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La locomotora ‘Sarita’ de la Fundación Cela podría recalar en el Museo del Ferrocarril de Vilagarcía

Una oportunidad histórica para evitar la desaparición de otra joya ferroviaria. La Asociación por la Recuperación de Patrimonio ha solicitado por carta al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, que la locomotora ‘Sarita’, que hizo el primer viaje del ferrocarril en Galicia, sea trasladada al Museo del Ferrocarril de Galicia que se encuentra en Vilagarcía. El escrito se ha cursado con urgencia tras conocerse que la Fundación Camilo José Cela pasa a integrarse en el sector público.

«Lo que pretendemos es que la Xunta restaure la ‘Sarita’, que está expuesta en el exterior de la fundación en un lamentable estado de conservación y la done al Museo del Ferrocarril», afirmó el portavoz de la citada asociación, Manuel Morales.

La solicitud al presidente de la Xunta radica en el vínculo histórico que la locomotora tiene con Vilagarcía de Arousa, «pues ha sido la primera en realizar el recorrido entre Carril y Cornes, el primer viaje que hizo en tren en Galicia, y su primer maquinista fue el vilagarciano Francisco Porto Codesido«, expuso Manuel Morales. En aquella época la estación del tren se encontraba en Carril, frente a los talleres de Renfe, posteriormente transformada en el actual Museo del Ferrocarril de Galicia.

Conocida como la locomotora del abuelo de Cela, John Trulock, la locomotora Sar, fabricada en Leeds, llegó al puerto de Lisboa en 1880 para aprestar servicio en los ferrocarriles de Beira Alta. El presidente de esta concesión y de la Cámara de Comercio de Vilagarcía, José María Abalo y Souça, regaló esta locomotora a John Trulock y fue rebautizada con el nombre de ‘Sar’, que derivó en la ya conocida ‘Sarita’. La máquina empezó a ser conocida como la locomotora del gerente, que la utilizaba para sus desplazamientos. Tras la muerte de Trulock, la máquina se destinó al servicio de maniobras de la estación de Carril y su último viaje fue en 1968, haciendo el trayecto Vigo Vilagarcía.

La máquina presenta actualmente un avanzado deterioro al permanecer a la intemperie enn los jardines de la Casa-Museo de la Fundación Camilo José Cela y su situación es preocupante. Fue cedida por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles a la Fundación Cela, una vez restaurada por el equipo del Museo del Ferrocarril de Delicias, en 1986. Se trata de una máquina de tracción vapor tipo Hunslet, numerada como 234, construida en localidad británica de Leeds en 1880. Forma parte del grupo de cuatro locomotoras de tres ejes acoplados del tipo 030 que la West Galicia adquirió para el servicio ferroviario entre Cornes y Carril.

La máquina, de ancho ibérico, tiene un peso en servicio de 19.810 kilos y 16.610 en vacío. La longitud supera los 6,7 metros y la altura los 3,5 metros. Con un esfuerzo de tracción de 2.409 kilos, disponía de una potencia indicada de 211 cv. Posteriormente, pasó a formar parte del material motor de las compañías Medina-Zamora-Orense-Vigo, la del Oeste, renumerándose como 191 y a su vez en el parque de Renfe se le asignó el 030–0201. Esta máquina formó parte del material rodante en la exposición conmemorativa del primer centenario del ferrocarril en la Península ibérica (Barcelona-Mataró en 1848), que tuvo lugar en Barcelona en 1948.

(Fuente Vía Libre. Imagen Forotrenes)

La ‘Baldwin de Guadix’ lleva el vapor a Miranda para conmemorar el 150 aniversario de su primer tren

El vapor llega al Norte. La ‘locomotora de Guadix’ trae a Miranda los sonidos y olores del vapor y protagoniza los 150 años de la llegada del tren a esta ciudad burgalesa. Unos sesenta pasajeros, en su mayor ataviados con trajes de época, participaron en un viaje especial hacia Alsasua para conmemorar los inicios del ferrocarril que, con los años, hicieron de este rincón un importante nudo ferroviario y propiciaron sustento y trabajo a miles de familias. Miranda quiso rendir tributo al tren y nada mejor para ello que contar con la única locomotora en activo de España que funciona alimentada por carbón (en vía estrecha, existen varias) y que circula por vías de ancho ibérico.

Durante las dos últimas temporadas, la ‘loco’ más cinematográfica de nuestro país ha protagonizado las circulaciones turísticas del ‘Tren de la Fresa’, un atractivo único que concita la atención de los aficionados al ferrocarril. La máquina 140-2054 (su número de serie cuando prestaba servicio en Renfe) llegó hace un par de días a Miranda, procedente de Lleida donde fue sometida a exigentes pruebas de mantenimiento. Junto con su ténder, concitó las sorprendidas muradas de cientos de curiosos y aficionados que no han parado de inmortalizarla con sus cámaras fotográficas.

La octogenaria locomotora fue enganchada a los ‘Costas’ o ‘ Getafes’ que el ‘Tren de la Fresa’ usa en sus circulaciones. Son los CCR-2470, CC-2435, CC-2439 y CC-2375; todos ellos de tercera clase que también ellos tienen su propia historia. Son más o menos contemporáneos de la locomotora, aunque el viajero que tenga un espacio reservado en el CC-2375 (ayer identificado como Coche 4 en la composición) debe saber que se traslada en el más antiguo de los cuatro y también en el más internacional. Sus credenciales lo avalan. Todos los vehículos de esta serie fueron construidos por la American Car and Founfry Export Company de Nueva York para la Compañía de los Ferrocarriles Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA). Salieron de la fábrica entre 1914 y 1920. Durante sus primeros años de uso circuló con la denominación CWffv-145. Tras la Guerra Civil, en 1941, se incorporó a Renfe con el nombre que aún mantiene.

