaíno, inaugurado en octubre de 1915.

Cuentan con profusión de datos el desgraciado accidente ocurrido el 25 de junio de 1976, que provocó una larga paralización del servicio. Durante el cambio del cable motriz de tracción, un fallo en los frenos de agarre y de las mordazas, hizo caer un coche hacia la estación inferior con cuatro operarios dentro: Jose Landa, Jose Mª Bilbao y Juan Rekalde consiguen saltar del coche, no así Isidro Aurrekoetxea que tirado en el suelo del mismo llega hasta la estación inferior donde tras recibir el impacto consiguen sacarle de los escombros y trasladarlo al hospital de Basurto. También resultó ligeramente herido el que era gerente de la sociedad Julio Rodríguez.

Tras siete años de paralización del servicio, en 1983 se reconstruyeron absolutamente las instalaciones tanto las vías como los coches y estaciones; se inaugura el 30 de abril de ese año. En la estación superior existen una serie de fotografías en las que se aprecian todas las labores de construcción y montaje, así como el estado de las antiguas instalaciones. Olaizola y Barrio recogen precisamente mi relato sobre esta efeméride, en uno de los primeros reportajes ferroviarios que realicé. Por eso necesitaba, al menos, hacerme eco de este libro; era una deuda inexcusable.

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El túnel ferroviario de Artxanda, casi a punto

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El nuevo túnel ferroviario de Artxanda va a suponer “un mayor uso del transporte público, ya que consigue una excelente conexión entre la Línea 3 de Metro y su prolongación en las localidades de Txorierri” asegura Iñigo Urkullu que este viernes visitó las obras. Tras atravesar el monte Artxanda y el cruce bajo la autovía del Txorierri, el trazado discurre por una zona rural, a cielo abierto, hasta entroncar con la línea actual, al inicio de la curva que bordea por el oeste el barrio de La Ola, en Sondika.

El túnel de Artxanda soluciona las limitaciones de la actual línea ferroviaria, que transcurre en vía única y con un trazado con multitud de curvas de radio inferior a 200 metros, “lo que limitaba de manera considerable la velocidad que los trenes pueden alcanzar”, indica el lehendakari, para añadir que, gracias a esta nueva infraestructura, “se mejorarán las frecuencias y se reducirán los tiempos de desplazamiento”, además de “avanzar en la promoción del transporte sostenible como recomienda la Cumbre del Clima de París”.

La nueva galería cuenta con una longitud de 1.875 metros, vía doble y dispondrá de dos conductos de evacuación: la primera conectará con el exterior, mientras que la segunda enlazará con el antiguo túnel de la línea Deusto-Lezama, que en la actualidad se está acondicionado como ruta de evacuación. El túnel de Artxanda, que será la vía de acceso del Txorierri a la red del ferrocarril metropolitano de Bilbao, a través de la Línea 3 de Metro y también al resto de la red ferroviaria vasca, ha supuesto una inversión de 36 millones de euros, financiados íntegramente por el Gobierno vasco. En 2015, ETS licitó en 2015 la redacción del proyecto de mejora del tramo ferroviario Ola-Sondika para su integración en la Línea 3 del Metro de Bilbao. Actualmente se encuentran en licitación los trabajos de modernización de las estaciones de Lezama, Lekunbiz y Larrondo, Zamudio y Elotxelerri con un presupuesto base conjunto que asciende a 1,9 millones de euros.

La línea 3 de Metro, en la que quedará integrada el Txorierri, estará servida por Euskotren con sus nuevas unidades de la serie 950. Se trata de 28 trenes, que permitirán cubrir las necesidades de la línea, así como continuar con el proceso de modernización del parque móvil ferroviario de la Compañía, atendiendo a las necesidades de explotación contempladas para el período 2016-2019 en el resto de líneas, sustituyendo a las de mayor antigüedad. La Serie 950 incluye Unidades de tren eléctricas de 1.500 Vcc de vía métrica. Cada una de ellas está compuesta por dos coches motores con cabina de conducción y un coche remolque intermedio. Además, son ampliables a cuatro coches, sin perder las prestaciones iniciales de tres coches.

El coche intermedio dispone de zonas para Personas de Movilidad Reducida (PMR) y rampas automáticas en dos de sus puertas. Mejora, además, la accesibilidad a personas con problemas de movilidad, visuales o auditivos. Los trenes disponen de puertas de evacuación de emergencia laterales y frontales, en función del coche de que se trate. Todos los coches están comunicados por pasillos de intercomunicación diáfanos, y el acceso es realizado a través de seis puertas por coche, eléctricas de doble hoja. Las salas para las personas viajeras han sido diseñadas buscando amplitud y comodidad. Cada Unidad pondrá a disposición de la ciudadanía un total de 296 plazas, 94 de ellas de asiento.

Urkullu, que ha recordado que él mismo fue usuario de la línea de Euskotren hasta la estación de Ciudad Jardín, ha destacado que la primera estación que se encontrarán las personas viajeras procedentes del Txorierri será la de Matiko, “prácticamente finalizada” y que será “la puerta de entrada a Bilbao“.

La Línea 3, financiada a partes iguales por Diputación Foral de Bizkaia y Gobierno vasco, ha supuesto “una revolución dentro de la movilidad para el bilbaíno barrio de Matiko”, dice el lehendakari, para señalar que, además, ha servido también para cambiar “de forma radical la fisonomía de este barrio separado hace décadas por las vías del tren”, que ganará 6.000 m2 de espacio.

