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El Premio Princesa de Asturias fija su mirada en Las Patronas que asisten a inmigrantes de ‘La Bestia’

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El Premio Princesa de Asturias para la Concordia 2015 ha puesto su vista en la organización de Las Patronas, un grupo de mujeres del municipio mexicano de Córdoba, en el estado de Veracruz, que entregan desde hace dos décadas comida a inmigrantes que viajan a Estados Unidos sobre el tren de mercancías conocido como ‘La Bestia‘.

Las Patronas son un grupo de campesinas y trabajadoras del poblado de Amatlán de los Reyes, vecino de Córdoba, quienes asumen de manera altruista desde hace más de veinte años “una de las labores más complejas en materia de Derechos Humanos, como es la atención a poblaciones migrantes, que buscan llegar a Estados Unidos”.Javier Urbano Reyes, coordinador del Programa de Asuntos Migratorios de la Universidad Iberoamericana (Ibero), quien ha recordado que en 2015 este grupo de mujeres cumple 20 años desde que comenzaron a realizar esta iniciativa espontánea, lanzando bolsas con comida a los inmigrantes que van subidos a ‘La Bestia’, pasando por su localidad a gran velocidad.

Llamadas Las Patronas, por el nombre del poblado en donde desarrollan su actividad humanitaria, este colectivo ha podido atender a una cantidad cercana al millón de migrantes en sus dos décadas de servicio; han promovido la sensibilización sobre el fenómeno migratorio en centenas de miles de personas de diversos sectores como el estudiantil, gobiernos en sus diferentes niveles, medios de comunicación. Con su ejemplo han sido protagonistas indudables en el posicionamiento que la agenda migratoria tiene en el actual debate público tanto en México como en amplias regiones de Latinoamérica; sus acciones han generado la formación de redes solidarias con las poblaciones migrantes en gran parte del continente americano, además de que sus esfuerzos han sido motivo de réplica en muchas zonas de la ruta migratoria en México.

Las Patronas -que ya recibieron el premio Nacional de Derechos Humanos de México– “han promovido la sensibilización sobre el fenómeno migratorio en diversos sectores de la sociedad”, según añade Urbano, en unas declaraciones que publica el diario mexicano ‘El Universal’. La única razón de su amor a los migrantes es su condición de seres humanos, no su pertenencia a una nación o a un territorio, en tiempos en que las políticas migratorias en diversas regiones claman por el cierre de fronteras.

El Gobierno de México, a través de la Embajada de México en España, presentó el pasado 18 de junio al comité su candidatura al prestigioso Premio Princesa de Asturias para la Concordia 2015.

El ‘Power Ranger’ verde, una figura superhéroe para los más necesitados del metro de Tokio

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Vestido con un traje verde y cubierta la cara con una máscara, un superhéroe aguarda en las escaleras del metro de Tokio, esperando a utilizar su fuerza para ayudar a los ancianos, a viajeros con equipajes pesados o a madres con el carrito del bebé. Tadahiro Kanemasu, el enmascarado vestido de ‘Power Ranger’ verde, lleva ya tres meses como el buen samaritano de la zona oeste del metro de Tokio, donde hay muchas estaciones sin ascensores ni escaleras mecánicas. Los ‘Power Rangers‘ fueron los protagonistas de una exitosa serie que triunfó en España en los 90, son cinco superhéroes que se diferencian entre sí por colores.

«Los japoneses se sienten incómodos a la hora de aceptar ayuda, sienten que están en deuda con la otra persona, así que la máscara me facilita la labor», cuenta este superhéroe japonés que ha saltado a la fama. Tadahiro Kanemasu, un frutero de 27 años, tenía claro que él sólo podía disfrazarse de verde, como una clara reivindicación de su oficio. Se puso el traje y ofrecía descuentos en la tienda. Pero no le parecía suficiente. Desde hace un tiempo, tras acabar su trabajo en la frutería, se desplaza hasta una estación del oeste de la capital nipona que, como ocurre en otros accesos de la ciudad, no cuenta con escaleras mecánicas ni ascensores. El espontáneo superhéroe espera paciente en la puerta con un cartel donde explica su cometido, que es prestar su fuerza para ayudar a ancianos, usuarios que portan grandes maletas o madres con carritos de bebé.