En origen, ésta y el resto de unidades llegaron a contar con alumbrado y calefacción eléctricos. Una de las singularidades del CC-2375, muy característica de los diseños de coches norteamericanos, es contar con un techo abombado (se eleva ligeramente sobre los demás). El vehículo quedaría adscrito durante años al Servicio Militar de Ferrocarriles. Sería coche escuela (el VE-6M). Fue restaurado y, desde 1985, se incorporó a la composición habitual del ‘Tren de la Fresa’ del Museo del Ferrocarril de Madrid.

La ‘Baldwin de Guadix’ (en la localidad accitana siempre se le ha denominado ‘Badwi’ por sus fabricantes Babcock & Wilcox y por lo que se podía leer en su placa de fabricante) es la locomotora más cinematográfica del parque español. La máquina ha sido utilizada en varias películas, entre las que destacan ‘Doctor Zhivago’, “El bueno, el feo y el malo” e ‘Indiana Jones y la última cruzada’. Construida en 1926 por Babcock & Wilcox (por encargo de la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces y Minas de Alquife, que llegarían a contar con una flota de 19 máquinas incorporadas en distintos lotes), fue restaurada en 2001 por la Asociación para la Recuperación de Material Ferroviario, con sede en Lleida, junto con cuatro vagones de carga de los que se ocupó el programa de formación y empleo de la Junta de Andalucía y la Escuela Taller ´Palacio de Villalegre´. Todo el material fue cedido por la Fundación de Ferrocarriles Españoles.

En un primer momento, la máquina de Guadix sería marcada con la numeración 4.106. Una matrícula que se adosó a locomotora y ténder acompañada de las siglas SE (Sur de España). Posteriormente, cuando esta empresa se integró en la Red Nacional de Ferrocarriles Españoles, sería rebautizada con la denominación que aún mantiene.

Este tipo de locomotoras tuvieron un destino muy concreto: mover convoy de mercancías por la línea Almería-Guadix-Baza, siendo asignadas, según la información facilitada por el Museo del Ferrocarril de Madrid, a los depósitos de Guadix y Granada. Las primeras que salieron de fábrica se construyeron en The Baldwin Locomotive Works, en Philadelphia. Su aspecto, muy americano, se seguiría a rajatabla en la Babcock & Wilcox, responsable de fabricar el último lote.

Cuando acabe este singular cometido, la locomotora volverá a los talleres de Lleida donde de nuevo se someterá a nuevas pruebas para asegurar su puesta a punto y afrontar un a nueva temporada. ¿De nuevo en el ‘Tren de la Fresa’?

(Imagen Avelino Gómez)

El Museo de Azpeitia, sin vapor después de 14 años de circulaciones con locomotoras históricas

Crónica de una muerte anunciada. El Museo Vasco del Ferrocarril boquea. Por primera vez en los últimos catorce años, no habrá circulaciones de vapor durante las vacaciones de Semana Santa y, muy probablemente, el problema se mantendrá durante toda la temporada. Los responsables de la instalación museística no logran sustituir a un grupo de entusiastas colaboradores, que hacían de Azpeitia un museo vivo, por alguien que sea capaz de poner en la vía a las joyas ferroviarias de vía métrica que dan sentido a esta institución. La destitución de Juanjo Olaizola (y su despido de EuskoTren) supone un considerable lastre sobre el futuro del museo.

Los entusiastas Amigos del Museo del Ferrocarril de Azpeitia contribuían, sin remuneración a cambio, a poner en el mapa ferroviario este pequeño rincón de la geografía guipuzcoana. Durante las vacaciones de Semana Santa y verano era cita obligada para cientos de personas (muchos de ellos extranjeros) fundamentalmente atraídos por las circulaciones de vapor, algo casi inédito en los centros españoles. Por eso el Museo de Azpeitia aparecía en un lugar distinguido no solo ante los amantes del ferrocarril ibérico, sino para dispares puntos de la geografía europea. Sólo en los últimos cinco años, la media de visitantes que recibía el museo en estos cinco días superaba los 2.000 (sin contar los menores de cinco años que entraban gratis…). La Semana Santa concentraba cerca del 20% de la demanda de todo el año.

Los responsables de EuskoTren han querido obviar algo que en el mundo ferroviario era de dominio público. Juanjo Olaizola era una parte intrínseca del museo que ha dirigido durante casi veinte años. Y que sin él, y los voluntarios que trabajan a su lado, era difícil mantener el centro en las mismas condiciones que tenía hasta su expulsión. Azpeitia ocupaba un lugar privilegiado en el mapa ferroviario, porque Juanjo Olaizola había sabido realizar un trabajo especial. Apasionado del vapor, ha logrado que el tren vasco sea un referente en el extranjero, a través de su gestión en el museo, al que ha dedicado casi dos décadas de intenso trabajo. Con su dirección, apuesta decidida por el vapor vivo y la restauración del patrimonio ferroviario, las instalaciones de Azpeitia eran un ejemplo museístico que otros centros han intentado copiar. Y había conseguido que la localidad guipuzcoana fuera paso obligado para todos los amantes del tren tanto de España como del extranjero.

Ahora Azpeitia ha perdido su magia. Le falta el vapor, su principal valor y punto de referencia mundial para atraer a visitantes que, de otro modo, dejarán de acudir a las instalaciones del Museo Vasco del Ferrocarril. Al parecer, tras la destitución y despido de Juanjo Olaizola, las autoridades vascas no han conseguido contratar a ningún maquinista. Según fuentes conocedoras del proceso, se han dirigido a la Federación Francesa de Ferrocarriles Turísticos (UNECTO) que ha declinado la invitación, pese a que se ha llegado a ofrecer 600 euros por una jornada (en la comparecencia parlamentaria del pasado 23 de marzo, Javier Cruz Expósito, consejero-felegado de EuskoTren únicamente reconoció 300 euros). Y nadie responde a la llamada.

