Un joven reclama la ayuda de Renfe para disponer de una rampa y subir a los trenes en El Vendrell

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Cristian González requiere la ayuda de Renfe. Y el auxilio quizá no sea posible. El joven depende de una silla de ruedas a la que permanece atado a causa de la enfermedad que padece una atrofia muscular espinal. Acaba de aprobar la Selectividad con una nota de 9,4 -un 13 sobre 14- y necesita una rampa de acceso al tren en la estación de El Vendrell (Tarragona) para poder ir a la universidad en Barcelona. El joven ha enviado una carta a Renfe explicando que por ir en silla de ruedas no puede acceder a los trenes en la estación de El Vendrell y que en septiembre debe empezar a estudiar en la universidad, donde quiere cursar el grado de ingeniería multimedia.
Renfe de momento no puede garantizar que alguno del 40% de los trenes que están adaptados pase por la estación de ElVendrell a la hora que el alumno lo necesita. La estación tiene la peculiaridad de que está en curva, por lo que Renfe tampoco puede garantizar que si el tren es adaptado pueda detenerse en el lugar de la rampa.
Cristian ha iniciado una campaña de recogida de firmas que incluye un texto en la que explica que padece Atrofia Muscular Espinal «y no puedo desplazarme hasta Barcelona para estudiar porque no puedo subir con mi silla de ruedas eléctrica a los trenes que salen desde El Vendrell». «Tampoco puedo hacerlo desde la estación de Sant Vicenç de Calders (a 10 minutos de El Vendrell), ya que Renfe no publica el horario de los trenes accesibles que salen desde allí porque se reserva el derecho de intercambiarlos en cualquier momento», ha explicado González.
El estudiante asegura que «los trenes tienen dos escalones y Renfe no me da ninguna solución, únicamente esperar años y años hasta que renueven todos los trenes. Empiezo la universidad en septiembre y la solución, que podría ser que un operario de la estación me colocara una rampa, no llega».
Una portavoz de Renfe ha explicado que el servicio de ayuda a personas discapacitadas para acceder al tren sólo se presta en las grandes estaciones en los servicios de larga distancia y alta velocidad, «pero no en las estaciones de Cercanías». La misma portavoz ha recordado que Renfe cuenta ya con un 40 % de la flota de trenes adaptada a personas discapacitadas y está llevando a cabo un plan para que todos los trenes que entren en taller sufran las modificaciones necesarias para hacerlos accesibles hasta el año 2020.
«Quiero estudiar Ingeniería Multimedia, una carrera que combina la informática y el diseño para crear aplicaciones multimedia, como aplicaciones móviles y web. Ya tengo la plaza reservada, pero la falta de transporte adaptado me está complicando mucho las cosas», ha lamentado el joven, que pide que «Renfe me ponga una rampa para subir al tren».
Además del 40 % de trenes accesibles, Renfe cuenta actualmente con 14 trenes que tienen una zona adaptada especialmente para personas con discapacidad, con un espacio reservado para personas con movilidad reducida y con lavabo adaptado incluido.

La gran paradoja china: de esforzados peones del ferrocarril a líderes en tecnología de alta velocidad

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Una gran paradoja. China aportó el 85% de la mano de obra del Central Pacific Railroad, la línea que unió el este con el oeste, en el último tercio del siglo XIX; y ahora aspira a vender a Estados Unidos la línea de alta velocidad con la que sueña California. Es la muestra más evidente del nuevo orden mundial, donde China vislumbra ya su futuro en cabeza del liderazgo planetario.

Si China consigue vender su tecnología para construir el primer tren de alta velocidad en California, habrá conseguido revertir la historia 150 años después, cuando Estados Unidos logró unir por vía férrea el este con el oeste. El capital y la tecnología fueron estadounidenses; los chinos pusieron la mano de obra barata. Pero si el líder asiático logra hacerse con el contrato ferroviario, será mano de obra estadounidense con fuerte inversión en tecnología china y hasta con la posibilidad de que entre capital del país asiático.

En enero de 1863, en plena Guerra de Secesión, empezó la construcción del Central Pacific Railroad, que salía de Sacramento para unir California con el este. El 10 de mayo de 1869, en Promontory Point (Utah), el Central Pacific se unía al Union Pacific Railroad, dando origen al primer ferrocarril transcontinental. Esta increíble proeza no se habría logrado sin los trabajadores chinos. En un momento dado más de 10.000 chinos demostraron su fortaleza física al tender las vías y abrir el paso a través de las montañas. En 1870 ya vivían en Estados Unidos 63.000 chinos, casi todos en California.

