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“125 años del tren de La Robla”, en La Concordia

La estación bilbaína de la Concordia acoge una exposición que conmemora los 125 años del Ferrocarril de La Robla. Durante un mes, 24 paneles quedarán expuestos en el vestíbulo de la estación ubicada en la calle Bailén para dar a conocer la historia de una línea tan ligada a la de Bizkaia. El 6 de octubre de 1892 entraba en servicio la sección comprendida entre Espinosa de los Monteros (Burgos) y Balmaseda (Bizkaia) del que en pocos años se convertiría en la mayor línea de vía métrica de Europa: El Ferrocarril de La Robla.

Este primer tramo de 45 kilómetros de recorrido pronto se vería ampliado y en 1894 se puso punto final a la colosal obra de enlazar el norte de León con Euskadi, mediante una vía férrea de 284 kilómetros que comunicaba la vertiente sur de la cordillera cantábrica con Bizkaia, prestando servicio a tres comunidades autónomas, cinco provincias y un sin número de poblaciones, pero, sobre todo, dando salida a la producción carbonera de las minas leonesas y palentinas con destino a la industria pesada que en aquella época se desarrollaba en el País Vasco. Más tarde, su trazado inicial entre La Robla y Balmaseda se extendería por ambos extremos, para alcanzar la ría del Nervión en Lutxana en 1902, y la capital leonesa en 1923.

Para conmemorar el 125 aniversario de la inauguración de la primera sección del mayor ferrocarril de vía métrica de Europa, el Museo Vasco del Ferrocarril de EuskoTren ha organizado una exposición que, a través de 24 paneles, narra la rica historia de esta notable vía férrea, desde sus antecedentes, que se remontan a la lejana fecha de 1832, hasta la maduración del proyecto, su construcción y las diferentes fases de la explotación, inicialmente muy difícil, para consolidarse en los años de la Primera Guerra Mundial y alcanzar su esplendor en los de la Segunda Guerra Mundial, gracias a la creciente demanda del carbón que transportaban sus vagones.

A través de 24 paneles, profusamente ilustrados con fotografías de gran valor histórico, el visitante puede recorrer todos estos acontecimientos y conocer detalles como la figura del promotor de la línea, el ingeniero guipuzcoano Mariano Zuaznávar, los orígenes de los modernos trenes Talgo, cuyos primeros diseños realizó Alejandro Goicoechea cuando dirigía los talleres de La Robla en Balmaseda o el elemento más simbólico de este ferrocarril, las ‘ollas’ o ‘putxeras’ ferroviarias en las que los ferroviarios preparaban sus comidas y que en la actualidad, se han convertido en el centro de los festejos populares de la mayor parte de las localidades comunicadas por este mítico tren.

La exposición se presentó al público el 6 de octubre de 2017 en la sede del Museo Vasco del Ferrocarril en Azpeitia (Gipuzkoa), donde permaneció hasta el 10 de diciembre. El 19 del mismo mes se abrió en Balmaseda y el 30 de enero en el otro extremo del tramo que cumple el 125 aniversario: Espinosa de los Monteros. Ahora se puede ver en el vestíbulo de La Concordia, emblemática estación bilbaína desde la que actualmente parte a diario el tren con destino León, popularmente denominado Ferrocarril de La Robla.

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Los trenes de Sabero, en primer plano

El Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León (MSM), con sede en Sabero, proyectará varios documentales sobre los ferrocarriles de la empresa minera Hulleras de Sabero y Anexas SA. Esta actividad puesta en marcha por la Consejería de Cultura y Turismo tendrá lugar este viernes 24 de noviembre, a las 18.30 horas. Los documentales, aptos para todos los públicos, tienen una duración de 30 minutos. La entrada es libre hasta completar aforo.

