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A la caza del tren del tesoro ¿otra vez?

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Peter Koper y Andreas Richter, cazadores de tesoros polacos, inician otra búsqueda de los ‘tesoros nazis’, informaba el sábado el rotativo británico Times. Las nuevas excavaciones se realizan en una cueva situada en las afueras de la ciudad de Walbrzych. De acuerdo con últimas informaciones, la guarida no ha sido tocada por el hombre durante los últimos 70 años.

Antes de realizar las excavaciones, el grupo de búsqueda tuvo que recibir la autorización de varias compañías polacas de ferrocarriles, energía y comunicaciones, así como de una empresa belga que posee una fábrica de porcelana en esta área.

Dos habitantes de ese poblado declararon haber descubierto las coordenadas exactas del mítico tren desaparecido en 1945 y reclamaron el derecho de recibir el 10% de lo que contiene. Aseguraban que el tren se encuentra en un túnel secreto entre los kilómetros 61 y 65 de la ruta Breslavia-Walbrzych. Sin embargo, el análisis geológico no confirmó la presencia del añorado convoy.

Según los cálculos de Koper y Richter, el tren se encuentra a una profundidad de 60 metros. A pesar de que las excavaciones costarían decenas de miles de dólares, los buscadores de tesoros se sienten optimistas. “Estamos seguros de que el tren está allí. La última vez, los investigadores tuvieron otros resultados ya que utilizaron otras técnicas“, comenta Koper.

Según los rumores, a finales de la Segunda Guerra Mundial, el tren blindado nazi de 150 metros de largo, que transportaba metales preciosos, salió de la fortaleza alemana de Breslavia rumbo a Walbrzych (suroeste de Polonia), pero misteriosamente desapareció. Algunos investigadores consideran que el convoy podría contener la famosa Cámara de Ámbar, robada por los nazis en 1941.

¿Estaremos de nuevo ante eso que los periodistas bautizan como serpiente de verano?

La historia del tren blindado nazi cargado de oro de Polonia se desinfla como un suflé

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Una historia que se desinfla. Geólogos de la universidad polaca de Cracovia indican en un informe que no han hallado pruebas de la existencia del tren del oro nazi que meses atrás dos cazatesoros dijeron haber descubierto oculto en un túnel subterráneo en las cercanías de Walbrzych (suroeste de Polonia). El supuesto hallazgo despertó la curiosidad en cientos de personas que se lanzaron a la búsqueda del tesoro. Las autoriaddes polacas lanzaron mensajes de advertencia sobre la más que probable existencia de minas alrededor del convoy para evitar el hipotético saqueo de las riquezas que decían llevaba el tren. Todo parece indicar que es otra leyenda urbana.

Durante décadas han circulado rumores en la región sobre un tren nazi blindado y cargado de armas, pero también posiblemente de joyas, oro, obras de arte y documentos de archivo, que habría desaparecido en la ruta ferroviaria entre Breslavia y Walbryzch. La leyenda local sostiene que este tren quedó oculto cerca de un gigantesco complejo de túneles ideado bajo las montañas de Walbryzch (concretamente cerca del castillo de Ksiaz), en una zona secreta que el mismo Adolf Hitler ordenó construir con fines desconocidos.

Profesores de la universidad han examinado con proyecciones geomagnéticas y cámaras térmicas la zona en la que se cree que podría ocultarse el tren y, aunque confirman la existencia de un túnel subterráneo, no han encontrado evidencias de la presencia del convoy. El responsable del equipo de investigadores de la facultad de Geología de la universidad de Cracovia, Janusz Madej, explica que durante un mes inspeccionaron un tramo de 35 kilómetros de la línea férrea que une las ciudades polacas de Breslavia y Walbrych, después de que el Ejército revisase la zona para evitar posibles restos de explosivos de la II Guerra Mundial.

Madej deja, sin embargo, una puerta abierta a la existencia del misterioso tren, al reconocer que las lecturas de sus instrumentos podrían haberse visto afectadas por los cables de alta tensión cercanos a la línea ferroviaria. Pero ya son muy pocos quienes creen realmente que el convoy pueda hallarse en un túnel secreto.

A finales del pasado agosto dos cazatesoros, un polaco y un alemán, aseguraron que habían dado con la ubicación del tren gracias a un mapa dibujado en su lecho de muerte por uno de los soldados alemanes que participaron en la ocultación del convoy ferroviario. Los cazatesoros contactaron entonces con un abogado de esta región polaca para asegurase de recibir el 10% del botín, lo que les correspondería según la ley nacional, e informar del hallazgo al gobierno provincial y a la prensa.

