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Deutsche Bahn suspende el servicio de tren Múnich-Viena-Budapest hasta el 4 de octubre

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La compañía alemana de ferrocarriles Deutsche Bahn anunció este martes la suspensión de la línea Múnich-Salzburgo-Viena-Budapest hasta el 4 de octubre, por las perturbaciones del tráfico que provocan los controles fronterizos instaurados por Alemania tras la llegada masiva de refugiados. Alemania cerró la conexión ferroviaria con la ciudad austriaca de Salzburgo el miércoles en un intento por contener el flujo migratorio por la frontera pero muchos de los asilados han encontrado otras rutas para entrar en el país en tren, por carretera o a pie. La portavoz de la operadora ferroviaria ha explicado que la continuidad del cierre de la línea ferroviaria es una decisión de las autoridades alemanas.

Decenas de miles de inmigrantes han acampado desde que fue cerrada la semana pasada por las autoridades alemanas. Solo durante el último fin de semana llegaron 7.000 refugiados contra más de 20.000 en los dos fines de semana precedentes. Alemania estima que recibirá entre 800.000 y un millón de solicitantes de asilos en 2015.

El tren se ha convertido en uno de los medios utilizado por los refugiados para llegar desde Croacia y Hungría al corazón de Alemania. Esto ha provocado un colapso en algunas de las líneas fronterizas que comunican dichos países. Los refugiados, que penetran en los trenes como pueden -muchas veces por las ventanillas-, intentan una desesperada marcha en alguno de los convoyes que comunican habitualmente con Alemania.

“A raíz de las medidas de las autoridades, la conexión de Deutsche Bahn Múnich-Salzburgo (Austria)-Budapest (Hungría) queda suspendida hasta el 4 de octubre de 2015”, indica la compañía en un comunicado. “La Deutsche Bahn lamenta los incovenientes” causados a los pasajeros a los cuales “les ruega que comprendan la situación actual”, dijo un comunicado de la empresa.

A mediados de septiembre, Alemania restableció los controles en las fronteras después de que Múnich, la capital de Baviera, recibiera miles de migrantes en unos pocos días provenientes de Austria y Hungría. Desde entonces, las autoridades recogen a las personas que solicitan asilo directamente en la frontera y luego las distribuyen en las distintas regiones de Alemania. Esas medidas provocaron atrasos de trenes muy importantes y varias suspensiones del tráfico ferroviario, pero nunca durante un plazo tan largo.

La afluencia de refugiados a Alemania desde Austria disminuyó considerablemente desde el inicio de los controles. Alemania pide que se instaure un sistema de cuotas obligatorias para los países de la Unión Europea, una idea que rechazan muchos países, entre ellos Hungría.

Los trenes de la vergüenza

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Hay imágenes que nos sacuden. Fotos como la del niño de tres años muerto en la orilla de una playa (dicen que se llamaba Aylan) chocan en nuestras retinas. Pero también resultan impactantes esas fotografías y vídeos con cientos de refugiados en la estación Budapest Keleti. Se aferran a esos trenes como su única salvacación camino de una Europa que se niega a recibirlos. Los trenes abandonan la estación hacia ninguna parte. ¡Qué lejos queda Europa!

A empujón limpio, casi en una lucha constante, cuerpo a cuerpo, cientos de inmigrantes intentan subir a los pocos trenes que anuncian su salida hacia Alemania. Dicen que van el paraíso; ese lugar que les permita volver a empezar; lejos de su tierra, pero a resguardo de las bombas que han destruido sus viviendas. No saben, no les importa, que aún les queda mucho camino para encontrar la paz. Que en ese paraíso no van a ser recibidos con los brazos abiertos. Aunque es a bordo de esos trenes, donde comienzan a vislumbrar que el futuro inmediato no es rosa, sino gris.

Hubo un tiempo en que quienes perseguían el paraíso eran europeos. Durante las dos contiendas mundiales, miles de personas buscaban en los trenes la salvación. Sabedores del avance imparable del enemigo, antes de que las bombas lo hicieran imposible, los que podían (o se atrevían) iniciaban un inquietante viaje a lo desconocido. Con lo poco que conseguían sacar de sus casas, emprendían el camino de la salvación. Y se subían a los trenes de la esperanza.

Esos mismo trenes, muy parecidos a aquellos de hace un siglo o de los años 40, protagonizan ahora la imagen de la vergüenza. Ya no es inseguro el porvenir; es dudosa incluso la próxima hora. Y la salida del convoy no garantiza la llegada al destino. Como ocurrió ayer mismo con el tren regional que salió con cientos de refugiados de Budapest Keleti hacia la frontera con Austria. Si ya fue dura la pelea por subir al convoy y ocupar uno de sus cotizados espacios, más cruel fue el trance de ver cómo se detenía en Bicske. Varado casi en la mitad de la nada, en una creciente tensión.

La policía húngara intentó bajar a los 300 refugiados, en su mayoría sirios, que viajaban en el tren para trasladarlos en autobuses a un centro de acogida no especificado. Pero muchos de los inmigrantes comenzaron a protestar, porque no querían ir a un campamento. Después de varios intentos fallidos, la policía desistió y los refugiados se subieron de nuevo al tren. La policía húngara regresó al lugar con decenas agentes y con una veintena de vehículos, entre ellos autobuses. Muchos de los 300 refugiados protestaron contra la medida, gritando “No camp! No camp!” (No al campamento).

El tren había partido abarrotado de refugiados, a las 11.18 hora local (09.18 GMT), de Budapest hacia la ciudad de Sopron, en el noreste de Hungría, junto a la frontera con Austria. A las 16.30 hora local (14.30 GMT) el tren seguía en Bicske y la policía empezó a llevarse los refugiados en pequeños grupos, en un primer transporte a 4 personas, supuestamente al campamento situado en la localidad, informó el portal hvg. Algunos refugiados trataron de huir y salir corriendo de la estación, pero la policía los llevó de vuelta al tren , agrega el portal informativo “index”.

La policía húngara prohibió a los periodistas permanecer en los andenes de la estación, donde se produjeron varios forcejeos entre agentes y refugiados. La noticia corrió como la pólvora. Los refugiados que permanecían en Budapest esperando a un nuevo tren hacia Sopron ya no quisieron subir.

Otro tren salió cerca de las 15.00 hora local (13.00) de Budapest y tenía previsto llegar en los próximos minutos a Györ, una ciudad situada a medio camino entre Budapest y Viena. Allí, medio centenar de policías se han colocado en el andén, y han bajado a 80 refugiados, informa “index”. Europa parece haber olvidado que hubo un tiempo que necesitó los trenes para huir del horror y la muerte. ¡Vergüenza!