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Vehículos especiales: trenes correo (y 2)

Los trenes ambulantes reducen los tiempos de entrega del correo, permiten el traslado de grandes cargamentos de correspondencia, además de clasificar los envíos en el propio vagón-oficina durante el trayecto, y realizan los intercambios pertinentes en cada parada de la línea férrea. De su eficaz funcionamiento depende el servicio postal. ya que organizar el sistema de transporte y distribución postal en un país como España, de gran superficie y con una accidentada orografía, es una tarea compleja que exige una gran planificación para coordinarse con otros trenes, conducciones, enlaces diversos y correo internacional.

El personal destinado en estos servicios móviles debe tener una gran capacidad de trabajo y sacrificio, tanto por la responsabilidad de la tarea encomendada como por lo ajustado del tiempo de recogida y entrega de la correspondencia (un retraso afecta a otras líneas ambulantes), además de que muchos servicios son nocturnos. Por todo ello, reciben una gratificación especial, lo que causa que dichas plazas sean muy codiciadas, a pesar de lo peligroso que puede resultar, a veces, el empleo. Los funcionarios ambulantes resultan víctimas de descarrilamientos, choques, incendios, asaltos, además de los consabidos retrasos de varias horas o incluso días, por cualquier avería o desperfecto. El personal porta armas cortas para su defensa y viaja totalmente aislado del resto del tren en los compartimentos de Correos, cerrados desde el interior como medida de precaución, ya que no solo transportan cartas, sino también valores, certificados, metálico y paquetería. La correspondencia entra y sale de los vagones en cada parada. Clasificada durante el viaje, llega a su destino ya lista para su entrega, sin que exista comunicación de los agentes con el exterior.

No es de extrañar, por tanto, que estos trenes sean objeto de la codicia. El suceso más sonado tiene lugar en plena dictadura de Primo de Rivera. El 11 de abril de 1924 cinco individuos protagonizan el atraco al tren expreso de Andalucía. Los delincuentes planean un asalto limpio y perfecto, pero el golpe se convierte en una carnicería. Saben que el correo de esa jornada lleva toda la correspondencia que se dirige a la capital andaluza y la que posteriormente debe remitirse al norte de África, incluidas sacas precintadas recibidas en la frontera francesa vía Hendaya, con destino a Gibraltar y Tánger. Entre ellas, se incluyen las pagas de varias compañías coloniales a sus empleados, dinero y valores por más de un millón de pesetas (algo más de 2,1 millones de euros de hoy en día). Santos Lozano, de 45 años, y Ángel Ors Pérez, de 30, trabajan como encargados del coche correo aquel fatídico día.

En la estación de Aranjuez, tres hombres (José Sánchez Navarrete, trabajador de Correos, Antonio Teruel López y Francisco de Dios Piqueras) suben al tren. Cerca de Castillejo, los tres ladrones entran en acción y, con las pocas armas que tienen, golpean y hieren a los dos encargados del vehículo postal, y llegan a matarlos con pesadas tenazas de marchamar. Una vez que Lozano y Ors están muertos, el trío abre los sobres y paquetes que se encuentran en el vagón. Cuando llegan a Alcázar de San Juan, los bandidos salen corriendo del tren, aunque dejan los envíos de más peso y valor en el tren. En esta estación les espera una cuarta persona, José Donday, conocido como ‘Pildorita’, para volver a Madrid en taxi. El tren continúa su recorrido hasta Córdoba donde la Guardia Civil encuentra los cadáveres de los dos ambulantes y pone en marcha un dispositivo policial para capturar a los asesinos.

Los atracadores, bautizados como la Banda del Expreso, llegan a Madrid y se reparten el botín en una vivienda del centro donde les espera el cerebro de la trama, Honorio Sánchez Molina, hombre de negocios y candidato a concejal. La Guardia Civil da con el chófer del taxi que lleva a los asesinos desde Alcázar de San Juan, y les señala el punto final del recorrido en la calle Toledo. El lunes 21 de abril de 1924, Antonio Teruel, que se siente acorralado, se quita la vida. La Policía encuentra el dinero del atraco entre los tubos metálicos que forman la estructura de la cama.

El resto de la banda cae poco después. Unos son detenidos en Madrid, otros en el tren en el que pretenden huir a Portugal. Solo José Donday logra atravesar la frontera, pero se entrega voluntariamente en la embajada de España en Francia. Se celebra un juicio sumarísimo, y se condena a muerte a José María Sánchez Navarrete, Francisco Piqueras y Honorio Sánchez Molina; José Donday se libra de la muerte con una pena de treinta años.