El MSM dedica su programación del noviembre a los ferrocarriles de Hulleras de Sabero. Este último fin de semana se han centrado en los ferrocarriles de la empresa minera Hulleras de Sabero. La jornada del sábado día 18 un grupo de amigos del patrimonio industrial participaron en la limpieza de la maquinaria ferroviaria ubicada en el entorno del MSM. Mientras, la Asociación de Ferroviarios San Fernando de Cistierna, mostraban a los asistentes la forma de cocinar de los trabajadores del ferrocarril, con un curso de cocina en las famosas pucheras (ollas ferroviarias).

Javier Fernández, director del Museo del Ferrocarril de Gijón, dedicó una conferencia a explicar la historia y la importancia que tuvo el ferrocarril minero en la cuenca de Sabero, y recibió después en el centro gijonés, encargado de conservar, investigar y difundir el patrimonio histórico ferroviario de Asturias, a diversos integrantes del MSM.

Los orígenes de la minería del carbón en el valle de Sabero se remontan a 1830, cuando comienzan a establecerse las primeras explotaciones. Hulleras de Sabero y Anexas, la compañía más potente del sector de aquella cuenca, se funda en 1892 y se hace cargo de las concesiones de su antecesora, Minas de Sabero, y de la ferrería de San Blas algo más tarde. Hulleras de Sabero y Anexas construye en 1894 el ferrocarril de vía métrica que transporta el mineral de la cuenca hullera de Sabero. Este ferrocarril uniría el complejo industrial de Vegamediana con Cistierna a través del valle del río Esla, para contactar en ese punto con el recién construido ferrocarril de La Robla (inaugurado el 11 de agosto de 1894).

Estre complejo industrial llega a disponer de tres baterías para la obtención del coque con un total de 48 hornos, fábricas de aglomerados y briquetas, etc. El taller de clasificación de carbones y el lavadero tenían una capacidad de tratamiento de 100.000 toneladas anuales, que empleaban mediante bombeo las aguas del Esla. Para dar servicio a este gigantesco conjunto fabril se instala en 1900 una línea de 600 mm de ancho y 6 kilómetros de longitud, que transporta los carbones extraídos en sus minas (Las Quemadas, Sotillos, Pozo Herrera II de Olleros, etc.). Desde allí, y por vía de ancho métrico, se trasladaban los productos hasta enlazar en Cistierna con el ferrocarril de La Robla, desde dónde eran enviados hasta los altos hornos vizcaínos.

Este ferrocarril minero contó con un amplio parque de locomotoras de vapor de vía métrica (locomotora nº 4 ‘Vegamediana’, nº 5 ‘Vegabarrio’, nº 8 ‘Bilbao’, nº9 ‘Vizcaya’, nº 10 ‘El Esla’ y locomotora nº 11 ‘Cistierna’). Con el fin de modernizar su parque motor HSA puso en funcionamiento, en 1977, un tractor diésel de dos ejes, que en los últimos años de explotación y con el fin de evitar en lo posible el riesgo de incendios forestales, era el encargado de remolcar los trenes desde el complejo minero de Vegamediana hasta la localidad de Cistierna, relegando a labores de maniobras a las veteranas locomotoras de vapor.

Los trenes formados allí eran conducidos por las máquinasde vapor del FC. de La Robla, más tarde por las locomotoras diésel de Feve, siendo los últimos destinos de los trenes las centrales térmicas de Guardo y La Robla, la estación de Mataporquera -punto de enlace con la red de Renfe- y el puerto de Bilbao, para su exportación.

Un silente aniversario: 125 años de ‘El Hullero’

“La industria minera adquiere por momentos superior importancia en la provincia de León, y el ferrocarril hullero de la Robla a Valmadeda (sic) dará una grandísimo impulso, singularmente a la rica industria carbonífera. El viernes llegó por primera vez la máquina a la villla de Boñar, principal mercado de aquellas montañas antes de que termine el verano se abrirá al servicio público la línea, dándose por seguro que en un año quedarán unidas las pródigas cuencas hulleras de Asturias y León, con las grandes fábricas metalúrgicas de Vizcaya, favoreciendo así el engrandecimiento de una de las más importantes industrias nacionales”. El diario’La Época’ saludaba el lunes 18 de julio de 1892 la puesta en marcha del Ferrocarril de La Robla, si bien hubo que esperar unos meses más para la inauguración del servicio regular de viajeros. Se han cumplido 125 años de aquella efeméride.