Muchos de estos trabajadores arriegaron su vida y perecieron a causa de las duras condiciones del trabajo (crudos inviernos, enfermedades y escasa alimentación). Hasta 12.000 peones de dicha nacionalidad se llegaron a emplear en el trazado del ferrocarril durante los cuatro años de obra (1865 a 1869) que abrieron a golpe de pico y pala el camino de hierro. Aprovechando el silgo y medio de vida de la apertura de la línea Estados Unidos ha rendido homenaje a los esforzados trabajadores chinos. El pasado mayo el Departamento del Trabajo de Estados Unidos organizaba un homenaje a quienes trabajaron en la traza del ferrocarril en una ceremonia a la que asistieron descendientes de los peones ferroviarios chinos. Son los primeros estadounidenses de origen asiático en ser incluidos en la Sala de Honor del Trabajo, instituida en 1988.

Entre 10.000 y 20.000 chinos trabajaron durante un año en las montañas de Sierra Nevada (California) para horadar el ‘Túnel de la Cumbre’, un tramo crucial para el primer tren transcontinental. Las empresas ferroviarias contrataron a ciudadanos asiáticos porque la mayoría de los californianos se dedicaban a las mimas de oro o no aparecían en el tajo en cuanto recibían el salario, que abandonaban para beber cervez y whisky. Las condiciones laborales eran terribles y la paga muy escasa. Solo los chinos aceptaban sin rechistar el empleo. Tenían gran reputación como constructores de túneles y empleados fiables que sólo bebían té.

Siglo y medio después, China se ha convertido en el país con más kilómetros de alta velocidad construidos. Desde que se puso en marcha en 2009 la primera línea del país (Guangzhoy y Wuhan), el sistema ferroviario chino se ha convertido en líder mundial del sector con alrededor de 25.000 kilómetros de ferrocarril de alta velocidad en servicio, con capacidad para trenes con una velocidad superior a los 250 kilómetros a la hora. Todo ello con tecnología propia.

El tren postal de Londres

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Pocos conocen la historia, pero son aún muchos menos los que han podido presenciar la escena. Los testigos casi se pueden contar con los dedos de las manos. Surge de vez en cuando y aparece ante el gran público. Es, como los fantasmas, que emergen sin saber muy bien por qué y cómo en un momendo determinado. Pero a diferencia de los espectros, es muy real. Es un tren, con un gran papel, pero sin cometido hoy en día, que recorre de este a oeste el subsuelo londinense. Sin maquinista y sin pasajeros. Se trata del ‘MailRail’, que gestiona el Post Office, y que se mantiene parado, a la espera de conocer su futuro.

Ideado a principios del siglo anterior e inaugurado en 1927, el ‘MainRail’ se ha mantenido activo hasta 2003. De vez en cuando, resucita -es el escenario ideal para el cine; en el filme ‘Hudson Hawk’, Bruce Willis usa la línea para escapar del Vaticano escondido en unas sacas de correo- y vuelve a circular, bien para mantener la línea en activo o para alguna demostración cultural -el periodista de la BBC Brian Johnston viajó como un paquete postal para el programa ‘In Town Tonight’-. La línea era útil para e antiguo monopolio de correos británico, que transportaba cartas y paquetes entre sus principales oficinas. Oficialmente el ‘MailRail’ no está cerrado, pero le aguarda un incierto futuro.

Hay que remontarse hasta mitad del siglo XIX para comprender el nacimiento de este sistema de envío postal. En 1853 se construye un tubo de 225 metros que recorre el edificio principal del correo británico, por donde se envía por aspiración la mercancía de un extremo a otro. La idea, desarrollada por la Pneumatic Despatch Company, dio paso a un experimento en Battersea donde se construyó una línea de 410 metros. Otro túnel subterráneo permitía la circulaban, también por el sistema de aspiración, de pequeños vehículos que rodaban por una vía de unos 60 centímetros entre la estación de Euston y la vecina oficina de correos del distrito noroeste de la ciudad. Diversos problemas dieron al traste con el experimento ya que el ahorro de tiempo entre este sistema y el tradicional era exiguo. Tampoco sale adelante el plan de la London Despatch Company que 1895 utiliza propulsión eléctrica para los trenes. Los túneles acaban en manos del Post Office en 1921 que tiende allí sus cables telefónicos.