El impacto del crimen en aquella sociedad es demoledor. De inmediato empiezan a circular coplas de ciego, una novela y varias películas. Una reproducción del suceso del tren correo aparece como una de las máximas atracciones del Museo de Cera de la plaza de Colón de Madrid.

Aunque el robo más espectacular del siglo XX se proce en 1963: el asalto a un tren de correos que se dirige desde Glasgow (Escocia) a Londres, a su paso por la localidad inglesa de Cheddington. See considera entonces el mayor robo a un ferrocarril de su siglo. El botín con el que se hacen los ladrones, de 2,6 millones de libras (3 millones de euros), supone todo un récord entonces y hoy equivaldría a unos 40 millones de libras (46,2 millones de euros).

Bruce Reynolds —hijo de un sindicalista de la planta de la compañía Ford de Dagenham, legendaria en el Reino Unido por las tenaces reivindicaciones laborales de sus obreros— idea toda la operación. Sin embargo, Ronald Biggs figura como el más famoso componente de la banda compuesta por quince individuos, como Gordan Goody, Buster Edwards, Charlie Wilson, Roy James, John Daly, Jimmy White, Ronnie Biggs, Tommy Wisbey, Jim Hussey, Bob Welch and Roger Cordrey.

Reynolds consigue información confidencial sobre el traslado de dinero por parte del servicio de Correos (lo que en inglés se denomina un inside job) y articula la banda que perpetra el atraco, con todos sus miembros parapetados tras pasamontañas y cascos para eludir la identificación posterior. El monopoly con el que el grupo entretiene el aburrimiento en la granja del sur de Inglaterra en la que se cobija tras el golpe sirve para obtener sus huellas dactilares e identificar a los ladrones. La mayoría, aunque no todos, acaban detenidos y sufren durísimas penas de prisión.

La banda (compuesta por un grupo de delincuentes muy extravagantes: un peluquero, un corredor de apuestas, un ex boxeador y dueño de un club nocturno, un conductor de carreras y un ludópata con amplios conocimientos de electricidad) recibe condenas por un total de 307 años de prisión. A pesar de la enorme cantidad de dinero robado, ninguno de los ladrones puede vivir felizmente con las ganancias logradas ilegalmente. El destino de varios de ellos resulta trágico: Wilson acaba asesinado en Marbella; Field fallece en un accidente de tráfico; y, por último, Buster Edwards se suicida en 1994. El ex ladrón al frente de un puesto de flores en la estación de Waterloo, se ahorca tras varios intentos de suicidio.

(Fuentes. Diversos textos periodísticos sobre “El crimen del expreso de Andalucía”, Albero Mira, en ” Historical Dictionary of Spanish Cineme”. Luis de Oteyza, en “Anticípolis”. Eduardo Zamaccois, en “Un hombre que se va”. Mikel Iturralde, en Asalto al tren correo de Glasgow. Textos de periódicos. Paul Read, en “Los ladrones del tren de Glasgow”)

Muere en Mojácar Gordon Goody, uno de los miembros de la banda que robó el tren de Glasgow

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Gordon Goody, uno de los atracadores del famoso asalto al tren de Glasgow, en Reino Unido (1963), en su día el robo más espectacular del siglo XX, falleció a los 86 años en Almería, en el sureste de España. El Ayuntamiento de Mojácar, localidad en la que vivía desde hace varias décadas, informó en un comunicado del fallecimiento del que fuera uno de los protagonistas del atraco más famoso de la historia británica.

El asalto a un tren de correos que se dirigía desde Glasgow, en Escocia, a Londres, a su paso por la localidad inglesa de Cheddington, se consideró entonces el mayor robo a un ferrocarril de su siglo. El botín con el que se hicieron los ladrones, de 2,6 millones de libras (3 millones de euros), supuso todo un récord entonces y hoy equivaldría a unos 40 millones de libras (46,2 millones de euros).