Los muros de cierre de la estructura ferroviaria más próximos a la parte baja de la calle Tiboli, cuya parte superior ha sido aprovechada para construir el parque de Artasamina y el entramado de escaleras y rampas que permiten conectar con Tiboli, han sido decorados con murales pictóricos. Uno de ellos está realizado por la artista bilbaína Eva Mena y el otro está compuesto por fotografías cedidas por la Autoridad Portuaria de Bilbao, de su archivo histórico, y muestran la transformación de una ciudad que crece al ritmo de su desarrollo industrial. Además, desde hace mes y medio, está en servicio un ascensor que salva el desnivel existente entre las calles Artasamina y la parte baja de Tíboli.

Con el objetivo de su puesta en servicio para finales de marzo, los trabajos en la Línea 3 afrontan su recta final. La Línea 3 dará servicio a más de 70.000 personas residentes en los barrios del norte de Bilbao y está financiada a partes iguales por el Gobierno vasco y la Diputación Foral de Bizkaia. La Línea 3 contará con estaciones en San Antonio de Etxebarri, Otxarkoaga, Txurdinaga, Zurbaranbarri, Casco Viejo, Uribarri y Matiko.

En ese sentido, el diputado general de Bizkaia, Unai Rementeria, ha dicho que es “un placer ver que la Línea 3 sigue adelante, que el túnel de Artxanda está listo, y que dos comarcas, las del Txorierri y Bilbao, se conectarán a través de este túnel”. Tras destacar que Bizkaia “avanza y los proyectos para mejorarla se ve que van siendo una realidad”, ha indicado que son “dos kilómetros de túnel que van a ser ya una realidad”.

Urkullu ha visitado las obras del túnel de Artxanda acompañado de la consejera de Medio Ambiente y Política Territorial, Ana Oregi; el diputado general de Bizkaia, Unai Rementeria; el alcalde de Bilbao, Juan María Aburto; el diputado foral de Transportes, Movilidad y Cohesión del Territorio, Vicente Reyes; los directores de ETS y Euskotren, José Luis Sabas, e Imanol Leza; y el presidente del Puerto de Bilbao, Asier Atutxa, entre otros.

El ‘funi’ de Artxanda, un billete para el Olimpo bilbaíno, cumple sus primeros cien años de vida

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Desde su más tierna infancia, los bilbaínos identifican sin vacilar los montes que circundan Bilbao y que configuran ese accidente que Miguel Unamuno describe con singular maestría en su libro “Mi bochito querido”. Dos cumbre sobresalen sobre las demás. A un lado, el Pagasarri; al otro, Artxanda. Al primero dicen que se sube al menos una vez en la vida -¿o es al Gorbea?-. El segundo es, sin embargo, el preferido para gozar de este auténtico pulmón de la ciudad, el Olimpo bilbaíno. El favoritismo popular se debe en gran parte al funicular, un transporte centenario que desde su puesta en servicio ha aliviado la ascensión de los 252 metros de esta cresta.

Artxanda es probablemente el lugar predilecto para mostrar a los forasteros por qué a Bilbao se le conoce como el Bocho. Aún hoy en día impresiona el extenso panorama que se extiende a sus pies. La Villa se perfila y queda nítidamente dibujada sobre el verde que luce el Pagasarri. Y aunque las viviendas se prolonguen más allá de los límites de la ciudad, e incluso la rebasen, aún es posible reconocer el punto exacto donde vive cada uno de nuestros conocidos o familiares. Casi sin desviar la mirada se hace evidente, además, el azul del mar, que se vislumbra allá a lo lejos. Y si ahora es deslumbrador, imagínese el espectáculo hace cien años cuando se hacía obligatorio caminar para alcanzar el punto más alto.

Un siglo atrás Artxanda es poco más que una loma salpicada de caseríos y txakolís. No hay carreteras y la ascensión se realiza por estrechos senderos sin asfaltar y muy frecuentemente pedregosos que complican las andanzas de los paseantes. La caminata tiene su recompensa. El monte ofrece, además de incomparabes vistas y verdes praderas, algunos lugares de esparcimiento y diversión, donde es posible degustar viandas y bebidas al gusto. Nada que ver con los tiempos en que esos parajes se conocen como Sondikabaso; allí se habilitan las tres horcas donde se ajusticia a los maleantes. Aunque también hay constancia de una venta donde descansan los viajeros a los que la noche sorprende en el camino.

El Consistorio es plenamente consciente de que a los bilbaínos les gusta subir a Artxanda. No es de extrañar, por tanto, que se dediquen largas jornadas para establecer planes, ideas y proyectos para aprovechar las bondades que ofrece la cima. Pero se enzarzan en discusiones bizantinas que acaban sin concretar. Hasta que alguien sugiere imitar a los suizos y construir un tren de cremallera que salve las pendientes y que facilite la escalada a la cumbre. Apenas se acaba de estrenar 1902. Dimes y diretes retrasan la puesta en marcha del invento hasta que la corporación que preside Benito Marco Gardoqui recoge el guante lanzado en 1913 por un industrial guipuzcoano y autoriza la construcción del ingenio.