La historia de ‘El hullero’ está ligada al desarrollo industrial vasco y a la prosperidad de Bizkaia. Y, sin embargo, ninguna institución ni organismo público se ha acordado de esta efémeride que, como tantas otras del ferrocarril, ha pasado sin pena ni gloria. Ni un solo recuerdo, ni una triste nota, el más absoluto de los silencios. Solo algunos especialistas del sector nos han hecho rememorar que esa línea férrea fue esencial durante muchas décadas para el motor industrial de este país. Entre ellos cabe destacar la labor del Museo del Ferrocarril de Azpeitia, y de su alma mater Juanjo Olaizola, que ha organizado una exposición temporal abierta al público en la ultima jornada especial con motivo de su XXIII aniversario, que tuvo lugar el pasado 14 de octubre. Coincidiendo con esta efeméride en Azpeitia permanece el coche salón de este ferrocarril, que permanecerá en el museo hasta finales del próximo mes de marzo. También el Museo de Gijón ha dedicado una jornada a recordar la importancia de esta línea, con exposiciones y una conferencia de su director Javier Fernández López. Pero el más absoluto vacío entre las autoridades.

Hace ahora siglo y cuarto (noviembre de 1892) comenzaba su andadura esta línea, la más larga de España en vía estrecha y una de las más importantes de Europa en su género. Con el parque más destacado de locomotoras de vapor de vía métrica, y más de 300 kilómetros de longitud, este ferrocarril marcó numerosos hitos en la historia ferroviaria e industrial española.

“Estos son los héroes de la gloriosa epopeya industrial, cuyo primer canto resuena ya por las pacíficas riberas del Torio, del Curueño y del Porma”, escribía Antonio de Valbuena, una de las mejores plumas de ‘El Heraldo de Madrid’. “Don Mariano Zuaznavar, inteligencia poderosa, iniciativa singular, fuerza de voluntad incomparable; cualidades todas que parecen como oscurecidas por su modestia y su finísimo trato, es el autor del pensamiento, el director de la compañía y el alma de la empresa. Don Manuel Oráa, el ingeniero jefe, hombre reflexivo, de gran afición al estudio, puesta al servicio de un claro talento, tan amable y sencillo como sabio, es el que ha allanado todas las dificultades. No hay manera de olvidar a Julián Salguero, hombre de temple acorado, que parece haber resuelto el problema de vivir sin dormir y sin comer cuando el adelanto de las obras lo requiere. Allí estaba también, con su mirada viva y penetrante, mezcla rara de actividad y de inteligencia”.

Para no depender de los carboneros ingleses y asegurarse el suministro energético, los industriales vizcaínos compraron participaciones en las minas asturianas, leonesas y palentinas. Altos Hornos de Vizcaya entró en el capital de la Unión Hullera y de Carbones Asturianos. Pero, como decía Julio Lazúrtegui, el carbón en la mina es estéril; necesita, al igual que el mineral de hierro, del transporte mecánico. La respuesta a cómo trasladar las cargas de hulla a Baracaldo y Sestao la dio el ingeniero de minas Mariano Zuaznávar Arrazcaeta.

Hablar de Mariano Zuaznávar es sinónimo de prosperidad y riqueza para los pueblos mineros. Gran desconocido para la mayoría de ciudadanos, su llegada a la comarca supone el impulso definitivo de muchas localidades ligadas durante décadas a la extracción de carbón de las entrañas de sus bosques. Zuaznávar es un hombre clave para el desarrollo económico del tercio Norte de las cuencas carboníferas de Palencia y León. Él es quien hace posible la llegada del ferrocarril a la zona, una zona con gran potencial productivo que hasta la fecha apenas se ha podido explotar debido a los grandes costes que supone el traslado del mineral más allá de sus fronteras. La Robla, vital para el abastacimiento de la siderurgia vizcaína, es también motor de desarrollo de una tierra deprimida a la que por fin le llega su momento de gloria. El hullero supone, por tanto, el despegar definitivo de la zona ofreciendo la posibilidad a los lugareños de la época de llegar a pueblos y ciudades prácticamente inalcanzables hasta la fecha.