De entre los quince hombres que detuvieron aquel convoy del ferrocarril y desengancharon la locomotora, apropiándose de 120 sacas repletas de 2,6 millones de libras, el nombre de Ronald Biggs ha pasado a los anales por su fuga espectacular de la justicia y las recurrentes comparecencias publicitarias desde su refugio en Brasil. Pero fue Bruce Reynolds —hijo de un sindicalista de la planta de la compañía Ford de Dagenham, legendaria en el Reino Unido por las tenaces reivindicaciones laborales de sus obreros— quien ideó toda la operación. Otros componentes de la banda fueron Gordan Goody, Buster Edwards, Charlie Wilson, Roy James, John Daly, Jimmy White, Ronnie Biggs, Tommy Wisbey, Jim Hussey, Bob Welch and Roger Cordrey.

Reynolds consiguió información confidencial sobre el traslado de dinero por parte del servicio de Correos (lo que en inglés se denomina un inside job) y articuló la banda que perpetró el atraco, con todos sus miembros parapetados tras pasamontañas y cascos para eludir la identificación posterior. El monopoly con el que el grupo entretuvo el aburrimiento en la granja del sur de Inglaterra en la que se cobijó tras el golpe sirvió para obtener sus huellas dactilares e identificar a los ladrones. La mayoría, aunque no todos, acabarían siendo rápidamente detenidos y sufrirían durísimas penas de prisión.

La banda (compuesta por un grupo de delincuentes muy extravagantes: un peluquero, un corredor de apuestas, un ex boxeador y dueño de un club nocturno, un conductor de carreras y un ludópata con
amplios conocimientos de electricidad) recibió condenas por un total de 307 años de prisión. A pesar de la enorme cantidad de dinero robado, ninguno de los ladrones pudo vivir felizmente con las ganancias logradas ilegalmente. El destino de varios de ellos sería trágico: Wilson sería asesinado en Marbella;Field fallecería en un accidente de tráfico; y por último Buster Edwards se suicidó en 1994. El ex ladrón al frente de un puesto de flores en la estación de Waterloo, se ahorcó tras varios intentos de suicidio.

El Ayuntamiento de la localidad en que residía Goody señaló que quienes tuvieron oportunidad de conocerle conocieron “su amabilidad, su cariño a la familia, a los amigos, a sus muchas mascotas salvadas de la calle”. “Era todo un caballero que se aleja de la imagen que pudieran tener aquellos que no le conocían, o que se podría tener a tenor de los difíciles años que marcaron gran parte de su vida”, añade.

Otro de los componentes de la banda, Charles Wilson, también se instaló en la costa española tras su puesta en libertad en 1978, y murió asesinado de un disparo en 1990 en su casa de Marbella.

El legendario ‘ladrón del siglo’ muere en Londres sin haberse arrepentido del robo al tren de Glasgow

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El legendario Ronnie Biggs, cerebro del asalto al tren de Glasgow en 1963 y famoso por sus espectaculares huidas, murió ayer a los 84 años en un asilo de ancianos, sin haberse arrepentido nunca del que fue conocido como ‘robo del siglo’. Biggs falleció en la residencia Carlton Court Care Home, en East Barnet, al norte de Londres, tras deteriorarse su salud después de sufrir varios ataques de apoplejía, informó un portavoz. El criminal, cuya vida inspiró libros y películas, residía en el Reino Unido desde 2001, cuando regresó de Brasil tras permanecer más de 25 años prófugo de la Justicia.

Según su portavoz, Biggs no podía hablar y tenía dificultades para caminar y la última vez que fue visto en público fue el pasado marzo cuando asistió al funeral de Bruce Reynolds, su compañero del famoso atraco perpetrado el 8 de agosto de 1963. El autor de su biografía, Christopher Pickard, dijo a la BBC que Biggs debería ser recordado como “uno de los grandes personajes de los últimos cincuenta años” y calificó al ladrón de “amable y generoso”, con un gran sentido del humor que conservó hasta la muerte.

Tras su regreso al Reino Unido en 2001 acompañado por su hijo Michael, de nacionalidad brasileña, Biggs fue encarcelado, pero fue finalmente liberado en 2009 por razones humanitarias pues estaba muy enfermo.

Con más de diez cómplices, Biggs participó en el robo al tren de Glasgow en la localidad de Cheddington, en el condado de Buckinghamshire (al norte de Londres), cuando manipuló las señales de las vías para forzar la detención de los vagones. Tras asestarle un golpe en la cabeza al maquinista del tren, Jack Mills, los cacos se hicieron con un botín de 2,6 millones de libras (equivalente a unos 47 millones de euros de hoy), en lo que fue la mayor suma robada hasta entonces en el Reino Unido.

