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‘Krakatoa, al este de Java’

Un volcán de nombre impronunciable ha traído de cabeza a las autoridades de medio mundo y ha provocado el caos en el transporte europeo. Aunque la situación se va poco a poco normalizando, los ecos de la explosión del Eyjafjallajokull se van apagando, pese a que aún sigue vomitando lava y elevando hacia el cielo humaredas que alcanzan hasta los cuatro kilómetros de altura.

Algunos científicos siguen preocupados porque creen que la actividad en este cráter islandés podría causar una erupción en el monte Katla, un volcán “muy poderoso” que descansa bajo un glaciar cercano. Una erupción en el Katla podría derretir grandes cantidades de hielo y causar inundaciones masivas, lo que afectaría una ciudad en las cercanías de 300 habitantes. La historia así lo demuestra: tres erupciones previas en Eyjafjallajokull desataron erupciones en Katla.

El volcán islandés, que ha estado latente por dos mil años, hizo erupción hace unos nueve días, causando una fisura de un kilómetro de largo en un campo de hielo del glaciar Eyjafjallajoekull. La erupción ocurrió a unos 120 kilómetros al este de la capital, en un área escasamente poblada. Inicialmente hubo temores de que el volcán causara una inundación, ya que haría que el hielo se fundiera en el glaciar situado más arriba, pero ese escenario aparentemente fue evitado.

Islandia está sobre la Sierra Submarina Meso-Atlántica, el límite altamente volátil entre las placas continentales euro-asiática y norteamericana, con lo que los sismos y erupciones son un hecho cotidiano. La más reciente erupción volcánica en el área de Eyjafjallajoekull ocurrió en 1821.

Sin embargo, es el Krakatoa, ubicado en la isla de Java, el volcán que más daños ha causado en la historia moderna. A más de 1.828 metros de altura y con un diámetro de aproximadamente dieciséis kilómetros, la mañana del 27 de agosto de 1883, el Krakatoa comenzó a rugir. El gran cráter literalmente estalló, lanzando a la atmósfera todo tipo de materia. Los efectos de la explosión, con una energía de 200 megatones (10.000 veces más que la bomba atómica de Hiroshima) provocaron casi la desaparición de la isla, ocasionaron numerosos tsunami y provocaron la muerte de unas 36.000 personas.

La erupción redujo la isla de Krakatoa a un tercio de su antiguo tamaño, enviando gigantescas olas a las costas asiáticas. Piedras gigantescas cayeron a más de 185 kilómetros de distancia, y la ciudad de Jakarta se vio sumida en una total oscuridad. Para muchos de los habitantes de la región, el fin del mundo había llegado. El fuerte ruido que acompañó la explosión no tenía precedentes. Se pudo escuchar en la ciudad australiana de Alice Springs e incluso en la lejana isla de Madagascar. Más de 36.000 personas perdieron la vida y varios países de alrededor del mundo se vieron afectados por los devastadores efectos del volcán.

El cine no podía permanecer ajeno a esta tragedia. No en vano la erupción del Krakatoa fue uno de los cataclismos naturales de la historia mejor documentados; desde los primeros avisos del volcán hasta la explosión final, cada paso fue atestiguado y registrado por los colonos holandeses que vivían en la región. Y como no podía ser de otra forma tratándose de una página dedicada al ferrocarril, en la ficción cimetaográfica el tren tiene un pequeño papel en el filme ‘Krakatoa, al este de Java’, un título no demasiado afortunado porque el volcán se sitúa precisamente al oeste de la isla indonesia.

La recreación cinematográfica de la que está considerada la mayor erupción volcánica de la historia, acontecida en 1883, gana en intensidad e interés en cuanto se acerca el momento de la erupción. Dirigida por Bernard L. Kowalski en 1969, en esta producción estadounidense intervienen Maximilian Schell, Diane Baker, Brian Keith, Barbara Werle, Sal Mineo, Rossano Brazzi y John Leyton, en un guión realizado por Cliff Gould, Bernard Gordon basándose en algunos de los hechos que estuvieron a punto de hacer desaparecer la isla situada en el estrecho de Sonda, entre Java y Sumatra.

Parte de la película se rodó en los estudios madrileños de Samuel Bronston Studios y, Sevilla Films, así como en los de Cinecittà Studios, de Roma. Pero hay escenas exteriores que se realizaron en Denia (Alicante) y el puerto de Bilbao.

