Archivo diario: octubre 8, 2011

El mundo del tren echa humo y duda de la viabilidad del Museo vasco del Ferrocarril sin Juanjo Olaizola













Azpeitia echa humo. Un humo tan negro como el que sueltan las máquinas de vapor que esta mañana han rodado por las vías del antiguo Urola. Locomotoras vivas y vibrantes conducidas por Juanjo Olaizola, alma mater e inspirador del Museo vasco del Ferrocarril que tiene su sede en la localidad guipuzcoana. Hasta allí se acercaron los amigos del tren que siguen sin comprender por qué Juanjo Olaizola es un estorbo para el futuro de la institución.

La gente del tren quiso transmitir a Juanjo Olaizola su pesar y malestar por todo lo que está aconteciendo en torno a su figura. Y él, sin perder la sonrisa, como casi siempre, parecía el menos afectado de todos los que acudimos a celebrar la fiesta del Museo Vasco del Ferrocarril. Mientras el cielo lloraba y empapaba máquinas, coches y pasajeros, Juanjo Olaizola, vestido con el sempiterno mono azul de trabajo (apenas le recuerdo vestido de calle), enfundado en sus guantes, abría y cerraba válvulas de sus queridas máquinas para deleitar a sus visitantes con un recorrido por las vías del antiguo tren del Urola. Las locomotoras disparaban al aire fuertes volutas de humo, haciéndose más presentes que nunca, como para recordar a propios y extraños que están ahí, vivas, poderosas, en perfecto estado de forma. Y todo porque Juanjo Olaizola se ha empeñado en que eso sea así; y ha convencido a unos cuantas entusiastas del tren para que sigan sus pasos y preserven de la herrumbre y el abandono estas poderosas máquinas, verdaderas joyas de la institución de Azpeitia.

No me resigno a pensar que todo lo que se ha construido en estas dos últimas décadas, que han logrado poner el nombre de Azpeitia en el mapa, y no solo del mundo ferroviario, puede desaparecer de la noche a la mañana porque falta la mano de Juanjo Olaizola o su inspiración. Y, sobre todo, su trabajo. Hay quien piensa que la marcha de quien ha figurado como director del centro en estos últimos veinte años (y hasta eso se le niega en estos momentos), es el final de una época.

Este post (tan personal) no es gratuito. No sé si soy amigo de Juanjo Olaizola (en realidad no he cruzado con él más allá de dos horas de conversación en estos años); pero no soy enemigo de quienes han decidido quitarlo de en medio. Ni tan siquiera tengo un reproche para quien le va a sustituir al frente del museo o para quienes han decidido tamaña injusticia. El tiempo da y quita razones; y espero que no sea tarde cuando alguien se dé cuenta de que tipos como Juanjo Olaizola no abundan en este país. Gente capaz de enfundarse el mono de trabajo en sus días libres, tiznarse la cara de carbón, trajinar en las calderas y conducir esas poderosas máquinas arriba y abajo, ante las boquiabiertas caras de los niños y el recuerdo nostálgico de los más mayores. Pueden contarse con los dedos de una mano.

En realidad, soy tremendamente egoista. Solo quiero que Azpeitia sea lo que es: un museo vivo. Conozco otras instituciones que guardan en sus naves trenes y máquinas poderosas (menos de los que debería haber, sin embargo). Pero pronto me he cansado de la visión de esos pedazos quietos de hierro. No son más que almacenes. Azpeitia, sin embargo, es otra cosa. Y así lo sienten quienes tienen la suerte de poder disfrutar de sus trenes (en especial de las locomotas Aurrera, Zugastieta, Portugal y, sobre todo, Euzkadi). O de sus diésel o eléctricas allí preservadas (que no almacenadas). Y todo es fruto de la pasión, el cariño y el conocimiento (sabiduría, diría yo), de un personaje que quizá en otro país estaría ya en un pedestal (y no creo exagerar).

Sólo deseo que el Museo Vasco del Ferrocarril sea una institución viva, como sus locomotoras, y que el silbido de esas máquinas que la han hecho famoso sigan atronando las mañanas de la temporada de vapor. Y, si puede ser, con Juanjo Olaizola; ese futuro estaría garantizado. Me consta; nos consta a todos los que amamos el tren.

(Con especial cariño a Juanjo y Mercedes. Un tipo muy poco corriente como se puede apreciar en las imágenes que preceden esta entrada. Las fotos se pueden reproducir citándome como autor de las mismas. La imagen de la protesta me la ha cedido José Carlos Lolo Lamas)

Suspendidas las obras de soterramiento en Logroño tras la caída de un muro de contención

Se suspenden las obras de soterramiento en Logroño. El desprendimiento de un muro en la calle La Vía y la posterior caída de dos turismos a las vías han recomendado que los trabajos que se llevan a cabo en las cercanías de las instalaciones ferroviarias se pospongan por precauación. El director general de la Sociedad Pública ‘Logroño Integración del Ferrocarril’, Santiago Millares, ha indicado que “de momento se suspenden las obras para dar estabilidad a la zona” tras el suceso.

Dos vehículos, un mono volumen negro Peugeot 807 y una furgoneta blanca, se han visto afectados tras el derrumbe del muro. El suceso tuvo lugar cerca de las 17.00 horas y los turismos cayeron a las vías del tren. No se registraron daños personales y la vía tampoco se vio afectada. Hasta el lugar del suceso se acercaron numerosos vecinos y curiosos para observar las obras de rescate de los vehículos.

El suceso se produjo “por un imprevisto en las obras” ya que el muro de manpostería “se ha desmoronado como consecuencia de la instalación de una plataforma” dentro de las obras que se están realizando en la integración del Ferrocarril en Logroño. Durante la pasada noche se efectuaron diversos trabajos en la zona, entre otros el relleno con tierra para contener el talud y el reforzamiento de la misma con una capa de hormigón para contener las tierra. El lunes se decidirán nuevas acciones en una reunión urgente con la contrata, asistencia técnica y el Ayuntamiento.

Ante la alarma producida por el suceso, el director general ha querido lanzar un mensaje de “normalidad” a los vecinos porque a pesar del suceso “no se ha suspendido el tráfico ferroviario algo que da seguridad a la zona”. “Sólo se han tenido que lamentar daños materiales, explica.

Millares destaca que tras parar la obra y contener el suelo “se va a analizar el muro en toda su longitud -se han visto afectados 15 metros- con los estudios correspondientes y se va a cortar la calle”. Este muro “tenía ya 50 años”.