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El Gobierno argentino nacionaliza la línea ferroviaria de Sarmiento, foco de reiterados accidentes

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El Gobierno argentino anuncia la nacionalización total de la línea de trenes Sarmiento, foco de reiterados siniestros que en los últimos años han dejado más de 50 muertos y centenares de heridos, mientras la presidenta argentina, Cristina Fernández, permanece convaleciente de una cirugía craneal. El ministro argentino de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, explicó que la línea férrea será «operada plenamente por el Estado», una decisión que, dijo, «me pertenece».

La línea de trenes Sarmiento estaba controlada hasta ahora por la Unidad de Gestión Operativa Mitre Sarmiento (Ugoms) y, según indicó Randazzo, a partir de ahora está gestionada por la Sociedad Operadora Ferroviaria (Sofse) y la Administración de Infraestructura Ferroviaria (Adif), ambas de carácter estatal.

El anuncio ha sido recibico con excepcitismos en los sectores ferroviarios del país. con un parque antiguo y necesitado de una reforma que en su día fue anunciada, pero que nunca se ha llegado a acometer como precisa el ferrocarril argentino.

La decisión del Gobierno argentino llega después del último accidente en la estación de Once, una de las principales de Buenos Aires y cabecera de la línea Sarmiento, en el que resultaron heridas cerca de un centenar de personas, y por el que está detenido el conductor del tren, Julio Benito. En la misma línea, el pasado 13 de junio, 3 personas murieron y más de 300 resultaron heridas por el choque de dos trenes en hora punta en el oeste de la zona urbana de Buenos Aires. En febrero de 2012, 51 personas murieron y más de 600 resultaron heridas por otro choque en la estación de Once, una de las más transitadas de la capital, en lo que fue la mayor tragedia ferroviaria de la historia de Argentina.

El ministro anunció además que se implementarán nuevas medidas en todas las líneas ferroviarias, como los estudios psicofísicos a los conductores de tren , que serán realizados por especialistas de la Fuerza Aérea Argentina, al igual que a los pilotos de aviones. También se llevarán a cabo cambios en los procedimientos de conducción y frenado. «Nada ni nadie va a torcer la voluntad política de la presidenta, ni de quien les habla, de transformar el transporte público en la Argentina» dijo Randazzo.

«La presidenta no fue informada del accidente del sábado. No creo que contribuya a mejorar su salud el que sepa que hubo otro episodio en la estación de Once. La decisión la he tomado yo; tomé la responsabilidad», dijo el ministro. «Si hubiera podido consultar a la presidenta, me hubiese dicho que era una decisión correcta», añadió.

El Gobierno había nacionalizado una parte de la línea tras el siniestro de 2012, uno de los más graves ocurrido en la historia ferrociaria del país, y anunció una revolución ferroviaria en este medio de transporte que usan a diario 2,7 millones de pasajeros que se desplazan entre la ciudad de Buenos Aires y su poblada área.

El maquinista del tren que chocó el sábado contra las toperas de la terminal bonaerense de Once Aires se encuentra detenido e imputado por la justicia por su presunta responsabilidad en el accidente que dejó 99 heridos. Julio César Benítez, de 45 años,»quedó detenido tras ser interrogado por el juez y fue imputado por el delito de estrago culposo» (daño severo por negligencia).

«Los recuerdos que tengo del hecho son borrosos. Tengo algunos recuerdos, pero después otros que no puedo asegurar que ocurrieron (…)», declaró Benítez ante el juez Ariel Lijo, según la Prensa del país. Lijo confirmó el arresto de Benítez, a quien indagó la noche del lunes tras recibir el alta por los politraumatismos sufridos en el episodio.

Un video difundido el martes por el Centro de Información Judicial de la Corte Suprema muestra que Benítez dormita y bosteza en varias ocasiones durante el trayecto suburbano entre la poblada periferia oeste y la estación de Once. El maquinista, que sufrió politraumatismos en el accidente, debió ser rescatado por la Policía ante la ira de los pasajeros que le achacaron que «se había quedado dormido». La investigación sigue abierta.

Argentina cuenta con una de las redes ferroviarias más grandes del mundo y la más extensa de Latinoamérica y está inmersa en un proceso de rehabilitación y mejora de su sistema ferroviario. La reforma que intenta el Gobierno de Cristina Fernández parece inspirarse en la que llevó España a cabo a finales del siglo XX. Sin embargo, ya se han alzado distintas voces advirtiendo de las diferencias de modelos. Aunque se han barajado varias cifras, al parecer la inversión necesaria rondaría los 8.000 millones de dólares.

“El ferrocarril es esencialmente de carga, aún cuando en Buenos Aires se presenta la excepción con un relevante movimiento de pasajeros. Descontada esta situación especial, la producción granelera argentina de alto volumen y bajo valor es especialmente propicia para el transporte por ferrocarril o barcaza. El costo de transporte por ferrocarril es casi la mitad del costo por camión, lo que convierte al ferrocarril en un instrumento básico para la cadena productiva nacional”, aseguran expertos argentinos en economía.

El último accidente de tren en Argentina aviva el debate sobre la mala calidad del servicio ferroviario

Argentina sigue impactada. Conmocionada aún por el choque de trenes que causó la muerte de cincuenta pasajeros y heridas a 700, la polémica se ha instalado en la sociedad argentina que discute vivamente sobre la calidad del transporte ferroviario. Ahora salen a la luz manifestaciones de distintos dirigentes políticos que cuestionan el servicio que ofrecen las operadoras ferroviarias. El tren argentino no aguanta hoy el examen al que le ha sometido la sociedad.