La secuencia donde aparece una locomotora de vapor está rodada en el puerto de Denia. Al parecer, se trata de una de las locomotoras originales del Ferrocarril Carcagente-Denia de rodaje tipo 2-2-0 ST y tanque envolvente (tipo albarda o silla de montar) con dos cilindros exteriores y la distribución plana con mecanismo interior, siendo la presión de la caldera de 7 atm A una de ellas, la nº 3, se le reconstruyó el tanque de agua resultando del tipo de alforja. Con estas locomotoras comenzó la tracción a vapor en este ferrocarril 17 años después de su inauguración.

Grafiada con el número seis, como puede verse en el filme, perteneció a una serie de seis locomotoras (1 al 6), con la que comenzó a operar en esta línea, una de las primeras de vía estrecha de España y que estuvo en funcionamiento hasta 1969.

Fueron construidas por Black Hawthorn en los talleres de Manchster y entregadas entre 1881 y 1883 a la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, que se había hecho con los derechos de la explotación. A finales del siglo XIX, la zona de Carcagente era una potencia agrícola (naranjas) y de la industria de la seda y, por otra parte, Dénia tenía un puerto importante, enclavado en un punto estratégico para la exportación.

En 1942 el ferrocarril pasa a ser propiedad del Estado, hasta que se adjudica a Feve en 1965. Las seis locomotoras logran sobrevivir hasta esa fecha, si bien sólo la número 1 y la número 4 se conservan en la actualidad en Zaragoza, en el recinto de la empresa Industrias Lopez Soriano S.A, mientras que el resto incluida la número 6 que aparece en esta película, fueron dadas de baja en 1967 y desguazadas.

Delicias, estación de cine



María Xosé Porteiro, directora del Museo del Ferrocarril, nos cuenta la historia de la terminal más antigua de Madrid. En sus andenes se han rodado películas como ‘Doctor Zhivago’ (1965), con el mismísimo David Lean. Este mismo mes se ha estrenado otra película con Delicias como marco: ‘Pájaros de papel, primer trabajo como director de Emilio Aragón.

También ha servido de escenario a otros films como ‘Amantes’ (Vicente Aranda, en 1991), ‘Las cosas del querer’ y ‘Camarón’ (Jaime Chávarri, 1989 y 2005) , ‘El amor perjudica seriamente la salud’ (Manuel Gómez Pereira,1997), ‘Oviedo Express’ (Gonzalo Suárez, 2007), ‘Nicolás y Alejandra’ (1971, Franklin J. Schaffner), ‘Pánico en el Transiberiano (1973, Eugenio Martín), ‘Pim Pam Pum fuego (1975, Pedro Olea), ‘Rojos (1981, Warren Beaty), ‘El viaje de Carol’ (2002, Imanol Uribe), ‘Una preciosa puesta de sol’ (2002, Álvaro del Amo), ‘Bienvenido a casa’ (2006, David Trueba), ‘La herencia Valdemar’ (2010, José Luis Alemán) y ‘Luna caliente’ (2010, Vicente Aranda).

Las instalaciones de la centenaria terminal y sus vías también han servido de escenarios para series de televisión como ‘Compañeros’ (Antena 3), ‘Cuéntame cómo pasó…’ (TVE1), ‘Los Serrano’ (Tele 5), ‘La Señora’ (TVE1), ‘Amar en tiempos revueltos’ (TVE 1) y ‘Martes de carnaval’, Jde osé Luis García Sánchez (TVE 1).

Una estación casi de cine, que fue punto de unión ferroviaria entre Madrid y Lisboa, tras ser inaugurada en una ceremonia digna de la mejor película en 1880 por Alfonso XII y su querida esposa Maía Cristina, a la que también asistió el Gobierno en pleno encabezado por su presidente Antonio Cánovas del Castillo (máximo dirigente del Partido Conservador). Un personaje que bien podría haber figurado en cuaqluiera de los films de principios de siglo, por su porte y figura distinguida.