El crecimiento desmesurado de la ciudad y las complicaciones para el tránsito de vehículos obliga al Post Office a revisar sus planes y se inclina por construir una red subterránea de trenes eléctricos que atraviese Londres a 21 metros de profundidad. El proyecto toma forma en un túnel de 37 kilómetros de extensión y 2,75 metros de diámetro que une Paddington, en el oeste de la capital, con Whitechapel, en el este. La Gran Guerra obliga a parar las obras de electrificación. El túnel sirve, sin embargo, para proteger numerosas obras de arte de la Tate Gallery, la National Portrait Gallery, el Museo Británico y la Colección Wallace.

Los trabajos se reanudan en 1920 y en diciembre de 1927 se inaugura un primer tramo entre Paddington y la central de correos de Mount Pleasant, en la zona de Clerkenwell, al Este de Londres. Los trenes descarrilaban al principio con cierta facilidad, pero el sistema se mejora en la década de los 30 y empieza a funcionar con normalidad. La línea recorre siete estaciones, bajo las principales oficinas de correos.

Con este sistema se llegaron a transportar cuatro millones de cartas al día. Cada tren tardaba 26 minutos en recorrer los 37 kilómetros que separan Paddington de Whitechapel, incluyendo una parada de un minuto en cada unas de las estaciones del recorrido. Llegó a haber 50 trenes en funcionamiento, capaces de transportar cada uno 84 sacas de correos.

Durante la Segunda Guerra Mundial el servicio se redujo a 16 horas diarias. Poe la noche los túneles se utilizaban como refugio contra los bombardeos nazis. Solo se produjo un incidente grave:la estación de Mount Pleaseant se inundó cuando uno de los bombardeos alcanzó de lleno en 1943 la central de correos.

El Post Office nunca se decidió a llevar a cabo las ampliaciones previstas, la extensión del tendido por el Oeste hasta Willesden y dos nuevos ramales circulares: uno desde Mont Pleasant que tenía que pasar por King’s Cross, St Pancras y Euston y otro que arrancaba en New Ofxord Street y acababa en King Edward Street pasando por Waterloo, dos oficinas del sureste, London Bridge y Cannon Street, en la City. En 1987, renovó por completo el sistema y lo bautizó con el nombre con el que aún se le conoce. En 1993, todo el tendido se controlaba por ordenador. Pero la aparición del correo electrónico, que hizo entrar en pérdidas a todo el Post Office, acabó condenando a muerte al ‘MailRail’, que quedó fuera de servicio el 31 de mayo de 2003. El cine y la televisión lo devuelven de vez en cuando a la actualidad. Pero a buen seguro que, visto su pasado, merece un futuro mejor.

El ‘Tren Lunático’ languidece

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Las autoridades ugandesas airean con orgullo, aún hoy en día, cómo Wiston Churchil definió su país como «la perla de África«. En realidad el estadista inglés, que por entonces tenía 30 años y era subsecretario de Estado para las Colonias, se limitó a copiar la frase que ya había pronunciado el explorador galés Henri Morton Stanley (el de la famosa sentencia «doctor Livingstone, supongo») cuando visitó Uganda.

También se atribuye al primer ministro británico Churchil la descripción de la línea ferroviaria entre Mombasa y Nairobi como «una de las líneas de ferrocarril más románticas y maravillosas del mundo». Lo cierto es que el tren se conoce como ‘Lunatic Lane o Express’ porque su construcción resultó un quebradero de cabeza para la colonial Gran Bretaña, con continuos debates en el Parlamento. En una de estas sesiones, la discusión subió de tono y resultó muy acalorada, hasta el punto de que el diputado radical Henry Labouchere clamó desde la tribuna contra «esa línea lunática». Sin quererlo, acabó por bautizar el tren ugandés que, con el tiempo, acabaría como uno de los mitos ferroviarios de Africa.

