Archivo diario: abril 17, 2011

‘El maquinista de La General’, un gran clásico del cine mudo y la ruina de Buster Keaton

Estados Unidos se prepara estos días para participar en los actos organizados para rememorar el 150 aniversario de la Guerra de Secesión, que aún sigue provocando fuertes controversias e hiriendo la susceptibilidad de los estados sureños. Sin embargo, las imágenes que guardan en la retina millones de personas en el mundo sobre los sangrientos episodios del último cuarto de siglo XIX poco o nada tiene que ver con la cruda realidad. Porque el gran icono de esa trágica historia se ha inmortalizado a través del celuloide en una melancólica película que ha pasado a los anales cinematográficos como una de las grandes obras del cine mudo. Y el culpable de todo ello es el magnífico actor Buster Keaton, coautor del guión de ‘El maquinista de La General’, que también dirigió y protagonizó.

‘El maquinista de la General’ se acabó de rodar en agosto de 1926, y en diciembre de ese año tuvo un pase previo en Los Ángeles que sirvió para realizar algunos retoques. El estreno oficial no se produjo hasta el 5 de febrero del siguiente año en el Capitol Theatre de Nueva York. Gustó al público, pero no a los críticos que fueron muy duros con el actor y director, quizá por las supuestas simpatías que el film mostraba hacia la causa confederada. De los once periódicos importantes de la zona, ocho fueron completamente hostiles al filme, dos lo recibieron con una cautela más o menos favorable y sólo uno lo reconoció como la obra de un genio. Como consecuencia, ‘El maquinista de La General’ sólo recuperó el alto coste con su explotación en otros países, pero nunca dio ganancia alguna y fue considerada un desastre económico por su distribuidora, United Artists. Desde entonces, y aunque tuvo cierto control sobre sus próximas películas, Buster Keaton no volvió a figurar como director en ninguna de ellas.

‘El maquinista de La General’ es ante todo una epopeya, incluida hoy por críticos y cineastas entre las mejores películas jamás hechas. Pese al fracaso de taquilla, Buster Keaton la consideró la mejor de todas sus films. Años más tarde, público y crítica coinciden con él. La cinta está considerada como uno de los grandes clásicos del cine mudo.

Mientras en Estados Unidos la película tiene unas connotaciones trágicas (aún hoy la Guerra Civil levanta serias controversias y recelos entre los habitantes del Sur), miles de personas de todo el mundo contemplan la historia que Keaton como un cuento cómico. Nada más lejos de la realidad. A partir de una historia real en la Guerra Civil Americana en 1862, Buster Keaton protagonizó y creó una comedia heroica. Conmovido, como millones de sus compatriotas, por el relato de un superviviente de la guerra, la película está basada en un hecho real. Se trata de una adaptación del libro de William Pittenger: Daring and Suffering: A History of the Great Railway Adventure (Audacia y sufrimiento: Una historia de la gran aventura ferroviaria), el cual fue publicado en 1863.

El gran actor cómico narró la historia de Johnnie Gray, un maquinista de ferrocarril de la Western & Atlantic [1 que tiene dos pasiones en su vida, su locomotora ‘La General’ y su novia Annabelle Lee (Marion Mack). Cuando estalla la Guerra Civil, Annabelle pide a Johnnie que se aliste en el ejército sudista para luchar contra la Unión. En el momento en que va a inscribirse no es admitido pues lo consideran más útil en su profesión de maquinista que en su posible aportación como soldado. Annabelle Lee cree que fue un acto de cobardía y decide no hablarle más. Un año después, Annabelle tiene que viajar porque su padre está herido, y lo hace en la locomotora de Johnnie, del que nada quiere saber. A mitad del recorrido un grupo de nordistas, intentando enlazarse con el ejército de la Unión en Chattanooga, deciden poner en marcha un plan que incluye el robo de ‘La Genera’. Cuando llevan a cabo su huida descubren que Annabelle permanece en la locomotora y se la llevan como prisionera. Johnnie intentará recuperar su locomotora y al mismo tiempo a su amada. Y comienza una espectacular persecución que propicia las mejores escenas del filme y algunas de las más memorables de toda la época del cine mudo, como la del cañón que desciende su ángulo de tiro y apunta directamente a Keaton. Esa persecución llevará a Johnny hasta detrás de las líneas enemigas, donde recuperará a sus grandes amores (su novia y su locomotora), conocerá los planes secretos de los unionistas y se verá envuelto también una nueva persecución contrarreloj -en esta ocasión será él el perseguido-, con el objetivo de advertir a los confederados de la amenaza que se cierne sobre ellos

El principio esencial en el que se basa el montaje y el contenido de las escenas en general es el de veracidad y fidelidad. Keaton procura que lo que graba se vea lo más real y creíble posible, no importándole gastar hasta un millón setecientos mil dólares para dejar caer una locomotora al río. Una de las secuencias más caras de la historia del cine. Igualmente, Buster Keaton no aceptó el uso de dobles ni en las escenas más peligrosas, como la de Johnnie sentado en la biela de la locomotora que de pronto empieza a avanzar y que exigía una exquisita pericia del maquinista para evitar que la máquina pudiera patinar, hacer caer al actor y quedar despedazado entre las ruedas.

Keaton logró inmortalizar la mítica locomotora protagonista de esta rocambolesca historia, pero paradójicamente la máquina que aparece en su película es una ‘doble’ de ‘La General’. La auténtica máquina de vapor se conservaba por aquel entonces en la estación de Chattanooga, expuesta al público y a los pasajeros, y aunque en un principio sus propietarios autorizaron su uso para el filme, luego decidieron negarlo ante las protestas de diversos grupos de veteranos de la Guerra Civil. A ninguno le hacía mucha gracia que esa reliquia fuera objeto de una cinta cómica. Como resultado, Keaton tuvo que conformarse con unas réplicas esencialmente idénticas a las dos locomotoras que protagonizaron aquella épica persecución.

Buster Keaton recuperaría años más tarde el favor del público y de la crítica. Y todo gracias a su mejor película. Entusiasmado con su creación, a mitad del siglo XX el coleccionista Raymond Rohauer se compromete a recuperar, restaurar y difundir la mayor parte de su obra. Rehabilitado en su propio país, obtiene un oscar honorífico de la Academia en 1959 que le permite iniciar una gira por Europa que le restituye la fama.

En 1989, ‘El maquinista de La General’ fue seleccionada para su conservación en el National Film Registry de Estados Unidos por la Biblioteca del Congreso por ser “cultural, histórica o estéticamente significativa”. Entró en el registo en el primer año, junto con películas como ‘Los mejores años de nuestras vidas ‘, ‘Casablanca’, ‘Ciudadano Kane’, ‘Lo que el viento se llevó’ y ‘Sunset Bulevar’.