«Realizamos un informe en 2008 sobre deficiencias en el ferrocarril Sarmiento. La situación era desastrosa; y pésimo el sistema de frenos», dijo a radio Mitre Leandro Despouy, titular de la Auditoría General de la Nación (AGN). «Desde entonces no ha cambiado demasiado (el servicio). La autoridad del Estado no ha actuado ni ha aplicado sanciones graves. Trenes de Buenos Aires (TBA, empresa concesionaria) ya ha protagonizado varios incidentes», explicó Despouy.

En una declaración que mereció un aluvión de réplicas en Twitter, el secretario de Transporte del gobierno federal, Juan Pablo Schiavi, afirmó que si el accidente «hubiera ocurrido el martes (festivo en la capital), habría sido una cosa menor». Sin embargo, el tren accidentado iba lleno de pasajeros. Dos mil personas viajaban completamente hacinadas en el convoy que, por un posible fallo en los frenos, chocó violentamente contra las toperas de la estación Once. El impacto provocó que el segundo coche se incrustara en el primero, que iba abarrotado de gente. A consecuencia del accidente, 50 pasajeros murieron entre el amasijo de hierros de los primeros coches y 700 permanecen heridos. La mayoría de los fallecidos viajaba en el primer y el segundo coche de la formación, donde el rescate de víctimas aprisionadas duró casi cuatro horas.

Pasajeros habituados a viajar en condiciones deficientes, volvieron ayer a subir al tren, apretujados como a diario aunque evitando los primeros coches. «Viajamos igual que siempre, apretados, pero hubo un poco menos de gente en los primeros vehículos», relataba ante la televisión una pareja al bajar del tren.

Los empleados de la empresa Trenes de Buenos Aires (TBA), concesionario privado del servicio, tienen orden de no hablar con la prensa. El silencio de los empleados se produjo poco después de que Roque Cirigliano, director de material rodante de TBA, se presentara en la estación siniestrada, provocando la reacción de pasajeros que lo insultaron y le gritaron: «¡Asesino!». Roque Cirigliano asegura que el del Sarmiento “es un servicio aceptable. En algunos aspectos hay más inversión que en otras compañías». «Los trenes están bien para viajar, especialmente el sistema de seguridad», indicó el empresario. Y por Radio Continental señaló que la primera hipótesis que manejan “es un error humano”, señalando de este modo al maquinista. Roque Cirigliano también reconoció que el servicio es «regular» porque la demanda supera a la oferta.

Despouy, junto con otras fuerzas de oposición y la central obrera oficialista CGT, reclaman que el gobierno ponga fin a la concesión dada a TBA.

El Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se presentará como querellante en la causa que investiga el accidente de tren, según ha informado el ministro argentino de Planificación, Julio de Vido. “Nos presentaremos como particular querellante en defensa del interés público y acompañaremos a los damnificados que se presenten como querellantes», ha informado De Vido en una rueda de prensa, en la que también ha participado el titular de Transporte, Juan Pablo Schiavi.

De Vido ha garantizado que el Gobierno no emprenderá acciones de tipo administrativo que estén al margen de la justicia, pero ha dejado claro que no permitirán «esquemas de protección para nadie», haciendo alusión a la empresa Trenes de Buenos Aires, a cargo de ese servicio de transporte en la capital argentina.

De Vido ha calificado de «trágico y dramático» el accidente ocurrido en una estación del centro de Buenos Aires. «No hay palabras que puedan describir el dolor que nos embarga a todo el gobierno, a la presidenta en particular», ha expresado.
Aproximadamente un millón trescientas mil personas usan a diario los trenes que unen el conurbano bonaerense con la capital argentina. Son personas que viajan en las peores condiciones imaginables, en trenes destruidos, de pie, a veces hasta colgados del estribo, a veces con las ventanas rotas, según publica “la Nueva Tribuna” de Buenos Aires.

Argentina tuvo el sistema ferroviario más importante de América Latina. Pero la última dictadura militar (1976-1983) lo destruyó y el gobierno de Carlos Menem (1990-2000), acabó la misión. Los militares vaciaron la empresa y Menem la malvendió en el mismo paquete de privatizaciones que acabó con otras empresas estatales, como la petrolera YPF, Aerolíneas Argentinas, la telefónica Entel y las prestatarias de servicios como luz, gas y agua.

Antes de vender la empresa Ferrocarriles Argentinos, Menem amenazaba a los sindicatos que protestaban contra los planes privatizadores con que “ramal que para, ramal que cierra”. Con la privatización se cumplió en parte la amenaza, ya que fueron muchos los tramos que cerraron por no ser rentables para los privados, dejando cientos de pueblos fantasmas. Y también desaparecieron los talleres ferroviarios, que daban empleo a miles de operarios.

Muestra del estado del deterioro del sistema ferroviario argentino es este dato que aportaba hace unos meses el diputado Rodolfo Fernández: cuando los ferrocarriles eran operados por el Estado, los trenes que comunicaban Buenos Aires con Misiones y Posadas, en el noreste del país, alcanzaban una velocidad media ponderada de 91,6 kilómetros por hora; hoy, solo pueden hacerlo a 53,2. Y los kilómetros en actividad representan apenas el 45 %.