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Correos dedica un sello al Tren de Sóller

La Sociedad estatal de Correos y Telégrafos ha emitido un nuevo sello de categoría B (válido para su uso en Europa) con la imagen del Tren de Sóller sobre el viaducto de Cinc Pont. La serie emitida es de 6.000 sellos y el valor de cada uno de ellos es de 1,45 euros. Actualmente los sellos están disponibles en el estanco de la Plaza de la Constitución de la localidad de Sóller. Y de cara a la próxima temporada, estarán también a la venta en la estación del Ferrocarril de Sóller en Palma.

Dada la popularidad del Ferrocarril de Sóller en Europa gracias a los miles de visitantes que recibe la isla, cabe señalar que la incitativa fue una propuesta de la empresa estatal de Correos a la que el Ferrocarril de Sóller se sumó desde el primer momento. Ésta es la segunda tirada de sellos con una imagen de la compañía ferroviaria que Correos emite. En agosto de 2008 se emitió una estampa del tranvía en la avenida de Cristóbal Colón. Desde el Ferrocarril de Sóller han expresado que “tanto al pueblo de Sóller como al tren nos hace muchísima ilusión pensar que una imagen tan emblemática de la isla, como es nuestro ferrocarril, está circulando por toda Europa”.

El transporte está en la actualidad sin servicio tras los daños que el ‘cap de fibló’ produjo el 29 de agosto en la infraestructura ferroviaria y la línea aérea. La tormenta dejó más de una docena de árboles arrancados de raíz o partidos por la mitad, así como diferentes ramas que, a su caída, causaron averías que los ingenieros de la empresa valoraron en 200.000 euros. Más de un kilómetro de la línea de la catenaria quedó afectada con diferentes daños en los aisladores, ménsulas y soportes entre otros, así como varias roturas del cable feeder y del cable sustentador de la línea de contacto. «La situación es realmente grave ya que, además de los daños gravísimos y de la elevada inversión a la que tendremos que hacer frente para solventarlos, hay que sumar una temporada desastrosa», se lamentaba el presidente de Ferrocarril de Sóller, Óscar Mayol, quien anunciaba el 31 de agosto que el servicio quedaba interrumpido.

El Ferrocarril de Sóller une desde 1912 las ciudades de Palma y Sóller a través de 27 kilómetros de bellos paisajes y que conserva su carácter y estructura original a la perfección. Movido gracias a un automotor de tracción eléctrica, el tren de Sóller es el único de estas características que se encuentra en funcionamiento. A lo largo de su recorrido se desliza por trece túneles que atraviesan la Sierra de Tramuntana llegando en una hora a su destino final: Sóller, un pueblo que combina el encanto Mediterráneo con el aire cosmopolita de un puerto comercial abierto a Europa.

El 16 de abril de 1912 quedó inaugurada la línea ferroviaria que unía Sóller con la capital. El hombre clave en la creación del Ferrocarril de Sóller es, sin duda, Jeroni Estades i Llabrés, cofundador de la Compañía de Navegación Sollerense, parlamentario y sagaz hombre de negocios. Su visión de futuro le hizo apostar a principios de este siglo por el ferrocarril como medio de transporte entre Sóller y Palma de Mallorca, trayecto que hasta entonces sólo era posible por mar, y por la electricidad como fuente de energía del nuevo tren.

Oficios del tren: ambulantes*

Cuando se inaugura la primera línea de ferrocarril, en 1848, Correos se encuentra dentro de un proceso de reforma y modernización, por el que pasa la creación de una red cada vez más extensa para llegar a todos los territorios. El correo es uno de los principales instrumentos de la Administración para hacer llegar su política al rincón más apartado. Y el tren va a ser el mecanismo para hacer posible esa determinación y, lo que es más importante, la herramienta precisa para su consecución. Desde que se toma la decisión de utilizar el ferrocarril para la distribución del correo, se produce una simbiosis entre ambos servicios que adquiere carta de naturaleza con la creación de los trenes correo que atienden las necesidades de la Administración y de las concesionarias.

A los empleados de Correos que se encargan de este servicio se les conoce como ambulantes. Su misión es la de recibir, clasificar y entregar la correspondencia que intercambian con otras oficinas fijas de su trayecto. A la oficina postal en la que realizan su trabajo, es decir, al vagón de tren, se la denomina ambulancia; son oficinas móviles de Correos, en las que, a excepción de la correspondencia urgente, no se atiende directamente al público, pero donde sí se puede a depositar correspondencia en los buzones instalados en dichos vehículos. Otras modalidades de transporte de correo se realiza en los trenes postales, composiciones que únicamente llevan correspondencia, y en los vagones despacho, que transportan correspondencia no epistolar, que circulan cerrados y precintados.

Al abordar este tema, surge una duda que intento hacer patente con el asterisco (*) en el mismo enunciado del título. ‘Stricto sensu’ los funcionarios de correos no forman parte de la familia ferroviaria, pero es innegable que el mundo de los ambulantes es tan ferroviario como el de los jefes de tren y los interventores de ruta y que su presencia es cosustancial al ferrocarril. De hecho, como se apunta líneas más arriba, las concesionarias deciden bautizar con su nombre una serie de servicios y establecen empleos, vehículos y dependencias para su correcta atención. Reconozco que hay lectores muy puristas que no van a apoyar esta decisión, pero este tipo de licencias siempre quedan en manos del autor; que debe estar dispuesto a asumir las críticas de los discrepantes. Y yo procuro hacerlo.

