Pullman y el coche cama


Pullman es un apellido indisolublemente unido al ferrocarril desde hace más de un siglo. Los coches que llevan el nombre del avispado empresario norteamericano aún suenan en los oídos de medio mundo, aunque ya no vayan asociados al lujo y al placer. Durante algo más de cien años, el confort en el tren, en especial en los trayectos nocturnos, llevaba la firma del industrial estadounidense. Precisamente acaban de cumplirse hace unas semanas 145 años de la puesta en marcha de los primeros coches cama de Pullman.

Al contrario de lo que muchos piensan, George Mortimer Pullman (1831-1897) no fue ningún genial inventor; más bien aprovechó sus dotes de publicista y su fino olfato para los negocios para que su empresa acabara coronada por el éxito. Y éste le llegó poco después de que trasladara el cadáver del presidente Abraham Lincoln, asesinado en abril de 1865, en un vehículo especialmente diseñado para la ocasión, en una variante del coche cama que había puesto en circulación un año antes. A partir de aquel viaje mortuorio, la industria ferroviaria se rindió a sus pies.

Sin embargo, no fue él quien tuvo la idea original de dotar a los trenes de camas. Las distancias en Estados Unidos son, en general, más largas que los trayectos europeos. Por lo que parece natural que alguien pensara en procurar mayor confort a los pasajeros que viajaban en trayectos nocturnos. Los primeros vagones cama de los que se tiene noticia son de 1838 El vagón fue adaptado por la Cumberland Valley Railroad. Disponía de iluminación a base de velas, lavabo en el compartimento de señoras, y una estufa de hierro para combatir los rigores del invierno.

En 1855 la Illinois Central y posteriormente la Burlington introdujeron vagones camas en sus convoyes; y en 1857 Theodor Woodruff construyó el nuevo modelo de vagón cama que ofreció las diferentes compañías ferroviarias. El vehículo, de una sala única, estaba equipado con pequeños divanes de dos asientos cara a cara a lo largo del pasillo central. Estos divanes se transformaban, mediante un sistema de palancas, en una especie de litera en la que los pasajeros podían dormir aislándose del resto del vagón mediante una cortina.

Mortimer Pullman aprovechó las ideas de sus competidores y registró la patente de lo que en todo el mundo se conocería poco después como el vagón cama por excelencia. Sin embargo, el industrial estadounidense, un ávido emprendedor que supo ver enseguida el futuro del ferrocarril, consiguió evolucionar el vagón de pasajeros con una mezcla de elementos innovadores de otras invenciones y su idea del éxito comercial.

Durante la guerra civil americana se hizo rico e intuyendo el desarrollo de los viajes en el ferrocarril comenzó con un socio su actividad como constructor de material rodante, realizando un vagón adaptable al día y a la noche. Este vagón apenas si era diferente de los otros que sus competidores tenían en funcionamiento. Pero su obsesión era marcar la diferencia; y esta llegó con la patente de un nuevo vagón de mayores dimensiones que los otros y con un acabado interior, donde no faltaba ni un solo detalle. «Coches-palacio de Pullman, lujo para la clase media», fue desde entonces su lema. También revolucinó el concepto de los coches restaurante, implantando el servicio personalizado, por ejemplo, para cada uno de los comensales.

George Mortimer Pullman siempre insistió en que el confort de sus coches debería estar acompañado por un personal de servicio de alto nivel. Su visión para el negocio, le convirtió en el primer empleador de afroamericanos tras la guerra de secesión. Creía firmemente que los antiguos esclavos de las plantaciones del sur reunían el respeto y entrenamiento necesarios para atender a los hombres de negocio que utilizaban sus servicios.

En 1867 presentó su primer hotel sobre ruedas, el ‘Presiden’t, un vagón cama mas otro que era cocina y coche comedor.La comida rivalizaba con la de los mejores restaurantes de la época, y el servicio era impecable. Un año después, en 1868, lanzó el modelo ‘Delmonico’, primer coche destinado a la alta cocina. Los menúes del coche eran preparados por chefs del famoso restaurante ‘Delmonico’ de Nueva York

En 1875 la empresa Pullman contaba con un patrimonio de 100.000 dólares al valor de inventario, tenía 700 coches en operación, y contaba con depósitos por cientos de miles de dólares en el banco. Seis años más tarde, las fábricas de Pullman construían 100.000 vagones para mercancías, 500 para pasajeros y unos 200 coches camas. Pullman murió en 1897. Pero el nivel de confort y de lujo de sus vagones se convirtió en el punto de referencia para todas las construcciones similares en todo el mundo.

(Fuente Historia del Ferrocarril. Franco Tanel)

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2 Respuestas a “Pullman y el coche cama

  1. Pongo unos videos que explican lo que tú, pero con muchos más detalles. Sencillamente, ¡facinante!





  2. Pingback: Locomotoras españolas en El Orient Express?! « CINE Y TRENES

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