Madrid rinde hoy tributo a este centenario edificio en su 130 aniversario, cuya nave fue el primero y más amplio espacio diáfano que se construyó en Madrid con una moderna estructura metálica y que constituye uno de los ejemplos más significativos de la llamada “arquitectura del hierro” tan característico de finales del siglo XIX. Declarado edificio monumental en 1980 y posteriormente Bien de Interés Cultural, Delicias culminó su existencia como terminal de trenes en 1971. Proyectada por el ingeniero francés Emilio Cachelievre, fue la primera estación que se construyó en Madrid con estructura metálica; y se edificó en tan solo catorce meses debido al carácter totalmente funcional del proyecto.

(Vídeo Á. Castellano / L. Almodovar. El País) (Para saber más de cine y trenes te recomiendo la página de Angel Fernández Corral)

Siempre hay un último tren

Una historia de las de siempre. Un relato sobre la vida. Porque al final, de eso va este cortometraje ambientado en la época de la Guerra Civil en el Valle de Mena. Una de esas historias que seguro que han vivido nuestros abuelos o incluso nuestros padres. Un guión basado en una crónica de amor que pudo haberse roto en cualquier guerra, en cualquier país, en cualquier pueblo. Por eso la hace aún más creíble y entrañable.

Más de cien personas de distintas generaciones del Valle de Mena han participado en la grabación del cortometraje ‘Siempre hay un último tren’. Un proyecto intergeneracional y la actividad más destacable dentro del proyecto ‘Sin Edad’ del Plan de Dinamización Joven del Valle de Mena que promueve la Concejalía de Cultura y Juventud del Ayuntamiento en colaboración con la Residencia de ancianos Nuestra Señora de Cantonad. “La pretensión con la que nace este trabajo es acercar a diferentes generaciones colaborando, codo a codo, en el rodaje de este corto en el que niños y niñas, jóvenes y los abuelos y abuelas del municipio son los protagonistas”.

La trama se centra en la historia de amor de una mujer mayor que recuerda su juventud en la que se separó de su ser más querido, y que aún permanece en su memoria. La elección del título no es casual. ‘Siempre hay un último tren’ representa una metáfora de la vida. Este cortometraje es, además, un alegato a favor de la paz, la convivencia y el cariño entre jóvenes y mayores.

La actriz principal de la residencia se llama Leonor y fue seleccionada en el casting a sus 92 años -curiosamente no es la más longeva, ya que una ‘extra’ suma 102 años-; por otra parte, el actor principal cuenta con 94 y se llama Benigno. La veteranía ‘frente’ a la niñez, la más pequeña tan sólo tiene cuatro años. Los jóvenes meneses también han aportado su buen hacer pero, en su caso, la mayoría detrás de una cámara como ayudantes de producción. Un abanico de décadas, etapas y siglos confluyen en este trabajo en el que es precisamente la edad, un requisito y no una traba.

Los lugares donde se han rodado las diferentes escenas son la antigua escuela de Siones, donde se ‘orquestó’ a 30 niñas para grabar la escena de la clase; el interior y exterior de la residencia Nuestra Señora de Cantonad, y la estación de Mercadillo, donde se rodó la escena principal. Una de esas construcciones ferroviarias modestas que jalonan la línea de La Robla que hoy languidece, pese a los esfuerzos de Feve por impusarla (la operadora de vía estrecha caba de inaugurar el itinerio turístico ‘El Expreso de La Robla’).

‘El hullero’ constituye la línea de vía estrecha más larga de Europa Occidental, con 335 kilómetros, comprendida entre La Robla (León) y Bilbao (Vizcaya). Su tramo principal, entre La Robla y Balmaseda, fue inaugurado el 11 de agosto de 1894. Su objetivo principal era acercar la importante producción carbonífera de las cuencas de León y Palencia a su consumo en la poderosa industria siderúrgica de Vizcaya. Su recorrido atraviesa las provincias de León, Palencia, Cantabria, Burgos y Vizcaya, y debido a su influencia económica y social a lo largo de más de un siglo es considerado uno de los ferrocarriles más emblemáticos de España.