El ferrocarril utiliza los trenes correo desde la misma década de la puesta en marcha de la línea entre Manchester y Liverpool. En la siguiente década, lo hacen Francia y Alemania; una después, Rusia y Dinamarca; y así se extiende por toda Europa y América, donde llega a sustituir al famoso ‘pony exprés’. En España, cuando empiezan a operar las diferentes compañías, establecen convenios con el Estado que pasan por la gratuidad o por tarifas preferenciales para el arrastre de los vagones-de Correos, “La compañía reservará en cada convoy de viajeros o mercaderías una sección especial de carruaje. La forma y dimensiones de esta sección serán determinadas por la Dirección de Correos”, reza la una real orden de 1844. Durante los primeros años las expediciones ambulantes se instalan en los coches de viajeros, aunque las leyes ya prevén que “La Dirección de Correos hará construir y conservar a sus expensas los carruajes propios al transporte de las cartas y convoyes especiales”. Correos dispone de vagones exclusivos para su servicio en 1859, cuando decide la compra de dos “wagones” a una empresa belga.

Los vehículos constituyen oficinas de Correos ambulantes, que junto con las administraciones principales, establecidas en las capitales de provincia, y las estafetas y carterías, son también centros de recepción y distribución de la correspondencia. Con ellos se soluciona el problema de capacidad de los carruajes que, desde la década de 1840, resultan insuficientes ante el aumento del volumen de la correspondencia, especialmente de impresos y periódicos. Con la llegada del ferrocarril, la capacidad de carga se multiplica por diez respecto a los vehículos de tracción animal. Se pasa de acarrear unas cuantas arrobas (la cuarta parte del quintal, lo que supone 25 libras castellanas, aproximadamente 90 kilogramos) de correspondencia en las sillas de postas y diligencias, a transportar dos toneladas en las primeras versiones de coches correo. Además, en los ambulantes el personal clasifica durante el viaje la correspondencia para poderla entregar con mayor rapidez en las estaciones intermedias.

El trabajo de los ambulantes es especialmente duro, como muestra la Revista de Correos en una referencia de 1883. “El campo de batalla de las oficinas ambulantes no es extenso: se reduce a un vagón de 6 a 7 metros de largo por 3 de ancho, en cuyo espacio es necesario luchar y vencer (…) Cada empleado de pie, delante de su mesa, y sacudido furiosamente a cada vaivén del vagón, abre los paquetes, y con incansable mano dirige la correspondencia, lanzándola rápidamente al casillero en que deba alojarse, atando y empaquetando de nuevo. En arco las piernas, y buscando a costa de violentos esfuerzos el equilibrio a cada instante comprometido, cada uno trabaja con loca actividad”.

Asimismo, otra de las repercusiones del transporte del correo por ferrocarril es el aumento de velocidad en los itinerarios principales de Correos que, naturalmente, repercuten en el resto de la red postal. Se calcula que se pasa de los 10-12 kilómetros por hora de las diligencias más rápidas a los 40-50 kilómetros por hora de los trenes. Por ejemplo, el trayecto Barcelona-Mataró, de unos 30 kilómetros, con un carruaje rápido de pasajeros es excepcional poderlo realizar en menos de tres horas, mientras que con el ferrocarril, en sus primeros años de funcionamiento, por término medio se cubre en una hora.

Al llegar a las dos últimas décadas del siglo XIX, la construcción del ferrocarril en España ya está muy avanzada, y queda la organización general de la conducción de la correspondencia configurada en siete líneas férreas que tienen como origen Madrid. Se denominan descendentes a los ambulantes que parten de la capital de España y ascendentes a los que regresan a ella. Aunque las concesionarias los llaman de otro modo y parte de su trayecto es de diferentes empresas, para el servicio de Correos se los denomina como el ambulante que las sirve que son diez: 1ª Ambulante del Norte, de Madrid a Irún (631 kilómetros); 2ª Ambulante del Noroeste, de Madrid a la Coruña (831 km); 3ª Ambulante del Mediterráneo, de Madrid a Valencia (490 km); 4ª Ambulante de Aragón, de Madrid a Barcelona (707 km); 5ª Ambulante de Extremadura, de Madrid a Badajoz (507 km); 6ª Ambulante de Andalucía, de Madrid a Cádiz (732 km); 7ª Ambulante del Tajo, de Madrid a Valencia de Alcántara (402 km).

La primera estafeta ambulante se crea el 27 de julio de 1855, tan sólo siete años después de que se ponga en marcha el ferrocarril Barcelona-Mataró, que recorre el trayecto Madrid-Albacete. Aunque esa es la fecha de inauguración del servicio en sí, cabe destacar que con anterioridad ya se transporta de manera gratuita correo por vía férrea. El tren correo supone un gran impulso para el servicio de correspondencia: a mitad del siglo XIX, sólo 613 poblaciones tiene correspondencia diaria, mientras que en 1866 ya se cubre el 84% de los ayuntamientos gracias a este nuevo servicio postal. Solo carecen de él 1.490 municipios. El éxito y popularidad de la correspondencia es ya evidente al finalizar el siglo, aunque aún alcanza cotas más altas en décadas posteriores. Si en 1880 cada español envía cuatro cartas al año, en 1913 son ya 7,74 y en 1925 alcanza las 9,44. En 45 años la proporción se multiplica por 2,5. El tren correo irrumpe con fuerza desde el principio y se implanta directamente en todas las líneas ferroviarias que llevan, además, coches de viajeros si la demanda es suficiente. En ese caso se establecen, por lo general, tres clases de coches para pasajeros, que se convierten en trenes pesados que muchas veces no cumplen los horarios por la cantidad de tareas y paradas que deben realizar. El servicio habitual establece que los trenes ordinarios paren en todas las estaciones y los correo-expreso, que lo hacen sólo en algunas; los expresos y rápidos solo se dedican al servicio de viajeros.

