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Problemas en el ‘AVE del Desierto; el consorcio español pide un plazo adicional de 24 meses

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El consorcio de empresas españolas que construye la línea de Alta Velocidad entre La Meca y Medina prevé solicitar a Arabia Saudí un periodo de hasta dos años adicionales para acabar la obra, con el que su plazo de ejecución se extendería hasta comienzos de 2019. El grupo de firmas públicas y privadas españolas que a finales de 2011 se adjudicó uno de los mayores contratos logrados por España en el exterior designó “hace unas semanas” un experto independiente para que medie en sus negociaciones con Arabia, tal como el diario ‘Expansión’ adelanta en su edición de este miércoles.

El consorcio pretende impulsar las negociaciones que mantiene desde hace meses con el Gobierno árabe para tratar de adecuar los plazos de finalización y entrega del denominado ‘AVE del Desierto’ fijados en el contrato (comienzos de 2017) a la marcha que llevan los trabajos, con el fin último de que no se activen las penalizaciones previstas por demora. Las empresas tratan de que Arabia reconozca que la evolución de la obra se ha visto condicionada por los retrasos acumulados en la fase previa del proyecto, la correspondiente a la construcción de la plataforma, de la que se encarga un grupo de empresas chinas.

El consorcio español está aún pendiente de que el consorcio chino le entregue varios tramos de plataforma, de distinta dimensión, para empezar a trabajar sobre ellos. El contrato de las empresas españolas abarca la instalación de las vías y de la denominada ‘superestructura’ (los sistemas de comunicación y los de seguridad, y la electrificación) de toda la línea, de 450 kilómetros de longitud. Sus trabajos comienzan una vez que las empresas chinas concluyen la construcción de plataforma de la línea y se la entregan para que coloquen las vías y el resto de los equipos. Ante esta situación, el consorcio español está resuelto a “negociar todo cuanto se pueda defender” ante el Gobierno de Arabia Saudi, esto es, un plazo adicional de unos 24 meses para terminar sus trabajos sin ser penalizados, según dichas fuentes.

El tramo Medina-Ciudad Rey Abdullah presenta un aspecto muy avanzado y ha sido el escenario de la mayoría de los ensayos sobre raíles. En general, la obra está prácticamente acabada hasta la ciudad de Jeddah, separada de La Meca por apenas 70 kilómetros. Es precisamente este tramo final el que más problemas presenta y no precisamente por causas achacables al consorcio. La estación de La Meca presenta un grado de avance inferior al resto debido a que las obras han estado detenidas durante varios meses por la crisis del grupo Binladen, encargado de su construcción, y que perdió su licencia a raíz del accidente mortal en la Gran Mezquita, provocado por una grúa de la compañía.

El Gobierno saudí se plantaba poner en servicio algo más de la mitad de la línea a finales de año, cuando el tramo entre Medina y la Ciudad Rey Abdullah (de unos 260 kilómetros) quede completamente finalizado. Pero el contexto no es nada sencillo. Las negociaciones acerca de los sobrecostes que reclama el grupo de empresas al cliente no avanzan y desde las empresas de España se prepara para acudir a un arbitraje internacional.

El consorcio de empresas que a finales de 2011 se adjudicaron esta segunda fase de las obras de construcción de la línea de Alta Velocidad a La Meca y su posterior explotación son las públicas Ineco, Renfe y Adif, y las privadas OHL, Cobra (ACS), Indra, Consultrans, Copasa, Dimetronic, Imathia, Inabensa y Talgo, esta última encargada de suministrar los trenes. El contrato está estimado en unos 6.700 millones de euros.

La gran paradoja china: de esforzados peones del ferrocarril a líderes en tecnología de alta velocidad

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Una gran paradoja. China aportó el 85% de la mano de obra del Central Pacific Railroad, la línea que unió el este con el oeste, en el último tercio del siglo XIX; y ahora aspira a vender a Estados Unidos la línea de alta velocidad con la que sueña California. Es la muestra más evidente del nuevo orden mundial, donde China vislumbra ya su futuro en cabeza del liderazgo planetario.

Si China consigue vender su tecnología para construir el primer tren de alta velocidad en California, habrá conseguido revertir la historia 150 años después, cuando Estados Unidos logró unir por vía férrea el este con el oeste. El capital y la tecnología fueron estadounidenses; los chinos pusieron la mano de obra barata. Pero si el líder asiático logra hacerse con el contrato ferroviario, será mano de obra estadounidense con fuerte inversión en tecnología china y hasta con la posibilidad de que entre capital del país asiático.

En enero de 1863, en plena Guerra de Secesión, empezó la construcción del Central Pacific Railroad, que salía de Sacramento para unir California con el este. El 10 de mayo de 1869, en Promontory Point (Utah), el Central Pacific se unía al Union Pacific Railroad, dando origen al primer ferrocarril transcontinental. Esta increíble proeza no se habría logrado sin los trabajadores chinos. En un momento dado más de 10.000 chinos demostraron su fortaleza física al tender las vías y abrir el paso a través de las montañas. En 1870 ya vivían en Estados Unidos 63.000 chinos, casi todos en California.

Muchos de estos trabajadores arriegaron su vida y perecieron a causa de las duras condiciones del trabajo (crudos inviernos, enfermedades y escasa alimentación). Hasta 12.000 peones de dicha nacionalidad se llegaron a emplear en el trazado del ferrocarril durante los cuatro años de obra (1865 a 1869) que abrieron a golpe de pico y pala el camino de hierro. Aprovechando el silgo y medio de vida de la apertura de la línea Estados Unidos ha rendido homenaje a los esforzados trabajadores chinos. El pasado mayo el Departamento del Trabajo de Estados Unidos organizaba un homenaje a quienes trabajaron en la traza del ferrocarril en una ceremonia a la que asistieron descendientes de los peones ferroviarios chinos. Son los primeros estadounidenses de origen asiático en ser incluidos en la Sala de Honor del Trabajo, instituida en 1988.

Entre 10.000 y 20.000 chinos trabajaron durante un año en las montañas de Sierra Nevada (California) para horadar el ‘Túnel de la Cumbre’, un tramo crucial para el primer tren transcontinental. Las empresas ferroviarias contrataron a ciudadanos asiáticos porque la mayoría de los californianos se dedicaban a las mimas de oro o no aparecían en el tajo en cuanto recibían el salario, que abandonaban para beber cervez y whisky. Las condiciones laborales eran terribles y la paga muy escasa. Solo los chinos aceptaban sin rechistar el empleo. Tenían gran reputación como constructores de túneles y empleados fiables que sólo bebían té.

Siglo y medio después, China se ha convertido en el país con más kilómetros de alta velocidad construidos. Desde que se puso en marcha en 2009 la primera línea del país (Guangzhoy y Wuhan), el sistema ferroviario chino se ha convertido en líder mundial del sector con alrededor de 25.000 kilómetros de ferrocarril de alta velocidad en servicio, con capacidad para trenes con una velocidad superior a los 250 kilómetros a la hora. Todo ello con tecnología propia.