Sin la presencia de la ‘Aurrera’, ‘Zugastieta’, ‘Euzkadi’ o ‘Portugal’ sobre las vías, los visitantes dejarán de acudir porque solo verán un almacén de máquinas y unidades; quietas, inmóviles y con sus hogares marchitos, a falta de fuego y mantenimiento. Juanjo Olaiozola y su equipo de entusiastas colaboradores (que por cierto no cobraban un solo euro por las largas jornadas de mantenimiento de las máquinas y las de circulación en vía) hacían de Azpeitia lo que el Museo representaba hasta hace bien poco. Y ni con todo el dinero del mundo se puede suplir su entrega y abnegado trabajo, que de un plumazo se ha querido borrar. Sin ninguna consideración, se les ha echado sin tener en cuenta que son necesarios para que el Museo siga estando vivo. Porque las máquinas no se mantienen solas.

Tras el nombramiento de una nueva directora, la Fundación del Museo Vasco del Ferrocarril ha abierto un proceso de selección para cubrir cuatro nuevas vacantes que «ayuden en la gestión, mantenimiento, conservación y promoción» del centro. Pretende cubrir así los puestos de secretaria de dirección; atención al cliente; responsable de área de cultura y didáctica; y documentalista conservador. Puestos que Juanjo Olaizola osaba reunir en su persona y que nunca llegó a plantear su incorporación. Además se ocupaba del mantenimiento de las locomotoras de vapor, dirigía la recuperación del material ferroviario que llegaba a Azpeitia, documentaba los distintos elementos de la colección del museo, elaboraba documentos para publicaciones relacionadas con el mundo del tren, escribía libros sobre el ferrocarril vasco y, además, conducía las joyas del museo, amén de formar a otros maquinistas en las artes de las locomotoras de vapor. No hay duda de que Olaizola salía demasiado caro a la institución.

Lo decía el pasado diciembre. Sólo deseo que el Museo Vasco del Ferrocarril sea una institución viva, como sus locomotoras, y que el silbido de esas máquinas que la han hecho famoso sigan atronando las mañanas de la temporada de vapor. Y, si puede ser, con Juanjo Olaizola; ese futuro estaría garantizado. Me consta; nos consta a todos los que amamos el tren. Sin embargo, el museo está herido de gravedad y una sombra negra se cierne sobre el centro. Nadie habla de su cierre; en absoluto. Pero sin las circulaciones de vapor, que a buen seguro no se van a volver a producir, ya que Olaizola es uno de los pocos maquinistas que tienen licencia para operar con esas joyas del vapor, Azpeitia no será lo mismo. Durante estas vacaciones de Semana Santa, se echará de menos los penachos de humo negro que no hace mucho tiempo se veían junto a las vías del Urola y el silbato de cuatro auténticas joyas del ferrocarril. ¡Juanjo te echamos de menos!

La locomotora de vapor ex–Renfe 120-0202 volverá a circular en vía tras una profunda recuperación

Recuperada una joya del patrimonio ferroviario. En breve finalizará la restauración operativa de la locomotora-ténder de vapor ex–Renfe 120-0202, cuyas operaciones se han desarrolado por la colaboración entre el Museo del Ferrocarril de Madrid y las entidades privadas del ámbito de la preservación de nuestro patrimonio ferroviario. La locomotora es de un característico modelo británico de un eje libre anterior y dos ejes acoplados. Su mecanismo y cilindros son interiores.

La construcción de esta elegante máquina tuvo lugar en el año 1877 por los afamados talleres de Sharp Stewart & Co., de Manchester (Gran Bretaña). El encargo fue realizado por la Compañía de los Ferrocarriles de Tarragona a Barcelona y Francia, que numeraría la serie como 23-28. La máquina de la que hablamos sería matriculada con el número 25. Estaba destinada a remolcar los largos y rápidos trenes de viajeros que unían Barcelona con la frontera francesa en Portbou (Girona) ya que el gran diámetro de sus ruedas motrices las hacía muy aptas para servicios de velocidad. Inicialmente, las locomotoras de esta serie estuvieron dotadas de ténder remolcado.

Una vez que la empresa pasó a manos de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y a Alicante (MZA), ésta numeró la serie como 176-181 y, en 1901, acometió su transformación, suprimiéndoles el ténder y convirtiéndolas en locomotoras-ténder. A la antigua locomotora número 25 le correspondió el 178 como número de serie.

Una vez transformadas, y dada la versatilidad que les otorgaba su nueva característica de máquinas-ténder, fueron profusamente utilizadas en los servicios de cercanías prestados por MZA entre Barcelona y las localidades costeras del litoral catalán. Durante décadas fue muy normal verlas al frente de composiciones de cuatro o más coches de cuatro ejes.

Un nueva numeración recayó en esta serie tras la Guerra Civil y la constitución de Renfe. Nada más formalizarse la nueva compañía fueron numeradas como 120-0201 a 120-0204, correspondiéndole a la número 178 de MZA la nueva matrícula 120-0202.

Con los años, estas máquinas fueron desperdigadas por varios puntos de la geografía española. Algunas de ellas acabaron sus días efectuando maniobras en Madrid-Atocha y Sevilla. La 120-0202 en particular lo hizo a finales de la década de 1960 en los Talleres Generales de Atocha. Tras el fin de su servicio activo, esta elegante y potente locomotora fue cedida a la Universidad Autónoma de Madrid, que la colocó con carácter expositivo en un pedestal del campus de Cantoblanco. Desgraciadamente, el paso de los años hizo mella en esta pieza tan singular, llegando a un grado de deterioro muy acusado.

En esta situación, se interesó por ella el Centro de Estudios Históricos del Ferrocarril Español, eligiéndola por su valor patrimonial y sus prestaciones técnicas. Se iniciaron entonces una ronda de contactos entre esta institución, la citada Universidad Autónoma de Madrid y el Museo del Ferrocarril de Madrid. Fruto de tales negociaciones, el 2 de septiembre de 2008 la Fundación de los Ferrocarriles Españoles cedía la locomotora al Centro de Estudios Históricos del Ferrocarril Español para su restauración operativa y su utilización en trenes históricos y/o turísticos. El citado centro suscribió con los talleres de ARMF sitos en Pla de Vilanoveta (Lleida) un oportuno contrato en virtud del cual se iniciaron las labores de restauración, de cara a su puesta en servicio.