El personal destinado en estos servicios móviles debe tener una gran capacidad de trabajo y sacrificio, tanto por la responsabilidad de la tarea encomendada como por lo ajustado del tiempo de recogida y entrega de la correspondencia (un retraso afecta a otras líneas ambulantes), además de que muchos servicios se realizan por la noche. Por todo ello, reciben una gratificación especial, lo que hace que dichas plazas sean muy codiciadas, a pesar de lo peligroso que puede resultar, a veces, el empleo. Los funcionarios ambulantes son víctimas de descarrilamientos, choques, incendios, asaltos, además de los consabidos retrasos de varias horas o incluso días, por cualquier avería o desperfecto. El personal porta armas cortas para su defensa y viaja totalmente aislado del resto del tren en los compartimentos de Correos, cerrados desde el interior como medida de precaución, ya que no solo transportan cartas, sino también valores, certificados, metálico y paquetería. La correspondencia entra y sale de los vagones en cada parada. Clasificada durante el viaje, llega a su destino ya lista para su entrega, sin que exista comunicación de los agentes con el exterior.

El jefe o encargado de la expedición consigna en el «Vaya» (credencial que autoriza el viaje) las incidencias relativas que se produzcan durante la prestación del servicio. que deben incluir la firma del empleado que las redacte y el sello, y confeccionar en cada expedición el balance de correspondencia asegurada, cuyos datos se toman de los boletines de entrega recibidos y expedidos. Los funcionarios ambulantes no pueden llevar en el coche-correo objetos extraños a la correspondencia, salvo el equipaje indispensable y las vituallas necesarias para el viaje. Para garantizar la seguridad personal de los funcionarios ambulantes y la de la correspondencia y valores confiados a su custodia, aquéllos deben llevar echados los cerrojos de las puertas de los coches-correo durante el recorrido, y no abrirlas más que en las estaciones en que hayan de efectuarse cambios de correspondencia. Bajo ningún pretexto deben permitir el acceso de personas extrañas al servicio.

En las estafetas de correos habilitadas en las estaciones de ferrocarril, hay también una gran actividad, diurna y nocturna, a veces con un ritmo vertiginoso, ya que en innumerables ocasiones vienen varios trenes-correo seguidos, a causa de los retrasos y coincidencias de alguna expedición. Desde siempre, estos funcionarios especiales de Correos reivindican mejoras en sus condiciones de trabajo, así como aumentos salariales. Ya al inicio de la Segunda República, se lamentan que para obtener “un pequeño ingreso que añadir a nuestro mezquino sueldo” deba ser a costa de grandes penalidades, sacrificios y privaciones. Achacan la frecuencia con que resultan heridos o muertos los ambulantes, al material “menguado y endeble” en que están construidos los coches correo, además del exceso de velocidad que a veces llevan los trenes para recuperar los retrasos “no debidos ciertamente a las operaciones de entrega y recepción de la correspondencia”. Las pavesas suelen provocar incndios en los vagones de Correos, que van a cola de la composición; y se dice integrarlos en cabeza.

A pesar de las constantes protestas y demandas a la Dirección de Correos, las gratificaciones y complementos que percibe los ambulantes pueden representar un incremento del 25% respecto a los sueldos que perciben funcionarios de la misma categoría, destinados en oficinas. En 1934, por ejemplo, la mayoría de salarios de los funcionarios del cuerpo Técnico oscila entre las 4.000 y las 6.000 pesetas anuales, según la antigüedad y el destino. Ese mismo año, el sueldo del administrador de una expedición ronda entre las 7.000 y 8.000 pesetas. Esto explica la gran demanda por obtener una plaza en ambulantes. Por cierto, el personal femenino de correos tiene vetado el acceso a plazas en ambulantes: hasta 1971 no pueden prestar servicio en estas oficinas móviles.

Los contratos con las concesionarias por el alquiler de vagones no resultan nada favorables para éstas, ya que el Gobierno les impone unas tarifas muy beneficiosas para Correos. El contrato anual varía en función del recorrido efectuado y del tipo de tren utilizado. Así, por ejemplo, un departamento de segunda clase en los trenes entre Sevilla y Huelva supone un desembolso para la Dirección General de Correos de 12.000 pesetas anuales (1931). Durante el régimen republicano hay entre el personal de correos dos posturas enfrentadas: los que desean que el personal ambulante sea “una modalidad especial de la Corporación postal” (mayoritariamente afines a partidos y gobiernos conservadores), y los que, por el contrario, desean un servicio de listas y turnos que permita a todos los funcionarios poder ejercer de ambulantes en un momento u otro, y así poder optar todos a las gratificaciones de este servicio especial (de orientación más progresista). Con el triunfo del Frente Popular (1936) se proyecta una nueva estructuración de las líneas postales, así como un cambio en los horarios y jornadas de trabajo; se suprimen servicios ambulantes considerados innecesarios o poco rentables. Todo esto coincide con el cambio de horarios que para el 30 de junio de ese año proyecta la Compañía M.Z.A. y que afecta a los enlaces con Francia, lo que repercute también en casi todas las líneas ambulantes y conducciones del correo establecidas. La reforma no contenta a ningún sector del funcionariado.

Un administrador y un ayudante prestan los primeros servicios ambulantes a bordo de unos pequeños coches-oficinas pintados de color cereza construidos en 1855 y matriculados como “DGDC-1”y “DGDC-2” para el transporte de cartas y objetos postales, además de dinero en métalico. La carrocería es de caja de madera apoyada sobre un bastidor metálico de ejes y ruedas de radios; miden siete metros de largo y los testeros están cerrados. Para pasar de un coche a otro, los ambulantes tienen que desplazarse por fuera de la caja a través de largos estribos corridos de madera. Durante el día, la iluminación interior entra a través de lucernarios y claraboyas situadas en el techo; para los viajes nocturnos, se utilizan lámparas de aceite y la calefacción interior funciona a base de estufas de carbón. Estas dos unidades se construyen con materiales de excelente calidad; el coche “DGDC-2” se mantiene en activo y en servicio hasta 1950. A partir de 1865, la DGDC dota a todos los administradores, ayudantes y subalternos de las expediciones ambulantes de un uniforme reglamentario para el desempeño de los servicios. Hay servicios que llevan hasta cinco funcionarios (administrador, oficial de 1ª, dos ayudantes y un subalterno) e incluso seis, aunque lo normal es que no pasen de tres.