La historia del ‘Lunatic Express’ está íntimamente ligada a la época colonial africana. Gran Bretaña construye la línea para unir Uganda con la costa de Kenia, un proyecto caro y extremadamente peligroso, pero vital para los intereses británicos, ya que facilita el transporte de mercancías del Alto Nilo. El trazado cruza el desierto del Tam, los barrancos del valle del Ritf y el río Tsavo, por ejemplo. En 1901 la línea llega desde Nairobi hasta el lago Victoria y, dos años más tarde, alcanza el océano Índico. Sin embargo, hasta 1931 no se conecta con Kampala. En total 935 kilómetros a través de sabanas repletas de animales salvajes y zonas pantanosas. No es de extrañar, por tanto, que su construcción fuera, además de una proeza para la época, todo un desafío que costó la vida a 2.500 obreros, en su mayor parte miembros de un colectivo de 35.000 ‘coolies’ indios que se emplearon ex profeso en el tenidio de la línea férrea. Las enfermedades (disentería), ataque de fieras y las incursiones de los masai, por cuyas tierras atravesaba el tendido, fueron las causas más frecuentes de estas muertes. No mucho antes, esta tribu de Kenia había masacrado a toda una expedición inglesa.

Sin embargo, el contratiempo que acabó por darle más proyección internacional fue protagonizado por una manada de leones que acabó con la vida de 30 hombres. Los felinos atacaban los campamentos nocturnos y merodeaban por las instalaciones ferroviarias provocando el pánico entre los obreros. Las fieras incluso se atraveíaa subir a los vehículos para capturar a sus presas. La situación llegó a tal extremo de inseguridad, que hubo que contratar a un cazador profesional, el coronel John Henry Patterson, que acabó con la amenza. Sus peripecias se reflejan en en el libro ‘Los devoradores de hombres de Tsavo‘ (en swahili, «lugar de sacrificio»).

Las obras se interrumpieron al llegar a la altiplanicie llamada Nyrobi (lugar de agua fresca), a orillas del río al que los masai llevaban su ganado. Era la última llanura antes del valle del Rift y, por lo tanto, un lugar adecuado para convertirse en la estación terminal. Así comenzó su historia la ciudad de Nairobi, que en 1900 se convertiría en la capital del África Oriental Británica.

Más de un siglo después el tren que fue orgullo de la Inglaterra victoriana apenas si guarda vestigios de esa época y ahora languidece cubriendo tres veces a la semana el recorrido hasta la ciudad keniana de Kisumu, unos 450 kilómetros. El aspecto de los trenes tampoco evoca recuerdos de aquellas leyendas históricas que han discurrido por esta ruta; desde el mismísimo Winston Churchill a Karen Blixen, Ernest Hemingway y Evelyn Waugh, que sufrió tres descarrilamientos en este trayecto. Conserva aún el atractivo carismático, simbólico y romántico para los turistas extranjeros, pero los habitantes locales prefieren el autobús. Las catorce horas que tarda entre Nairobi y Mombasa, a poco más de 30 por hora de media, hacen poco apetecible y práctica la ruta que cubre la Kenya Railways Corporation. Solo se hace apetecible para algunos turistas con mucho tiempo y ganas de aventura.

¿Cómo se limpian los shinkansen en Japón?

Japón es un país que vive la velocidad como ningún otro. La prueba es este vídeo en el que se muestra el meticuloso y calculado proceso de limpieza del Shinkansen (tren de alta velocidad japonés). El vídeo se ha hecho viral en la red y supera los 2,5 millones de reproducciones en pocas semanas.

El vídeo titulado ‘7-Minute Miracle’ (Milagro en siete minutos) es obra de la periodista neoyorquina Charli James y fue colgado por el gobierno de Tokio en su perfil de YouTube, donde acumula casi cuatro millones de reproducciones y se coloca como el más visto de la cuenta.

El montaje, de poco más de un minuto y medio de duración, muestra el concienzudo proceso de limpieza de un tren de alta velocidad japonés, en el que los empleados invierten apenas siete minutos. En ese tiempo los operarios limpian cada uno de los asientos -tardan unos 12 segundos en completar una fila-, comprueban que no haya equipaje olvidado, barren el suelo y colocan los asientos en el sentido de la marcha del tren, entre otras tareas.

Unos 155 millones de usuarios utilizan el Shinkansen al año, más de 400.000 al día, y el retraso anual medio de estos trenes, famosos internacionalmente por su eficiencia, es de 54 segundos, según datos de la operadora ferroviaria nipona Central Japan Railway.

