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Metro Bilbao se desprende como chatarra de unidades históricas de los antiguos ferrocarriles bilbaínos

Chatarra; pura chatarra. Tres unidades eléctricas de los antiguos ferrocarriles de Bilbao han acabado en el desguace. Los automotores ‘Mab-2’ y ‘Mab-13’ y la unidad ‘MTU/RTU-10’ fabricada en La Naval, de cuyos astilleros salió en 1953, han sido dados de baja y desguazados en una empresa de recuperación de metales del valle de Asúa. Casi en silencio (sin publicidad) y con nocturnidad, los responsables del metropolitano decidieron prescindir de sus servicios, si bien en los últimos años apenas si se han utilizado.

Las tres unidades permanecían como vehículos auxiliares en las cocheras de Sopelana. Estaban destinadas a transportar material pesado o a utilizarse en operaciones de rescate, por ejemplo en caso de descarrilamiento. En los dieciséis años de servicio del suburbano bilbaíno apenas si se han llegado a sacar a la vía. Todos ellas fueron utilizadas en los Ferrocarriles y Transportes Suburbanos de Bilbao (FTS), bien con los tradicionales tonos color botella y verde claro y blanco; tuvieron especial protagonismo en las líneas Bilbao-Lezama, y Bilbao-Plentzia. Posteriormente fueron cedidos a Euskotren, que heredó la red ferroviaria de FTS y permanecieron en las vías hasta finales de los años ochenta. En 1996, tras el nacimiento del suburbano pasaron a formar parte del material móvil de Metro Bilbao, como trenes de auxilio.

Los especialistas aseguran que se trata de un material histórico que bien podía haber formado parte de la colección de cualquiera de los museos ferroviarios del país. Sin embargo, no parece que los responsables de Transportes tuvieran en mente su entrega al Museo Vasco del Ferrocarril, por ejemplo, ni que plantearan a los responsables del centro de Azpeitia su custodia y mantenimiento. Más bien todo lo contrario.

Sin alcanzar el valor de joyas ferroviarias, eran piezas cotizadas por su singularidad. Los dos automotores (coche motor y coche remolcado con cabina de conducción) fueron construidos en madera por la factoría de Carde y Escoriaza de Zaragoza en 1928, para el FC de Bilbao a Santander, propietario en ese momento de la línea de Plencia. Posteriormente, hacia 1960, fueron metalizados. El vehículo producido en los astilleros de Sestao, renombrado por metro a MSB/RSB-1, fue el último de una serie de diez. Una unidad gemela (que llevaba en su matrícula el número ocho) protagonizó el accidente ferroviario más grave de Euskadi. La tarde del 9 de agosto de 1970 se produjo un tremendo choque entre las estaciones de Urduliz y Plentzia. Un tren que salió de esta última estación lleno de gente chocó con otro vacio que iba de refuerzo. A consecuencia de la colisión murieron treinta y tres personas y otras ciento sesenta y cinco resultaron con heridas de consideración.

Ferrocarriles y Transportes Suburbanos (FTS) se crea en 1947 como filial de la Compañía de los Ferrocarriles de Santander a Bilbao, en la que se integran las líneas de Bilbao a Las Arenas y Las Arenas a Plencia (que ya eran propiedad del S.B) y las de Matico a Azbarren, Bilbao a Lezama y de Luchana a Munguía.

Los Automotores Naval fabricados en 1953 en Sestao, se fueron desguazando paulatinamente entre 1987 y 1990 con la llegada de las UT 200. De esta época ya sólo se conserva el ‘Mab-15’. El automotor se encuentra en Lutxana, aunque al parecer ha sufrido muchas modificaciones a lo largo de su vida, por lo que resulta menos original que los otros dos ahora desguazados. Sin embargo, vista la experiencia de la gestión que Transportes tiene con estos vehículos, nadie apuesta por su supervivencia. Y eso que Euskadi ha sido en los últimos años un baluarte en la recuperación y mantenimiento de unidades ferroviarias históricas. En definitiva, este es el valor que tiene el Museo de Azpeitia, donde permanece en pleno estado operativo uno de los mejores parques ferroviarios de vía estrecha de Europa. Todo ello por la magnífica gestión del que hasta hace poco ha sido su director e inspirador, Juanjo Oliazola.

