
Alemania (y el mundo) conmemoran estos días el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín, uno de los símbolos de la Guerra Fría y de la división de Alemania. Entre 1949 y 1961, unos 3 millones de personas abandonaron la RDA desde Berlín Oriental. Sólo en las dos primeras semanas de agosto de 1961 emigraron 47.533 personas. Además, para muchos polacos y checos, Berlín Occidental se convirtió en la puerta hacia occidente.
Para poner fin a esa sangría y evitar la salida de más personas desde el Este, en la noche del 12 al 13 de agosto de 1961, se construyó sin previo aviso el muro. Los accesos hacia el Oeste fueron fuertemente sellados por los soldados del Ejército Nacional Popular, (cerca de 15.000 hombre se dedicaron a la vigilancia del muro) y las tropas soviéticas se apostaron listas para el posible combate en la frontera aliada. Todos los medios de transporte que aún comunicaban ambos lados de Berlín fueron detenidos. Sin embargo, las líneas S-Bahn y U-Bahn de Berlín Occidental que circulaban bajo Berlín Este siguieron funcionando sin detenerse en las estaciones orientales, que quedaron como estaciones fantasma. Sólo las líneas afectadas de la estación Friedrichstraße permanecieron en servicio, aunque bajo estrictos controles
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