Tras ello, el día 12 de mayo de 2011 llegaba a Lleida, donde empezó a ser objeto de las primeras actuaciones. Éstas comprendieron el desmontaje completo de la locomotora y el saneamiento o reconstitución de todos sus elementos. Bastidor, caldera, bielas, ejes, ruedas, ballestas de suspensión, cabina, etc. Sin embargo, hubo que fabricar un nuevo bloque de cilindros, dado que el profundo deterioro que presentaban estos elementos los hacía irrecuperables. Tuvo que ser repuesta gran parte de la valvulería que había sido sustraída, así como el silbato y otras numerosas piezas.

Tras varios análisis, la caldera fue probada y certificada con éxito, por loque pudo realizarse nuevamente el montaje general de la locomotora. El pasado 9 de marzo de 2012 se procedió a la primera prueba en marcha, que arrojó un resultado positivo. La máquina evolucionó satisfactoriamente durante varios viajes por las vías adyacentes al taller. En la actualidad se están realizando los últimos ajustes para dejar la máquina en perfecto estado de operatividad. Tras ello serán realizadas las pruebas en línea.

Esta recuperación es una de las más destacadas de cuantas se han llevado a efecto en los últimos años. La locomotora recién restaurada es ya la más antigua en funcionamiento en España por lo que respecta a las vías de ancho ibérico. Gracias a la actuación desarrollada en conjunto entre el Museo del Ferrocarril de Madrid y el Centro de Estudios Históricos del Ferrocarril Español se ha conseguido volver a poner en marcha una importantísima pieza de nuestro patrimonio histórico ferroviario.

(Imagen ARMF)

El ‘Tren de Arganda’, «que pita más que anda», pretende duplicar este año el número de viajeros

“Pita más que anda”. El histórico ‘Tren de Arganda’ (Madrid), que circula solo los domingos, ha transportado a 5.000 viajeros durante 2011 y este año ampliará su frecuencia a los martes para lograr duplicar esta cifra llevando a grupos de colegios y de más de 25 personas. En la presente temporada primaveral, el tren circulará todos los domingos de marzo, abril y mayo desde la estación de La Poveda (Arganda del Rey) y el apeadero de la Laguna del Campillo (Rivas Vaciamadrid).

La asociación Centro de Iniciativas Ferroviarias Vapor Madrid (CIFVM) es la encargada de operar el ‘Tren de Arganda’, que entre otros cometidos se dedica a la restauración de toda clase de vehículos ferroviarios antiguos. Fundada en 1987, adquiere cierto renombre tres años más tarde cuando deciden adquirir y recuperar una locomotora de vapor de ancho de vía métrica que adquieren en un estado lamentable a un chatarrero de La Felguera (Asturias) a escasos días de ser troceada y destinada a ser fundida en unos altos hornos. La asociación decide entonces radicarse en Arganda del Rey, que aún disponía de las vías del antiguo Ferrocarril del Tajuña. Después de tres años de trabajos de despiece, saneado y reconstrucción, se efectúan las primeras pruebas de funcionamiento, primero en la nave adquirida en el barrio de La Poveda, y poco después por las vías de la estación. La locomotora fue rebautizada como ‘Arganda’, como agradecimiento al municipio que les vio nacer.

La Comunidad Autónoma de Madrid pacta con la empresa concesionaria del Ferrocarril el cese inmediato de la explotación, cerrándolo definitivamente el 27 de noviembre de 1997, después de 111 años de su puesta en servicio, para poder aprovechar gran parte de su explanación en la construcción de lo que será la prolongación de la línea 9 del Metro a Arganda del Rey. Sin embargo, se mantiene la vía entre La Poveda (Arganda) y La Laguna del Campillo (Rivas) y se autoriza a la asociación actividades turístico-culturales con sus antiguos trenes en este tramo del antiguo Ferrocarril de Tajuña. Este trazado, de cuatro kilómetros aproximadamente, discurre por un paisaje de singular belleza, y en el que se incluye un puente metálico sobre el río Jarama y el edificio de la estación de La Poveda.

El 10 de febrero de 2001 tiene lugar el acto oficial en el que los alcaldes de Arganda del Rey y de Rivas-Vaciamadrid y el presidente del CIFVM firman el acuerdo de colaboración entre las tres entidades para la puesta en funcionamiento del Tren turístico de Vapor de La Poveda (Arganda) a La Laguna del Campillo (Rivas), por el antiguo trazado del desaparecido Ferrocarril del Tajuña.

La locomotora Arganda, o locomotora Henschel Arganda, es la joya de la asociación. Una locomotora de vapor-carbón que fue fabricada en el año 1925 en Kassel (Alemania) y que fueue diseñada como una máquina especial para industrias y haciendas, para poder arrastrar una carga considerable, a velocidad reducida, con sus ruedas de pequeño diámetro. Trabajó en unas obras del puerto del Musel (Gijón, Asturias). Su velocidad máxima se estima que es de 20 km/h. Es decir, no era la máquina ideal para trenes de viajeros, por su limitada velocidad. Es una locomotora-ténder, con rodaje de tres ejes acoplados, sin ejes libres, clasificada como 0-3-0T. Muy apropiada para el servicio turístico.

Aunque madrileño de nacimiento, ‘el Tren de Arganda’ recorría 70 de los 148 kilómetros de su trayecto por tierras de la alcarria de Guadalajara. Sus orígenes datan de 1883, cuando se concedió a Juan Carlos Morillo la licencia para la construcción de un ferrocarril que uniría la capital de España con la población de Vaciamadrid y posteriormente con la de Arganda, con la finalidad de transportar los materiales de construcción que abundaban en estos lugares. La empresa se llamó ‘Compañía del Ferrocarril Madrid-Arganda’, que en 1892 se cambió por el de ‘Compañía del Ferrocarril del Tajuña’, al tener en previsión el paso de la línea férrea por la vega de este río.