El vídeo se subió a a mediados de enero, pero los millones de visitas se han registrado entre finales de mayo y junio, según muestran las estadísticas de YouTube (más de 4.000.000 millones a principios de julio).

Agricultura se hace cargo del Camino Natural de la antigua línea ferroviaria Santander-Mediterráneo

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Parte del trayecto de la antigua línea Santander-Mediterráneo se convertirá en vía verde. Representantes de la dirección general de Desarrollo rural y Política forestal, entidad dependiente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (Magrama), han contactado con la Diputación Provincial de Soria con el fin de solicitar el proyecto, ahora calificado como Camino Natural, de la antigua línea férrea que nunca llegó a abrise en su totalidad.

El proyecto tendrá en cuenta, inicialmente, un tramo de unos 62 kilómetros que hasta 2013 disponían de raíles y traviesas. El plan establece tres fases; una primera del límite de la provincia de Soria, entre las localidades de San Leonardo y Hontoria del Pinar, con Pinar Grande; una segunda hasta Herreros; y la tercera en conexión con el término de la capital de la provincia.

No se han hecho públicas las previsiones de fechas ni la dotación económica, pero el presidente de la institución provincial, Antonio Pardo, matiza en parte la comunicación no oficial, aunque defiende el protagonismo del Magrama en el proyecto. Esto significa responsabilizarse con los compromisos adquiridos con los ayuntamientos por los que cruzaba la línea férrea que ha sido desmantelada por Adif, en su tramo desde Soria a San Leonardo de Yagüe.

El 1 de enero se cumplieron 30 años desde que dejó de prestar servicio este ferrocarril. En 1985, por una decisión ministerial se cerró la línea del Santander-Mediterráneo al igual que otros 1.000 kilómetros de vías debido a la nefasta explotación y su ruinoso estado de mantenimiento no eran competitivas. El Santander-Mediterráneo fue un proyecto de principios del siglo XX con el que se pretendía enlazar los puertos de Santander, en el Cantábrico, y de Valencia, en el Mediterráneo, persiguiendo una salida marítima a las mercancías procedentes de las provincias interiores por las que el ferrocarril circulaba.

Las diputaciones de Santander, Burgos, Soria y Zaragoza tuvieron una actuación importante en este proyecto que inicialmente tenía como objetivo principal unir Ontaneda con Calatayud realizando un ferrocarril de vía métrica, aunque la mayoría de sus enlaces fueran de ancho ibérico. En 1912 fue aprobado por el Ministerio de Obras Públicas. Con el comienzo de la Primera Guerra Mundial, se decide que el ferrocarril tendrá importancia militar; se revisa y se cambia el proyecto, modificando también el ancho de vía. Además de planificarlo en ancho ibérico, exigen que tenga paso obligado por Trespaderne, para facilitar una futura conexión con Miranda de Ebro y Bilbao.

Aunque en 1941 se nacionaliza la línea, en 1959 se decide paralizar las obras. El motivo no está claro, y las opiniones son muy variadas. Es más que evidente que la gestión nunca fue buena. No consiguió realizar un servicio combinado con la Compañía Central de Aragón, ni tampoco había trenes que realizaran los 365 kilómetros del primer tramo seguidos. Incluso el recorrido entre Burgos y Cidad–Dosante perdió el enlace a Calatayud.

En 1986, bajo el gobierno del socialista Felipe González, aduciendo el déficit económico, el Ministerio regentado por Enrique Barón optó por cerrar las líneas férreas que no cubrieran el 23% de los gastos de explotación que generaban, para lo que se presentó una serie de polémicos estudios que fueron contestados tanto por la ciudadanía como por las instituciones a las que afectaban los cierres. Miles de kilómetros de ferrocarril fueron entonces clausurados en España. De este modo se daba la puntilla a una ejemplar obra de ingeniería que, por problemas políticos, nunca llegó al puerto de Santander.

Casi tan veloz como el avión

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¿Es Superman? No, es el Maglev. Si no fuera por la estructura necesaria para su propulsión, el tren de levitación magnética podría confundise con un avión. Evidentemente no coge altura como los aeroplanos, pero la velocidad de este sistema de transporte se asemeja bastante a la de los pájaros metálicos. El Maglev es un sistema de transporte que suspende, guía y propulsa vehículos, principalmente trenes, utilizando un gran número de imanes para la sustentación y la propulsión usando la levitación magnética.