Una película donde el tren se apunta como un elemento esencial y en la que, sin embargo, no aparece ni tan siquiera una máquina, aunque las vías y la vieja estación de Mercadillo (Villasana de Mena no tienen tren ni tranvía) evocan el efecto aparente de la presencia del ferrocarril. Mercadillo es una de las estaciones más modestas de la línea, que dividió sus edificios en tres clases. Salvo Balmaseda, Mortaporquera y La Robla, las estaciónes de La Robla tienen un carácter muy modesto, verdaderamente industrial. Todas las edificaciones fueron pintadas en la época de la construcción de la línea general, en un color achocolatado, poco a poco modificado en cada estación de forma más o menos variada. Concebida en sus días como una estación de segunda clase, contó siempre con dos pisos en su edificio singular y coqueto, tal y como ahora lo conocemos, y que en el cortometraje ocupa un lugar destacado. En 1923 se añadió un depósito de agua metalizado.

La estación se sitúa a la altura del kilómetro 268,223, a 335,81 metros sobre el nivel del mar. Vías, andenes y muelles han sufrido diversas mejoras desde que se puso en marcha el servicio ferroviario, con la inauguración de la línea. Las dos últimas afectaron a la estructura, ya que en 1953 se añadió una marquesina para el andén y en 1971 se le dotó de un muelle para carga de balasto. Es precisamente en la época de la postguerra cuando la línea conoció una actividad frenética, tanto en trenes de carga como de pasajeros.

El cortometraje vio la luz el 13 de marzo en el cine Amania de la localidad burgalesa, en una gala a la que asistieron todos los actores de esta película, donde se pudo disfrutar también del denominado ‘making-off’, lo que sucedió entre bambalinas, la convivencia y el cariño surgido entre generaciones. Esta parte nunca vista de los rodajes, cuenta en este caso con una grabación de 35 minutos proyectados el día del estreno. Además, una exposición con una selección de las más de 2000 imágenes captadas por el fotógrafo local Díez Villaluenga recogerá la experiencia que vivieron los meneses.



Nieve de Soria para las estepas rusas de ‘Doctor Zhivago’

Vinieron buscando la nieve española; concretamente los parajes nevados de Soria. Y se encontraron con uno de los inviernos más benignos de todos los transcurridos en España. El productor artístico John Box había elegido nuestro país para el rodaje de ‘Doctor Zhivago’ tras descartar un buen número de candidatas, entre otras Rusia (imposible trabajar allí porque la novela estaba prohibida), Finlandia (la candidata ideal, pero con un frío extremo que hubiera hecho casi imposible la labor de los actores), Yugoslavia (falto de la infraestructura necesaria para una película de esas características). Así que el productor, conocido como ‘El Mago,’ y David Lean optaron por las tierras castellanas para representar las estepas rusas necesarias para filmar su película. Precisamente a finales de este año se cumplen cuarenta y cinco años del estreno de la cinta, concretamente el 22 de diciembre de 1965.

No creo que vaya a sorprender a muchos porque es de sobra conocido que ‘Doctor Zhivago’ se rodó en España. Sin embargo, las nevadas que han caído en el país durante estos días me ha hecho recordar el detalle y he querido refrescar la memoria de los aficionados al tren, que tuvo un protagonismo especial en el rodaje de esta cinta. La primera claqueta y el sonido de acción se escucharon por primera vez el 28 de diciembre de 1964 y no se terminó la filmación hasta el 7 de octubre del año siguiente.
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Cuando la nieve enterró el ‘Orient Express’ e inspiró a Agatha Christie

El ‘Orient’ Express’ está intrínsicamente unido al nombre de Agatha Christie, pero es casi un accidente que una de sus obras más famosas lleve en su título el apellido del mítico tren. Porque en realidad la escritora inglesa jamás escribió un libro como ‘Asesinato en el Orient Express’; ese rótulo llegaría más tarde. La novela que habría escrito se entregó con el encabezamiento de ‘Asesinato en el coche de Calais’ que hacía referencia al tren ‘Wagonts Lit’ de lujo que cubría el trayecto desde Calais al Cuerno de Oro en Estambul y que tampoco tiene en su composición ningún coche Pullman, como los que aparecen en la película.