La velocidad de este tren era bastante baja, ya que no pasaba de los 50 kilómetros a la hora dándose las mejores condiciones, siendo lo normal que circulase a gran lentitud, circustancia que aprovechaban los viajeros para estirar las piernas por el campo mientras el tren marchaba o para echarse unas uvas a la boca al pasar junto a un majuelo; así se entiende el dicho: «el tren de Arganda, que pita más que anda». Cuando se pusieron en funcionamiento los nuevos automotores o «autovías», allá por 1935, el tiempo que se requería para hacer los trayectos se redujo a la mitad, gracias a que sólo paraban un minuto en las estaciones y a que no tenían que tirar de tanto peso, pues se trataba de una especie de autobuses de 40 plazas que iban por los raíles empujados por un motor diesel.

Tras la Guerra Civil, se produce el declive del Ferrocarril de Tajuña. El auge del transporte por carretera y la construcción del pantano de Entrepeñas obliga a la compañía a cerrar tramos, por la poca rentabilidad económica que tenía. Entre 1942 y 1952 el tráfico de viajeros se redujo en un 90%, por lo que la ‘Compañía del Ferrocarril de Madrid-Aragón’ decidió abandonar este servicio, siendo el último tren que llegó a Madrid uno que llevaba mozos para el servicio militar. Era el año en 1953.

La línea siguió funcionando un tiempo para el transporte de remolacha desde Orusco y posteriormente lo hacía entre Vicálvaro y Arganda para el transporte de piedra caliza para la fábrica de cemento Portland.

(Imagen Carlos Teixidor Cadenas en Wikimedia Commons)

‘La Baldwin’ de Guadix se ‘recupera’ de la temporada en los talleres de material histórico de Lleida

‘La Baldwin’ rueda por vías catalanas. Tras prestar ‘servicio’ en ‘el Tren de la Fresa’ durante buena parte de la temporada, la cinematográfica locomotora de Guadix (en la localidad accitana siempre se le ha denominado ‘Badwi’ por sus fabricantes Babcock & Wilcox y por lo que se podía leer en su placa de fabricante) se encuentra en los talleres de material histórico de Lleida para someterla a importantes actuaciones de mantenimiento. Sin embargo, la presencia en vías gerundenses, durante un viaje entre Figueres y Portbou , arrastrando un convoy turístico de la Costa Brava, ha levantado una polvareda en tierras de Granada donde la oposición y el gobierno municipal se han enzarzado en una pelea dialéctica.

No hay duda alguna. ‘La Baldwin’ volverá a Guadix, sede habitual de la única locomotora en activo de España que funciona alimentada por carbón (en vía estrecha, existen varias) y que circula por vías de ancho ibérico. Durante las dos últimas temporadas, la ‘loco’ más cinematográfica de nuestro país ha protagonizado las circulaciones turísticas del ‘Tren de la Fresa’, un atractivo único que concita la atención de los aficionados al ferrocarril. Pero en lugar de volver a su domicilio granadino, la máquina 140-2054 (su número de serie cuando prestaba servicio en Renfe), permanece en unos talleres especializados de Lleida para dejarla en perfecto estado de funcionamiento. Los mantenimientos y reparaciones en las locomotoras de vapor son costosos y constantes.

La controversia se ha producido porque ‘la Badwi’ ha circulado por las vías de Girona con un tren turístico de la Costa Brava. En Granada se encendieron todas las alarmas, puesto que la locomotora de Guadix es una pieza única y muy cotizada en nuestro país. La Compañía General de Ferrocarriles Turísticos, una empresa privada que gestiona la actividad de esta joya ferroviaria, asegura que la máquina está en buenas manos y que no hay problema para su vuelta a Guadix. Sin embargo, precisa que el problema que se plantea ahora es qué hacer con la locomotora, entretanto arranca el proyecto sobre el tren turístico ‘Comarca de Guadix’, que lleva años en el cajón esperando su puesta en servicio.

Al parecer, el equipo de gobierno de Guadix se encuentra estudiando fórmulas conjuntas con esta empresa para lograr mantener la máquina en estado de servicio, ya que de volver a quedar encerrada en un cocherón, en poco tiempo se hallará nuevamente inservible. Todo ello atendido además que, según la normativa vigente, en breve será preceptivo realizarle una revisión de fin de ciclo (doce años) que conllevará su total desmontaje en talleres homologados y unos importantes costes para esta compañía. De ahí que su participación al frente del ’Tren de la Fresa’ ha significado una oportunidad de oro, que ha sabido aprovechar el equipo de gobierno municipal, para allegar unos fondos que contribuyeran a la puesta en orden de marcha, funcional y administrativa, de la histórica locomotora.

La ‘Baldwin de Guadix’ (la 140-2054) es la locomotora más cinematográfica del parque español. La máquina ha sido utilizada en varias películas, entre las que destacan ‘Doctor Zhivago’, “El bueno, el feo y el malo” e ‘Indiana Jones y la última cruzada’. Construida en 1926 por Babcock & Wilcox, fue restaurada en 2001 por la Asociación para la Recuperación de Material Ferroviario, con sede en Lleida, junto con cuatro vagones de carga de los que se ocupó el programa de formación y empleo de la Junta de Andalucía y la Escuela Taller ´Palacio de Villalegre´. Todo el material fue cedido por la Fundación de Ferrocarriles Españoles.


El mundo del tren echa humo y duda de la viabilidad del Museo vasco del Ferrocarril sin Juanjo Olaizola













Azpeitia echa humo. Un humo tan negro como el que sueltan las máquinas de vapor que esta mañana han rodado por las vías del antiguo Urola. Locomotoras vivas y vibrantes conducidas por Juanjo Olaizola, alma mater e inspirador del Museo vasco del Ferrocarril que tiene su sede en la localidad guipuzcoana. Hasta allí se acercaron los amigos del tren que siguen sin comprender por qué Juanjo Olaizola es un estorbo para el futuro de la institución.

