Archivo de la etiqueta: Auschwitz

Los trenes del horror de Auschwitz y el recuerdo de los setenta años de las “marchas de la muerte”

vias-campo-exterminio-Auschwitz

Las marchas de la muerte y el ferrocarril. Hace hoy 70 años los alemanes comenzaron a evacuar el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau ante el avance las tropas aliadas, y entre el 17 y el 21 de enero de 1945 trasladaron a otros campos a alrededor de 56.000 prisioneros en marchas agotadoras en las que murieron al menos 9.000 personas.

En poco más de cuatro años, los nazis sacrificaron en este campo, situado a tan solo 3 kilómetros de Auschwitz, en lo que denominaron como Auschwitz II o Birkenau, a más de un millón de personas. El complejo construido en 1941 para sustituir a otro campo del mismo nombre donde se inició la ‘Endlsung’ (solución final), estaba rodeado de vallas electrificadas y de alambres con púas. Judíos, gitanos, polacos, rusos o cualquier persona no aria ocupaban su lugar en este (y otros) campo del horror. Las instalaciones incluían 4 crematorios con cámaras de gas que podían llegar a albergar 2.500 presos cada una, en cada sesión.

Los nazis construyeron una vía de tren que entraba directamente en los crematorios de Auschwitz II y en muchas ocasiones, los prisioneros eran ejecutados según abandonaban el convoy. Los trenes de la muerte no eran más que vagones para transportar ganado que partían desde todos los países ocupados por el III Reich hacia los campos de exterminio.

La evacuación de Auschwitz comenzó a prepararse a finales de 1944, poco después de que las fuerzas soviéticas liberasen el primer campo de concentración importante en Polonia: el de Majdanek, cerca de Lublin, donde se estima que podrían haber sido asesinadas hasta 200.000 personas. En enero de 1945 las autoridades nazis dieron la orden de trasladar a la mayoría de prisioneros de Auschwitz ante la cercanía del Ejército soviético, y el 17 de enero partieron las primeras columnas formadas únicamente por personas sanas capaces de resistir los penosos desplazamientos, en algunos casos a pie, que hoy son conocidos como “marchas de la muerte”. Bajo el frío, con nieve y sin alimentos ni abrigo esas columnas llegaron a recorrer hasta 250 kilómetros.

Aunque las cifras oficiales hablan de 9.000 víctimas en estas marchas de la muerte, algunos historiadores elevan la cifra hasta 15.000 presos, muertos de frío, hambre, agotamiento o fusilados por los guardianes alemanes.

Una de las peores masacres tuvo lugar en la noche del 21 de enero en la estación de ferrocarril de Leszczyn, cerca de Rybnik (suroeste de Polonia), donde se ordenó bajar de los vagones a los 2.500 prisioneros que transportaba un convoy. Extenuados, algunos no fueron capaces de abandonar el tren, ante lo cual los soldados nazis ametrallaron los vagones y mataron a 300 personas antes de trasladar al resto al oeste.

A lo largo de la ruta de estas marchas de muerte fueron enterrados cientos de presos, mientras que unos pocos afortunados lograron escapar y fueron escondidos por aldeanos polacos o checos hasta la llegada de los aliados.

En Auschwitz apenas quedaron 7.000 prisioneros hambrientos y extremadamente exhaustos, que días después de la partida de sus compañeros dieron la bienvenida a las tropas soviéticas que liberaban el campo el 27 de enero de 1945. Cuando los soldados soviéticos entraron en el campo encontraron muchas de las pertenencias de las víctimas, como cientos de miles de trajes, cerca de 800.000 vestidos de mujer o más de 6.000 kilogramos de cabello humano.

El próximo 27 de enero representantes de 28 países, con varios jefes de Estado y de Gobierno a la cabeza, se darán cita en el museo estatal de Auschwitz-Birkenau para conmemorar el 70 aniversario de la liberación del campo por las tropas soviéticas. Junto a las delegaciones oficiales, un grupo de 300 presos supervivientes regresará al lugar para recordar aquel momento.

El primer ‘convoy especial’ de judíos franceses partía hace 70 años de Compiègne a Auschwitz

Estación de Compiègne. Seis de la tarde del 27 de marzo de 1942. Comienza el viaje hacia el horror. Un ‘convoy especial’ formado por coches de tercera clase parte de la citada población con 1.112 judíos con destino a Auschwitz. Llegaría a su fatal destino la madrugada del 30 de marzo. Se cumplieron ayer setenta años de tan fatídico viaje, el primero de una larga serie que pretendía liberar a Francia de la ‘plaga’ judía. Hasta el final de la guerra acabarían deportados cerca de 76.000 hombres, mujeres y niños judíos residentes en Francia.

La pesadilla en tierras francesas comenzó el 12 de diciembre de 1941, cuando 689 judíos, todos franceses y en su mayoría de familias acomodadas, fueron detenidos en sus casas de París por la Feldgendarmerie y reunidos en unas dependencias militares de la capital. A ellos se les sumaron 54 judíos extranjeros detenidos por la calle. Luego fueron todos enviados en tren a Compiègne, desde donde caminaron hasta el campo de Royallieu, cerca de esta ciudad. Desde ahí serían deportados a Auschwitz con 300 judíos más “seleccionados” en Drancy.