En 1965 Correos adquiere coches-estafetas y furgones postales, con lo que el viejo parque de la DGDC se moderniza casi en su totalidad gracias a la fabricación gradual de nuevos coches-estafetas y furgones postales de nueva generación: 18 coches de bogies ‘Franco’, 41 coches de bogies de 16,40metros, 56 coches de bogiess de 21 metros, 79 coches de bogies de 26,10 metros, 22 coches de bogies de 20,20 metros,16 furgones largos de 26,10 metros y 45 furgones cortos de 14,90 metros. Cada rama de u tren postal está compuesta por coches correo (estafetas)y furgones postales y, en función de la necesidad del servicio, se alquilan a Renfe furgones mixtos e incluso plataformas porta-contenedores para el correo destinado a Canarias.

En los años 70, este servicio se realiza mediante 5 trenes postales, 166 coches y 69 furgones, todos propiedad de Correos, y un porcentaje variable de vehículos alquilados a Renfe, y los vagones de madera, popularmente conocidos como ‘borregueros’. El ferrocarril es, con diferencia, el medio de transporte más utilizado por Correos, con un coste de 3,0501 pesetas tonelada/kilómetro. El parque móvil ferroviario está formado por los coches de las series 1500, 3000 y 3200. La única diferencia entre ellos estriba en el tamaño y en la fecha de construcción. En 1995 dejan de circular. Desde la puesta en circulación del primer servicio (1855), hasta la supresión del mismo (1 de julio de1993), decenas de expediciones atendidas por cientos de ambulantes a bordo de coches-estafetas y furgones-correo acoplados a los trenes-correo, expresos, rápidos, ómnibus, ligeros, mixtos ferrobuses que circulan diariamente por toda la red, hace posible que el correo llegue hasta el más recóndito rincón del país. Hasta que el correo decide abandonar el tren.

(Imagen, personal de la administración principal de Correos de Zaragoza ante el coche correo Norte BB 145. La España Postal)

(Fuentes. Ángel Bahamonde, Gaspar Martínez y Luis Enrique Otero, en “Historia gráfica de las comunicaciones” y “Las comunicaciones en la construcción del Estado contemporáneo en España”. Federico Bas, en “El auxiliar del empleado de Correos”. Juan Carlos Bordes Muñoz, en “Los ambuantes de Correos tras el 18 de julio”. Diego Tárraga Vives, en “Los ambulantes postales y el transporte del correo por ferrocarril)

Vehículos especiales: trenes correo (1)

Todo un clásico del ferrocarril. El 30 de junio de 1993 parte de la terminal de Chamartín el tren expreso que arrastró la última oficina ambulante de Correos que recorre el territorio español. Aviones, camiones y furgonetas privadas sustituyen a Renfe en el transporte postal e infligen una profunda herida a la operadora ferroviaria. Pocas décadas antes, el ferrocarril constituye la columna vertebral del transporte postal; a mitad de siglo pasado se llegan a efectuar hasta 246 expediciones diarias. La desaparición de los trenes correo supone la eliminación de los llamados ambulantes, un colectivo histórico formado por 1.300 trabajadores. Con su extinción, el servicio postal adelanta su declinar, hasta convertirse en un transporte casi residual.

A mitad del siglo XIX, tan sólo 613 poblaciones tienen correo diario. Están situadas en su mayor parte en las líneas generales de ferrocarriles. Pero en 1866 reciben correspondencia al día 7.864 ayuntamientos, el 84% de los 9.354 que hay en España, y solo carecen de él 1.490 municipios. El éxito y popularidad de la correspondencia es evidente al finalizar el siglo, aunque aún alcanza cotas más altas en décadas posteriores. Si en 1880 cada español envía 4 cartas al año, en 1913 son ya 7,74 y en 1925 alcanza las 9,44. En 45 años la proporción se multiplica por 2,5. En 2000. la cuota por cada habitante es inferior a 1,1 (incluye paquetería y servicios administrativos).

El ferrocarril tiene mucha culpa en el desarrollo del servicio postal, prácticamente desde su nacimiento. Los trenes correo, conocidos como ambulantes en la terminología postal, se implantan desde el principio en todas las líneas ferroviarias en explotación. Se cumple con ellos una disposición legal que obliga a las compañías a transportar la correspondencia a la mayor velocidad posible. “La Reina ha tenido a bien mandar que el correo de la línea general de Andalucía haga su tránsito diariamente de ida y vuelta entre Madrid y Aranjuez por el camino de hierro en los términos que expresan las condiciones del adjunto pliego aprobado por S.M.”.

Todos estos trenes llevan además coches de viajeros y constituyen la base de este servicio obligado en cada compañía del ferrocarril. En ellas, si la demanda es suficiente, se ponen en circulación otros trenes de viajeros de distintas categorías. Los trenes correo deben parar en todas las estaciones; los trenes correo-expreso, solo en determinadas paradas; y los expresos y rápidos solo se dedican al servicio de viajeros.

El Estado establece de forma regular el transporte de la correspondencia, con empleados a sueldo de la administración de Correos, y crea los llamados Correos Ambulantes, que son administraciones con trabajadores fijos. Su misión consiste en recoger y repartir el correo a bordo de los trenes, en los vagones postales o en los departamentos habilitados para ello. Los ambulantes ofrecen generalmente coches de tres clases y además su utilización se hace habitual con vagones de mercancías completos de detalle en el régimen de transporte de gran velocidad, cuya carga se entrega el mismo plazo que la del correo. Se convierten así en trenes pesados, cuyos horarios son difíciles de cumplir por sus características de servir a distintas actividades. Circulan generalmente por la noche. Forman una institución muy querida del público porque hacen de buzón de alcance a su paso por las estaciones a las que se lleva una carta apresurada o urgente.