La gente del tren quiso transmitir a Juanjo Olaizola su pesar y malestar por todo lo que está aconteciendo en torno a su figura. Y él, sin perder la sonrisa, como casi siempre, parecía el menos afectado de todos los que acudimos a celebrar la fiesta del Museo Vasco del Ferrocarril. Mientras el cielo lloraba y empapaba máquinas, coches y pasajeros, Juanjo Olaizola, vestido con el sempiterno mono azul de trabajo (apenas le recuerdo vestido de calle), enfundado en sus guantes, abría y cerraba válvulas de sus queridas máquinas para deleitar a sus visitantes con un recorrido por las vías del antiguo tren del Urola. Las locomotoras disparaban al aire fuertes volutas de humo, haciéndose más presentes que nunca, como para recordar a propios y extraños que están ahí, vivas, poderosas, en perfecto estado de forma. Y todo porque Juanjo Olaizola se ha empeñado en que eso sea así; y ha convencido a unos cuantas entusiastas del tren para que sigan sus pasos y preserven de la herrumbre y el abandono estas poderosas máquinas, verdaderas joyas de la institución de Azpeitia.

No me resigno a pensar que todo lo que se ha construido en estas dos últimas décadas, que han logrado poner el nombre de Azpeitia en el mapa, y no solo del mundo ferroviario, puede desaparecer de la noche a la mañana porque falta la mano de Juanjo Olaizola o su inspiración. Y, sobre todo, su trabajo. Hay quien piensa que la marcha de quien ha figurado como director del centro en estos últimos veinte años (y hasta eso se le niega en estos momentos), es el final de una época.

Este post (tan personal) no es gratuito. No sé si soy amigo de Juanjo Olaizola (en realidad no he cruzado con él más allá de dos horas de conversación en estos años); pero no soy enemigo de quienes han decidido quitarlo de en medio. Ni tan siquiera tengo un reproche para quien le va a sustituir al frente del museo o para quienes han decidido tamaña injusticia. El tiempo da y quita razones; y espero que no sea tarde cuando alguien se dé cuenta de que tipos como Juanjo Olaizola no abundan en este país. Gente capaz de enfundarse el mono de trabajo en sus días libres, tiznarse la cara de carbón, trajinar en las calderas y conducir esas poderosas máquinas arriba y abajo, ante las boquiabiertas caras de los niños y el recuerdo nostálgico de los más mayores. Pueden contarse con los dedos de una mano.

En realidad, soy tremendamente egoista. Solo quiero que Azpeitia sea lo que es: un museo vivo. Conozco otras instituciones que guardan en sus naves trenes y máquinas poderosas (menos de los que debería haber, sin embargo). Pero pronto me he cansado de la visión de esos pedazos quietos de hierro. No son más que almacenes. Azpeitia, sin embargo, es otra cosa. Y así lo sienten quienes tienen la suerte de poder disfrutar de sus trenes (en especial de las locomotas Aurrera, Zugastieta, Portugal y, sobre todo, Euzkadi). O de sus diésel o eléctricas allí preservadas (que no almacenadas). Y todo es fruto de la pasión, el cariño y el conocimiento (sabiduría, diría yo), de un personaje que quizá en otro país estaría ya en un pedestal (y no creo exagerar).

Sólo deseo que el Museo Vasco del Ferrocarril sea una institución viva, como sus locomotoras, y que el silbido de esas máquinas que la han hecho famoso sigan atronando las mañanas de la temporada de vapor. Y, si puede ser, con Juanjo Olaizola; ese futuro estaría garantizado. Me consta; nos consta a todos los que amamos el tren.

(Con especial cariño a Juanjo y Mercedes. Un tipo muy poco corriente como se puede apreciar en las imágenes que preceden esta entrada. Las fotos se pueden reproducir citándome como autor de las mismas. La imagen de la protesta me la ha cedido José Carlos Lolo Lamas)

El ‘Tren de la Fresa’ salva in extremis la amenaza de cierre y volverá a la cita con las vías

Acuerdo, in extremis. La temporada 2011 volverá a contar con el ‘Tren de la Fresa’. La Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Aranjuez, el Museo del Ferrocarril y Patrimonio Nacional han llegado a un acuerdo, tras la reunión que han mantenido en la Dirección General de Turismo, para subsanar la situación presupuestaria especialmente «difícil» por la que atraviesa el ‘Tren de la Fresa’, según informa el Gobierno regional en un comunicado. El acuerdo establece que las dos administraciones y el Museo del Ferrocarril aportarán 35.000 euros a partes iguales para cubrir el desequilibrio económico que hacía peligrar su continuidad y que asegura la celebración de esta nueva temporada.

Tras este acuerdo, el ‘Tren de la Fresa’ podrá llevar a cabo el programa previsto que contempla unas 24 circulaciones cada año, repartidas entre los meses de mayo y junio, septiembre y octubre; con salidas en días sábado y domingo. El Museo del Ferrocarril se compromete a presentar a las Instituciones, antes de finales del mes de junio, un plan que garantice la sostenibilidad a largo plazo del programa del ‘Tren de La Fresa’.

En breve, los responsables del museo comunicarán la locomotora que tirará del histórico convoy. La mayor parte de los aficionados esperan que pueda recurrirse, como en casi su historia, a algunas de las joyas de vapor de nuestro país, aunque a estas alturas de la temporada quizá sea difícil contar con algunas de las históricas máquinas.