Ya el 27 de septiembre de 1940, una disposición alemana obligaba a los judíos residentes en zona ocupada a ser censados por la policía francesa. El 3 de octubre, Vichy promulga un “estatuto de los judíos” inspirado de las leyes racistas de Alemania. Ese estatuto les prohíbe acceder a la función pública y a las profesiones liberales. Quince días más tarde, otra disposición alemana confisca las empresas de judíos en zona ocupada. En marzo de 1941, Vichy crea el Comisariado general para las cuestiones judías, seguido en julio de decretos que excluyen a los judíos de las profesiones comerciales.

En paralelo comienzan las primeras redadas con el arresto de 3.700 judíos extranjeros el 14 de mayo de 1941 en París. A fines de agosto de ese año, 4.200 hombres, entre ellos 1.500 judíos franceses, son detenidos y enviados a Drancy. La redada del 12 de diciembre de 1941 se inscribe oficialmente en una serie de medidas de represalia alemanas para tener en sus manos a “rehenes”, tras los primeros atentados contra el ejército nazi en París.

El 20 de enero de 1942, la conferencia de Wannse, cerca de Berlín, fija las modalidades de la “solución final”. El 26 de febrero, Theodor Dannecker, jefe de los servicios de Cuestiones Judías de la Gestapo en París envía un telegrama a Berlín: “Es urgente que la partida de los 1.000 judíos detenidos el 12 de diciembre de 1941 se haga lo antes posible”. Y ese 27 de marzo se consuma el horror con el primer “convoy especial” que tiene como destino los campos de exterminio.

Auschwitz fue el campo de exterminio nazi más grande de todos los tiempos. Entre los años 1940-1945 los nazis mataron aquí aproximadamente a 1 500 000 personas, sobre todo judíos, polacos, gitanos y prisioneros rusos, pero también a personas de otras muchas nacionalidades.

El proceso de selección y exterminio estaba planificado y organizado eficientemente. Cuando el tren se detenía al lado del andén, las víctimas descendían y sus pertenencias eran apiñadas en un costado para ser luego enviadas a unas barracas que los prisioneros apodaban “Canadá” donde eran clasificados para su posterior envío a Alemania. Las personas eran obligadas a formarse en dos hileras, una de varones y la otra de mujeres, para que los médicos de la SS pudieran realizar una selección. Ésta se hacía de acuerdo al aspecto exterior del individuo, de hecho que su suerte se decidía en forma arbitraria y casual. Antes de su ingreso a las cámaras de gas los elegidos a ser gaseados debían despojarse de sus ropas. El pretexto era que irían a pasar por un proceso de desinfección.

La complicidad de las compañías ferroviarias en el traslado de las víctimas ocupó durante años a las asociaciones de víctimas. Francia, sin ir más lejos, resolvió no hace mucho la complicada situación. En 2006 un tribunal de Toulouse (Francia) condenó al estado francés y a SNCF al pago de una serie de indemnizaciones por la colaboración de buen grado con las fuerzas invasoras nazis en la aportación de vagones y locomotoras que sirvieron para el traslado de miles y miles de judíos hacia los campos de exterminio. Los jueces remarcaron que en ningún momento la empresa de ferrocarriles franceses se opuso a los convoyes de deportaciones ni emitió opinión alguna, aún sabiendo que las familias hacían ese siniestro viaje privados de alimentos y de las más elementales medidas de higiene. Que ambos responsables se distinguieron por el exceso de celo que pusieron en realizar el trabajo sucio, incluso más allá de lo exigido por la ocupación. Y recordó que la empresa ferroviaria consideraba esos convoyes como transporte de tercera clase, mientras que las desgraciadas víctimas eran apiladas en vagones de ganado. Los jueces puntualizaron que la empresa no sólo no objetó ni protestó, sino que siguió reclamando el pago de las facturas aún después de la liberación. Destaca el fiscal de la causa que los ferrocarriles franceses facturaron al estado el transporte de los deportados, por lo que la empresa no podría argumentar que había sido confiscada por el régimen nazi.

Tren y cine: ‘El último tren a Auschwitz’

el_ultimo_tren_a_auschwitz

Hablar de la II Guerra Mundial supone recordar el holocausto nazi. No pretendo abrir ninguna herida ni entrar en un debate político. Pero uno de los sucesos más crueles de esta guerra fue precisamente lo que el régimen nazi denominó ‘la solución final’. Y el tren tuvo, por desgracia, un protagonismo notable dentro de la maquinaria que Hitler organizó para hacer desaparecer a los judíos.

Hay muchas películas que narran el sufrimiento y el horror de la persecución y muerte de los judíos europeos. Una de las más recientes, aunque no sea la mejor, es ‘El último tren a Auschwitz’ (Der letzte Zug), dirigida en 2006 por Joseph Vilsmaier (el de la espléndida Stalingrado) y Dana Vávrová e interpretada por Gedeon Burkhard, Lale Yavas, Lena Beyerling, Juraj Kukura, Sibel Kekilli, Roman Roth, Brigitte Grothum, Hans Jürgen Silbermann, Ludwig Blochberger.
Sigue leyendo