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Operación contra los grafiteros

Un total de 99 grafiteros de diferentes ciudades españolas han sido detenidos por la Policía Nacional a los que considera responsables de más de mil pintadas en coches de Renfe y Metro en Barcelona, acciones vandálicas que han causado daños por importe de 22 millones de euros. La operación se ha desarrollado en dos fases: la primera, dirigida contra 51 sospechosos residentes fuera de Catalunya, y la segunda, en colaboración con los Mossos d’Esquadra, contra otros 48 sospechosos residentes en Catalunya.

El caso comenzó hace más de un año, en septiembre de 2019, cuando varios de los grafiteros arrestados por incidentes anteriores reconocían a los policías que pintar trenes en Catalunya era más fácil que en el resto de España. La Policía revisó las denuncias presentadas por trenes vandalizados por la acción de grafiteros en los últimos años y comprobó que, desde el 2017, el 48% del total atañían a episodios ocurridos en Catalunya: 4.981 interpuestas por Renfe y 1.850, por TMB, operadora del Metro. En total, existían 6.741 denuncias que habían sido recogidas por 31 juzgados distintos –con las de este 2020, la cifra asciende a 8.000–. Es decir, nadie estaba instruyendo el fenómeno como un problema conjunto sino como hechos aislados. Los investigadores lograron identificar a 90 sospechosos, responsables de más de 1.000 pintadas (602 en trenes de Renfe y 438 en el Metro). “El proceso de identificación se llevó a cabo sobre todo a través de las redes sociales”, explica el intendente de los Mossos, Antoni Vergés. Los autores presumían de las pintadas en vídeos e imágenes que la Policía Nacional pudo relacionar con las denuncias.

Tras el estudio de las denuncias, la Policía activó la primera fase, que cristalizó en el arresto de 51 personas residentes en localidades de Madrid, Castilla y León, Castilla La-Mancha, Asturias, País Vasco, Aragón, Comunidad Valenciana y Andalucía. Lo curioso es que todas se habían desplazado a Catalunya con el propósito de vandalizar trenes. Y no solo desde el resto de España, entre los detenidos destaca el caso de un hombre italiano desplazado desde Milán para pintar trenes que fue interceptado en el Aeroport de Barcelona, al bajar del avión. En una segunda fase se detuvo a los que vivían en Catalunya, un operativo que se llevó a cabo conjuntamente con los Mossos d’Esquadra. La Policía Nacional arrestó a 39 sospechosos y el cuerpo catalán a los restantes; 99 en total. Una de las detenidas era una taquillera, subcontradad por Renfe, y que trabajaba vendiendo billetes en una estación. La investigación continúa abierta y no se descartan más detenciones.

Los grafiteros actúan en grupo, se citan por los alrededores de las cocheras de noche y acceden al recinto en el que se guardan los trenes reventando puertas, paredes o pozos. Dejan inutilizadas las cámaras y después pintan los coches, y se graban para después presumir de las acciones realizdas. También vandalizan trenes que están operando, presionando la palanca de freno de emergencia y deteniendo de forma brusca la marcha. Una maniobra peligrosa que compromete la seguridad de usuarios que a esa hora –casi siempre la última franja del servicio– están regresando a casa. Constan casos, además, de grafiteros que han intimidado a viajeros que les reprochaban sus acciones. “Es peligroso para los viajeros, que han recibido amenazas, para los vigilantes, que han sido apedreados, y para los grafiteros, que ponen en juego su integridad pintando coches sobre vías que no han sido cortadas”, asegura Vergés. En ningún caso deben verse estas acciones como obra de “artistas” sino de “vándalos” y que cuestan mucho dinero a las arcas públicas.