Aquellas tierras montañosas ni tan siquiera habían conocido las carreteras y las diligencias tiradas por caballerías, que, ya en aquella época, hacía décadas que recorrían los sinuosos caminos del Norte. Pero el ferrocarril llegó a golpe de pico y pala; excavación de trincheras; perforación de túneles; explosiones de dinamita que abrían paso a la vía entre el curso del río y las duras peñas que jalonan su trazado; sangre, sudor y lágrimas de miles de trabajadores y el entusiasmo de los pobladores a medida que el nuevo transporte llegaba a los límites de sus villorrios. Y, con la traza del raíl, se inició un trasiego sinfín de gentes curtidas y necesitadas, que lejos del terruño soñaban con una vida mejor y se embarcaban en esos trenes que iban y venían. Una masa obrera anónima se dejó el alma, y la vida, para abrir el camino de hierro de aquel septentrión.

El capital provino casi en su totalidad de particulares bilbaínos. La confianza en sí mismos y en la rentabilidad de la empresa animó a los promotores a no solicitar fondos de las instituciones públicas. Unicamente se recibieron cifras simbólicas por parte de algunos Ayuntamientos y Diputaciones. Caso excepcional en España, la financiación del ferrocarril de La Robla fue pagada casi exclusivamente por los accionistas y obligacionistas.

El proyecto de Zuaznávar desempolvó el intento de tender un «camino de fierro» entre Bilbao y Bercedo, patrocinado por la Diputación General del Señorío en 1831, y que —de haberse culminado— habría sido el primer ferrocarril español, anticipándose a los de La Habana-Bejucal (1837), Barcelona- Mataró (1848) y Madrid-Aranjuez (1851). El informe Zuaznávar aportaba dos argumentos para que los promotores del ferrocarril se decidiesen por el ancho métrico. Primero, el coste de éste era de 70.000 pesetas por kilómetro, frente a las 200.000 del ordinario; y, segundo, se contaba con que la Compañía del Cadagua concedería permiso para instalar dos carriles interiores a lo largo de su vía y permitir llegar al hullero a los hornos y al puerto, lo que así ocurrió, a cambio del pago de un peaje, según cuenta Pedro Fdez. Barbadillo.

La línea se dividió en cuatro tramos: entre La Robla y La Espina, entre La Espina y un punto situado entre Montesclaros y Las Rozas, entre este punto y Bercedo y entre Bercedo y Balmaseda. Se comenzó por los dos extremos a fin de aprovechar lo ya construido para el traslado del material, de los suministros y del personal. También se recurrió a los empalmes de La Robla y Mataporquera con el ferrocarril del Norte y de Balmaseda con el del Cadagua.

La ceremonia inaugural tiene lugar en el Barranco de las Codas, entras las estaciones cántabras de Mataporquera y Las Rozas. Dos trenes llenos de banderas nacionales y con el nombre de las cinco provincias que atraviesa la línea (León, Palencia, Santander, Burgos y Vizcaya) presiden el simbólico acto. Las máquinas ‘León’ y ‘El Engaña’ tiran de los convoys donde viajan los invitados a este ritual. Es el trazado de ancho de vía métrico más largo de Europa.

(Imagen F. Pardo)

Viajeros de la antigua línea de La Robla se ven obligados a dejar el tren y viajar en autobús

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Autobuses en lugar de trenes. Pueblos de la Montaña Oriental Leonesa buscan el apoyo de los municipios de la comarca de Guardo para llevar a cabo alguna acción a nivel local para que Renfe restituya el servicio ferroviario. Desde hace un tiempo los viajeros que optan por el ferrocarril de ancho métrico para sus desplazamientos desde y hasta la Montaña Palentina por motivos laborales, estudiantiles o de ocio se han visto obligados en algunas ocasiones a cambiar el trazado férreo por la carretera.