Proyecto guipuzcoano

El proyecto no es original. En 1901 Barcelona inaugura el funicular del Tibidabo; el mismo año que se pone en funcionamiento el Tranvía Blau. La idea es conectar la ciudad con la montaña, donde un parque de atracciones colma de satisfacción y entretenimiento a los barceloneses. San Sebastián copia el diseño catalán. Bajo dibujo del ingeniero Emilio Huici y la dirección de obra de su colega Severiano Goñi, la firma suiza Von Roll Fonderie de Berne, especialista del sector, construye un transporte que facilita el acceso a la parte alta del monte Igeldo. La reina María Cristina preside su inauguración el 25 de agosto de 1912. La línea salva la distancia de 312 metros entre el mar y la montaña.

¿Por qué no en Bilbao? Problemas con la expropiación de los terrenos impiden que el primer empresario que lo plantea, Juan Alonso Allende, lleve a cabo su propósito. Comienza las obras en enero de 1904, sin los permisos de la Administración. Y tiene que renunciar a la concesión. Años depués entra en escena un vecino de San Sebastián que, como tarjeta de visita, alude a su participación en la línea de Igeldo. Evaristo San Martín y Larraz consigue la licencia para construir un pequeño ferrocarril de montaña. El 16 de agosto de 1913 el paisano donostiarra dirige al Ayuntamiento de Bilbao un escrito, acompañado de unos planos del arquitecto Pedro Guimón, en el que expone la idea de “construir en la cumbre del monte Archanda un gran parque que sirva de sana expansión y recreo para los habitantes de esta Villa, varias edficicaciones y un funicular que, partiendo del muro del matadero público, en la calle Castaños, facilite el acceso a dichas instalaciones”. Guimón además ya trabaja en la construcción del casino, un hermoso edificio de estilo Decó de 1.500 metros de superficie, que va emplazado sobre una terraza escalonada de 10.000 metros cuadrados.

Los hermanos Evaristo y Rufino San Martín y los contratistas Luis y Pedro Areitoaurtena son los empresarios que encabezan el proyecto, que poco más tarde se constituyen en sociedad anónima, escriturada el 10 de junio de 1914 con un millón de pesetas de capital social (equivalente hoy a 280 millones de euros). La construcción no resulta empresa fácil. Desde que el Consistorio concede los permisos en 1913, trascurren dos años hasta la apertura al público del nuevo transporte. Se hace necesario horadar túneles -el más complejo casi a pie de calle en Bilbao-, trincheras y levantar viaductos. A las dificultades técnicas, se añaden otras administrativas. De hecho el arquitecto mantiene un desencuentro con los técnicos municipales sobre la resistencia de la bóveda de la primera galería. En julio de 1914, el consistorio consigue colocar como ingeniero director a José Urcelay.

El estallido de la Gran Guerra (1914) retrasa también el proyecto, al menos un año y medio. Pero como reconocen los patrocinadores del plan, lo peor de todo fue el escaso entusiasmo de los bilbaínos que no veían en el artilugio avance alguno de provecho. «No caímos en gracia en Bilbao -reconoce Evaristo San Martín-, quizá por torpeza nuestra, y cada paso que hubimos de dar, por leve que fuera, se convirtió en una verdadera carrera de obstáculos». La tarjeta de presentación del funicular de Igeldo, y su éxito de público y crítica, no suscita la envidia en el Bocho.

Por fin, en una sesión plenaria celebrada el 6 de octubre de 1915 el Ayuntamiento aprueba el informe de la Comisión de Fomento por el que se autoriza la concesionaria el permiso necesario para la apertura al público del transporte. Esta no se hace esperar y, al día siguiente, se publica el anuncio en la Prensa local: “Hoy jueves, a las 12 del mediodía, se abre al público el Funicular de Archanda. Precios de los billetes: ordinario (ida y vuelta), 0,50 pesetas y niños 0,25; tarjeta de abono para diez viajes (iday vuelta), 3 pesetas y niños 1,50; trimestral sin limitaciónd e viajes, 15 pesetas y niños, 7,50. Gran restaurante y cocina bilbaína. Teléfono 1817″.

La empresa suiza Société des Usines de Louis de Roll (después Von Roll) asesora el proyecto y la firma Talleres Mariano del Corral (tenía su sede cerca de la estación inferior) construye los tres coches (uno de repuesto) necesarios para el servicio. El recorrido empieza en un túnel de 145 metros de largo, que atraviesa las líneas del ferrocarril de las Arenas y Lezama; sigue después por un gran viaducto de 170 metros de longitud, integrado por 19 arcos monumentales, que se sitúa a poca distancia de la línea viene de cambio, una disposición especial que permite cruzarse, sin maniobra alguna, al coche que sube con el descendente. La rampa máxima es del 42% y la mínima del 24%, en una longitud total de 777 metros. Cada vehículo tiene capacidad para 60 personas, y su velocidad de 2,30 metros por segundo. Artxanda se sitúa a escasos siete minutos de Bilbao.

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El 7 de octubre, a mediodía, el funicular abre sus puertas al público. Tal y como recoge la Prensa, «desde las 12,20 en que comenzó a funcionar, se hicieron ascensiones cada 7 minutos con los coches completamente llenos». Más de ochenta comidas se dieron en el Casino, lo que fue todo un éxito.

