Tren y cine: ‘El último tren a Auschwitz’


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Hablar de la II Guerra Mundial supone recordar el holocausto nazi. No pretendo abrir ninguna herida ni entrar en un debate político. Pero uno de los sucesos más crueles de esta guerra fue precisamente lo que el régimen nazi denominó ‘la solución final’. Y el tren tuvo, por desgracia, un protagonismo notable dentro de la maquinaria que Hitler organizó para hacer desaparecer a los judíos.

Hay muchas películas que narran el sufrimiento y el horror de la persecución y muerte de los judíos europeos. Una de las más recientes, aunque no sea la mejor, es ‘El último tren a Auschwitz’ (Der letzte Zug), dirigida en 2006 por Joseph Vilsmaier (el de la espléndida Stalingrado) y Dana Vávrová e interpretada por Gedeon Burkhard, Lale Yavas, Lena Beyerling, Juraj Kukura, Sibel Kekilli, Roman Roth, Brigitte Grothum, Hans Jürgen Silbermann, Ludwig Blochberger.

La cinta está ambientada en el año 1943. Los nazis quieren ‘limpiar’ Berlín de judíos definitivamente, aunque más de 70.000s ya han sido deportados. En Abril de 1943, sale de la vía 17 de la estación de Grunewald un tren con 688 judíos, hacinados en vagones de ganado, en dirección a Auschwitz. No importa si se es joven o viejo, académico, artista o boxeador. El viaje a la muerte dura seis días. En el tren, comienza una lucha contra el calor, el hambre y la sed. En su desesperación, algunos intentan huir, entre ellos, Henry y Lea Neumann y Ruth Zilbermann, el tiempo es corto, las posibilidades de escapar son casi nulas, y Auschwitz se acerca cada vez más.

La película no se basa en ninguna historia real, sino que trata de recrear las condiciones en que viajaban los deportados hacia los campos de exterminio. De todas formas, sí parece documentado que uno de los últimos viajes de deportación de judíos de Berlín hacia  tuvo lugar el 19 de abril de 1943. Dos transportes abandonaron la capital en esa fecha, uno con 100 personas a Theresienstadt, y otro con 681 a Auschwitz, adonde probablemente llegarían después de un día de viaje el 20 de abril de 1943.

La cinta está rodada en Berlín, Düsseldorf, Köln-Kalk, y Checoslovaquia. Casi toda la acción transcurre en el interior de un vagón de tren, aunque en ocasiones se muestran un par de estaciones y las locomotoras que arrastran los trenes de la muerte. Además de una 130 con la numeración 35 299, se puede observar una magnífica 150 la BR52 7620 que dirige el convoy de nuestra historia hacia su destino fatal. Una de las máquinas construidas para la guerra.

La locomotora BR52 es una derivación más simplificada de la BR50, aunque su construcción no estaba prevista en ningún programa de adquisición de los ferrocarriles alemanes, ni siquiera en el de 1939 (la Deutsche Reichsbahn tuvo tres fases de desarrollo de locomotoras, en 1924, 1934 y 1939). Sin embargo, en 1941, se reconoció la necesidad de nuevas construcciones más simples. Estos tipos de máquinas deberían, con una carga media por eje de 15 toneladas y una velocidad máxima de 80 km/h tanto con marcha adelante como marcha atrás, tener las mismas prestaciones de las BR 50. Además, se deberían ahorrar cantidades significativas de material y de mano de obra con el fin de aumentar la rentabilidad. La 52 001 – oficialmente la primera locomotora de la serie 52 – fue presentada en septiembre de 1942 y enviada como reclamo de propaganda. Muchas de estas máquinas fueron enviadas al Este, por lo que la cabina de conducción aparece cerrada para amortiguar los rigores invernales.

Los vagones que aparecen en la cinta de Joseph Vilsmaier son los mismos que se utilizaban para el transporte de ganado. Matriculados en Dresden, según aparece en uno de los fotogramas que muestra la numeración 8934, tenían una longitud que no superaba los 9,6 metros; un ancho interior de 3,5 metros y una altura desde la rueda al punto más alto de 4,27 metros.

El hacinamiento en los vagones, unas 50 personas en cada uno, producía decenas de muertos en cada viaje ya que el hambre, la sed, la ausencia de aire entre las apreturas los mataban. Los deportados debían mantenerse todo el viaje en pie por la estrechez de los vagones, sin agua, sin alimentos y compartiendo espacio con los que morían mientras duraba el traslado hacia los campos de la muerte . Esta es precisamente la historia que narra Joseph Vilsmaier, las penurias y las condicione extremas en las que son transportados hacia Auschwitz.