La historia de los ambulantes de Correos está, pues, íntimamente ligada a la del ferrocarril. La primera estafeta ambulante española se crea el 27 de julio de 1855 entre Madrid y Albacete; es decir, sólo siete años después de empezar a funcionar en España e! primer ferrocarril peninsular (Barcelona-Mataró). Con anterioridad, ya se consigue transportar gratuitamente el correo por vía férrea. “La ascendente marcha de la civilización, el crecimiento de las poblaciones, de la industria, de !os negocios y la internacionalización de la cultura y de los grupos humanos, crea un ingente tráfico postal”, aseguran los historiadores. Pero lo que hoy parece lo más sencillo del mundo -escribir una carta, meterla en un sobre y echarla al buzón, con la seguridad de que llega a su destino- necesita de un laborioso proceso. La idea nace en Inglaterra donde se adopta la costumbre del sobre cerrado -antes sólo se usan papeles plegados-, y brota la necesidad de la estampilla adhesiva -instaura la costumbre del sello sir Rowland Hill, director general de Correos de Gran Bretaña- y se establece la inviolabilidad de la correspondencia. Precisamente esta inviolabilidad y el número abrumador de cartas, valores y paquetería transportados definen la delicada y trascendental misión encomendada a Correos y, por extensión, a sus ambulantes.

Aunque el grueso del transporte de correspondencia se realiza en los vehículos que la Dirección General de Correos y Telégrafos dispone en propiedad, en algunas líneas o trayectos con menos afluencia se utilizan vehículos mixtos propiedad de Renfe. Los furgones postales (DGCT) constan de varios almacenes, separados por un pasillo central, que albergan en su interior un conjunto de sacas homogéneas en su contenido y destino. A diferencia del furgón postal, el coche de correos es una auténtica oficina móvil que permite a los funcionarios clasificar la correspondencia que reciben sobre la marcha. Este coche posee dos almacenes en los extremos, donde se carga el correo ya agrupado por destinados o por encaminamientos, y una parte central, formada por varios mostradores y casilleros para la clasificación postal.

Se denomina ‘tren correo’ a los convoyes que efectúan parada en todas las estaciones del trayecto y que llevan coches estafeta o el furgón que deja y recoge el servicio postal. Son, además, trenes de pasajeros, más lentos y con menos clases que un ‘rápido’ o un expreso. Este último, que circula en horario nocturno, también suele llevar la correspondencia en un furgón especial, pero el servicio postal solo se establece en las paradas convenidas. También circulan los trenes postales; exclusivos para este servicio, generalmente son radiales y varían su composición añadiendo o soltando vagones. Suelen llevar furgones cerrados y coches estafeta, con personal de Correos con labores de clasificación.

El transporte de correo por ferrocarril crece simultáneamente al aumento del volumen postal. En los años 70, este servicio se realiza mediante 5 trenes postales, 166 coches y 69 furgones -todos propiedad de Correos-, y un porcentaje variable de vehículos alquilados a Renfe, entre los que se encuentran las plataformas de contenedores -que se utilizan para la correspondencia con destino a Canarias- y los vagones de madera, popularmente conocidos como ‘borregueros’. El ferrocarril es, con diferencia, el medio de transporte más utilizado por Correos, con un coste de 3,0501 pesetas tonelada/kilómetro. EI parque móvil ferroviario está formado por los coches de las series 1500, 3000 y 3200. La única diferencia entre ellos estriba en el tamaño y en la fecha de construcción.

En 1995 dejan de circular. Los 74 vehículos que aún quedan en servicio pasan a la situación de apartados; es decir, sin poder salir a la vía. Aún así, el parque se mantiene casi intacto hasta 1997; a partir de esa fecha comienzan a darse de baja masivamente. En su mayor parte,se venden como chatarra. Sin embargo, se preservan aún algunos ejemplares, como el que posee el Museo del Ferrocarril de Vilanova i la Geltrú; otro que circula en el tren turístico de la Armf (Lleida); la Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril (Azaft) mantiene un coche oficina y un vagón postal restaurados recientemente; puede contemplarse también el vehículo estafeta DGDC-222 rescatado en Delicias; y otro transformado como bar en una gasolinera de la carretera de Palencia a Santander. El correo se baja del tren.

(Imagen: sacas de correo en Irún a la espera de cargarlas en un tren correo. (Fuentes. “Estafetas ambulantes”. Gaspar Martínez Lorente, en “Expediciones Ambulantes por Ferrocarril. Siglo y medio de Transporte Postal”. Eduardo Verdegay y Fiscowich, en “El servicio de correos en los ferrocarriles de España “. Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril y el Tranvía. Vía Libre, Pedro Pintado Quintana y otros autores, en “Trenes de Papel. 150 años de expediciones ambulantes y coches correo en España”.)

Las oficinas de Correos venden billetes de Renfe

Renfe comercializa ya billetes de todos sus trenes AVE, Larga Distancia y Media Distancia (regionales) a través de la red de 2.400 oficinas postales que Correos tiene repartidas por todo el país. La compañía ferroviaria diversifica de esta forma sus canales de venta en vísperas de que a finales del próximo año el transporte en tren se liberalice y comience a competir con otros operadores en las líneas de Alta Velocidad.

La web de Renfe canaliza ahora el grueso de las ventas de billetes de tren, alrededor del 60% del total. Además, también los comercializa en las taquillas de las estaciones de tren y en agencias de viajes. En el marco de su plan de digitalización, Renfe trabaja en mejorar su web, para que sea más sencilla y rápida para los usuarios y, en paralelo, en desarrollar una App de movilidad, ‘Renfe as a Service’. Se trata de una herramienta con la que la operadora no sólo pretende vender plazas de sus trenes, sino también todo tipo de transporte y nuevas formas de movilidad urbana e interurbana para que el viajero gestione un viaje ‘puerta a puerta’ combinando distintos modos de desplazamiento.

