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De cuando las momias alimentaban las calderas de las locomotoras de vapor

La locomotora de vapor fue la reina indiscutible de la tracción ferroviaria desde su aparición en 1830 hasta bien mediado el siglo XX. Aún hoy resulta todo un espectáculo verla en plena acción. La fuerza de su marcha, el atractivo chorro de su penacho de humo y la potencia de su silbato anuncian de forma indiscutible su apabullante avance.

Una locomotora de vapor es a todas luces una máquina impulsada por la acción del vapor de agua. Y como cualquier artilugio de vapor, utiliza la presión de éste para producir movimiento. Básicamente en la locomotora, el combustible es madera o carbón, que se quema en un horno. La combustión calienta una caldera en la que hay agua, produce gran cantidad de vapor que, como si fuera una olla exprés, se encuentra a alta presión. El vapor sale por un conducto y llega a un cilindro en el que entra por una válvula de admisión. La alta presión del vapor hace que entre con violencia y empuje el pistón. El retorno del pistón hace que el vapor que ha perdido presión salga por una válvula de escape. El movimiento de los pistones de la locomotora se transmite a las ruedas mediante un sistema biela-manivela. Este es en síntesis el proceso que hace mover el tren.

La verdad es que una locomotora de vapor puede quemar todo lo que pueda arder. Sin embargo, ha habido algunas máquinas que han ‘quemado’ algo tan, en principio, incombustible como el ¡agua! Se trataba de locomotoras de vapor adaptadas para calentar el agua con grandes resistencias eléctricas. Contaban con pantógrafo y aprovechaban los excedentes generados por las centrales hidroeléctricas. La compañía del Midi, en el sur de Francia, ensayó una locomotora con el propósito de aprovechar los recursos de sus centrales en el Pirineo, y en Suiza se habilitaron varias en tiempos de la Segunda Guerra Mundial ya que no tenían carbón y era una buena forma de reciclar locomotoras de maniobras relativamente modernas.

En los inicios de la era atómica, en los años cincuenta, se llegó a plantear seriamente la posibilidad de construir locomotoras atómicas que, al igual que una central nuclear convencional, producirían vapor (aunque en este caso para mover una turbina que, a su vez, accionaría una dinamo que alimentaría los motores eléctricos de la locomotora).

El corazón de la locomotora es su caldera, en la que gracias a la combustión del carbón, aunque también de otros materiales como la madera y el petróleo (en Brasil, por ejemplo, se llegó a quemar café y en Cuba, en la actualidad, continúa utilizándose la caña de azúcar), se calienta el agua hasta convertirla en vapor. La turba también ha servido para alimentar las calderas de algunas locomotoras en el pasado.

Pero nada tan sorprendente como el uso de momias egipcias, según se llegó a creer a finales del siglo XIX. La fuente de esta información proviene de uno de los más incisivos reporteros norteamericanos de la época, Samuel Langhorne Clemens (1835-1910). Más conocido por su pseudónimo literario Mark Twain, fue un humorista y escritor muy popular de los Estados Unidos.

En 1867 se embarcó en el ‘Quaker City’ –un viejo vapor de tiempos de la Guerra de Secesión– para realizar un viaje hasta Jerusalén en compañía de un grupo de peregrinos. A partir de este viaje escribió ‘Los inocentes en el extranjero’, un recuento divertidísimo, y su obra mejor vendida en vida. Editada también bajo el título ‘Un yanqui por Europa camino de Tierra Santa’, explota humorísticamente y de forma epistolar -son cartas publicadas en periódicos norteamericanos- por un lado, la decadencia, pretenciosidad y el aristocratismo antidemocrático europeos, y, por otro, el provincianismo paleto y la irreverencia de los estadounidenses en contacto con Europa.

Bien conocido por su capacidad para analizar con agudeza y acierto el mundo en que vivía, pero también, y sobre todo, por ser uno de los más guasones y ácidos miembros del gremio, Mark Twain relató sus sufrimientos como turista. En ese viaje habla de los ferrocarriles egipcios, de los cuales tuvo conocimiento de primera mano durante su estancia en el valle del Nilo: “No hablaré de los ferrocarriles, pues son como cualquier otro ferrocarril. Sólo diré que el combustible que utilizan para la locomotora está compuesto por momias de tres mil años de antigüedad, adquiridas con ese propósito a tanto la tonelada o en el cementerio y que, en ocasiones, uno escucha al profano maquinista decir malhumorado en voz alta: «J—r con estos plebeyos, no se queman nada…, pásame un rey”.