La empresa de ferrocarriles alemanes Reichbahn, antecesora de la actual Deutschebahn, fue la principal implicada en el transporte de todos los prisioneros hacia los campos de exterminio. Según los cálculos de los investigadores, se realizaron 1.600 transportes desde Alemania hacia los exterminadores campos polacos; cada transporte estaba compuesto de una media de 50 vagones lo que arroja una cifra aproximada de 4 millones de prisioneros deportados desde Alemania a la muerte.

Auschwitz fue el campo de exterminio nazi más grande de todos los tiempos. Entre los años 1940-1945 los nazis mataron aquí aproximadamente a 1 500 000 personas, sobre todo judíos, polacos, gitanos y prisioneros rusos, pero también a personas de otras muchas nacionalidades.

El proceso de selección y exterminio estaba planificado y organizado eficientemente. Cuando el tren se detenía al lado del andén, las víctimas descendían y sus pertenencias eran apiñadas en un costado para ser luego enviadas a unas barracas que los prisioneros apodaban “Canadá” donde eran clasificados para su posterior envío a Alemania. Las personas eran obligadas a formarse en dos hileras, una de varones y la otra de mujeres, para que los médicos de la SS pudieran realizar una selección. Ésta se hacía de acuerdo al aspecto exterior del individuo, de hecho que su suerte se decidía en forma arbitraria y casual. Antes de su ingreso a las cámaras de gas los elegidos a ser gaseados debían despojarse de sus ropas. El pretexto era que irían a pasar por un proceso de desinfección.

Pero además de Auschwitz, el régimen nazi tenía diseminados por el Este otros lugares donde utilizaban a los deportados para trabajar y donde fueron asesinados miles de judíos, gitanos y otras minorías étnicas (e incluso españoles), que llegaban allí casi siempre aprovechando las líneas férreas de esos países:

* Campo de concentración y exterminio de Auschwitz (Polonia), con sus campos dependientes, como el de Fürstengrube
* Campo de concentración de Dachau (Alemania)
* Campo de concentración de Mauthausen-Gusen (Austria)
* Campo de concentración de Buchenwald (Alemania)
* Campo de concentración de Sachsenhausen (Alemania)
* Campo de concentración de Bergen-Belsen (Alemania)
* Campo de concentración de Les Milles (Francia ocupada por Alemania)
* Campo de concentración de Theresienstadt (Checoslovaquia ocupada)
* Campo de concentración Ravensbrück (Alemania)
* Campo de exterminio de Treblinka (Polonia ocupada por Alemania)
* Campo de exterminio de Sobibor (Polonia ocupada por Alemania)

En 2006 un tribunal de Toulouse (Francia) condenó al estado francés y a SNCF al pago de una serie de indemnizaciones por la colaboración de buen grado con las fuerzas invasoras nazis en la aportación de vagones y locomotoras que sirvieron para el traslado de miles y miles de judíos hacia los campos de exterminio. Los jueces remarcaron que en ningún momento la empresa de ferrocarriles franceses se opuso a los convoyes de deportaciones ni emitió opinión alguna, aún sabiendo que las familias hacían ese siniestro viaje privados de alimentos y de las más elementales medidas de higiene. Que ambos responsables se distinguieron por el exceso de celo que pusieron en realizar el trabajo sucio, incluso más allá de lo exigido por la ocupación. Y recordó que la empresa ferroviaria consideraba esos convoyes como transporte de tercera clase, mientras que las desgraciadas víctimas eran apiladas en vagones de ganado. Los jueces puntualizaron que la empresa no sólo no objetó ni protestó, sino que siguió reclamando el pago de las facturas aún después de la liberación. Destaca el fiscal de la causa que los ferrocarriles franceses facturaron al estado el transporte de los deportados, por lo que la empresa no podría argumentar que había sido confiscada por el régimen nazi.

2 Respuestas a “Tren y cine: ‘El último tren a Auschwitz’

  1. Pingback: Víctimas del nazismo reclaman una compensación a los ferrocariles alemanes « treneando

  2. Herman Cardona

    por favor continuar con estas historias,que nos llenan,de sabiduria,y entristecen nuestras almas,gracias,

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