Lo que sí es cierto, y parece que en ello se inspiró la autora británica para su novela, es en el suceso esencial para el argumento, tanto del libro como de la película, que tiene a la nieve como elemento clave de la trama. En realidad, esta obra de Agatha Christie también se basa en el famoso secuestro y posterior asesinato del famoso aviador Charles A. Lindbergh y Anne Morrow Lindbergh baby’s, Charles Lindbergh Jr. en 1932.
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Un tren de cine


Son fechas para disfrutar. Días para pasar en familia, al calor del fuego (aunque sea a través de calefactores eléctricos como los que hay ahora). Y nada mejor que estos momentos para evocar viejas escenas del cine, donde se hacen presentes nuestos actores favoritos y nos recuerdan las películas que acabaron sorprendiéndonos y emocionándonos. Evocaciones donde el tren vuelve a ocupar un papel importante y que casi eclipsa la presencia de esos monstruos de la pantalla. Seguro que os traerán recuerdos; y para los más jóvenes quizá una lección de cómo se trabajaba cuando el ordenador no era el rey del firmamento.

Tren y cine: La trepidante ‘El tren del infierno’

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Basada en un guión original del maestro Akira Kurosawa y dirigida con buen pulso por el moscovita Andrei Konchalovsky (más americano que ninguno en este film), ‘El tren del infierno’ es una gran película de acción. Entretenida, emocionante, enérgica y con mucha actividad, destaca por la magnífica interpretación de Jon Voight y Eric Roberts, ambos nominados a un Oscar por su interpretación. Lo peor de este film es su traducción al castellano, porque todo el desarrollo de la película se produce en las frías Alaska y Montana. ‘Runaway train’ (1985), como así se denominó la cinta en el mercado anglosajón, es un film de aventuras, aunque también se podría adscribir al género del thriller.

Jon Voight, a través de una sólida interpretación cercana al histrionismo, da vida a Oscar Manny, un violento asesino confinado en una prisión de alta seguridad en Alaska. Tras pasar tres años encerrado en una oscura celda, decide escapar en cuanto tenga la más mínima oportunidad. Su fuga pretende mantener el pulso con el alcaide del centro penitenciario, un tipo duro y perverso que la tiene tomada con él. Manny, junto con otro joven recluso, Buck, consigue huir de noche del recinto carcelario, utilizando como transporte un viejo tren de mercancías detenido en una estación cercana a la prisión. Lo que ambos reclusos ignoran es que, tras lograr poner el tren en marcha, un infarto provoca la muerte del maquinista. El convoy circula, a toda velocidad, desbocado sin que ninguno de los dos pueda llegar hasta la cabina de conducción para impedir que la máquina siga sin control. Un tercer pasajero viaja en el tren; una hermosa empleada del ferrocarril que, tan desesperada como ellos, trata de hacer lo imposible para sobrevivir a esta accidentada pesadilla.
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El metro de Madrid, a través del cine

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Almodóvar, Berlanga, José María Forqué, José Luis Garci o Fernando León de Aranoa. Berlanga, Fernando Trueba, Agustín Díaz Yanes, Antonio Mercero, Pedro Lazaga, Eloy de la Iglesia, Jaime Chavarri, o Alvaro Fernández Armero. Podían perfectamente ser estaciones del metro de Madrid, pero de momento no aparecen en el suburbano. Todo se andará. Sin embargo, el suburbano sí aparece en algunas de las películas que llevan la firma de estos directores españoles. Determinada escena, cierto personaje e incluso algún convoy se incluyen en algunos de los filmes de los últimos 90 años del cine español.

Porque el metro de Madrid, que el próximo sábado cumple nueve décadas de vida, ha sido testigo de los cambios producidos en la sociedad española, desde que el rey Alfonso XIII inaugurara la primera línea del suburbano de la capital de España, tal que un 17 de octubre de 1919.

Gracita Morales sube apresurada de las escaleras de la boca del metro de ‘Venta’s, seguida de una multitud que casi la arrastra, en el magnífico film ‘Atraco a las tres’ (1962) de José María Forqué. Y Berlanga sitúa en la boca del metro en ‘Carabanchel’ la escena donde Nino Manfredi intenta devolverle a Pepe Isbert los útiles del oficio en ‘El Verdugo’ (1963). Mientras las paradas de ‘Sol’ y ‘Plaza de España’ aparecen en los títulos de crédito de ‘Un vampiro para dos’ (1965) de Pedro Lazaga que en cámara subjetiva llevan al espectador hacia las taquillas del suburbano para comprar el billete con el que poder montar en el transporte subterráneo, lleno de letreros publicitarios de ‘Heno de Pravia’ o ‘CocaCola’.