Aun renqueante, durante 26 años ha acudido puntual a su cita de mayo. Estas últimas temporadas ha tenido que recurrir a las asociaciones de amigos del ferrocarril para que algunas de sus joyas de vapor hicieran más apetecible el traslado desde Madrid a Aranjuez. Las viejas pero encomiables locomotoras de Delicias siguen esperando una reparación (tampoco hay fondos). Porque solo el vapor es capaz de atraer a los aficionados a este corto, pero alucinante trayecto. Así que la Mikado 141-F-2413 de Delicias, su gemela de Monforte 141F-2111 ‘Galicia’ o ‘La Garrafeta’ y la ‘Baldwin’ de a Guadix (el pasado año) han sido el polo atractivo de este peculiar servicio turísco, el más antiguo y conocido de este país.

El ‘Tren de la Fresa’, más allá de los aspectos “puramente económicos, ha adquirido una indiscutible función social por ser ya un símbolo de la Comunidad de Madrid y de nuestro país que, por un lado, transmite la memoria entre generaciones de un modo de transporte ya desaparecido; y, por otro, representa una singular forma de ocio y cultura de la comunidad madrileña”. “Para muchas personas, su suspensión significa una ruptura difícilmente comprensible y aceptable por la sociedad madrileña”, añaden.

El ‘Tren de la Fresa’ recrea el viaje que en 1851 dio origen a la segunda línea férrea de la Península ibérica (el 10 de noviembre de 1837 se había inaugurado el ferrocarril entre Güines y La Habana, en Cuba que por aquel entonces todavía era española, y ya se habían apagado los ecos del Barcelona-Mataró de 1848). Además del transporte de viajeros, muchos de ellos pertenecientes a la corte real (según cuenta la leyenda, llegaba hasta la misma puerta de la residencia real y los últimos metros de carril eran de plata), el ferrocarril llevaba hasta los mercados de Madrid los productos de la huerta, sobre todo espárragos y fresas, de donde toma finalmente su nombre.

El convoy, que lleva funcionando 26 años y que se ha consolidado como el tren turístico más antiguo en funcionamiento de Europa, es una iniciativa organizada por la Fundación de Ferrocarriles Españoles, a través del Museo del Ferrocarril; la Comunidad de Madrid, a través de la Dirección General de Turismo; Patrimonio Nacional y el Ayuntamiento de Aranjuez.

(Imagen Chema Barroso)

El ’Tren de la Fresa’ de la temporada 2011, en el aire

No hay dinero. La crisis aprieta. Y de qué forma. Por primera vez en 27 años, el ‘Tren de le Fresa’ no va a acudir a su cita con las vías en esta temporada. Al menos, eso es lo que parece. La falta de financiación ha puesto en peligro el concurso de este clásico convoy de Aranjuez. Salvo que se pongan de acuerdo las cuatro instituciones que lo patrocinan (Comunidad de Madrid, Ayuntamiento de Aranjuez, Patrimonio Nacional y la Fundación de Ferrocarriles) y decidan aprovechar, al menos, parte de la campaña de 2011. Aunque la empresa, a estas alturas, parece difícil.

Aun renqueante, durante 26 años ha acudido puntual a su cita de mayo. Estas últimas temporadas ha tenido que recurrir a las asociaciones de amigos del ferrocarril para que algunas de sus joyas de vapor hicieran más apetecible el traslado desde Madrid a Aranjuez. Las viejas pero encomiables locomotoras de Delicias siguen esperando una reparación (tampoco hay fondos). Porque solo el vapor es capaz de atraer a los aficionados a este corto, pero alucinante trayecto. Así que la Mikado 141-F-2413 de Delicias, su gemela de Monforte 141F-2111 ‘Galicia’ o ‘La Garrafeta’ y la ‘Baldwin’ de a Guadix (el pasado año) han sido el polo atractivo de este peculiar servicio turísco, el más antiguo y conocido de este país.

«La situación económica actual también afecta, como todo el mundo puede entender», explica el director del Museo del Ferrocarril, Miguel Muñoz, quien asegura que la dirección de la Fundación ha decidido suspender la campaña porque el déficit que tiene «no se puede asumir».

No obstante, representantes de los patronos acuden hoy a una reunión para estudiar si aún es posible mantener la campaña de 2011 con parte de las circulaciones. Normalmente, en cada temporada el ‘Tren de la Fresa’ completaba el recorrido entre Madrid y Aranjuez unos veinte días. La propuesta que se lleva mañana a la mesa de negociación es dejarla en diez. “Quizá salga solo los domingos”, plantea Muñoz que recuerda que en la temporada pasada el convoy recibió unos 6.000 viajeros (unos 300 de media por cada circulación). El director del Museo se muestra optimista y confía aún y en salir a las vías. Sería una pena que desapareciera», ha reconocido Muñoz.

Muñoz explica que el coste del servicio es «muy alto» porque el material del convoy es único en su género e irremplazable. Cuatro coches ‘costa’, construidos para los servicios de cercanías de la Compañía MZA entre 1914 y 1930, y dos furgones de los años sesenta, que pertenecen a la serie J 400.000, forman parte de este convoy presente desde hace 26 temporadas.

Desde las asociaciones de los amigos del ferrocarril ya han expresado su malestar por esta decisión y apuntan que la suspensión del servicio «es la única medida que se ha adoptado para aligerar el presupuesto económico, sin atender otras posibles soluciones». «Esta decisión no ha gustado a ninguno de los colectivos relacionados con el ferrocarril ni, en general, a los consumidores, ya que la ocupación media siempre ha sido superior al 90% en sus 26 años de funcionamiento», explican desde las asociaciones.

El ‘Tren de la Fresa’, más allá de los aspectos «puramente económicos, ha adquirido una indiscutible función social por ser ya un símbolo de la Comunidad de Madrid y de nuestro país que, por un lado, transmite la memoria entre generaciones de un modo de transporte ya desaparecido; y, por otro, representa una singular forma de ocio y cultura de la comunidad madrileña». «Para muchas personas, su suspensión significa una ruptura difícilmente comprensible y aceptable por la sociedad madrileña», añaden.

