Archivo diario: marzo 28, 2010

‘Coladero’ en el metro de Barcelona

Un auténtico ‘coladero’. Empleados y usuarios denuncian la impunidad que impera en el metro de Barcelona, donde casi cuatro millones de viajeros al año se cuelan, según los datos oficiales. “Esto es una sangría para el Metro y para Barcelona, asegura uno de los vigilantes del metroplitano casi con impotencia y resignado ante una situación demasado habitual.

Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) trata de poner freno al fraude empapelando la mayoría de estaciones con carteles provocadores que rezan: “¿Te crees muy listo? Tú mismo”, seguido de una retahíla de advertencias, consecuencias y castigos por viajar sin billete.

Franqueando los tornos por arriba y por abajo, entrando por las puertas reservadas para la salida, pasando detrás de otro pasajero que sí marca el abono o viajando con la tarjeta de jubilados cuando todavía no se han cumplido los 65 años son algunas de las formas de colarse más utilizadas por los 3,9 millones de usuarios que viajan cada año sin billete en el metro, según la estimación que la ATM obtiene al calcular el porcentaje de los que no llevan billete (o lo llevan inadecuado) sobre el total de viajeros requeridos por los revisores.

“No podemos pillarlos a todos”, se resigna un vigilante veterano. La red de metro tiene 125 estaciones, un millar de accesos y tuvo 361,6 millones de usuarios en 2009. La empresa calcula que unos 4 millones viajan sin pagar el correspondiente billete. El fraude es un hecho común y fácilmente observable en cualquier boca de metro, mucho más que el 1,1% que reflejan los datos oficiales de la Autoridad Metropolitana del Transporte (ATM).

Redactores de El País han seguido durante tres días las evoluciones de los pasajeros en el metro de Barcelona en varias franjas en siete paradas distintas (Jaume I, Passeig de Gràcia, Universitat, Plaça de Sants, Vilapicina, Verdaguer y Sagrada Família), De los 5.000 viajeros que utilizaron el transporte en esas horas, los periodistas del dirario controlaron a 216 que se colaron sin el correspondiente billete (el 4,32%).

Los vigilantes de seguridad hacen lo que pueden, pero no dan abasto. “Si nos ven, puede que los que pretenden colarse desistan, pero de todos modos, estamos desbordados. A la que me despisto un rato, se pueden colar 10″, reconoce otro agente, que admite estar más pendiente de los carteristas que del fraude.”Controlar a los que se cuelan”, dice un agente de estación, “es tarea de los revisores”, que hacen controles en grupos de cinco o seis para evitar que los viajeros a los que se reclama el billete respondan de modo violento. El problema es que sólo hay 59 para las 125 estaciones que tiene la red.

“La gente se cuela porque lo ve fácil, no porque no tenga dinero”, afirma una usuaria en paro que dice abonar siempre su billete. El precio del billete, demasiado alto para algunos -el billete sencillo cuesta 1,40 euros y la tarjeta de 10 viajes, 7,85-, es precisamente es la justificación más habitual que dan los incívicos para defender lo que hacen. Otros, sin embargo, dejaron de comprar el billete hartos de ver tanta gente colándose a su lado con impunidad total. “Es que al final me siento tonta”, explica una mujer después de atravesar las puertas de la estación de Vilapicina detrás de otro usuario.

Cuando los vigiliantes ven a alquien que trata de colarse, lo invitan a comprar el billete y sólo lo sancionan “si se niega a pagar”. Los viajeros sorprendidos en el vagón o los pasillos sin billete sí son penalizados con entre 50 y 600 euros. Otro vigilante cuenta que, a veces, hacen la vista gorda. El sábado compartió servicio con un inspector que se ablandó ante dos mujeres que se estaban colando. “Le dijeron que no tenían dinero, que sus pensiones no daban para más, y finalmente las dejó pasar”.

(Fuente El País. Imagen Joan Sánchez)