En unas famosas declaraciones que hizo en 2000 a la BBC, Biggs admitió que lamentaba “profundamente” las heridas causadas al conductor, quien no pudo volver a trabajar y murió en 1970, pero que jamás se arrepintió de haber tomado parte en el atraco.

El secretario general del sindicato de conductores de trenes Aself, Mick Whelan, envió las condolencias a la familia de Biggs, pero puntualizó que la organización que representa siempre lo consideró un “criminal” que “tomó parte de un robo violento que resultó en la muerte del conductor del tren”. “Jack Mills, que tenía 57 años cuando se produjo el robo, nunca se recuperó plenamente de las heridas sufridas”, agregó Whelan.

El sindicato del Personal de Transporte recordó en un ‘tuit’ que “no está bien” el que un trabajador del ferrocarril fuese golpeado con una barra de metal que le impidió volver a trabajar.

Biggs, condenado a treinta años de cárcel en 1964, se hizo sobre todo famoso por la forma en que consiguió huir de la cárcel de Wandsworth (Londres) meses después, al escapar por una pared del edificio con la ayuda de una escalera que él mismo montó con cuerdas mientras afuera le esperaba una furgoneta. Tras su huida, Biggs escapó a París, donde se sometió a cirugía estética antes de hacerse con documentación falsa para viajar a Australia, donde vivió unos años con su primera mujer, Charmian Powell, y sus tres hijos, hasta que se enteró de que la Policía internacional Interpol le buscaba.

Biggs huyó a Brasil, donde, tras su divorcio de Powell, se casó con la brasileña Raimunda, con la que tuvo un hijo, Michael, y vivió en ese país más de 25 años hasta que el diario sensacionalista británico ‘The Sun’ lo localizó en Río de Janeiro y contribuyó a su regreso al Reino Unido en 2001. En medio de un gran seguimiento mediático, el ladrón volvió a su país porque se sentía enfermo, quería tomarse una “pinta” de cerveza en un “pub” y su deseo era morir en Inglaterra.

El ladrón del siglo, en libertad

Como estaba previsto. Fiel al guión establecido. El ministro británico de Justicia, Jack Straw, concedió este jueves la libertad a Ronnie Biggs, conocido como el “ladrón del siglo” por el asalto al tren de Glasgow (Escocia), por motivos de compasión, dado su precario estado de salud. Biggs, que este fin de semana cumplirá 80 años, fue trasladado el pasado 28 de julio desde su celda en la prisión de Norwich (este de Inglaterra) a un hospital cercano aquejado de una neumonía severa, y los médicos creen que “no hay mucha esperanza” para su recuperación. El pasado 1 de julio, Straw había denegado la libertad al conocido delincuente porque “no se arrepiente de su delito”, si bien ahora ha cambiado de parecer por “motivos médicos”.

Los conductores de trenes del Reino Unido se declararon contrarios a la excarcelación, cuando en abril se especuló ya con esta medida. No en vano uno de los miembros de este colectivo se llevó la peor parte en lo que los periódicos bautizaron de inmediato como ‘el robo del siglo’. Ronnie Biggs perpetró junto con otras 15 personas el robo a un tren de Correos el 8 de agosto de 1963 en Glasgow. La banda se hizo con 2,6 millones de libras, que en esa época fue la mayor suma robada en un solo asalto. La Policía consiguió detener a los ladrones en enero de 1964. Pero Bigss escapó quince meses después de ser encarcelado

“Las pruebas médicas claramente muestran que el señor Biggs está muy enfermo y que su estado se ha deteriorado recientemente, lo que ha culminado en su reingreso en el hospital. No se espera que mejore su estado”, explicó el ministro. “Por ese motivo, le concedo al señor Biggs una libertad compasiva basada en razones médicas”, concluyó el titular de Justicia. Biggs podrá salir libre este viernes, una vez que todos los permisos hayan sido firmados. El hijo del delincuente, Michael Biggs, se declaró “encantado” de la decisión y “espera que su padre sobreviva lo suficiente para ver sus 80 años el sábado”. Su abogado, Giovanni Di Stefano, afirmó que su cliente “ha sido puesto en libertad para morir y eso no puede considerarse una victoria, pero supone un triunfo para el sentido común y el señor Straw ha tomado la decisión correcta”.