“Sobre 2.800 billetes se expendieron y la salida se hacía con relativa normalidad, pues con buen acuerdo, la empresa no dejaba pasar al punto en que había de montarse en el coche, mayor número de personas de las que aquel puede transportar cómodamente. No así el descenso, se cuidó poco de este orden y así ocurrieron aglomeraciones que conviene evitar si no se quiere ocurran desgracias por las impaciencias de los viajeros en tomar por asalto los coches. Hubo expedición que sufrió alguna parada, lo cual no quita la menor confianza al funicular, que cuenta con toda clase de seguridades de las exigidas por la ciencia para que no sobrevengan accidentes”. El diario ‘La Tarde’ da cuenta de las primeras horas de funcionamiento del nuevo transporte, al que recibe con parabienes y augura un gran futuro.

El decano de la Prensa en la Villa, ‘El Noticiero Bilbaíno’ de la familia Echevarria, justifica en boca del donostiarra Evaristo San Martín la puesta en práctica de este vital proyecto. “Me decidí a hacer el funicular de Archanda por el brillante éxito que tuve con la creación del de Igueldo. Allí podía discutirme la oportunidad de esa explotación porque existían otros análogos: porque San Sebastián está a la orilla y no adolece de la falta de aireación ni de vistas hermosas. Pero Bilbao necesita más que ninguna ciudad de sitios dominantes y sanos fácilmente accesibles y el monte Archanda será, pasado no mucho tiempo, su mayor atracción, como lo ha sido Igueldo para San Sebastián. No hay funicular en el mundo tan perfecto ni de tantas seguridades como éste en Bilbao. Es la útima palabra de la mecánica. Cuantas previsiones pueden tomarse en lo humano están tomadas. Entre las pruebas verificadas ante los ingenieros de la Dirección de Ferrocarriles se hizo la de cortar el cable cuando el coche estaba en marcha, y el coche, por sus preciosos mecanismos, quedó paradosin que nada más sucediera. Es un medio de tracción que tiene más seguridades que cualquier otro de los corrientes. Por eso no habrá oído que se haya registrado un accidente a pesar de los muchos cientos que hay instalados”.

No obstante, a pesar de la expectación que levantó el nuevo transporte en Bilbao, nunca llegó a ser un negocio redondo. De hecho, tan mal fueron las cosas que, en 1939, la Sociedad concesionaria, arruinada, se lo cedió al Ayuntamiento. El ‘funi’, como popularmente se le conoce en Bilbao, funciona casi ininterrumpidamente desde su inauguracíon, hace ahora cien años. Sólo ha sufridos dos grandes paradas. A consecuencia de la conflagración militar posterior a la sublevación de 1936, un bombardeo a las posiciones de Artxanda destruye la estación superior tal que un 18 de Junio de 1937.Tras la contienda los coches son reparados por la Talleres Mariano del Corral que ya operaba en Amurrio (Alava). El servicio se reanuda. El funicular no vuelve a sufrir un accidente de importancia hasta que un 25 de junio de 1976, en una maniobra de cambio de cable, se produce una concatenación de errores, que hacen que el vehículo superior se precipite pendiente abajo hasta colisionar con el vehículo parado en la estación inferior, provocando algunos heridos de diversa importancia. Hay que esperar a junio de 1983 para volver a verlo en acción. Evaristo San Martín no se había equivocado al proclamar la bondad de su ingenio. “Es la última palabra de la mecánica” y pese a su veterana edad, es todavía un chaval.

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(Este artículo más resumido ha sido publicado en la edición de este domingo 4 de octubre en El Correo)

El ‘funi’ se pone guapo para que Bilbao festeje su primer centenario el miércoles 7 de octubre

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Pocas cosas hay en la capital vizcaína tan bilbaínas como el funicular de Artxanda. El miércoles 7 de octubre cumple sus primeros cien años de vida. Hace un siglo, a las 12.20 de la mañana, el ‘funi’ iniciaba su servicio que, salvo contratiempos espaciados ((el asedio de Bilbao en la Guerra Civil y un accidente en el año 1976 que lo tuvo apartado hasta 1983), ha seguido funcionando “como un referente en la memoria y en las costumbres de los bilbaínos”.

Durante unos pocos días, el ‘funi’, como cariñosamente le llaman los bilbaínos, ha perdido su característico color rojo y, en una imagen inédita, ha circulado ininterrumpidamente de blanco en la subida y bajada a Artxanda. Este pálido semblante, inhabitual en el paisaje bilbaíno, ha pasado casi desapercibido, aunque son muchos los usuarios que lo utilizan para subir hasta uno de los montes de referencia de la Villa. Más que una operación de maquillaje -en alguna ocasión los malditos grafitis han obligado a intervenir en el repintado de la carrocería-, los dos vehículos del transporte han vuelto a ser coloreados y lucen inmaculados, casi como nuevos. Devuelto a su color original (RAL 3020 o ‘rojo tráfico’, en la jerga técnica), luce sus mejores galas antes de que se festejen sus cien años de vida. El rojo es el mismo que exhiben los autobuses del transporte municipal en Bilbao. También se colocará un vinilo que recuerde sus cien años de vida (Artxandako funikularra. Bilbao 1915-2015).

Pese a la popularidad del servicio, el ‘funi’ tampoco está para echar cohetes. Es un servicio infrautilizado por los bilbaínos. Aunque este verano ha batido todas las marcas. En agosto, 87.255 usuarios utilizaron sus servicios, frente a los 66.301 del año anterior. En realidad, es un transporte más abierto al turismo que al servicio ciudadano, pero el Ayuntamiento quiere cambiar la tendencia.