El traje no es que sea del todo fidedigno con respecto al que se puede ver en la televisión, entre otras razones porque lo compró de rebajas en una tienda de disfraces. Las mallas verdes se complementan con ribetes plateados y una máscara a juego que esconde por completo su rostro. Pero eso no le resta valor al superhéroe, más preocupado ahora por encontrar a otros persionajes que compartan su labor altruista. Kanamasu puede dedicar solo dos horas al día a su misión, por eso espera reclutar a otros miembros. Ya está negociando con un ‘Power Ranger’ rosa y otro rojo. Y como para animar a algunos voluntarios admite que su popularidad está creciendo: «Antes la gente no quería que me acercara a ella porque era un rarito. Ahora también piensan que soy raro, pero en el buen sentido».

Nuevo héroe en Madrid. Un policía nacido en Bilbao salva la vida a una mujer que cayó a la vía del metro

Se llama Rubén. Y es policía desde hace poco más de una década. Nacido en Bilbao hace casi 39 años (en el Hospital Militar de Zabalburu, para ser más exactos), ha pasado casi toda su vida en Alicante, adonde se trasladó su padre, funcionario del Cuerpo también hasta su jubilación no hace demasiado tiempo. El joven agente es ya un nuevo héroe en Madrid.

Sin pensarlo dos veces, Rubén G. A. se tiró a la vía en la estación madrileña de Marqués de Vadillo para evitar que una de las unidades del suburbano se llevara por delante a una mujer que, tras sufrir un desmayo, había caído al foso, en mitad de los raíles. El agente que vestía de paisano escuchó, como el resto de viajeros que esperaba en el andén, el impacto del cuerpo de la pasajera contra el suelo. Una unidad del metro iniciaba su entrada en la estación. Mientras algunos viajeros hacían señales al conductor del convoy, Rubén se lanzaba a las vías, recogía el cuerpo de la mujer y lo trasladaba al otro lado del andén. Un grupo de pasajeros le ayudó a subir a la víctima hasta la plataforma, donde un médico que también esperaba a que llegara su transporte, realizó una primera inspección a la víctima.

El conductor del convoy vio al policía correr por las vías y pudo frenar a tiempo para evitar arrollar a la mujer, de 52 años, quien fue atendida por un médico que se encontraba en el lugar y después por los sanitarios del Samur-Protección Civil. Al parecer, la pasajera accidentada no presenta lesiones graves.

Rubén G., que pasó su niñez en la capital vizcaína, donde su padre ejercía de policía, es oficial del Cuerpo y presta servicio en la comisaría especial del Tribunal Supremo dependiente de la Comisaría General de Seguridad Ciudadana. En la actualidad está inscrito en un curso de ascenso a la categoría de subinspector, cuyos apuntes estaba consultando justo antes de que se produjera el incidente. El agente comparecerá hoy ante los medios para relatar su experiencia. Madrid ya tiene otro héroe; nadie lo duda.

Ampliación. 13.00 horasLa cúpula de Interior ha reconocido su acto y ayer mismo el propio titular de este departamento, Jorge Fernández Díaz, le llamó por teléfono para expresar el orgullo de contar con unas fuerzas de seguridad comprometidas con su labor y decirle que era “una digno representante de la sociedad”. Ya ha comunicado que, en breve, Ruben será condecorado. El agente ha explicado una y otra vez en todas las televisiones y emisoras de radio nacionales su particular odisea. “Lo volvería a hacer”, porque, en realidad, tampoco piensas en no tirarte a las vías del tren. Lo único que ves es que hay una mujer tirada y que tienes que ir ya”.

“El tren llegaba, veía los focos ya, así que me lancé a por la mujer, la agarré de las axilas y la llevé hasta las vías del otro sentido por donde no venía ningún tren”, relata el agente, que asegura que durante un par de segundos pensó que el metro, que le pisaba los talones, le alcanzaba antes de llegar a salvar a la víctima. Solo pensaba en “correr y correr y que el tren no me cogiera”, aunque el maquinista pudo frenar el convoy instantes antes de entrar en la estación.

No es la primera vez que Rubén protagoniza una “heroicidad”. En julio del pasado año en los lagos de Plitvice, en Croacia, se lanzó al agua para salvar a una niña de cuatro años que se estaba ahogando. El agente interpreta esto como una simple “casualidad” y recuerda que hace un par de años otro compañero salvó de las vías del suburbano a un indigente y enfatiza: “estamos para esto” y “supongo que somos policías por algo”.

Casi veinticuatro horas después de rescatar a la mujer y de repetir su relato más de una treintena de veces “como un autómata”, Rubén insiste en la satisfacción que le ha producido su acto, del que también su padre, un policía jubilado, está “superorgulloso”.