El preso, que venía solicitando su libertad en los últimos años, casi no puede caminar ni hablar y recibe alimentación a través de una sonda. Además, Biggs ha sufrido varios ataques cardíacos, apoplejías y crisis epilépticas desde mayo de 2001, cuando decidió entregarse voluntariamente a la Justicia británica, tras huir en 1965 a Brasil. El preso se hizo famoso por el denominado “robo del siglo”, en el que él y 14 cómplices sustrajeron en agosto de 1963 unos 4,2 millones de dólares del tren de Glasgow, la mayor suma robada hasta entonces en un único asalto. Condenado a 30 años de cárcel, Biggs se fugó de la cárcel 15 meses y acabó en Brasil después de pasar por varios países. En las actuales condiciones, parece poco probable que Ronnie Biggs vea hecho realidad su último deseo, confesado a un diario: “Entrar en un pub de [la localidad costera de] Margate como un inglés y pedir una pinta”.

La polémica está servida. Y la excarcelación hará correr, de nuevo, ríos de tinta sobre el octogenario y enfermo atracador. Biggs es una leyenda en el Reindo Unido. Y el atraco que cometió hace más de cuarenta años no ha sido olvidado.

(Fuente El País)

Conductores de trenes, contra la excarcelación del ‘cerebro del atraco de Glasgow’

La polémica está servida. ¿Víctima o verdugo? Los conductores de trenes del Reino Unido son quizá quienes más claro lo tienen. No en vano fue uno de ellos quien se llevó la peor parte en lo que los periódicos bautizaron de inmediato como ‘el robo del siglo’. Ronnie Biggs perpetró junto con otras 15 personas el robo a un tren de Correos el 8 de agosto de 1963 en Glasgow (Escocia). La banda se hizo con 2,6 millones de libras, que en esa época fue la mayor suma robada en un solo asalto. La Policía consiguió detener a los ladrones en enero de 1964. Pero Bigss escapó quince meses después de ser encarcelado.

Conocido como el cerebro del ‘robo del, Bigs regresó en 2001 voluntariamente al Reino Unido, tras permanecer en Brasil prófugo de la Justicia, y fue encarcelado de inmediato. En febrero de este año ingresó en un hospital de Norwich (este de Inglaterra) aquejado de problemas pulmonares. Dentro de poco las autoridades deben decidir sobre su excarcelación, lo que ha provocado una polvareda en el Reino Unido
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Ingresa en el hospital el cerebro del atraco al tren de Glasgow


Ronnie Biggs, conocido como el cerebro del ‘robo del siglo’ por el asalto en 1963 a un tren del Royal Mail en Glasgow (Escocia), ingresó ayer en un hospital de Norwich (este de Inglaterra) aquejado de problemas pulmonares. Biggs podría sufrir una neumonía, según explicaron fuentes penitenciarias a la agencia de noticias PA, que no dieron más detalles sobre el estado de salud.

Los familiares del mítico ladrón esperaban que pudiera salir en libertad el 14 de febrero, fecha en la que cumplía la tercera parte de la condena de 30 años y en atención a su precario estado físico tras sufrir una apoplejía que hizo temer por su vida. En octubre, el diario ‘The Guardian’ informó de que Biggs esperaba salir a la calle en esta fecha tras manifestar su deseo de “poder morir como un hombre libre”. “Está muy contento y muy animado por esto. Su caso está en poder de la Comisión de Libertad Condicional”, dijo Mike Gray, amigo de Biggs, en unas declaraciones publicadas en el citado rotativo.

Biggs, que en 2001 regresó voluntariamente al Reino Unido tras permanecer en Brasil prófugo de la Justicia. Según ‘The Guardian’, los amigos de Biggs quieren buscarle un hogar de ancianos en el norte de Londres para que pueda estar cerca de su hijo Michael, cuyo nacimiento en Brasil permitió a su padre permanecer en ese país y evitar la extradición al Reino Unido.

Ronnie Biggs perpetró junto con otras 15 personas el robo a un tren de Correos el 8 de agosto de 1963. La banda se hizo con 2,6 millones de libras, que en esa época fue la mayor suma robada en un solo asalto. La Policía consiguió detener a los ladrones en enero de 1964.

Tras ser procesado y condenado, Biggs fue encarcelado en la prisión de Wandsworth (Londres), de donde se fugó 15 meses después. Biggs huyó a París, donde se sometió a una cirugía plástica, y con un pasaporte falso viajó a Australia. Tras pasar por varios países, el ladrón se estableció en Brasil, donde tuvo un hijo con la bailarina brasileña Raimunda de Castro.