Archivo diario: febrero 8, 2010

Renfe ofrece su experiencia y opta a la alta velocidad en Arabia Saudí y Brasil

Experiencia y crédito internacional. Renfe busca entrar en la explotación de servicios de transporte ferroviario de Alta Velocidad en Brasil y Arabia Saudí, países que actualmente construyen sus primeras líneas AVE. La compañía trata de posicionarse en estos países a través de consorcios con otros socios. La internacionalización constituye uno de los principales objetivos del nuevo plan estratégico 2010-2012 que la operadora prepara, en el que se fija el reto de conseguir un contrato en el exterior en ese periodo.

Renfe aspira a “desarrollar en el exterior una parte importante de su actividad, que redunde en un incremento de ingresos y en un efecto motivador para los trabajadores”, indica la compañía en su revista interna ‘En Punto’. En esta estrategia hacia el negocio exterior, Renfe insiste además en apuntar hacia Reino Unido, al estimar que se trata de un mercado “de una dimensión abordable”.

De esta forma, la operadora ampliará la labor de cooperación institucional que viene realizando en el exterior. “La internacionalización de la empresa no sólo pasa por los concursos de servicio público, puesto que Renfe es un operador ferroviario de Alta Velocidad de referencia en el mundo”, defiende la empresa.

En tanto, la compañía que preside Teófilo Serrano continuará prestando los servicios internacionales que actualmente ofrece hacia Portugal, Francia, Italia y Suiza en colaboración con otros operadores y a través de las vías convencionales. “En Renfe estamos preparados para concursar y lo hacemos con la confianza de que tenemos mucho que decir”, indicó recientemente el presidente de la operadora. “La compañía ha experimentado una adaptación extraordinaria en los últimos tiempos y es una empresa absolutamente moderna, sus servicios son un ejemplo y está adaptada al uso de las nuevas tecnologías. Es una gran empresa y lo tiene que seguir siendo en el futuro y no sólo en España, sino en el mundo”, aseguró

El tren bajo la mirada de Tony Judt

El tren ha tenido desde siempre un algo especial que ha fascinado a intelectuales, eruditos y todo tipo de artistas que han humanizado esas inmensas moles de metal. Sujeto principal de telas de Abraham Solomon y Monet, relatos de Graham Greene e Imre Kertész, y películas de Vittorio de Sica y Frakenheimer son vivos testimonios de ese íntimo encuentro entre el hombre y la máquina.

El historiador Tony Judt, afectado de esclerosis lateral amiotrófica, un transtorno neuromotor que según él mismo es como “una prisión progresiva sin fianza”, reflexiona en un magnífico artículo publicado este domingo en ‘El País’ sobre el sentido de las regiones, las distancias y los contrastes en Europa, a vista de tren y de las grandes estaciones que tanto le gustan. Y donde se considera un enamorado del mundo de los trenes.

Tony Judt (Londres, 1948) es historiador y profesor, especializado en Europa, que dirige el Erich Maria Remarque Institute en la Universidad de Nueva York. Es colaborador habitual de la revista New York Review of Books y un prolífico autor de estudios en historia contemporánea: intelectuales franceses del XX, la posguerra europea y una visión general del siglo XX,

“Judt está preso en su propio cuerpo, con sus facultades mentales y cognitivas intactas (y en desarrollo normal para alguien de su edad). La parálisis es casi total en este momento, por lo que el historiador debe pasar sus largos días y -peor aun- larguísimas noches sólo con sus pensamientos (además de aparatos respiratorios). Esto le provoca un desgaste psicológico considerable que poco a poco puede sobrellevar, no sin sorprenderse por la tolerancia que el ser humano puede desarrollar ante situaciones que pocos meses antes le parecían una verdadera tortura” (descripción de la bitácora de Hobsbawm).

Tony Judt ha decidido dejar su testimonio. No se trata de un llamado a la esperanza ni una oda a la vida. No hay finales felices ni consuelo, pero tampoco tragedias. Judt analiza en sí mismo a su objeto de estudio: el hombre y su comportamiento. Iniciaba una serie en ‘El Paí’s el 17 de enero de 2010 que cierra con un fragmento literario “Trenes que nunca volveré a coger”.

Judt describe maravillosamente bien el mundo de los trenes en este relato periodístico. Me quedo con dos frases, con las que estoy completamente de acuerdo. La primera, una clara advertencia del peligro que podemos correr como nos dediquemos a copiar modelos ajenos: “El sistema ferroviario británico empezó a decaer. Privatización de las compañías, desinterés del personal”. Que tomen nota los gestores de Renfe y Adif y que en Fomento coloquen un cartelito con la advertencia.

La ‘socialización’ del sistema ferroviario pretendía acabar con los privilegios sociales y de clase. Pero la discriminación ahora s deriva hacia el precio y el olvido de las líneas más deficitarias. Hay algo más allá de la alta velocidad que estamos obligados a mantener y modernizar. “Los trenes inventaron las clases sociales en su variante moderna, al clasificar niveles de comodidad y servicio”.

Sirva este último párrafo para una reflexión sobre la construcción europea. “Si hay algo peculiar en mi versión de la historia contemporánea de Europa en Postguerra es, creo, el énfasis subliminal en el espacio: el sentido de las regiones, las distancias, las diferencias y los contrastes dentro del marco limitado de un pequeño subcontinente. Seguramente adquirí ese sentido del espacio cuando miraba sin propósito fijo por las ventanas de los trenes y examinaba con más detalle las vistas y los sonidos diferentes de las estaciones en las que me bajaba. Mi Europa se mide en trenes. La forma más fácil de “imaginar” en Austria o Bélgica es, para mí, pasear por la Westbahnhof o la Gare du Midi y reflexionar sobre la experiencia, para no hablar de las distancias entre ellas. Por supuesto, no es la única forma de captar una sociedad y una cultura, pero a mí me sirve”.

(Fuente El País. Boceto Eladio Pérez)