La voz de alarma la dio el alcalde cisterniense y senador socialista por León, Nicanor Sen. El político explica que en aquellos pueblos en los que hay jefe de estación «éste es el encargado de avisar a los usuarios que se encuentran esperando en el andén. El problema es mayor en las localidades que carecen de personal, en las que el revisor del tren, que viaja en el autocar, tiene que acercarse hasta el apeadero para comprobar si hay o no gente. Cuando la parada está cerca de la carretera, es algo rápido, pero en los pueblos en los que está alejada se pierde mucho tiempo».

En los últimos meses la falta de maquinistas ha llevado a Renfe a tomar la decisión en algunos tramos de la línea León-Bilbao de suprimir el servicio ferroviario, en especial, el servicio de cercanías entre la capital leonesa y la localidad de Cistierna, a tan solo treinta y cinco kilómetros de Guardo. Sin embargo, esta situación también se ha extendido a otros puntos del trazado. Concretamente al que discurre entre la citada estación y la de Mataporquera (Cantabria) afectando a los viajeros de las localidades norteñas de referencia por las que pasa la tradicionalmente conocida como La Robla: el municipio guardense (que cuenta con estación y apeadero), Santibáñez de la Peña, Castrejón de la Peña y Cervera de Pisuerga, amén de otras tres paradas en territorio palentino.

La decisión de sustituir el servicio ferroviario por el de carretera se toma «de manera puntual», según aseguran desde Renfe. La operadora precisa que solucionarán el problema «con la mayor brevedad posible», al tiempo de que piden disculpas «por las molestias que hayamos podido causar a nuestros clientes».

La última vez que se dio esta situación fue este mismo jueves por la noche, fecha en la que el convoy partió de la estación de La Concordia en Bilbao con destino a León, pero no completó el trayecto. Al parecer, nadie informó de la circunstancia a los viajeros hasta que el tren se aproximaba a Mataporquera. El revisor comunicó a los pasajeros que debían abandonar el tren y subir a un autobús. Los propios clientes debían ocuparse del equipaje con el consiguiente trastorno que esto supone, sobre todo para las personas mayores, relatan algunos de los testigos al Diario Palentino.

Ahora los asiduos del servicio quieren que alguien tome medidas. «Podríamos estar hablando de mociones o alguna fórmula legal para que esta situación se solucione cuanto antes», indica el senador Sen. El mayor problema se encuentra en el tramo que conecta Cistierna con León. Guardo, Santibáñez y Cervera, entre los municipios a los que afecta esta decisión. Si nadie lo remedia, la situación irá a peor y quién sabe si el servicio quede suprimido.

El Museo del Ferrocarril de Gijón organiza hoy una muestra de cocina de la zona en olla ferroviaria

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¿Quieres conocer cómo se hace una olla ferroviaria? Degustar un guiso muy especial cocinado en una auténtica olla ferroviaria y disfrutar de un pequeño viaje en un coche de madera con locomotora a vapor y diesel es la oferta que te hace para hoy el Museo del Ferrocarril de Gijón. Aunque en Asturias la utilización de esta herramienta apenas si llegó a cuajar (los viajes en tren eran por lo general muy cortos y los ferroviarios no necesitaban el uso de este tipo de artes), en los últimos años se realizaban ollas ferroviarias en el Museo del Ferrocarril durante las jornadas del vapor para los empleados ya que con la afluencia de visitantes no tenían tiempo a comer. Fabada y arroz galopiau eran los platos más características de las ollas.

La cultura se vuelve religión cuando se traslada de Asturias al País Vasco el uso de esta herramienta tan ferroviaria. De hecho, las ‘putxeras’, como así se denomina en Euskadi lo que por los lares astures se conoce como olla, tiene en Balmaseda el punto neurálgico de este utensilio que los ferroviarios de finales del XIX, principios y mediados del XX utilizaban para preparar sus comidas a bordo del tren. Aunque no parece una exclusividad de los ferrocarriles del Norte, es en los trenes de La Robla donde ‘la putxera’ se hace más popular. Localidades burgaleses y leonesas, por donde discurre también el trazado del viejo hullero, rinden también culto al artilugio, si bien existe un reconocimiento hacia quien lo ha universalizado con sus concursos de alubias: la villa encartada de Balmaseda, donde la olla se vuelve arte y la cocina se sacraliza hasta extremos insospechados.

