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60 años de ferrocarril en el metro de Bilbao

La Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao celebra su sexagésimo aniversario. Y con este motivo han organizado varios actos, entre los que destaca una muestra en la estación de Metro Abando, en la que se hace un breve resumen de su trayectoria a lo largo de su historia. En esta exposición se muestra un conjunto de paneles con diversas imágenes y comentarios, en los que sse cuenta el devenir de sus actividades, sus trenes, objetos ferroviarios y documentación que dan fe de sus 60 años de existencia.

La asociación se funda en febrero de 1958, en un coche restaurante cedido por la Compañía Internacional de Coches Camas. El grupo de fundadores lo forman 39 personas, entre las que se incluyen dos mujeres (Marisol Alonso y Maite Bilbao). La mayor parte de sus miembros son de Bilbao, aunque también los hay de origen catalán, de Madrid, Gran Bretaña, Francia y Bélgica. Son aficionados de diferentes sectores profesionales: ingenieros, empleados, abogados, administrativos, empresarios de la minería o siderurgia, funcionarios, directivos de banca, que tienen el ferrocarril como una de sus más férreas pasiones. Desde los comienzos participa en la difusión de la afición al tren en todas sus facetas y en la organización de excursiones, exposicionesy el rescate de cuantos elementos ferroviarios permanecen a su alcance.

“Fue un domingo (2 de febrero de 1958) con la excelente colaboración de Renfe y Wagons Lits. De la mano del ingeniero Pelayo Martínez Regidor, se reunieron en la estación de Abando o del Norte para viajar en coche restaurante del propio Wagons Lits, con cocineros, camareros y su propia vajilla, en el trayecto entre Bilbao y Arrigorriaga y volver para compartir un almuerzo con el único fin de reunir el ideario y repartir los cargos necesarios para constituir con sus estatutos lo que sería la tercera Asociación en España (después de Barcelona y Valencia). Los pocos testigos que hoy día nos lo pueden contar, todavía lo recuerdan como un día inolvidable; lleno de buen humor, animadas conversaciones, grandes planes e ilusionantes metas”. Así rememora el acto Kepa Elejoste, quien hoy preside la asociación, hijo de uno de aquellos entusiastas, Julián Elejoste. Gracias a él, que hizo del cine y el tren sus dos grandes pasiones, se puede contemplar las imágenes ferroviarias de aquella España y que hoy se coleccionan como auténticas joyas cinematográficas.

La muestra se inaugura el 7 de septiembre, a las 11.00 horas, en la estación de Abando con la presencia de Eneko Arruabarrena, gerente de Metro Bilbaoy el presidente de la Asociación,. La exposición permanerá en ese mismo espacio hasta el día 21. A esta muestra le seguirá otra en el atrio del Mercado del Ensanche, situado en la Plaza Conde de Aresti, y que tiene lugar con la ayuda de Bilbao Ekintza. La inauguración será el día 25 de este mismo mes ante organismos, colaboradores y autoridades, y la apertura al público desde el día 26 hasta el 29 en horario continuo de 12.00 a 20.00. También se podrán contemplar numerosos objetos ferroviarios, documentación gráfica y maquetas, todo ello fruto del rescate, conservación y donaciones que esta asociación ha recuperado a lo largo de su trayectoria en estos 60 años de historia.

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125 años del tren en Cistierna

Cistierna celebra con una muestra visual los 125 años de la llegada del ferrocarril a la comarca. Una exposición inaugurada este domingo en el Museo del Ferroviario recuerda el paso de los trenes por esta zona leonesa que tratan de resumir lo que ha representado la Compañía de los Ferrocarriles de La Robla para la comunidad castellanoleonesa. La muestra ha sido organizada por el Museo Vasco del Ferrocarril, en Azpeitia, donde estuvo expuesta el año pasado.

La muestra se compone de un total de veinticuatro paneles informativos que resumen la historia del ferrocarril, que comenzó su andadura allá por el año 1894 en lo que siempre se ha conocido como el tren de la Robla, que desde 2013 ha sido integrado dentro de la compañía Renfe-Feve. La presentación de la muestra corrió a cargo de una amplia representación del Ayuntamiento y de la Asociación de Ferroviarios San Fernando, con su presidente Manuel Suárez García a la cabeza, a la que también asistió Amador Robles Tascón, ex director de la ya extinta compañía Frerrocarril de Vía Estrecha (Feve), hoy entegrada en Renfe.

El miércoles, 8 de agosto, se podrá disfrutar a las 19.00 horas de la presentación del libro “Ruta Botánica Camino de Wamba y Lago Ubales” de Marius Van Heininger; y el jueves, a las 18.30 horas se presentará la obra “Carbonilla en los Ojos”, de Jesús Diez, el niño de Tren del Hullero.

El 20 de julio de 1893 el tren Hullero de La Robla inauguraba un tramo de 24 kilómetros en la provincia de León desde Boñar a la localidad montañesa. Las estaciones que se abrieron desde el tramo nuevo proveniente de Boñar en 1893 fueron La Ercina, el apeadero de Yugueros y la de Cistierna. Esta última en los primeros años de explotación llegó a ser la segunda más rentable de toda la línea, por el transporte del carbón de la zona a las industrias siderúrgicas de Bilbao. Al año siguiente se uniría Cistierna con el otro tramo inaugurado aquel 20 de julio de ese año, esta vez en la provincia de Burgos: 13 kilómetros entre Espinosa de los Monteros y Sotoscueva.

Nacía en esa época el tren de ancho métrico más largo de toda Europa, que en 1893 ya explotaba 114 kilómetros de línea, de los cuales 76 eran de la primitiva explotacion y el resto habian entrado en servicio ese 20 de julio de ese mismo año. La linea se basó en un proyecto del ingeniero de minas Mariano Zuasnavar Arroscaeta, si bien el autor material fue José Manuel Oraá y Aizquivel, ingeniero industrial, que supo sacar el mejor partido al accidentado trazado, terminando solo en cuatro años.

A través de 24 paneles, se narra la rica historia de esta notable vía férrea, desde sus antecedentes, que se remontan a la lejana fecha de 1832, hasta la maduración del proyecto, su construcción y las diferentes fases de la explotación, inicialmente muy difícil, para consolidarse en los años de la Primera Guerra Mundial y alcanzar su esplendor en los de la Segunda Guerra Mundial, gracias a la creciente demanda del carbón que transportaban sus vagones.