‘Tiovivo c.1959’ (2004) de José Luis Garci, donde se recrea una estación de metro de 1953 con Elsa Pataky de taquillera; el cortometraje ‘El Columpio’ (1993) de Alvaro Fernández Armero; ‘Báilame el Agua’ (Josecho San Mateo, 2000); ‘Las bicicletas son para el verano’ (Jaime Chavarri, 1983); ‘El Arte de Morir’ (Alvaro Fernández Armero, 2000) y ‘Sin noticias de Dios’ (2001), de Agustín Díaz Yanes tienen también como nexo común la aparición de elementos que forman parte del metro de la capital de España. Sin olvidar, bajo ninguna circunstancia, ‘La larga noche de los bastones blancos’ (Javier Elorrieta, 1977) donde la estación de ‘Goya’ se transforma en una pesadilla para Quique San Francisco y José María Rodero o a Pedro Almodóvar que presentó su segundo largometraje, ‘Laberinto de Pasiones’ (1982), con una Cecilia Roth que se sube en la estación de ‘Aluche’ y se maquilla en el interior de un vagón de la serie 300; y la inolvidable ‘La estanquera de Vallecas’ (1987) de Eloy de la Iglesia que también empleó la parada ‘Puente de Vallecas’, para situar a los dos pillos que van a hacerle la vida imposible a Emma Penella.

El metro de Madrid sirve a Fernando Trueba como escenario de su primera película ‘Opera Prima’ (1980), donde los protagonistas Oscar Ladoire y Paula Molina se reencuentran y Fernando León de Aranoa dejaba que sus ‘Princesas’, Candela Peña y Micaela Nevárez, y los tres amigos de ‘Barrio’, Javi, Manu y Rai (Críspulo Cabezas, Timy Benito y Eloy Yebra), dejaran testimonio de sus miserias, de sus sueños, de sus aspiraciones o de sus fracasos.

En definitiva, noventa años de cine, de recreación y de escenario, como elemento vivo y natural que muestra la transformación que ha sufrido el país y que el metro ha seguido casi en primera fila. Precisamente los noventa años de vida del suburbano de Madrid.

(Fuente Metro Madrid)

Tren y cine: ‘El último tren a Auschwitz’

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Hablar de la II Guerra Mundial supone recordar el holocausto nazi. No pretendo abrir ninguna herida ni entrar en un debate político. Pero uno de los sucesos más crueles de esta guerra fue precisamente lo que el régimen nazi denominó ‘la solución final’. Y el tren tuvo, por desgracia, un protagonismo notable dentro de la maquinaria que Hitler organizó para hacer desaparecer a los judíos.

Hay muchas películas que narran el sufrimiento y el horror de la persecución y muerte de los judíos europeos. Una de las más recientes, aunque no sea la mejor, es ‘El último tren a Auschwitz’ (Der letzte Zug), dirigida en 2006 por Joseph Vilsmaier (el de la espléndida Stalingrado) y Dana Vávrová e interpretada por Gedeon Burkhard, Lale Yavas, Lena Beyerling, Juraj Kukura, Sibel Kekilli, Roman Roth, Brigitte Grothum, Hans Jürgen Silbermann, Ludwig Blochberger.
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Tren y cine: ‘Aquel maldito tren blindado’ (‘Inglourious Bastards’)

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La filmografía dedicada a la Segunda Guerra Mundial es muy amplia. Y películas de este género donde el tren tenga una presencia significativa también son abundantes. Quienes siguen este blog han podido leer lo que publiqué en su día sobre ‘El Tren’ de Frakeinheimer, quizá uno de los grandes filmes que aunan todo lo que representa el mundo del ferrocarril. Y ahora que se conmemoran los 70 años del comienzo de la contienda mundial me viene a la cabeza la cinta de Enzo G. Castellari ‘Aquel maldito tren blindado’, que recibió en el mercado anglosajón el nombre de ‘Inglourious Bastards’.

Precisamente el célebre director americano Quentin Tarantino, muy aficionado a las películas de los años 70, se ha fijado en este clásico de Serie B para su proyecto titulado “Inglorious Basterds“, aunque para nada se trata de un remake de la primera. Esta cinta, que interpreta Brad Pitt, se mostrará el próximo 19 de septiembre en el Festival de Cine de San Sebastián, a donde acudirá para promocionarla el propio actor nacido en Oklahoma y criado en Springfield (Missouri)
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