Los vecinos de la parte alta de Uribarri se verán beneficiados del apeadero que el Consistorio ha previsto en la zona del Mirador de Bilbao y Vía Vieja de Lezama, el punto donde se cruzan las dos unidades. Será una parada a mitad de trayecto que ahorrará una considerable pendiente a los residentes en esta zona de la capital vizcaína. Pero aún deberán esperar a 2019 antes de que sea hagan realidad los planes municipales.

El ‘funi’ se inauguró el de octubre de 1915. Benito Marco Gardoqui, a la sazón alcalde de Bilbao durante los años de gestación del proyecto, no pudo inaugurar el servicio ya que dimitió en septiembre, tras un incidente con el ministro de Gobernación, Sánchez Guerra, a propósito de la reconstrucción del teatro Arriaga devastado por un incendio tiempo antes.

Desde finales del siglo XIX y primeros años del siglo XX, muchos bilbaínos utilizaban el monte Artxanda como lugar de esparcimiento y diversión, creándose en torno diversos ‘txakolis’ donde la gente disfrutaba de su tiempo de ocio. Desde 1901 y hasta 1912 se valoró un proyecto de un tren de cremallera para unir el centro de la Villa con el monte Artxanda que finalmente no prosperó. Habría que esperar hasta 1913, cuando se creó la sociedad Funicular de Artxanda, para que el proyecta cuajara y se hiciera realidad cuatro años más tarde. Tibidabo (Barcelona) e Igeldo (Donostia) se adelantaron a la capital vizcaína en disponer de un sistema de funicular para alcanzar las partes más elevadas de las respectivas localidades.

La empresa suiza Société des Usines de Louis de Roll (después Von Roll) asesora el proyecto y la firma Talleres Mariano del Corral (tenía su sede cerca de la estación inferior) construye los tres coches (uno de repuesto) necesarios para el servicio. El recorrido empieza en un túnel de 145 metros de largo, que atraviesa las líneas del ferrocarril de las Arenas y Lezama; sigue después por un gran viaducto de 170 metros de longitud, integrado por 19 arcos monumentales, que se sitúa a poca distancia de la línea viene de cambio, una disposición especial que permite cruzarse, sin maniobra alguna, al coche que sube con el descendente. La rampa máxima es del 42% y la mínima del 24%, en una longitud total de 777 metros. Cada vehículo tiene capacidad para 60 personas, y su velocidad de 2,30 metros por segundo. Artxanda se sitúa a siete minutos de Bilbao.

Pedro Guimón, uno de los arquitectos más afamados del Bilbao de principios de siglo, se encarga de la obra civil, en la que se planteaba también la construcción de un casino. El precio del billete en esos primeros años es de 0,50 pesetas (ida y vuelta). Personas mayores y niños tienen descuentos considerables.

El casino se convierte en el centro neurálgico de las fiestas del Bilbao de aquella época. Todos los grupos sociales hacen de sus locales el lugar de reunión para celebrar reuniones y actvidades importantes. La Guerra Civil acabó con esta construcción, que ya no se volvió a levantar. Sin embargo, el funicular sí recuperó su actividad tras la contienda y reinaugurado el 18 de julio de 1938. Sobrevivió con diversos altibajos hasta junio de 1976. Un fallo en los frenos provocó la caída libre del coche superior que acabó en astillas en el andén inferior. Recuperado en mayo de 1983, volvió a poner al alcance de los bilbaínos uno de los parajes más significativos de la Villa. En solo tres minutos es posible alcanzar la cima de Artxanda.

(Imágenes cortesía Joseba Barrio)

El funicular de Artxanda conmemora su centenario con diversas actos que comienzan este viernes

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Un siglo de vida. El funicular de Artxanda cumple este año su centenario y comienzan ya las celebraciones. Aunque es en octubre cuando se cumplen los primeros cien años de vida, arrancan hoy los actos conmemorativos con diversas actividades. Una de las más llamativas es el servicio especial y gratuito que tendrá lugar este sábado, entre las 20.00 horas y las 04.00 del día siguiente, para acercar a la celebración a todas aquellas personas que se sumen a la fiesta.

El 7 de octubre de 1915 el entonces alcalde de la Villa, Benito Marco Gardoqui, realizó el primer viaje en el Funicular de Artxanda que, pese a interrupciones puntuales del servicio (el asedio de Bilbao en la Guerra Civil, un accidente en la década de los 70 que lo tuvo apartado hasta 1983), ha seguido funcionando “como un referente en la memoria y en las costumbres de los bilbaínos”. Pocas cosas hay en la villa tan bilbaínas como el funicular de Artxanda.

El Ayuntamiento de Bilbao recuerda que, desde finales del siglo XIX y primeros años del siglo XX, muchos bilbaínos utilizaban el monte Artxanda como lugar de esparcimiento y diversión, creándose en torno diversos ‘txakolis’ donde la gente disfrutaba de su tiempo de ocio. Desde 1901 y hasta 1912 se valoró un proyecto de un tren de cremallera para unir el centro de la Villa con el monte Artxanda que finalmente no prosperó. habría que esperar hasta 1913, cuando se creó la sociedad Funicular de Artxanda, para que el proyecta cuajara y se hiciera realidad cuatro años más tarde. Tibidabo (Barcelona) e Igeldo (Donostia) se adelantaron a la capital vizcaína en disponer de un sistema de funicular para alcanzar las partes más elevadas de las respectivas localidades.