Ahora la operadora achaca su acuerdo con Correos a criterios de servicio público. Según indica, del total de oficinas postales, unas 1.297 están ubicadas en zonas rurales o de baja densidad de población en las que, según sus datos, residen más de quince millones de ciudadanos que no tienen otro acceso directo y presencial a la compra de billetes. Correos circunscribe su pacto con Renfe en su estrategia de diversificar su red de oficinas postales para que, aprovechando su capilaridad y extensión, presten todo tipo de servicio tanto a empresas como a administraciones públicas.

La sociedad postal ya realizó, de acuerdo con la Dirección General de Tráfico (DGT), el reparto de las pegatinas de identificación medioambiental de los coches, y también tramita el duplicado del permiso de circulación en caso de pérdida. En el ámbito de los acuerdos con empresas privadas, Correos se alió con Telefónica para comercializar el servicio O2 ‘low cost’ de la operadora de telecomunicaciones.

Todos estos servicios se suman a los que ya se prestan en las oficinas, además de los puramente postales y de paquetería, como son entradas para espectáculos, venta de productos como tarjetas prepago de telefonía o libros, pagos de recibos o cupones de la Once. En el caso de los billetes de tren, Correos puede prestar el servicio a través de la colaboración con la agencia de viajes y mayorista Viajes Trenpy.

Las oficinas de Correos recibieron el año pasado 93,5 millones de visitas y, en algunos barrios, se han convertido en establecimientos con un gran potencial comercial. La nueva estrategia de la empresa quiere aprovechar al máximo el aumento de las visitas al calor del comercio electrónico para ofrecer desde productos tecnológicos hasta trámites administrativos.

Un sello para los últimos ambulantes

Con motivo de la presentación del sello conmemorativo dedicado al 25 Aniversario de la última expedición de los ambulantes postales, el pasado sábado 6 de octubre Correos y la Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril y Tranvías (Azaft) fletaron una circulación muy especial del Tren Postal, que circuló desde la zaragozana estación de Casetas hasta el Museo del Ferrocarril de Madrid, que tiene su sede en la Estación de Delicias, donde tuvo lugar el acto de presentación del efecto postal conmemorativo.

Este no es el único sello dedicado a los ambulantes postales pues ya en 1976, se emitió otro efecto con un valor de tres pesetas. Correos ha dedicado varios efectos postales al mundo del ferrocarril y el último de ellos es el que se ha dedicado el pasado mes de septiembre a la Línea de Alta Velocidad Española La Meca-Medina. Con la emisión de este sello, que reproduce en el anverso uno de los últimos vagones postales de la serie 1500 y en el reverso, el interior del mismo con el ambulante, las sacas y diversos enseres de la época, la filatelia española quiere hacer un homenaje a aquel servicio de transporte de correspondencia y especialmente, a aquellos hombres y algunas mujeres que, a pesar de las dificultades, hicieron que este servicio fuera posible agilizando así el transporte de la correspondencia en todas las líneas de la red ferroviaria, lo que permitió llegar hasta las localidades más pequeñas.

A esta presentación asistieron el director gerente de la Fundación de Ferrocarriles Españoles, César Felipe López Sánchez; el director del Museo del Ferrocarril de Madrid, Carlos Abellán Ruiz; y el presidente de Correos, Juan Manuel Serrano, entre otros. También se presentó el libro “Trenes de papel. 150 años de expediciones ambulantes de Correos”, escrito por F. Javier Berbel Silva, Gaspar Martínez Lorente, Pedro Navarro Moreno y Pedro Pintado Quintana.

El Tren Postal está compuesto por tres coches de Correos (dos estafetas y un furgón posta)l, que permanecieron expuestos y abiertos al público durante toda la mañana para que los ciudadanos pudieran conocer de cerca el trabajo cotidiano que realizaban los ambulantes postales. Asimismo, durante los trayectos de ida y vuelta, los viajeros pudieron matasellar la correspondencia generada durante el viaje con el matasellos conmemorativo del Tren Postal fechado con el día la efeméride y también adquirir sellos y sobres especialmente editados para la ocasión.

La historia de los ambulantes de Correos está íntimamente ligada a la del ferrocarril. La primera estafeta ambulante española fue creada el 27 de julio de 1855 entre Madrid y Albacete; es decir, sólo siete años después de empezar a funcionar en España el primer ferrocarril peninsular (Barcelona-Mataró). Las primeras administraciones ambulantes, que circulaban en vagones especiales o coches estafeta, eran vagones que funcionaban como auténticas oficinas, habilitados con casilleros, mesas de trabajo y zonas donde se almacenaban las sacas con la correspondencia. En el exterior, un buzón, en uno de los laterales, permitía que se pudieran depositar las cartas y una enorme campana señalaba el final de las operaciones de carga y descarga. Estas nuevas estafetas estaban ‘habitadas’ por una nueva categoría de empleados, los ambulantes postales, que en las primeras expediciones se componían de un administrador y un ayudante.

Los ambulantes postales iban uniformados y pertrechados con sellos, lacre, cuerda y mapones (etiquetas que precintaban las sacas), además del indispensable “Vaya”, el documento oficial que les habilitaba para efectuar el viaje. Los ambulantes postales realizaban un trabajo duro y exigente, donde debían soportar los rigores del invierno y del verano o los peligros de robos y asaltos; aparte de ser los más perjudicados en el caso de que el tren sufriera un accidente, al viajar en el primer vagón enganchado tras la locomotora.

El éxito del tráfico postal por ferrocarril se puede medir en el kilometraje diario que realizaban las conducciones postales, que pasaron de los 2.700 kilómetros diarios del año 1858, a los 54.000 km en el año 1900 y los más de 75.000 en 1930. A partir de 1960 comenzaron a viajar los llamados `trenes postales` dedicados exclusivamente al transporte del correo, integrados por vagones oficina y furgones de carga.

Después de más de 100 años, el 30 de junio de 1993, a las 22.30 horas, partió de la estación de Madrid-Chamartín la última expedición ambulante por ferrocarril, en el tren expreso Madrid-Málaga, arrastrando la última oficina ambulante (DGCT-3039) que recorrería el territorio español.

