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Buster Keaton y una réplica de la ‘Rocket’ de Stephenson para recibir el nuevo año 2013


Un regalo de año nuevo. Si el 2012 que acabó anoche, lo recibimos con la música del danés Hans Christian Lumbye y la Filarmónica de Viena, este comienza con el indiscutible maestro del cine cómico Buster Keaton y parte de su segundo largometraje ‘Our Hospitality’ (‘La ley de la Hospitalidad’). Unas imágenes que os invito a seguir hasta el final, donde se puede apreciar una réplica de la ‘Rocket’ de Stephenson de 1829 para la película que en 1923 rodó el genial ‘Pamplinas’, como se le conoció en España, o ‘Cara de Piedra’, apelativo que se ganó por su inexpresivo rostro en todas sus grabaciones.

‘Our Hospitality’ es una cinta muy dinámica en la que se pueden ver secuencias de un valor exquisito desde el punto de vista técnico (como las escenas del río) y donde se puede apreciar el característico histrionismo de Buster Keaton. Pero más que los brillantes gags visuales (especialmente en la parte final), la secuencia más memorable de este filme y que ahora podéis apreciar es el accidentado viaje en tren en una auténtica réplica de la ‘Rocket’ de Stephenson. Keaton, un apasionado del mundo de los trenes y al parecer con vínculos familiares muy fuertes con el ferrocarril, llegó a recrear con fidelidad y precisión la mecánica que permitió, casi un siglo antes, que George Stephenson ganara el concurso de Rainhill y que pasara a la historia como uno de los padres de la locomotora de vapor.

Conviene recordar que la ‘Rocket’ no fue la primera locomotora de vapor, sino que fue la mejor en las pruebas de Rainhill. Sin embargo, sí fue la primera locomotora moderna de vapor que introdujo varias innovaciones, que luego fueron empleadas en casi todas las locomotoras construidas desde entonces. Empleaba una caldera multitubular, que fue idea de Henry Booth, mucho más eficaz para transferir el calor de los gases de la combustión al agua. Las calderas anteriores consistían en una sola tubería rodeada de agua. También utilizaba una tobera de salida del vapor de escape para crear un vacío parcial que tirara del aire que alimentaba el fuego.

Keaton ambienta su película en la década de 1830 y refleja claramente su pasión por los trenes con esta reproducción de la ‘Rocket’, con diversos gags y efectos cómicos que son precursores claros de uno de sus mejores filmes, tres años después en ‘El maquinista de la General’ (1926).

El tren de Keaton avanza a un ritmo fluido, sin prisas, enlazando una cadena de gags derivados de obstáculos en el camino (burros, árboles caídos, terrenos abruptos, túneles, etc. etc.) con un delicado desarrollo del romance entre Willie (Buster Keaton) y Virginia Canfield (su mujer en la vida real Natalie Talmadge). Una máquina muy peculiar que lo mismo circula por las vías de un circuito creado al efecto, cerca del lago Tahoe, que recorre, en una divertida distracción del maquinista, los senderos parejos a la vía. Y unos raíles en los que se puede maniobrar sin la ayuda de maquinaria para evitar los obstáculos y hacerlo más divertido. Y por qué no, unos túneles un poco distintos a los que estamos acostumbrados a ver, que salvan con mucho ingenio las peculiares características de la locomotora y su alta chimenea. Por cierto, durante buena parte de la escena del tren la melodía elegida para amenizar la cinta es la ‘Pizzicato Polka’, de Johann Strauss, que hoy sonará en el Concierto de Año nuevo.

‘La ley de la hospitalidad’ es una comedia muda de 1923 dirigida, escrita y producida por Buster Keaton. La película es una comedia de situación que explica la historia de Willie McKay, que se ve inmerso en medio de la pelea de clanes de los Canfield y los McKay, dos familias feudales en el sur de Estados Unidos, donde se matan y se heredan los odios desde los genes mismos.

La mayor parte de las escenas fueron filmadas en los exteriores de Truckee, California y Oregon, aunque para la escena de la cascada se utilizaron los estudios Keaton de Hollywood. Es la única película en la que salen las tres generaciones de los Keatons: el padre de Buster actúa como el maquinista del tren; su hijo juega el papel de Buster cuando era un bebé, y él es el verdadero protagonista de la película. También su esposa actúa, algo muy inhabitual en Keaton. Protagoniza el papel de la mujer que conoce en este peculiar viaje y que forma parte del clan contrario al suyo.

A pesar de que Natalie Talmadge estaba embarazada de su segundo hijo mientras rodaban esta película, el matrimonio ya pasaba por dificultades; el actor pensaba que la filmación podía arreglar la crisis del matrimonio. Poco después se separarían.

