La polémica y costosa estación que Calatrava construye en Nueva York abre sus puertas al mundo


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Apertura parcial, inauguración sin fastos, diseño cuestionado, presupuesto excedido y tiempo de construcción eterno…La estación de trenes del World Trade Center en Nueva York, donde ocurrieron los atentados del 11 de septiembre, abrió sus puertas este jueves sin librarse de ninguna de las etiquetas que los neoyorkinos le han otorgado. El ‘Oculus’, como se denomina esta controvertida obra, conecta hasta once líneas de metro distintas con la línea de tren que enlaza a Nueva York con Nueva Jersey, permite el acceso subterráneo a las principales torres del WTC y alberga un centro comercial y restaurantes. Su autor, el valenciano Santiago Calatrava, sigue en el ojo de la polémica.

La estación en forma de ave que el arquitecto español diseñó para la reconstrucción del World Trade Center de Nueva York se abre tras doce años de obras y un presupuesto de más de 3.700 millones de dólares, un 70% por encima de lo previsto. El proyecto, que se inició en 2004, ha sido muy criticado por su estética, pero sobre todo por sus retrasos y su costo. El presupuesto que inicialmente se fijó en 2.000 millones de dólares, terminó casi duplicado, lo que le ha granjeado el título de la estación más cara del mundo.

El emblemático edificio tiene un salón de forma ovalada, llamado ‘Oculus,’ que mide 111 metros de largo y está coronado por vigas que apuntan hacia el cielo, que evocan a una ave alzando sus alas para emprender el vuelo. La estación albergará un amplio centro comercial de casi 34.000 metros cuadrados, con negocios y restaurantes, que recién abrirán en agosto. Cando se abre la fase que aún queda por rematar, sí se organizará una ceremonia oficial, “a principios de la primavera” boreal, indica una portavoz del estudio del arquitecto a cargo del proyecto. Más adelante, la estación conectará los trenes suburbanos con destino a Nueva Jersey (PATH) con once líneas de metro.

Unas 50.000 personas lo usarán cada día y la Autoridad del Puerto de Nueva York y Nueva Jersey (PATH), que gestiona el proyecto, considera que este número se doblará una vez que las instalaciones estén completamente operativas.

Las obras, cuya cimentación se inició en abril de 2010, han sido especialmente complejas, entre otras cosas, porque se decidió mantener el servicio ferroviario de la zona, lo que obligó a construir una estación temporal que ha implicado retrasos y parte del desvío en el presupuesto, también afectado por los costosos materiales que ha necesitado el ‘Oculus’. Hasta 474 millones de dólares se han dedicado a la compra de acero procedente de fábricas especializadas, incluyendo una en Italia.

El intercambiador dará servicio a los usuarios de los trenes de cercanías y las líneas de metro que vienen y van cada día al área de Wall Street y otros destinos de la ciudad. Su inauguración definitiva será en primavera, cuando el ‘Oculus’ esté totalmente operativo y se hayan abierto los accesos a las 11 líneas de metro. Se espera que acoja entonces a 250.000 pasajeros cada día.

El interior de la obra de Calatrava, que cuenta con 45 metros de altura, es también una de sus principales características. Todo es de acero y mármol de un blanco luminoso, que da la sensación de estar dentro del esqueleto de un animal gigante. Además de los servicios de trenes, metros, autobuses y ferrys, el interior de la estación cuenta con un espacio comercial.

La Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey reconoce que, de haberlo sabido, no se habría embarcado en el proyecto. “Hoy no priorizaríamos un gasto de 3.700 millones de dólares frente a otras necesidades”, dijo en octubre pasado Patrick J. Foye, director de la autoridad. “Nunca hubo un no a las peticiones de organismos y funcionarios, ya que se trata de rediseñar un lugar destruido por terroristas”, dijo al Wall Street Journal Christopher Ward, director de la citada autoridad entre 2008 a 2011. En el primer año de Ward en el puesto, rechazó hacer recortes por 500 millones de dólares.

Calatrava no tiene dudas sobre su proyecto. “Será un icono para Nueva York y un punto de encuentro para habitantes y turistas. Sorprenderá positivamente”, declaraba el mes pasado a El País. El arquitecto asume las críticas como parte de la complejidad de la obra: “Es muy compleja, por su localización y por la sensibilidad social existente. Une distintos medios de transporte, lo que dificulta la planificación. Tras los atentados de Londres y Madrid, las autoridades pidieron cambios para adecuarla a los nuevos requerimientos de seguridad. Esto ha supuesto ajustar el proyecto”.

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