(Material preservado de los antiguos Ferrocarriles y Transportes Suburbanos de Bilbao: MAB 5: Con la carrocería original de madera; se encuentra en el Museo de Azpeitia. MAB 15: Con carrocería metálica, transformado en tren taller; se encuentra en las cocheras de Lutxana. MD 3: Proviene de la reforma de un automotor Alsthom al que se le instaló la carrocería de madera de un MAB; se encuentra en el museo de Azpeitia. UT 3: Naval formado por motor y remolque cabina; pendiente de restauración en el museo de Azpeitia. UT 3101: Motor y remolque cabina procedientes de la reforma de un automotor de la serie 100 de los antiguos FTS que permanece en Azpeitia. J 101: Furgón de bogies para equipajes y jefe de tren u que está en Azpeitia. R ?: bordes bajos de ejes, con la carrocería reformada en Azpeitia. Aguada del Ferrocarril de Lutxana a Mungia: En servicio en el museo del ferrocarril de Azpeitia. Además de este material todavía existen instalaciones fijas de la época de suburbanos como estaciones o subcentrales, como la de Larrabasterra dónde se puede apreciar las letras FTS en relieve)

(Fuente e imagen FTS en forotrenes.com)

El automotor de Michelín, el tren más raro del mundo

Michelín 3

Es el único tren que existe en el mundo que utiliza neumáticos de caucho en lugar de ruedas de acero. Un ‘rara avis’ en el mundo ferroviario que la firma Michelín trató de implantar, sin mucho éxito, en la década de los treinta del pasado siglo. La crisis económica, primero, y la guerra, después, dificultó la venta del artilugio de la firma de gomas que sólo cuajó en pequeños ferrocarriles franceses y en algunas de sus colonias africanas, en especial en Madagascar.

Michelín se interesó por el ferrocarril después de haberse hecho con el mercado de bicicletas, automóviles y aviones. Según la teoría acuñada por algunos conocedores del mundo del ferrocarril, entre otros de Juanjo Olaizola (director del Museo Vasco de Azpeitia), la historia de este extraño híbrido (a caballo entre la carretera y el ferrocarril) comienza en un trayecto entre París y Cannes. El traqueteo del tren impide conciliar el sueño al fundador de la firma francesa, André Michelin, que concibe de inmediato un plan para acabar con el problema. Un neumático (Michelin, por supuesto) entre la llanta y la vía eliminaría el continuo golpeteo, además de suavizar la suspensión y aumentar la adherencia. La empresa francesa construye en 1929 el primer prototipo, realizado a partir de un automóvil Renault 40 CV.

El patrón de la firma de caucho cree que su invento es la solución para las líneas de tren secundarias de su país “que se utilizan poco debido a la baja velocidad de los trenes y a la falta de flexibilidad de los horarios. Además, para transportar a pocos viajeros, se utiliza un material muy pesado y, en consecuencia, su explotación es muy costosa.” El artilugio, bautizado como ‘La Micheline (que hoy en día sigue siendo sinónimo de “automotor”) pesa siete veces menos que el material ferroviario clásico, con el importante ahorro que ello implica.

Argelia, Congo, Indonesia y Madagascar se interesan por su producto y le encargan la fabricación de varias unidades, mientras los ferrocarriles europeos reaccionan con indiferencia ante el nuevo artilugio, lo mismo que los americanos donde también se promocionó el producto. Al parecer, según cuenta Juanjo Olaizola, en la Península ibérica muestran cierto interés el Ferrocarril de Bilbao a Lezama y el de Lutxana a
Mungia, pero la Guerra Civil impidió que cuajara el proyecto

Hasta finales de los años treinta, Michelin fabricó los boggies, así como la suspensión y la carrocería de las ciento veinticinco ‘Michelines’ que llegaron a circular en distintas líneas de Francia y en las colonias.

El invento cuajó especialmente en Madagascar, donde los automotores de la firma francesa (funcionaban con motores de gasolina Panhard de 105 caballos y permitían viajar sentadas a 18 personas), enlazaban la capital Tananarive con el puerto de Tamatave, un trayecto de 369 kilómetros de longitud. En la década de los sesenta comienzan los problemas para los automotores franceses porque escasean los neumáticos, hasta que en 1995 se abandona la producción y con ella se acaba con la mayor parte de los vehículos.

En la actualidad solo dos ‘Micheline’ permanecen en activo, aunque se destinan a servicios turísticos en la isla africana, mientras que un tercer automotor se conserva en las instalaciones de la firma, que ha recuperado la fabricación de los neumáticos porque el patrón tuvo la idea de conservar el molde original para trabajar el caucho.

(Imagen Sergio Juanena. Con ‘La Portugal’ en el Museo de Azpeitia)