A partir de ese momento, la localidad de Walbryzch se convirtió en centro de atención para la prensa mundial y cientos de aficionados a la historia, buscadores de tesoros y simples turistas se acercaron a la ciudad en busca del tren del oro nazi. El supuesto descubrimiento cobró tanta credibilidad que hasta el anterior ministro de Cultura polaco afirmó su existencia al 99% y se llegó a movilizar al Ejército para proteger la zona donde se suponía que estaba enterrado, mientras se verificaba su existencia.

Los trenes de la muerte, en Nuremberg

Bajo el título “La vía. La Logística de la Manía Racial’ se abre hoy en el Centro de Documentación de Nuremberg una exposición que recoge uno de los capítulos más negros de los ferrocarriles alemanes y su contribución al holocausto. Según todos los especialistas en la materia, la ‘solución final’ no podría haber tenido lugar sin la poderosa maquinaria de los trenes alemanes. En la actualidad, los investigadores reconocen que la ‘Deutsche Reichsbahn’ estuvo involucrada directamente en el Holocausto, ya que organizó la deportación de numerosas personas. “Sin el ferrocarril, el asesinato sistemático de judíos europeos o de gitanos no hubiera sido posible”, concluyen los estudiosos del tema.

La empresa de ferrocarriles alemanes Reichbahn, antecesora de la actual Deutschebahn, fue la principal implicada en el transporte de todos los prisioneros hacia los campos de exterminio. Según los cálculos de los investigadores, se realizaron 1.600 transportes desde Alemania hacia los exterminadores campos polacos; cada transporte estaba compuesto de una media de 50 vagones lo que arroja una cifra aproximada de 4 millones de prisioneros deportados desde Alemania a la muerte.. Según diversas investigaciones históricas, los ferrocarriles alemanes ganaron el equivalente actual a 500 millones de euros con el transporte de prisioneros y deportados polacos.

Como una contribución al 175 aniversario del ferrocarril alemán –el primer tren partió de la ciudad de Nuremberg- el Centro de Documentación de la ciudad alemana donde se juzgó a los criminales nazis ha organizado una exposición en la que se recuerda el papel de los ferrocarriles estatales alemanes en el exterminio de millones de judíos durante la era nazi. En una metáfora realizada por Muller-Rieger, miles de tarjetas con los nombres de las víctimas del holocausto se exponen ajo tubos iluminados que representan una vía de tren. La mayor parte de los nombres incluidos pertenecen a a los muertos en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Las instalaciones estaban de los campos de extermino estaban conectadas con las líneas férreas de Alemania y Polonia, donde los miles de convoyes con prisioneros civiles circulaban casi a diario hasta prácticamente el último mes de la II Guerra Mundial.

Los vagones en los que eran transportados tenían una longitud que no superaba los 9,6 metros; un ancho interior de 3,5 metros y una altura desde la rueda al punto más alto de 4,27 metros. El hacinamiento, unas 50 personas en cada vagón, producía decenas de muertos en cada viaje ya que el hambre, la sed, la ausencia de aire entre las apreturas acaban con el último aliento de las víctimas. Los deportados debían mantenerse todo el viaje en pie por la estrechez de los vagones, sin agua, sin alimentos y compartiendo espacio con los que morían mientras duraba el traslado hacia los campos de la muerte.

Una exposición que recuerda los horrores de la guerra y que pretende rendir homenaje a las decenas de miles de personas que sufrieron el confinamiento y el tormento de un horrible viaje a través de las vías férreas de media Europa.

(Imagen Diario de Navarra)

Tren y cine: ‘El último tren a Auschwitz’

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Hablar de la II Guerra Mundial supone recordar el holocausto nazi. No pretendo abrir ninguna herida ni entrar en un debate político. Pero uno de los sucesos más crueles de esta guerra fue precisamente lo que el régimen nazi denominó ‘la solución final’. Y el tren tuvo, por desgracia, un protagonismo notable dentro de la maquinaria que Hitler organizó para hacer desaparecer a los judíos.

Hay muchas películas que narran el sufrimiento y el horror de la persecución y muerte de los judíos europeos. Una de las más recientes, aunque no sea la mejor, es ‘El último tren a Auschwitz’ (Der letzte Zug), dirigida en 2006 por Joseph Vilsmaier (el de la espléndida Stalingrado) y Dana Vávrová e interpretada por Gedeon Burkhard, Lale Yavas, Lena Beyerling, Juraj Kukura, Sibel Kekilli, Roman Roth, Brigitte Grothum, Hans Jürgen Silbermann, Ludwig Blochberger.
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