El Metro de Barcelona registra una media de cuatro intentos de instrusión diarios. El pasado año, 626 de estos intentos lograron su propósito, la mitad. De hecho significó que 1.444 coches fueran vandalizados, 41.734 metros cuadrados de pintadas murales, una superficie equivalente a seis campos de fútbol. Limpiar las pintadas costó 1,5 millones. A esa cantidad, falta sumarle otros 4 millones invertidos en vigilancia específica para evitar incursiones; la reparación y substitución de cámaras de seguridad que estropean para actuar sin ser grabados; el recambio de puertas, paredes y pozos reventados para acceder a las instalaciones; el repintado de trenes cuya pintura se desgasta por los productos químicos que arrancan los grafitis; el impacto ambiental que causan estos productos; el coste de las actuaciones judiciales y policiales; la pérdida de ingresos provocada por las afectaciones en el servicio. Renfe, por su parte, explica que actualmente el 78,8% de sus trenes catalanes están circulando con grafitis. Anualmente, la operadora drenuncia más de 700 intrusiones, 85.000 metros cuadrados de coches pintados; se destinan 10 millones de euros en limpitar trenes y en mantener las infraestructuras seguras.

Contra los grafitis en el ferrocarril

Unidos contra el grafiti. El vandalismo en los transportes públicos ferroviarios (Metro, FGC, TRAM y Renfe), principalmente los grafitis en estaciones y vehículos del área metropolitana de Barcelona, costó en 2018 unos 14,4 millones de euros a los cuatro operadores. Por ello han decidido ahora unir fuerzas para incrementar la vigilancia, impulsar una campaña publicitaria y promover la reforma del Código Penal para castigar estas acciones.

La iniciativa, presentada por la Autoritat del Transport Metropolità (ATM), Transports Metropolitans de Barcelona (TMB), Ferrocarrils de la Generalitat, Tram y Renfe, además de un comisario de los Mossos d’Esquadra, tiene como eje central una campaña de publicidad en la que se insiste en que “el vandalismo es inaceptable” y que “los actos vandálicos en el transporte público tienen un coste muy alto”. Los creativos recuerdan al público general que los autores de las pintadas “no respetan, no son artistas y no dan la cara”.

Solo el año pasado se contabilizaron 2.905 incidentes vandálicos en trenes y la superficie que tuvo que limpiarse de pintadas fue de 130.000 metros cuadrados (la misma que 130 piscinas olímpicas). Tres millones de pasajeros se vieron afectados por retrasos e interrupciones del servicio. El problema se agrava cuando los grafiteros pintan además los cristales del maquinista. Pero donde más inciden los responsables ferroviarios y el comisario de Prevención y Mediación de los Mossos, Josep Codina, es la mayor agresividad de los grafiteros, que se han enfrentado varias veces a vigilantes, empleados y hasta al público, sobre todo desde finales del año pasado.

Los distintos operadores constituyeron un grupo de trabajo para abordar un problema que año a año va a más y que genera múltiples contratiempos. Las empresas han aumentado la inversión en seguridad y trabajan para perseguir penalmente estas acciones. Enfocan la atención en el daño que se produce en el material y la alteración del servicio público. Por eso insisten en hacer evidente el problema en una campaña de publicidad.

El spot principal se emitirá por televisión, radio, redes sociales y diarios digitales, y por estaciones y coches de transporte, a partir del próximo 1 de octubre y hasta finales de año. La campaña gira alrededor de los siguientes mensajes:«Es vandalismo, es inaceptable» y, apelando a los jóvenes que se puedan sentir tentados por imitarles:«No respetan, no son artistas, no dan la cara». “La campaña disipa dudas sobre la falsa creencia de que esto es arte cuando en realidad se trata de un vandalismo que perjudica el interés general”, argumentan dircetivos de Transports Metropolitans de Barcelona (TMB), Ferrocarrils de la Generalitat, Tram y Renfe.

También se pondrá el acento en una reforma legal, aunque habrá que esperar a que el Congreso de los Diputados retome la actividad. La propuesta se basa en modificar el punto primero del articulo 557 del Código Penal para que cuando se castigue de seis meses a tres años de prisión la comisión de delitos en grupo se añada si estos afectan al funcionamiento del transporte público. Los responsables ferroviarios y el comisario de Prevención y Mediación de los Mossos recerdan, además, que el mayor problema con el que se encuentran en este momento es la mayor agresividad de los grafiteros, que se han enfrentado varias veces a vigilantes, empleados y hasta al público, sobre todo desde finales del año pasado.

Los Mossos d’Esquadra han detectado en sus investigaciones que los autores de estas pintadas vandálicas son cada vez más jóvenes y que actúan cada vez de forma más agresiva. También que últimamente han bajado las interrupciones del servicio por trenes que son pintados en marcha. Los especialistas detectan cambios significativos en el comportamiento de estos individuos: es mayor la frecuencia con la que se llevan a cabo estas actividades delictivas, la agresividad que emplean y la violencia. La gran mayoría de estas acciones se hacen motivadas por la “competición o exhibición”, concluyen.