Unos de los actores ( Joe Roberts) sufrió un shock mientras filmaba la película; al terminar la filmación murió. Keaton también sufrió un accidente durante la grabación de las escenas en las cascadas del río. El cable que le aguantaba para evitar que la corriente se lo llevara se rompió y el actor tuvo problemas para ponerse a salvo en un remanso. Años después descubriría que su cuello había quedado seriamente afectado, aunque el incidente pasó inadvertido durante mucho tiempo.

La fama que Keaton tenía ya por entonces hizo que la cinta tuviera relativo éxito, cuando menos no resultó un fracaso de taquilla como la posterior ‘The General’, para el actor su mejor película, pero que a punto estuvo de llevarle a la ruina.

Si queréis ver la película entera, lo podéis hacer aquí:

‘El maquinista de La General’, un gran clásico del cine mudo y la ruina de Buster Keaton

Estados Unidos se prepara estos días para participar en los actos organizados para rememorar el 150 aniversario de la Guerra de Secesión, que aún sigue provocando fuertes controversias e hiriendo la susceptibilidad de los estados sureños. Sin embargo, las imágenes que guardan en la retina millones de personas en el mundo sobre los sangrientos episodios del último cuarto de siglo XIX poco o nada tiene que ver con la cruda realidad. Porque el gran icono de esa trágica historia se ha inmortalizado a través del celuloide en una melancólica película que ha pasado a los anales cinematográficos como una de las grandes obras del cine mudo. Y el culpable de todo ello es el magnífico actor Buster Keaton, coautor del guión de ‘El maquinista de La General’, que también dirigió y protagonizó.

‘El maquinista de la General’ se acabó de rodar en agosto de 1926, y en diciembre de ese año tuvo un pase previo en Los Ángeles que sirvió para realizar algunos retoques. El estreno oficial no se produjo hasta el 5 de febrero del siguiente año en el Capitol Theatre de Nueva York. Gustó al público, pero no a los críticos que fueron muy duros con el actor y director, quizá por las supuestas simpatías que el film mostraba hacia la causa confederada. De los once periódicos importantes de la zona, ocho fueron completamente hostiles al filme, dos lo recibieron con una cautela más o menos favorable y sólo uno lo reconoció como la obra de un genio. Como consecuencia, ‘El maquinista de La General’ sólo recuperó el alto coste con su explotación en otros países, pero nunca dio ganancia alguna y fue considerada un desastre económico por su distribuidora, United Artists. Desde entonces, y aunque tuvo cierto control sobre sus próximas películas, Buster Keaton no volvió a figurar como director en ninguna de ellas.

‘El maquinista de La General’ es ante todo una epopeya, incluida hoy por críticos y cineastas entre las mejores películas jamás hechas. Pese al fracaso de taquilla, Buster Keaton la consideró la mejor de todas sus films. Años más tarde, público y crítica coinciden con él. La cinta está considerada como uno de los grandes clásicos del cine mudo.

Mientras en Estados Unidos la película tiene unas connotaciones trágicas (aún hoy la Guerra Civil levanta serias controversias y recelos entre los habitantes del Sur), miles de personas de todo el mundo contemplan la historia que Keaton como un cuento cómico. Nada más lejos de la realidad. A partir de una historia real en la Guerra Civil Americana en 1862, Buster Keaton protagonizó y creó una comedia heroica. Conmovido, como millones de sus compatriotas, por el relato de un superviviente de la guerra, la película está basada en un hecho real. Se trata de una adaptación del libro de William Pittenger: Daring and Suffering: A History of the Great Railway Adventure (Audacia y sufrimiento: Una historia de la gran aventura ferroviaria), el cual fue publicado en 1863.

El gran actor cómico narró la historia de Johnnie Gray, un maquinista de ferrocarril de la Western & Atlantic [1 que tiene dos pasiones en su vida, su locomotora ‘La General’ y su novia Annabelle Lee (Marion Mack). Cuando estalla la Guerra Civil, Annabelle pide a Johnnie que se aliste en el ejército sudista para luchar contra la Unión. En el momento en que va a inscribirse no es admitido pues lo consideran más útil en su profesión de maquinista que en su posible aportación como soldado. Annabelle Lee cree que fue un acto de cobardía y decide no hablarle más. Un año después, Annabelle tiene que viajar porque su padre está herido, y lo hace en la locomotora de Johnnie, del que nada quiere saber. A mitad del recorrido un grupo de nordistas, intentando enlazarse con el ejército de la Unión en Chattanooga, deciden poner en marcha un plan que incluye el robo de ‘La Genera’. Cuando llevan a cabo su huida descubren que Annabelle permanece en la locomotora y se la llevan como prisionera. Johnnie intentará recuperar su locomotora y al mismo tiempo a su amada. Y comienza una espectacular persecución que propicia las mejores escenas del filme y algunas de las más memorables de toda la época del cine mudo, como la del cañón que desciende su ángulo de tiro y apunta directamente a Keaton. Esa persecución llevará a Johnny hasta detrás de las líneas enemigas, donde recuperará a sus grandes amores (su novia y su locomotora), conocerá los planes secretos de los unionistas y se verá envuelto también una nueva persecución contrarreloj -en esta ocasión será él el perseguido-, con el objetivo de advertir a los confederados de la amenaza que se cierne sobre ellos