El Maglev es un revolucionario sistema de transporte, que va más allá de la ciencia aeroespacial. El Maglev funciona mediante un sistema de levitación magnética que usa motores lineales instalados cerca de los raíles y que hace que el campo magnético eleve al tren hasta 10 centímetros por encima de los raíles y lo impulse, eliminando el contacto y haciendo que el único elemento de fricción sea el aire. El desarrollo de las pruebas apenas si permite esbozar hasta dónde se puede llegar con esta revolucionaria forma de viajar. Según los técnicos estamos en los albores de los descubrimientos potenciales de este sistema de transporte.

Este sistema tiene un gran potencial para ser más rápido, más silencioso y mucho más suave que los métodos de transporte colectivo sobre ruedas. La tecnología está capacitada para superar los 6.400 kilómetros a la hora, si se pudiera desarrollar en un túnel de vacío. Pero como hoy por hoy es prácticamente imposible utilizar una galería de este tipo, la energía se utiliza para superar la resistencia al aire, al igual que con cualquier otro tren de alta velocidad. Si se pudiera contrarrestar este elemento, se podrían desarrollar velocidades mucho más altas que las logradas hasta ahora.

Hasta el momento, la velocidad más alta registrada en un tren Maglev ha sido de 603 kilómetros a la hora, veinte kilómetros más del récord de velocidad alcanzado con un tren ‘convencional’ de alta velocidad. Evidentemente es más lento que un avión, ya que las aeronaves pueden volar a alturas mucho mayores y la resistencia al aire es menor, por lo tanto es más fácil alcanzar altas velocidades.

El tren japonés de levitación magnética, que está en fase de pruebas, batió su propio récord mundial de velocidad el 21 de abril de este año al alcanzar los 603 kilómetros por hora menos de una semana después de lograr la marca anterior. El tren, que opera la ferroviaria nipona Central Japan Railway, logró esa velocidad en la vía de pruebas de 42 kilómetros de longitud instalada en la prefectura de Yamanashi, a unos 35 kilómetros al oeste de Tokio. Ese mismo tren batió el récord mundial de velocidad el 16 de abril al alcanzar los 590 kilómetros por hora.

Central Japan Railway tiene intención de que el Maglev empiece a operar en 2027 entre la estación de Shinagawa, al sur de Tokio, y la ciudad de Nagoya, en el centro de Japón. El trayecto, de 286 kilómetros y que el tren bala cubre actualmente en 88 minutos, quedaría reducido a 40 minutos con el Maglev. Se espera que el tren circule a una velocidad máxima de 500 kilómetros por hora cuando empiece a operar. Central Japan Railway pretende extender el servicio de Nagoya a Osaka, en el oeste del país, en 2045.

La compañía vasca ETS modernizará las ocho estaciones de Euskotren en el Txorierri

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Euskal Trenbide Sarea (ETS), que gestiona Euskotren, acometerá en 2016 la modernización de las ocho estaciones y apeaderos que componen la línea ferroviaria del Txorierri. Los trabajos son necesarios para adaptarse a la llegada de los nuevos trenes que incorporará la compañía ferroviaria dependiente del Gobierno vasco cuando entre en servicio la línea 3 del metro a finales del próximo año. ETS ha sacado a concurso el contrato, por valor de 150.000 euros y con un tiempo de ejecución de seis meses, para elaborar la redacción del proyecto de modernización de las estaciones entre Sondika y Lezama.

El nuevo trazado subterráneo entre Etxebarri y Matiko que compone la línea 3 y que dará servicio a los barrios del norte de Bilbao no solo se nutrirá de trenes propios que circulen entre las dos estaciones referidas. También deberá recibir convoys de los servicios que atienden a Bermeo y Gernika como de la línea que recorre los municipios del valle del Txorierri. La comunión de los diferentes servicios de Euskotren, que aportarán centralidad en Bilbao a la compañía ferroviaria, obliga a modernizar las instalaciones del Txorierri que atienden ahora a más de 5.000 personas de media cada día.