El ‘Tren de la Fresa’ recrea el viaje que en 1851 dio origen a la segunda línea férrea de la Península ibérica (el 10 de noviembre de 1837 se había inaugurado el ferrocarril entre Güines y La Habana, en Cuba que por aquel entonces todavía era española, y ya se habían apagado los ecos del Barcelona-Mataró de 1848). Además del transporte de viajeros, muchos de ellos pertenecientes a la corte real (según cuenta la leyenda, llegaba hasta la misma puerta de la residencia real y los últimos metros de carril eran de plata), el ferrocarril llevaba hasta los mercados de Madrid los productos de la huerta, sobre todo espárragos y fresas, de donde toma finalmente su nombre.

El proyecto de este tren se debe al Marqués de Pontejos que, bajo el patrocinio del Marqués de Salamanca, fue finalmente inaugurado por la reina Isabel II. La propia monarca cedió gustosamente terrenos de su propiedad, al oeste del Palacio Real, para la entrada del ferrocarril en Aranjuez. Para llevar a cabo la línea, se tuvieron que salvar diversos accidentes geográficos, con la construcción de sendos puentes sobre los ríos Jarama y Tajo. La importancia estratégica de la línea era elevada, pues suponía el primer paso del ferrocarril desde Madrid a Andalucía y Levante.

Se construyó una estación término, hoy desaparecida, frente a la fachada occidental del Palacio Real de Aranjuez, a la que se añadiría años después otra estación al sudoeste del casco antiguo de la ciudad, en la que paraban los trenes destino a Cuenca, tras la prolongación de la línea a esta ciudad en 1883. Ambas fueron sustituidas por otra estación, construida en 1923, y que actualmente sigue en uso. Hasta la creación de Renfe en 1941, dicha estación pertenecía a la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), como muestran los mosaicos decorativos existentes en su vestíbulo.

El Proyecto del ‘Tren de la Fresa’ surgió por iniciativa del Ayuntamiento de Aranjuez, que con motivo de las Fiestas de la Primavera del año 1984 quiso organizar un acto especial para conmemorarlo. Por otra parte, ese mismo año se cumplían 133 años de la inauguración de la línea Madrid-Aranjuez y el Museo del Ferrocarril abría sus puertas en la nueva sede de la antigua estación de Delicias, donde ya era posible la exhibición de material ferroviario en sus vías.

Con tal motivo, las instituciones del Ayuntamiento de Aranjuez, Renfe y el Museo del Ferrocarril se pusieron en contacto y, entre las tres, se materializó el ‘Tren de la Fresa’. ¿Se salvarán los escollos y se evitará este chasco final?

(Imagen Chema Barroso)

¿Sin vapor en Azpeitia?

La cuestión parece clara. La temporada de vapor en Azpeitia está más que en el aire. De hecho en la programación que Eusko Tren acaba de hacer pública las circulaciones de trenes ni aparecen. Y era precisamente esta materia la que convertía el Museo Vasco del Ferrocarril en algo especial y distinto del resto de instalaciones ferroviarias. Pero sin maquinista, es difícil hacer que las máquinas de la colección del centro de Azpeitia cobren vida propia.

Y todo por la destitución de Juanjo Olaizola como director del Museo del Ferrocarril de Azpeitia, al que Eusko Tren ha decidido trasladar al departamento de Formación de la operadora vasca. Juanjo Olaizola es, al parecer, el único titulado que puede maniobrar con las locomotoras de la colección museística. Difícil, por tanto, hacer posible la temporada de vapor vivo que, de momento, parece descartada de la programación, a tenor del documento que Eusko Tren muestra estos días en su página oficial.

Todos los años, al inicio de la temporada, se hacía constar los días de circulación de trenes en la información del museo. Y esta iniciativa es, a todas luces, el punto fuerte de Azpeitia, adonde acudían miles de visitantes para festejar el movimiento de las máquinas de vapor o el de las joyas eléctricas de la compañía vasca.

Las dudas se ciernen sobre el museo de Apeitia, además, porque Eusko Tren tiene planes sobre la antigua línea del Urola. Según informaciones periodísticas, la operadora y el Gobierno vascos tienen sobre la mesa un estudio en el que se propone poner en funcionamiento el tren del Urola en su tramo entre Azpeitia y Zumaia, 17 kilómetros que serpentean el tradicional valle fabril. Parte de ese recorrido, se recuperó hace casi dos décadas para los trenes del museo. Y algunas de sus insalaciones se aprovecharon para albergar las distintas colecciones.

El informe de viabilidad está en marcha; si el dictamen es positivo habrá que dar otros pasos, como el análisis de su impacto medioambiental. La recuperación del tren del Urola permitiría descongestionar las en su momento aplaudidas carreteras de 80.000 camiones al año, 40.000 de ellos en Guipúzcoa, muchos de los cuales recorren el camino que lleva del puerto de Zumaia a las acerías de Azpeitia cargados de chatarra.

¿Y entonces qué pasaría con el museo? Ni desde la operadora ni desde el Gobierno se han dado explicaciones a la destitución del director del museo, al que parecen reprochar cierto patrimonialismo sobre el centro de Azpeitia. Dos décadas de gestión y aportación personal de Olaizola, que se ha dejado miles de horas de su ocio personal en las instalaciones del museo, pueden hacer pensar en cierta querencia hacia el museo. Es innegable. Pero de ahí a que se crea que es parte de su herencia, va mucho camino.

Juanjo Olaizola es un hombre que se ha entregado con suma pasión a los trenes y al centro que él creó casi de la nada. El ex director del centro es conocido en los ambientes ferroviarios españoles y extranjeros como uno de los grandes expertos sobre el mundo del tren. Por eso se hace extrañamente complejo pensar en el futuro de Azpeitia sin Juanjo Olaizola. Ambos están unidos por la historia. Cada día que pasa se hace más que dudosa la continuidad del museo sin la presencia de su último director. Y si no se pueden disociar el uno del otro ¿La suerte de Azpetia está echada?