La maquinaria fue diseñada por una empresa suiza, especialista en este tipo de trenes, y el importe de construcción fue de 488.407 pesetas de la época.

El proyecto bilbaíno contempló la construcción de un funicular que salvara los 770 metros que separan el casco antiguo de la cima del monte Artxanda. El desnivel alcanza el 45%. Pedro Guimón, uno de los arquitectos más afamados del Bilbao de principios de siglo, se encargó de la obra civil, en la que se planteaba también la construcción de un casino. El precio del billete en esos primeros años es de 0,50 pesetas (ida y vuelta). Personas mayores y niños tienn descuentos considerables.

El casino se convierte en el centro neurálgico de las fiestas del Bilbao de aquella época. Todos los grupos sociales hacen de sus locales el lugar de reunión para celebrar reuniones y actvidades importantes. La Guarra Civil acabó con esta construcción, que ya no se volvió a levantar. Sin embargo, el funicular sí recuperó su actividad tras la contienda y reinaugurado el 18 de julio de 1938. Sobrevivió con diversos altibahos hasta junio de 1976. Un fallo en los frenos provocó la caída libre del coche superior que acabó en astillas en el andén inferior. Recuperado en mayo de 1983, volvió a poner al alcance de los bilbaínos uno de los parajes más significativos de la Villa. En solo tres minutos es posible alcanzar la cima de Artxanda.

Dentro de los actos de conmemoración, que comienzan hoy, se enmarca la XI Euskal Jaia que se llevará a cabo los días 5, 6 y 7 de julio en el barrio de Castaños y está organizada por Salbatzaile Dantza Taldea. Este viernes, a las 19.00 horas, arranca el programa de actividades con Kastaños Kantari en la Plaza del Funicular, que funcionará como centro neurálgico de las fiestas. Están previstas charanga, conciertos, concursos gastronómicos, animación infantil talleres y verbenas. Las actividades se prolongarán hasta el domingo 7 con la celebración de una verbena familiar con Urtza.

El sábado 6, entre las 20.00 y las 04.00 horas, tendrá lugar la fiesta de clausura del Festival Internacional de Cortos y Videoclips Caostica 13 (organizado por Caostica) con la ‘Artxandageddon Voodoo Party’, en que la habrá proyecciones a concurso, performance, entrega de premios, instalaciones artísticas, disfraces y actuaciones de DJs y Video-Jockeys, en la pista de patinaje de Artxanda, junto al Funicular. Entre las 21.00 y las 23.00 horas del sábado tendrá lugar también un concierto acústico, en la terraza de El Txakoli Artxanda.

Durante la noche del sábado, el ‘funi’, como cariñosamente denominan los bilbaínos este transporte, dará un servicio especial y que será gratuito, entre las 20.00 horas del sábado y las 04.00 del día siguiente, para acercar a la celebración a todas aquellas personas que se sumen a la fiesta.

(Imagen cortesía Bernardo Corral)

Desconocidos pintarrajean amparados en la noche uno de los coches del funicular de Artxanda

Acto vandálico contra el funicular de Artxanda. Unos desconocidos penetraron la noche del jueves al viernes en las instalaciones del transporte bilbaíno para dejar su sello en la carrocería de los coches. El Ayuntamiento deberá, por tanto, deolver los colores originales al ‘funi’ antes de la nueva puesto en servicio, con el sobrecoste que conlleva borrar los grafitis. El funicular está parado desde el pasado día 4 para someterlo a diversas mejoras y mantenimiento de las estaciones y los vehículos.

Amparados en un pretendido ‘arte’ los grafiteros no paran hasta conseguir su ‘hazaña’ y, en especial, se ceban con los transportes ferroviarios, sin importarles el coste que conlleva borrar sus pintadas al erario público. Y en esta ocasión han trabajado con total impunidad, ya que apenas si eiste vigilancia sobre las instalaciones de este emblemático transporte bilbaíno.

El Funicular de Artxanda permanecerá sin servicio hasta la segunda semana de julio aproximadamente debido a la necesidad de reforzar la estructura interna del túnel con motivo de las obras de la Línea 3 de metro. Además, el Ayuntamiento de Bilbao aprovecha esta circunstancia para llevar a cabo distintas labores de mejora en la estación de Castaños.

Eusko Trenbide Sarea (ETS), responsable de la construcción de la Línea 3 de metro, y el Ayuntamiento de Bilbao acordaron el pasado mes de marzo reforzar la estructura interna del túnel del funicular mientras duren las obras de construcción de la futura estación de metro de Matiko, que estará situada perpendicularmente sobre el túnel del funicular. Para ello, se instalará una serie de cerchas metálicas, una lamina impermeabilizante y mallazo que garantizarán en todo momento la seguridad del servicio, hasta que concluya la construcción de la estación de metro de Matiko.

Durante este tiempo, un servicio de autobuses a cargo de ETS cubre los trayectos entre Castaños y Artxanda, con idénticos horarios y servicios de refuerzo a los que presta el Funicular.