Muere en Mojácar Gordon Goody, uno de los miembros de la banda que robó el tren de Glasgow

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Gordon Goody, uno de los atracadores del famoso asalto al tren de Glasgow, en Reino Unido (1963), en su día el robo más espectacular del siglo XX, falleció a los 86 años en Almería, en el sureste de España. El Ayuntamiento de Mojácar, localidad en la que vivía desde hace varias décadas, informó en un comunicado del fallecimiento del que fuera uno de los protagonistas del atraco más famoso de la historia británica.

El asalto a un tren de correos que se dirigía desde Glasgow, en Escocia, a Londres, a su paso por la localidad inglesa de Cheddington, se consideró entonces el mayor robo a un ferrocarril de su siglo. El botín con el que se hicieron los ladrones, de 2,6 millones de libras (3 millones de euros), supuso todo un récord entonces y hoy equivaldría a unos 40 millones de libras (46,2 millones de euros).

De entre los quince hombres que detuvieron aquel convoy del ferrocarril y desengancharon la locomotora, apropiándose de 120 sacas repletas de 2,6 millones de libras, el nombre de Ronald Biggs ha pasado a los anales por su fuga espectacular de la justicia y las recurrentes comparecencias publicitarias desde su refugio en Brasil. Pero fue Bruce Reynolds —hijo de un sindicalista de la planta de la compañía Ford de Dagenham, legendaria en el Reino Unido por las tenaces reivindicaciones laborales de sus obreros— quien ideó toda la operación. Otros componentes de la banda fueron Gordan Goody, Buster Edwards, Charlie Wilson, Roy James, John Daly, Jimmy White, Ronnie Biggs, Tommy Wisbey, Jim Hussey, Bob Welch and Roger Cordrey.

Reynolds consiguió información confidencial sobre el traslado de dinero por parte del servicio de Correos (lo que en inglés se denomina un inside job) y articuló la banda que perpetró el atraco, con todos sus miembros parapetados tras pasamontañas y cascos para eludir la identificación posterior. El monopoly con el que el grupo entretuvo el aburrimiento en la granja del sur de Inglaterra en la que se cobijó tras el golpe sirvió para obtener sus huellas dactilares e identificar a los ladrones. La mayoría, aunque no todos, acabarían siendo rápidamente detenidos y sufrirían durísimas penas de prisión.

La banda (compuesta por un grupo de delincuentes muy extravagantes: un peluquero, un corredor de apuestas, un ex boxeador y dueño de un club nocturno, un conductor de carreras y un ludópata con
amplios conocimientos de electricidad) recibió condenas por un total de 307 años de prisión. A pesar de la enorme cantidad de dinero robado, ninguno de los ladrones pudo vivir felizmente con las ganancias logradas ilegalmente. El destino de varios de ellos sería trágico: Wilson sería asesinado en Marbella;Field fallecería en un accidente de tráfico; y por último Buster Edwards se suicidó en 1994. El ex ladrón al frente de un puesto de flores en la estación de Waterloo, se ahorcó tras varios intentos de suicidio.

El Ayuntamiento de la localidad en que residía Goody señaló que quienes tuvieron oportunidad de conocerle conocieron “su amabilidad, su cariño a la familia, a los amigos, a sus muchas mascotas salvadas de la calle”. “Era todo un caballero que se aleja de la imagen que pudieran tener aquellos que no le conocían, o que se podría tener a tenor de los difíciles años que marcaron gran parte de su vida”, añade.

Otro de los componentes de la banda, Charles Wilson, también se instaló en la costa española tras su puesta en libertad en 1978, y murió asesinado de un disparo en 1990 en su casa de Marbella.

Francia se despide de los trenes postales TGV

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Tras 31 años de servicio, los trenes postales han dejado de circular por la red francesa de alta velocidad. El pasado 27 de junio, un tren TGV La Poste hizo el último viaje entre las terminales de Cavaillon, en Marsella, y Charolais, cerca de la estación de Lyon de París. La Poste ya busca un potencial comprador para sus 5 trenes de alta velocidad.

Correos de Francia anunció en junio que cambiaria el transporte de correo en trenes TGV, por cajas móviles transportadas por carretera y ferrocarril convencional, como parte de una inversión de cien millones de euros en la red logística. A finales de año, abrirá en Bonneuil-sur-Marne, al sur de París, un centro logístico ferroviario cuyo coste se ha elevado a veintitrés millones de euros y que sustituirá a la terminal TGV en Charolais.

Este centro logístico estará unido con terminales de mercancías de toda Francia, y concentrará las operaciones de dos terminales de carretera, reduciendo los desplazamientos por camión en alrededor de 638.000 kilómetros anuales.

Según las previsiones de La Poste, el volumen de correo que se transportaría en 2017 por ferrocarril sería superior en un 30% a la capacidad de los trenes postales de alta velocidad, de manera que se ha hecho necesario optar por un modelo.

El TGV Postal es un modelo de tren de paquetería de alta velocidad de la serie TGV operado por SNCF y La Poste. Cubría la línea París-Lyon 6 veces al día transportando 8 coches con 32 contenedores de paquetería cada uno. En origen, la serie estaba formada por 5 semiramas que permitían formar 2 ramas completas y tener una semirama de reserva. Además, la rama nº 38 de TGV Sud-Est fue transformada para paquetería. Se esperaba la transformación de una segunda rama, pero se desestimó tras un descenso en el tráfico de paquetería. La rama de reserva se ha utilizado en ocasiones para sustituir temporalmente piezas de otros TGV con averías.