Desconocidos pintarrajean amparados en la noche uno de los coches del funicular de Artxanda

Acto vandálico contra el funicular de Artxanda. Unos desconocidos penetraron la noche del jueves al viernes en las instalaciones del transporte bilbaíno para dejar su sello en la carrocería de los coches. El Ayuntamiento deberá, por tanto, deolver los colores originales al ‘funi’ antes de la nueva puesto en servicio, con el sobrecoste que conlleva borrar los grafitis. El funicular está parado desde el pasado día 4 para someterlo a diversas mejoras y mantenimiento de las estaciones y los vehículos.

Amparados en un pretendido ‘arte’ los grafiteros no paran hasta conseguir su ‘hazaña’ y, en especial, se ceban con los transportes ferroviarios, sin importarles el coste que conlleva borrar sus pintadas al erario público. Y en esta ocasión han trabajado con total impunidad, ya que apenas si eiste vigilancia sobre las instalaciones de este emblemático transporte bilbaíno.

El Funicular de Artxanda permanecerá sin servicio hasta la segunda semana de julio aproximadamente debido a la necesidad de reforzar la estructura interna del túnel con motivo de las obras de la Línea 3 de metro. Además, el Ayuntamiento de Bilbao aprovecha esta circunstancia para llevar a cabo distintas labores de mejora en la estación de Castaños.

Eusko Trenbide Sarea (ETS), responsable de la construcción de la Línea 3 de metro, y el Ayuntamiento de Bilbao acordaron el pasado mes de marzo reforzar la estructura interna del túnel del funicular mientras duren las obras de construcción de la futura estación de metro de Matiko, que estará situada perpendicularmente sobre el túnel del funicular. Para ello, se instalará una serie de cerchas metálicas, una lamina impermeabilizante y mallazo que garantizarán en todo momento la seguridad del servicio, hasta que concluya la construcción de la estación de metro de Matiko.

Durante este tiempo, un servicio de autobuses a cargo de ETS cubre los trayectos entre Castaños y Artxanda, con idénticos horarios y servicios de refuerzo a los que presta el Funicular.

Aprovechando la interrupción del servicio del ‘funi’, el Ayuntamiento de Bilbao llevará a cabo distintas labores de mejora en la estación de Castaños, que supondrá, entre otros, la renovación integral del espacio interior de la estación, que resultará más accesible y cómodo para los usuarios y cumplirá todos los requisitos para su adaptación al sistema de la tarteta Barik. La reforma de la estación inferior del transporte, cuyo coste total asciende a 112.668 euros, no supondrá ninguna modificación de la estructura actual de las instalaciones, pero sí afectará a la carpintería y cerramientos interiores, a los techos, solados y alicatados y a la instalación eléctrica, que será reorganizada sin modificar la actual iluminación de la estación.

La estación inferior es un espacio longitudinal construido enteramente bajo tierra, de sección abovedada. Por la parte del túnel más ancho y cercano a la calle se realiza el acceso, el paso por taquilla y la espera a la llegada del funicular, mientras que en el segundo tramo, donde se ubica la zona de andenes, se produce el acceso y desembarco del mismo. La reforma permitirá contar con una nueva taquilla, de mayor tamaño que la actual, que permitirá mejorar la atención a las personas usuarias y los trabajos de videocontrol tanto de la propia estación como de los ascensores públicos que gestiona el Funicular de Artxanda.

Las obras incluyen la impermeabilización de la bóveda y muros interiores de la estación con material geotextil y su revestimiento con chapa ondulada de acero galvanizado lacado, así como la modificación de la instalación eléctrica actual y la construcción de una nueva zona de taquillas, con cerramiento y carpintería de chapa de acero galvanizado minionda lacado.

Por último, se renovarán el solado, las barandillas y los tornos de la zona de entrada, que estarán completamente adaptados al nuevo sistema de cancelación sin contacto de la tarjeta Barik, y se revestirá con microcemento el pavimento de la zona de andenes.

(Imagen Andrea Martín Morales. El Correo)