Aprovechando la interrupción del servicio del ‘funi’, el Ayuntamiento de Bilbao llevará a cabo distintas labores de mejora en la estación de Castaños, que supondrá, entre otros, la renovación integral del espacio interior de la estación, que resultará más accesible y cómodo para los usuarios y cumplirá todos los requisitos para su adaptación al sistema de la tarteta Barik. La reforma de la estación inferior del transporte, cuyo coste total asciende a 112.668 euros, no supondrá ninguna modificación de la estructura actual de las instalaciones, pero sí afectará a la carpintería y cerramientos interiores, a los techos, solados y alicatados y a la instalación eléctrica, que será reorganizada sin modificar la actual iluminación de la estación.

La estación inferior es un espacio longitudinal construido enteramente bajo tierra, de sección abovedada. Por la parte del túnel más ancho y cercano a la calle se realiza el acceso, el paso por taquilla y la espera a la llegada del funicular, mientras que en el segundo tramo, donde se ubica la zona de andenes, se produce el acceso y desembarco del mismo. La reforma permitirá contar con una nueva taquilla, de mayor tamaño que la actual, que permitirá mejorar la atención a las personas usuarias y los trabajos de videocontrol tanto de la propia estación como de los ascensores públicos que gestiona el Funicular de Artxanda.

Las obras incluyen la impermeabilización de la bóveda y muros interiores de la estación con material geotextil y su revestimiento con chapa ondulada de acero galvanizado lacado, así como la modificación de la instalación eléctrica actual y la construcción de una nueva zona de taquillas, con cerramiento y carpintería de chapa de acero galvanizado minionda lacado.

Por último, se renovarán el solado, las barandillas y los tornos de la zona de entrada, que estarán completamente adaptados al nuevo sistema de cancelación sin contacto de la tarjeta Barik, y se revestirá con microcemento el pavimento de la zona de andenes.

(Imagen Andrea Martín Morales. El Correo)

El funicular de Artxanda se ha quedado anticuado

El funicular de Artxanda no da más de sí. Después de veintiséis años desde su puesta en servicio (junio de 1983) el Ayuntamiento de Bilbao se ha propuesto cambiar el sistema de funcionamiento, que ha quedado desfasado. Y parece que ya no puede demorarse más la sustitución del mecanismo de funcionamiento, al que el consistorio de la capital vizcaína piensa destinar 570.000 euros.

No se trata de adquirir nuevos componentes nuevos para sustituir los que se han deteriorado, sino de sustituir por completo el mecanismo que mantiene activo el arrastre de los dos coches que en estos momentos cubren el servicio entre la plaza de Castaños y Artxanda; un viaje de apenas tres minutos.

Según explican desde el consistorio (que me perdone Joseba Barrio si soy un tanto impreciso), los sistemas de comunicaciones entre la sala de máquinas, la sala de control y los vagones, al igual que los automatismos de los distintos elementos de este tradicional transporte bilbaíno son una unidad integrada que no permite que sean reemplazados de forma parcial con otros materiales del mercado.

Los responsables municipales han proyectado la implantación de un nuevo sistema “redundante” de comunicaciones y automatismos en el funicular, que serán independientes y compatibles con distintas marcas comerciales. No sé si han tenido en cuenta la experiencia de gente del sector que sabe mucho de estas cosas, pero yo que Iñaki Azkuna les escucharía antes de meterme en una obra que quizá luego no sea la mejor solución. Por cierto, quien quiera saber más de este tipo de transportes que entre en la página de trenak en la que hay información muy detallada sobre nuestro ‘funi’ y otros transportes de este tipo en otros países.

La primera actuación que ha preparado el consistorio pasa por la instalación del sistema de comunicaciones mediante la colocación de fibra óptica y cable radiante en la vía. El segundo paso, implantar el citado sistema de automatización “redundante” en las salas de control y de maquinaria, renovando el pupitre y panel de mando. Después, los expertos acometerán la automatización en los dos vagones del funicular. Acabarán colocando aparatos de videovigilancia integral que permita observar el servicio desde la sala de control. Lo que da a entender que los maquinistas quizá vayan a desaparecer de este peculiar transporte. No parece, sin embargo, que los coches vayan a ser sustituidos, aunque me cuentan que uno de ellos, por ejemplo, tiene problemas de goteras durante los días de lluvia. Y, de momento, Bilbao no es Río de Janeiro. Es decir que hay más días con agua que de sol.

La historia del ‘funi’, como así se conoce el transporte entre los bilbaínos, se remonta a los primeros años del siglo XX, si bien no fue posible disponer de un funicular hasta el 7 de octubre de 1915. Benito Marco Gardoqui era alcalde de la villa, cuyos habitantes utilizaban las campas y txakolís (merenderos) de uno de los montes de Bilbao para su esparcimiento y ocio personal. La construcción del casino aceleró los planes para la puesta en marcha del transporte, que costó 2.935,39 euros en aquel entonces. La maquinaria fue diseñada y construida por la empresa suiza L.Von Roll, que se dedicaba a elaborar trenes de montaña. En muchas ocasiones fue utilizado de transporte, incluso de ganado que llevaban los aldeanos que vivían en el monte al mercado o al matadero.

Los primitivos coches aguantaron hasta el año 1976; durante el cambio del cable motriz, un fallo en los frenos de agarre y de las mordazas, hizo caer un vagón hacia la estación inferior con cuatro operarios dentro; tres saltan del coche, pero el cuarto aguanta tirado en el suelo hasta la estación inferior; es rescatado entre los escombros y trasladado al hospital, donde se recuperó. Tras un paréntesis de siete años, se modernizó el ‘funi’ y de nuevo volvió a comunicar Artxanda con el Bilbao de toda la vida. Tiene un recorrido de 770 metros, capacidad para 70 personas y la duración del viaje apenas llega a los tres minutos.