El principio esencial en el que se basa el montaje y el contenido de las escenas en general es el de veracidad y fidelidad. Keaton procura que lo que graba se vea lo más real y creíble posible, no importándole gastar hasta un millón setecientos mil dólares para dejar caer una locomotora al río. Una de las secuencias más caras de la historia del cine. Igualmente, Buster Keaton no aceptó el uso de dobles ni en las escenas más peligrosas, como la de Johnnie sentado en la biela de la locomotora que de pronto empieza a avanzar y que exigía una exquisita pericia del maquinista para evitar que la máquina pudiera patinar, hacer caer al actor y quedar despedazado entre las ruedas.

Keaton logró inmortalizar la mítica locomotora protagonista de esta rocambolesca historia, pero paradójicamente la máquina que aparece en su película es una ‘doble’ de ‘La General’. La auténtica máquina de vapor se conservaba por aquel entonces en la estación de Chattanooga, expuesta al público y a los pasajeros, y aunque en un principio sus propietarios autorizaron su uso para el filme, luego decidieron negarlo ante las protestas de diversos grupos de veteranos de la Guerra Civil. A ninguno le hacía mucha gracia que esa reliquia fuera objeto de una cinta cómica. Como resultado, Keaton tuvo que conformarse con unas réplicas esencialmente idénticas a las dos locomotoras que protagonizaron aquella épica persecución.

Buster Keaton recuperaría años más tarde el favor del público y de la crítica. Y todo gracias a su mejor película. Entusiasmado con su creación, a mitad del siglo XX el coleccionista Raymond Rohauer se compromete a recuperar, restaurar y difundir la mayor parte de su obra. Rehabilitado en su propio país, obtiene un oscar honorífico de la Academia en 1959 que le permite iniciar una gira por Europa que le restituye la fama.

En 1989, ‘El maquinista de La General’ fue seleccionada para su conservación en el National Film Registry de Estados Unidos por la Biblioteca del Congreso por ser “cultural, histórica o estéticamente significativa”. Entró en el registo en el primer año, junto con películas como ‘Los mejores años de nuestras vidas ‘, ‘Casablanca’, ‘Ciudadano Kane’, ‘Lo que el viento se llevó’ y ‘Sunset Bulevar’.

La verdadera historia de ‘La General’, la locomotora que Buster Keaton inmortalizó en el cine

Este martes, 5 de abril, se conmemoran los 150 años del inicio de la Guerra de Secesión americana, un conflicto significativo en la historia de los Estados Unidos de América, que tuvo lugar entre los años 1861 y 1865. Ese día tropas confederadas asaltaron la guarnición de Fort Sumter, en una isla costera del océano Atlántico a la entrada de la bahía de Charleston (Carolina del Sur). La represión del ejército al recuperar Fort Sumter, hizo que a los estados confederados se les unieran Virginia, Arkansas, Tennessee y Carolina del Norte. De este modo comenzó la Guerra Civil entre los Estados Confederados del Sur y los Estados del Norte, que acabaría con la victoria de estos últimos en 1865.

De entre todos los episodios y batallas ocurridos durante esos fatídicos años, un hecho caló profundamente en el corazón de los estadounidenses. La incursión de espías unionistas en territorio sureño, el robo de una locomotora y su posterior persecución y encarcelamiento por los confederados. ¿Les suena? No es de extrañar puesto que Buster Keaton logró inmortalizar este incidente ocurrido durante la Guerra Civil Norteamericana en su magnífica película ‘El maquinista de la General’, que él mismo dirigió y protagonizó, y que se estrenó en febrero de 1927. Desde que Keaton leyó la novela ‘ The great locomotive chase’, que narraba los acontecimientos ocurridos precisamente en 1862, su obsesión fue contar los hechos en la pantalla. A las posibilidades cinematográficas del relato se unía la pasión de Keaton por los trenes (la mayoría de sus películas tienen alguna secuencia en la que aparece un tren, y hasta el fin de su vida tuvo en su casa un enorme tendido ferroviario de juguete).
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