Tras 31 años de rodaje, los trenes están prácticamente amortizados y se pondrán a la venta, mientas que sus trabajo se encargará, en parte, a nuevos camiones de dos pisos, que optimizarán las opciones de transporte en clave de sostenibilidad. Con la nueva fórmula se esperan incrementos de transporte postal de hasta el 8% en unos tres años, superando hasta en un 30% la capacidad del servicio del tren de alta velocidad actual. Los trenes, con destinos en cualquier parte de Francia, tendrían una composición mínima de veinte plataformas. Este nuevo sistema, paradójicamente, supondrá la reducción del transporte postal por carretera, ahorrando unos 638.000 kilómetros al año y 1.800 toneladas de emisiones de dióxido de carbono.

Renfe pone en marcha un servicio de transporte de equipajes ‘puerta a puerta’ con Correos

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Renovarse o morir. Servicio puerta a puerta. Los viajeros de los trenes AVE y Larga Distancia podrán utilizar el nuevo servicio que Renfe ha puesto en marcha junto a Correos que garantiza el transporte de equipaje ‘puerta a puerta’. El precio será de 20 euros por maleta, que contempla descuentos del 20% para un segundo y tercer bulto. El nuevo servicio de gestión de equipajes ya puede usarse a través de las páginas de internet de ambas empresas.

Esta iniciativa forma parte del paquete de medidas comerciales que Renfe ha iniciado para mejorar el servicio ferroviario y atraer nuevos viajeros al tren. La operadora ferroviaria promovió un concurso público que finalmente ganó Correos, compañía también pública que será la encargada de la gestión de los equipajes.

Renfe ofrece a los clientes del AVE un servicio de transporte del equipaje ‘puerta a puerta’ por el que recogerá las maletas en el domicilio del viajero y las entregará en su lugar de destino. El servicio permite el transporte de hasta 3 bultos por billete. Además de maletas, trasportará otros enseres como bicicletas, esquís, carritos de bebé o palos de golf, si bien no se pondrán superar unas determinadas medidas y dimensiones, ni un peso máximo de 25 kilos.

La recogida del equipaje se realizará en el domicilio del viajero en los cuatro días antes del trayecto. La entrega se realizará en los dos días posteriores al viaje. El plazo máximo de entrega para las relaciones más frecuentes entre capitales de provincia será de 1 día, de 2 días para poblaciones y municipios más importantes y de 3 días para el resto de municipios.

El Canfranero se ha hecho a la vía con sus coches postales en este puente de mayo

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Aunque solo sea un recorrido de los que ahora se llaman turísticos, durante este puente de mayo las vías oscenses contemplan el paso de El Canfranero, vestido en esta ocasión con sus dos coches postales. El viaje se hace a bordo del Tren Azul, uno de los históricos que quedan en España, una joya ferroviaria restaurada y conservada por la Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril y Tranvías. El convoy realiza un recorrido nostágico entre Sabiñánigo, Jaca y Canfranc.

La experiencia se probó en julio del año pasado. Y el éxito de la iniciativa ha llevado a repetirla durante estos días de asueto, aprovechando la presencia de cientos de turistas en esta zona del Pirinero. Sus promotores confían en que este tipo de viajes penetre en la piel de los aficionados, de cara a convertir estas esporádicas salidas en un proyecto turístico estable, al estilo del Tren de la Fresa.

Recorrer la ruta pirenaica en el Tren Azul permite vivir una experiencia inolvidable, que recuerda los tiempos de gloria del viejo Canfranero, un habitual de las vías oscenses hasta 1970. En aquella época el tren partía desde la estación internacional de Canfranc hacia el norte y cruzaba la frontera francesa. Ahora el viaje solo es posible hacia el sur, porque el túnel de acceso al otro lado quedó cerrado por un desprendimiento hace ya cuarenta años. El tren une a diario Canfranc con Jaca, Sabiñánigo, Huesca y Zaragoza.

Los coches postales, constuidos a mediados del siglo XX a inicitiva de Correos, son uno de los principales atractivos del Tren Azul. Esta iniciativa, impulsada por las comarcas altoaragonesas del Alto Gállego y La Jacetania con el apoyo de la Sociedad Estatal de Correos y la Asociación Zaragozana de los Amigos del Ferrocarril, pretende mostrar como funcionaban las oficinas postales ambulantes que se servían de la red ferroviaria para realizar el servicio ordinario de correos. Su presencia era esencial en la vía ya que posibilitaba el envío de cartas y paquetes a través de pueblos y ciudades de todo el país. Los más jóvenes desconocen que el ferrocarril constituía el principal medio para el transporte de los envíos postales y que en las estaciones de las principales ciudades operaba Correos.

Uno de los coches postales del Tren Azul (una locomotora diesel de los sesenta tira del convoy que incluye además de los correos, un coche restaurante y dos coches camas) es en realidad una exposición itinerante en la que se muestra cómo se trabajaba estas oficinas postales ambulantes, que organizaban la correspondencia, y custodiaban además fondos monetarios. La exposición incluye además elementos que utilizaban los profesionales de estas oficinas, así como sus uniformes.

El Canfranero sale a la vía, por tanto, hasta el 4 de mayo. Los billetes (35 euros los adultos, 25 los niños menores de 12 años; gratis para los menores de 4 años si no ocupan asiento) se pueden adquirir en las taquillas de Renfe, agencias de viaje y en la web de Renfe. El convoy tiene capacidad para 183 pasajeros sin asientos numerados. Parte cada día de Sabiñánigo a las 10.00 de la mañana, llega a las 10.17 horas a Jaca donde recoge nuevos viajeros; toma rumbo hacia Canfranc, donde termina a las 11.20 horas. Tras una visita guiada a la emblemática estación de Canfranc, referente histórico-ferroviario, los viajeros disponen de tiempo libre para dar un paseo por los alrededores. A las 13.00 horas el tren reinicia su camino de vuelta para llegar a Jaca a las 13.50 horas, donde hay tiempo libre para comer, visitar la ciudadela, la catedral y dar una vuelta por las calles del centro. A las 17.05 horas el tren parte de Jaca con destino a Sabiñánigo, donde el viaje finaliza a las 17.22 horas. Toda una fantástica excursión.

(Imagen Charo Puertas)