(Imagen Maite Bartolomé)

El túnel de Artxanda sale a concurso

Euskal Trenbide Sarea (ETS), organismo del Departamento de Transportes y Obras Públicas del Gobierno vasco, ha abierto el periodo de licitación del proyecto de construcción del túnel de Artxanda, que dará paso a la conexión ferroviaria entre Bilbao y el aeropuerto de Loiu. Esta actuación, según ha informado ETS en un comunicado, supondrá una inversión de 23 millones de euros. Una vez adjudicados, los trabajos tendrán una duración de 34 meses.

La nueva construcción permitirá la conexión con el aeropuerto en menos de diez minutos desde la estación del Casco Viejo, desde donde se podrá acceder a las líneas 1, 2 y 3 del Metro de Bilbao. De esta forma, según ETS, “se facilitará la movilidad hacia la comarca del Txorierri y la vertebración de esa zona por ferrocarril, con el incremento de las frecuencias de circulación de los trenes y la reducción de la duración de los desplazamientos”.

El nuevo túnel de Artxanda forma parte de un tramo ferroviario de 2.191 metros. Tendrá 1.876 metros de longitud y doble vía, con dos galerías de evacuación: la primera conectará con el exterior, mientras que la segunda enlazará con el actual túnel de la línea Deusto-Lezama, que se acondicionará como ruta de evacuación. El restante tramo licitado (315 metros) discurrirá a cielo abierto.

La entrada sur del túnel estará bajo el viaducto de la calle Maurice Ravel, en Bilbao, mientras que el acceso norte estará situado tras el cruce con la Autovía del Txorierri. Desde ese punto, el trazado discurrirá por una zona rural hasta entroncar con la línea actual que opera Eusko Trenbideak, al inicio de la curva que bordea por el oeste el barrio de La Ola, en Sondika.

La siguiente fase de obras prevé el desdoblamiento de la vía ferroviaria hasta el término municipal de Sondika y la construcción de una nueva estación en el barrio de La Ola. El estudio informativo de este proyecto se encuentra en la actualidad en fase de licitación

El túnel de Artxanda

Túneles de ArtxandaArtxanda tendrá, después de todo, un túnel para el ferrocarril. La unión de Bilbao con el Txorierri será, por fin, una realidad, tal y como soñaron en su día Indalecio Prieto (Ministro de Obras Opúblicas durante la Segunda República) y Tomás Bibao (de Acción Nacionalista Vasca) que llegó a excavar un agujero de 200 metros.  La consejera de Transportes y Obras Públicas del Gobierno vasco, Nuria López de Guereñu, ha presentado esta mañana el proyecto de construcción del túnel de Artxanda, el primer paso para la conexión ferroviaria desde Bilbao con el aeropuerto de Loiu.  Este proyecto, que se enmarca en el Plan Estratégico EuskoTren XXI, tendrá una inversión de 36,9 millones de euros e incluye, asimismo, el soterramiento de la vía hasta el barrio de Matiko y la construcción de una nueva estación. La licitación de este proyecto se realizará en próximas fechas.

López de Guereñu ha destacado que la construcción de la nueva infraestructura “permitirá la futura conexión con el aeropuerto de Loiu en menos de siete minutos desde Matiko, lo que facilitará la movilidad hacia la comarca del Txorierri”.

El nuevo túnel de Artxanda, de 1.875 metros de longitud y vía doble, dispondrá de dos galerías de evacuación: la primera conectará con el exterior, mientras que la segunda enlazará con el actual túnel de la línea Deusto-Lezama, que se acondiciona como ruta de evacuación. La construcción de la nueva infraestructura está integrada en un tramo ferroviario de 3.085 metros de longitud y vía doble, que conectará el centro urbano de Bilbao con el barrio de La Ola, en el municipio de Sondika. La parte inicial del tramo discurre desde Matiko (al este del paso superior de la calle Tívoli) hasta el entorno del emboquille sur del nuevo túnel, ubicado bajo el viaducto de Maurice Ravel.

En el entorno del paso inferior del Camino de La Salve se contempla una bifurcación de la línea en dos direcciones: un trazado discurrirá hacia Sondika, mientras que en el otro seguirá la actual vía dirección Deusto.  A partir del emboquille norte del túnel de Artxanda, y tras el cruce bajo la Autovía del Txorierri, el trazado discurre por una zona rural, a cielo abierto, hasta entroncar con la línea actual que opera Eusko Trenbideak, al inicio de la curva que bordea por el oeste el barrio de La Ola, en Sondika.

La siguiente fase hacia la futura conexión con el aeropuerto de Loiu será licitada en próximas fechas. Esta actuación contempla el desdoblamiento de la vía ferroviaria hasta el termino municipal de Sondika y la construcción de una nueva estación en el barrio de La Ola.

El 24 de mayo de 2002 se inauguraron los túneles de Artxanda que enlazan por carretera el valle del Txorierri con la capital vizcaína. En realidad son un conjunto de tres túneles de carreteras excavados bajo en monte Archanda, con una longitud total de 3.096 metros. Básicamente comunican el centro de Bilbao con el corredor del Txorierri que llega hasta el aeropuerto de Loiu