Los trenes pierden el nombre


La muerte del ‘Miguel de Unamuno’ parece anunciar también el fin de una época donde los trenes eran bautizados con nombres de personajes (Pío Baroja o el mencionado escritor bilbaíno, accidentes geográficos (Costa Vasca), provincias o autonomías (Ciudad Condal o Cataluña Expreso), gentilicios (el Catalán), zonas urbanas (Puerta del Sol), etc. Ahora la operadora elige para sus convoyes los nombres, muchas veces tomados de la cabecera tractora o el constructor, como denominación más habitual: Alvia S, Talgo, Avant, Civia o AVE.

Los ferroviarios siempre han tenido una tendencia especial en denominar los trenes atendiendo a su forma (el pato), el origen (la japonesa), la época (Marilyn), el color (cenicienta) o los avances tecnológicos (Apolo). Un segundo nombre que, al final, ha traspasado las fronteras de la jerga de los profesionales y ha sustituido la denominación original de la compañía operadora.

Desde siempre, el tren ha tenido nombres sonoros, algunos de ellos tan famosos, que han llenado páginas de la literatura universal, como es el caso de los míticos Orient Express o el Shangai Express. Las compañías numeraban sus trenes a medida que iban adquiriendo para su explotación los distintos modelos que las fábricas suministraban para satisfacer la demanda comercial. Pero rápidamente se rebautizaban con el nombre de su destino o su recorrido. Terminada la II Guerra Mundial, toda Europa se lanza a una carrera vertiginosa para construir nuevas vías y trazados que superen a los anteriores. Evidentemente, los trenes se van modernizando.

Como siempre, España llega tarde a esa moda. Es verdad que ya había nombres míticos, como el Lusitania, que llegaba hasta el corazón del país vecino, pero es a partir de los sesenta cuando comienza a bautizar con nombres más comerciales los trenes que circulan por sus vías. Catalán Talgo, Lisboa Expreso o Puerta del Sol. Renfe elige, sobre todo, accidentes geográficos para denominar a sus trenes nocturnos: Costa Vasca, Costa de la Luz, Sol de Levante o Rías Bajas, Ruta de la Plata y Mare Nostrum.

Talgo, Ter, Electrotrén, TAF, Rápido son denominaciones más genéricas, pero populares entre los viajeros de los setenta que añaden el origen o el destino para señalar el tren que han elegido para viajar: el Talgo París-Madrid. Cerca de los noventa, Renfe vuelve a reordenar el nombre de sus convoys nocturnos a los que bautiza como Estrella o Expreso, pero mantiene la costumbre de asignar nombres a los trenes diurnos de la época: Hispania, Río Pisuerga, Conquistadores, Luis de Camoens; Naranco, Torre del Oro, Aragón, Sierra de Gredos o Río Nervión.

Los gestores de la época tampoco se complicaron la vida para poner nombres a los trenes. Basta recordar como Talgo tiró del santoral para bautizar sus máquinas con todos los nombres de vírgenes existentes (Virgen del Carmen, de la Bien Aparecida, del Pilar) y se desempolvaron los atlas para el bautismo de los regionales, por ejemplo, que recibieron denominaciones de ríos como Tajo, Ebro, Arlanzón, Jalón, Huécar, Bernesga, Duero… Un auténtico compendio de geografía de la Península.

Otras veces han sido los clientes quienes han copiado denominaciones extranjeras para bautizar algunos de los convoyes del país. Tal es el caso del Shangai Exprés con que se nombraba al Expreso que cubría el servicio Barcelona-Galicia, recochinándose de las horas que se empleaban en el viaje

Parece que esa fiebre por bautizar los trenes ha pasado ahora a un segundo o tercer plano. Hay algunos que mantienen su denominación (Mare Nostrum o Catalán), pero en los servicios de la operadora, la mayor parte de los servicios llevan asignado el casi frío y distante origen-destino unido al tipo de tren: AVE Madrid-Sevilla o Avant Calatayud-Zaragoza.

Sin embargo, los trenes turísticos conservan su denominación original. Al fin y al cabo, nacieron para justificar un trazado histórico, original, peculiar o por critdrios de oportunidad turística y o comercial, Es evidente que, por su propia naturaleza, deben contar con un nombre atractivo que los identifique fácilmente.

Cito finalmente la lista de trenes (seguro que entre todos podemos completar la relación) que circulan por las distintas vías de nuestro país:

Al Andalus Expreso (en vía muerta), Amposta, Camino de Soria , Camino de Santiago y Románico del Norte, Camino de Santiago Palentino, Ciudad monumental de Cáceres, Ciutat de Girona, Ciudad Encantada de Cuenca, Ciudad de Toledo, Delta del Ebro, Doncel de Sigüenza, Ferrocarril Turístico-Minero, Limón Exprés, Monasterio de Piedra, Murallas de Ávila, Palencia, Papa Luna, Sureste Express , Tierras del Cid, Transcantábrico, Tren Cremallera de Monserrat, Tren Cremallera de Nuria, Tren de Cervantes, Tren de la Fresa, Tren del Cava, Tren del Palau, Tren de Soller, Valladolid Cuna del Descubrimiento, Vapor de la Costa, Vic-Ripoll.

(Fuente Vía Libre)

Una respuesta a “Los trenes pierden el nombre

  1. Anglovasconavarro

    En este tiempo de pérdida de valores todo pierde su nombre… Lo perdemos nosotros, las personas, lo pierden los barrios… ahora son “sector 16”, como la 6ª de NY… en lugar de “El Fresal” o “Gaztainleku”…. Antes se bendecían carros y coches, también los trenes. Ahora… 130s,… lo que duren, y cuanto menos mejor,que pronto habrá que vender y comprar otro… Pero todavía hay algo de romanticismo: aL TGV de SNCF Paris Hendaia lo denominan “casaca azul atlántico”…

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