La principal intervención que se debe acometer es la adaptación de las estaciones a los nuevos trenes que se van estrenar con la línea 3 y que circularán por este recorrido. Las 28 unidades que encargó en 2014 Euskotren tienen mayor longitud que las actuales y los andenes de algunas estaciones son más cortos de los 68 metros que pueden llegar a medir las nuevas composiciones, que dispondrán de cuatro coches. Todas las estaciones deberán resolver este problema y revisar el gálibo, tanto a lo ancho como a lo alto, para evitar daños a los nuevos trenes cuando entren en las estaciones.

Los apeaderos de Elotxelerri, en Loiu, y el de Lekunbiz, en Zamudio, sufrirán algunas reformas, entre otras el cierre del perímetro, de forma que, con la puesta en marcha de la línea 3, los usuarios solo podrán acceder a los andenes a través del paso por las canceladoras.

También se prevé actualizar las ocho estaciones de la línea del Txorierri, en las que se abordarán obras menores tras el correspondiente diagnóstico. Durante estos días se analiza la accesibilidad de cada parada, su estética, la arquitectura y los cuadros técnicos de los edificios. También se determina el cambio de la señalética y las acciones antivandalismo que se pueden adoptar en el futuro para evitar las pintadas. Fuentes de ETS indican que “se actuará en cada estación en función de las necesidades que se contemplen durante el periodo previo al comienzo de las obras”.

La compañía prevé que el uso de las estaciones y los nuevos trenes aumentarán considerablemente ya que se prevé ampliar al doble la frecuencia de los servicios entre el Txorierri y Bilbao. Los trenes pasarán cada 15 minutos; en este momento lo hacen cada 30.

(Imagen Aner Barrena)

El metro de Moscú, un viejo fascinante y muy atractivo que ya ha cumplido los 80 años de vida

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«Todo el mundo quisiera vivir largo tiempo, pero nadie querría ser viejo». La frases de Jonathan Swift, el escritor satírico irlandés autor, entre otras obras, de ‘Los viajes de Gulliver’ se aplica como un guante a una mano al metro de Moscú. Recién cumplidos los 80 años (15 de mayor de 1935), tiene por delante aún mucha vida y mucho camino por recorrer. Su provecta edad apenas es perceptible y se mantiene como un importante atractivo de la capital moscovita, y el sistema de transporte más visitado del mundo.

Sin lugar a dudas, el Kremlin es el destino preferido para los visitantes de Moscú. La visita, además, merece la pena. Pero si hay otro lugar que merece la pena examinar y conocer, tampoco hay titubeos: el metro. Conscientes de su popularidad, las autoridades rusas apenas han retocado las estaciones más antiguas, que conservan mármoles, lámparas, frescos, arcos, grabados, barandillas y bancos de madera como si aún se mantuvieran en los años 40 del siglo pasado.

Una buena parte de sus estaciones son auténticas obras de arte que en nada desmerecen a cualquiera de los palacios de la época zarista. en especial su línea circular, que incluye auténticos museos subterráneos como Kíevskaya, Komsomólskaya y Novoslobódskaya. Los turistas se concentran en las galerías del metropolitano para fotografiar sus salones, que incluyen cristaleras y rosetones policromados, como si se tratara de una catedral gótica. Desde la mirada más occidental, sorprende que se conserve intacta toda la simbología del convulso periodo comunista; la hoz, el martillo y las escenas revolucionarias, al más puro estilo del realismo socialista, con retratos de Lenin y otros líderes de la antigua URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas).

Nueva York o París disponen de un transporte metropolitano más grande, pero no resisten ninguna comparación en cuanto al valor artístico y arquitectónico de las galerías. Inaugurado en 1935, el monumental metro moscovita tiene más de 300 kilómetros de longitud y cerca de 200 estaciones, de las que 44 han sido catalogadas como patrimonio cultural. Los interminables atascos de la capital moscovita en días laborables convierten, además, el metro es la mejor opción para trasladarse por la ciudad, ya que cruza el centro la ciudad en apenas media hora.

Sorprende también la profundidad de algunas de las estaciones principales. Las escaleras mecánicas llegan a bajar hasta los 63 metros. La razón de este notable calado hay que buscarla en los orígenes de la Guerra Fría, ya que fueron ideadas además como refugio en caso de guerra nuclear, química o biológica, amenaza muy latente en esos tiempos de tacticimos entre los dos bloques antagónicos capitalista-comunista.