La broma de Twain tomó carta de naturaleza y llegó a traspasar el crédito de los lectores que, con el tiempo, concedíeron a la leyenda una verosimilitud a prueba de bombas. No es de extrañar, por tanto, que hasta la BBC concediera credibilidad al relato y lo certificara en alguno de sus programas como un hecho probado.

Claro que la broma de Twain bien pudo inspirarse por un rumor relacionado que circuló en la mitad del siglo XIX. Según una de las leyendas de la época, los fabricantes estadounidenses de papel se vieron obligados a importar envolturas de momias, a unos pocos centavos por libra, para utilizar en sus fábricas, dadas las dificultades que tenían para hacerse con la materia prima. Pero al no poder esterilizar los envoltorios, provocaron un brote de cólera entre los trabajadores de los molinos.

La historia sólo resulta un poco más creíble que la broma del ferrocarril, aunque acabó como el evangelio entre respetados propietarios de la industria papelera. Para ser justos, el relato tiene ligeros aspectos reales. Antes de la introducción de la fabricación de papel de pulpa de madera en el siglo XIX, los fabricantes tuvieron que enfrentarse a una escasez de materia prima y frecuentemente se vieron obligados a utilizar harapos. Muchos de estos trapos fueron importados del extranjero, y algunos de los fardos procedían de Egipto. Sin embargo, no hay forma de relacionar los trapos de Egipto con las envolturas de las momias. Es otra leyenda urbana o un fake, según reconoceríamos hoy en día.

(Ilustración Eladio Pérez)

Fallece un maquinista tras la colisión de dos trenes de mercancías cerca de Arévalo

La colisión por alcance entre dos tres de mercancías en las proximidades de la estación de Arévalo (Ávila) ha causado hoy la muerte de un maquinista y ha producido un corte en la línea ferroviaria Madrid-Hendaya que ha afectado a unos 2.700 pasajeros. La colisión se produjo a las 00,25 horas cuando un convoy de mercancías alcanzó la parte trasera de otro tren de carga que se encontraba detenido en la entrada de la estación de Arévalo, pero en terrenos pertenecientes al municipio segoviano de Martín Muñoz de la Dehesa, han informado fuentes de Adif (Administración de Infraestructuras Ferroviarias) .

El fallecido es el maquinista de una de las locomotoras implicadas en la colisión, Juan Ramón V.G., de 47 años, leonés, cuyo convoy se empotró contra la parte trasera del otro tren de mercancías. Diecisiete horas de trabajo han sido necesarias para rescatar del amasijo de hierros en que quedó convertida la locomotora el cuerpo del maquinista fallecido, que estaba adscrito al servicio de León y que ha sido trasladado al tanatorio de Segovia para la práctica de la autopsia.

Los dos trenes de mercancías afectados eran ‘gemelos’, contaban con trece vagones, más una locomotora, y transportaban 995 toneladas de bobinas laminadas de acero cada uno, según la información facilitada por el director de Comunicación de Renfe, Jesús Parralejo. Ambos realizaban el mismo recorrido entre Trasona (Asturias) y Sagunto (Valencia); ell accidente se produjo en la línea de ancho convencional Madrid-Ávila-Valladolid, a un kilómetro de la estación de Arévalo.

La compañía Renfe ha establecido un plan alternativo de transporte para los viajeros afectados por el corte ferroviario como consecuencia de este siniestro ferroviario que se calcula que afectará a 24 trenes de media distancia a lo largo del día.

Tras el rescate del cadáver del maquinista, las labores de los empleados del Adif y de Renfe continúan para restablecer el tráfico ferroviario interrumpido desde el accidente y que al final del día afectará a unos 2.700 pasajeros, 2.000 correspondientes a 24 trenes de media distancia y los 700 restantes de 3 de larga distancia, del servicio nocturno. Las compañías ferroviarias han movilizado dos trenes taller compuestos cada uno de una grúa de gran tonelaje y vagones de material, así como dos grúas de carretera, dos vagones de electrificación y dos locomotoras de tracción diesel para retirar el material de los trenes implicados, así como cerca de un centenar de personas de vía e infraestructura.