Hay quien asegura que el uso de estos utensilios es común en varias zonas de la Península, puesto que en Portugal también se llegaron a utilizar por los fogoneros y maquinistas de los trenes de vapor y, en general, en los ambientes más ferroviarios. Pero todo el mundo conviene en respetar (nadie ha dicho lo contrario) que Balmaseda se lleva la palma en cuanto concierne a las ‘putxeras’ ferroviarias.

‘La putxera’ (o la olla) no deja de ser fruto de la sabiduría e ingenio popular. Un utensilio que se ‘enchufaba’ a una espita de la caldera cuando los trenes eran de vapor y que utilizaban maquinistas y fogoneros para preparar sus comidas. También las había de carbón, tal y como hoy las conocemos, que usaban los galgueros que iban en los últimos vagones del tren a modo de hornillo ya que no podían acceder al vapor de la máquina. El aprovechamiento del vapor de la máquina estaba generalizado, hasta el punto de figurar la espita (donde el fogonero enchufaba ‘la putxera’) en los planos que proyectaban la caldera. En el artilugio introducían alubias, tocino, chorizo, morcilla y otros productos porcinos, que conformaban un plato único, potente y muy contundente, de mucho poder calorífico.

El artilugio se ha convertido además en un preciado objeto de artesanía que, en pequeño tamaño, suele ofrecerse como reconocimiento a los amigos de la villa encartada. Cada 23 de octubre, con la festividad de San Severino, las calles de Balmaseda se llenan con decenas de grupos que compiten por elaborar el mejor plato de alubias, y sus ‘sacramentos’, en el más renombrado ‘Concurso Mundial de Putxeras’, un certamen que ha superado las tres décadas de existencia, y cuyo éxito ha hecho que otras localidades con pasado ferroviario hayan adaptado a sus gustos.

En Gijón no aspiran a tanto, pero no renuncian a las bondades de la cocina ferroviaria. El Museo Ferroviario y su insigne director, Javier Fernández, reivindican con esta jornada de hoy el viejo arte hecho rutina que los ferroviarios debían realizar para cumplir con su trabajo, sin olvidar el yantar diario, cuando el duro trabajo les permitía el descanso merecido. ¡Que aproveche!

Feve y la Universidad de León impulsan un tren movido por energía solar fotovoltaica

Investigación ferroviaria. Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha (Feve) y la Universidad de León (ULE han firmado un convenio de cooperación para avanzar conjuntamente en el ámbito del I+D+i, que contempla un primer programa para desarrollar un tren eléctrico autónomo accionado por energía solar fotovoltaica. El acuerdo ha sido suscrito por el presidente de Feve, Ángel Villalba, y el rector de la ULE, José Ángel Hermida, en un acto en el que han estado acompañados, entre otros, por el director del proyecto, Luis Panizo.

Panizo ha explicado que los datos recogidos en los dieciocho meses que llevan trabajando en este modelo avalan que podría moverse “exclusivamente” con energía solar un tren con una capacidad para seis u ocho personas y con un peso de unas diez toneladas.

Las pruebas de este proyecto, denominado “RoblaSolar”, están dirigidas a que el ferrocarril circule entre La Robla-Matallana, ya que, según ha dicho, los trayectos que haga tienen que ser “cortos”, de unos veinte o treinta kilómetros. Panizo ha añadido que poner el prototipo en la vía costará alrededor de 350.000 euros.

Este proyecto de ingeniería prevé la construcción de un vehículo ferroviario de transporte personal propulsado por energía eléctrica. La fuente de dicha energía es exclusivamente renovable y se verá apoyado en baterías de alto rendimiento. El gran reto pasará por ser capaces de realizar, de forma autónoma, el recorrido que transcurre por la cordillera cantábrica atravesando las provincias de León, Palencia, Santander, Burgos y Bilbao, la mítica línea de Tren de La Robla.