El metro es limpio, como pocos en el mundo (quizá el de Tokio) y eso que apenas si hay papeleras, que se eliminaron de la mayor parte de los trayectos por miedo a atentados terroristas. La presencia policial es constante, lo que da sensación de seguridad. Y es el lugar ideal para apreciar la multiculturalidad de la sociedad rusa y su diversidad étnica -rusos, caucásicos, siberianos y centroasiáticos- y disparidad social.

También resulta muy atractivos los mosaicos, en especial aquellos que se pueden contemplar en Kíevskaya, que incluye escenas revolucionarias como la fundación de la URSS. En Komsomólskaya resultan aún más espectaculares, si cabe, y es posible recordar la intervención de Lenin en la Plaza Roja o la batalla de Borodinó contra el Ejército de Napoleón en 1812. Es en una de las estaciones preferidas de los turistas.

No todo consiste en turismo. Construido para trasladar a la clase trabajadora, el metro sigue siendo el transporte preferido por los moscovitas. Recibe a diario a más de 9 millones de pasajeros, más que el de Tokio.

¿Y dónde van a parar las heces y la orina del wáter que llevan los trenes?

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Ya sé que resulta un tanto escatalógico, pero no me digan que alguna vez no les ha asaltado esta curiosidad. La mayor parte de los pasajeros intenta evitar esta maniobra cuando viajan, pero hay veces que la necesidad obliga. Y no hay más remedio que pasar por ese requisito obligado. Y ahí precisamente nos asalta la pregunta de marras: ¿dónde van las heces?

En el Siglo de Oro la palabra retrete no evocaba nada desagradable. Covarrubias la definía así: «Aposento pequeño y recogido». Para lo que resulta embarazoso mencionar, buscamos sin tardar eufemismos que suavicen la expresión. Aunque la suavidad de la expresión procede en realidad de su infrecuencia para ese uso. Oímos hoy la palabra letrina y nos da cierta repulsión. Pero el mismo Covarrubias explica que el vocablo que ahora tanto nos molesta sustituyó a otro término aún más repulsivo para nuestro intelecto, como es el de cagatorio «y por nombre más honesto salió latrina». Este ‘latrina’ era el modo fino y educado, más delicado con que en el siglo XVII se nombraba el lugar donde se evacuaba el viente; y vemos ahora cómo nos suena. No digamos ya en pleno siglo XXI donde lo suave es hablar de water o excusado, baños o servicio.

Y si las palabras resultan llamativas, no digamos ya el lugar dispuesto en los transportes para este tipo de operaciones. Los baños del tren, como los del avión, son habitáculos minúsculos. Como si nos avergonzáramos de que estos dispositivos se expongan a la vista. Pero a ver quién es el guapo que aguanta un largo viaje sin visitar estas dependencias. No sé cómo podrán sentirse los jugadores de baloncesto en estos dispensarios, pero siendo la mitad que ellos, el común de los mortales siente cuando menos bastante incomodidad en el uso. Como si no resultara ya bastante vergonzoso el paseo por delante de todo el pasaje hacia el estrecho agujero dispuesto en uno de los extremos del coche. Sobre todo, cuando queda en dirección opuesta al vehículo-cafetería. Donde resulta meridianamente claro cuál es el camino.

Quizá lo hayamos olvidado. O no lo vivimos. En los años 50 60 e incluso 70, las heces iban directamente a la vía. Por eso se ‘recomendaba’ no utilizar los ‘lavabos’ (otro eufemismo) en las estaciones del trayecto. No quiero imaginarme lo que sucedía cuandos algún viajero se veía obligado a utilizarlos impelido por la necesidad. Ene épocas más recientes, al menos, este problema se ha solventado. Ahora las heces de las que uno se desprende en mitad del viaje permanecen en el interior de un depósito, ubicado en una zona inacecesible del tren. El wc está conectado con el depósito que recoge los excrementos y se vacía periódicamente en la estación terminal.

La propia web de Renfe recoge el sistema de evacuación de heces y orina: «Todos los wc son de vacío y cuentan con un reactor bacteriológico de forma que la retirada de residuos se realiza cada sesenta días«. Esto significa que los depósitos permanecen sin tocar cerca de dos meses, pero gracias a un compuesto químico se facilita su eliminación. Lo que nadie ha explicado es cómo y dónde se depositan esos líquidos donde se han disuelto las heces.