Es un proyecto pionero que pretende mostrar al tren como un método de locomoción limpio y de enorme futuro. Demuestra el compromiso de evolución en los procesos de generación de energía que tienen lugar en esta zona de la provincia de León, desde el uso del carbón al aprovechamiento de una energía inagotable como la solar, en todas sus vertientes.

Feve ha precisado que la energía que moverá el motor eléctrico será suministrada por unas baterías apoyadas por unos paneles solares alojados en la parte superior del vehículo. Paralelamente, el motor recupera la energía de la desaceleración y el frenado para cargar las baterías.

La compañía ferroviaria ha destacado, además, el “valor simbólico” de desarrollar el proyecto en La Robla, donde estaba asentado el antiguo tren hullero, y la transición del carbón a las energías limpias.

‘El Expreso de La Robla’ vuelve hoy a la vía en su segunda temporada turística

Nueva temporada de ‘El Expreso de La Robla’. Y con novedades. La puesta en servicio de un nuevo trayecto entre Asturias y Galicia y una inmersión en el románico palentino en el Itinerario de La Robla son las dos acciones más relevantes que protagonizará ‘El Expreso de La Robla’, que el martes se presentó en estación de Feve de León con una jornada de puertas abiertas.

La temporada regular de ‘El Expreso de La Robla’ comienza hoy jueves con el Itinerario tradicional del antiguo hullero (Bilbao-León-Bilbao). Un trayecto que en esta segunda etapa del tren turístico ha sido mejorado y enriquecido con una fascinante inmersión en el mundialmente reconocido arte románico palentino, mediante visitas a las localidades de Carrión de los Condes, Frómista y Villalcázar de Sirga.

Esta nueva propuesta completa un programa de viaje que partiendo de Bilbao llega hasta León y retorna a la capital vizcaína durante cuatro días y tres noches (de jueves a domingo), y que comprende paradas y recorridos en Espinosa de los Monteros, el complejo kárstico Ojo Güareña, Cervera de Pisuerga, las Cuevas de Valporquero, la ciudad de León, Guardo, Medina de Pomar o Balmaseda. El Itinerario de La Robla está operativo desde marzo a noviembre excluyendo parte del mes de junio y los meses de julio y agosto en los que el tren traslada su actividad a la vera del Cantábrico.

Del 16 de junio al 15 de diciembre ‘El Expreso de La Robla’ ofrece viajes entre Asturias y Galicia con dos propuestas: el Itinerario Jacobeo (Gijón-Santiago de Compostela-Gijón, viajes de jueves a domingo) estrenado la temporada pasada, y el nuevo Itinerario Porta Norte (Gijón-Ribadeo-Gijón) con viajes de 2 días y una noche (martes-miércoles) que incluye visitas a Ribadeo (recorrido por el casco histórico, visitas al Mirador de la Santa Cruz sobre la ría del Eo, al Cargadero y al Faro), a Mondoñedo (donde se visitan la Catedral o el Barrio de los Artesanos), a la espectacular playa de As Catedrais, o la misteriosa villa marinera de Rinlo.

El tren cuenta con nueve coches con capacidad para 54 viajeros, salones de viaje para disfrutar del paisaje, bar y salón-pub con grandes pantallas de proyección. El alojamiento se realiza en compartimentos equipados con dos camas-literas, armario ropero, hilo musical, telefonía, y cuarto de baño completo con ducha de hidromasaje. Además, para descansar con la mayor comodidad, el tren permanece parado en las estaciones durante la noche hasta la salida del día siguiente. Respecto a la gastronomía, elemento clave y esencial en todos los trenes turísticos de Feve, los almuerzos y las cenas (incluido en el precio del viaje así como todas las visitas) se realizan en selectos restaurantes de las principales localidades por las que discurren los viajes, y consisten en elaborados menús basados en la tradición culinaria de cada uno de esos lugares.