Los trabajadores de Renfe-Integria, la división industrial de Renfe, tratan de retirar de las vías con la ayuda de un tren la locomotora y el vagón que permanecen en la zona. Después, los operarios de Adif intentarán restablecer «lo antes posible», según un portavoz de la empresa, toda la infraestructura, reponiendo los elementos dañados: los carriles, las traviesas, las instalaciones de seguridad y la catenaria. Esta última se vio dañada, ya que la locomotora del segundo convoy alcanzó y se subió encima de los últimos vagones del tren que se encontraba detenido a la espera de recibir la señal que le autorizara su entrada en la estación.

Desde Adif no han dado plazos para el restablecimiento del tráfico ferroviario, aunque se asegura que trabajará durante toda la noche para conseguir que «cuanto antes», el servicio recupere la normalidad. Para mañana continuarán afectados los trenes de media distancia, mientras que los de largo recorrido sufrirán desvíos, con retrasos que oscilarán entre las dos horas y los 15 minutos.

Este accidente ferroviario es el tercero más grave ocurrido en el entorno de la estación de Arévalo, donde en 1944 murieron 41 personas al chocar un tren correo y un expreso, y en 1989 fallecieron otras cinco al embestir un talgo a un mercancías.

(Imagen Fran Jiménez. Fuente Norte de Castilla)

Simuladores de Renfe para sus maquinistas

El Centro de Formación de Renfe de Bilbao ha iniciado el primer curso de maquinistas, al que asisten un total de 25 alumnos, en la estación de Bilbao Abando Indalecio Prieto. Está previsto que por estas dependencias pasen otros 520 conductores de Renfe en activo para asistir a los cursos de reciclaje.

El Centro de Formación de Bilbao dispone de un aula convencional con capacidad para 25 personas y un aula tecnológica dotada de tres simuladores de conducción, uno para el instructor, y otros dos puestos para los alumnos. En estas cabinas virtuales se representan las mismas condiciones a las que se enfrentarán los futuros conductores de trenes.

«Las aulas tecnológicas suponen una solución tecnológica de gran valor para potenciar al máximo los conocimientos de los maquinistas en materia de seguridad en la circulación, al enfrentarles a situaciones que, por su complejidad o riesgo, difícilmente pueden llevarse a cabo en un tren real», explican desde la compañía ferroviaria.

De hecho, los simuladores cuentan con unos 800 kilómetros de líneas virtuales y están equipados con los sistemas de seguridad que utilizan los trenes de Renfe para circular.

El centro de la capital vizcaína será una de las siete oficinas de la red territorial de la compañía, que tiene ya aulas tecnológicas en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, León y Santiago de Compostela.

El curso impartido en Bilbao tiene una duración total de 1.150 horas, 530 de teoría y 620 de práctica. Esta formación se estructura en siete grandes bloques temáticos: Introducción al sistema ferroviario; Conocimientos sobre infraestructura ferroviaria: la Red Ferroviaria de Interés General; Normativa de seguridad en la circulación: Reglamento General de Circulación; Prevención de riesgos laborales; Conocimientos generales sobre el material rodante ferroviario; Adaptación a vehículos de tracción; y Conocimiento de los diversos ámbitos operativos y consignas de trabajos

Al maquinista del tren de Cercanías accidentado en Madrid le traicionaron los nervios al aporrear pasajeros la puerta

Los nervios juegan malas pasadas. Y eso es algo qque nadie puede negar. Al maquinista del tren de Cercanías que chocó con otro en la estación de Aluche, en Madrid, el pasado 6 de junio «le traicionaron los nervios» al aporrear la puerta los pasajeros y tirar del sistema de alarma. Aunque aún no se han publicado los resultados finales de la investigación, la secuencia de los hechos fue la siguiente: el tren paró en la estación de Aluche, pero no abrió las puertas. Paró en Aluche un minuto y medio, como es reglamentario, pero el maquinista no activó el sistema de desbloqueo de puertas, que permite a los pasajeros abrirlas, según se ve el vídeo de Adif y relatan desde el colectivo de maquinistas. Al retomar la marcha, los pasajeros empezaron a aporrear violentamente la puerta que les separa del maquinista y, además, uno de ellos accionó el sistema de alarma.

El accidente era inevitable, dadas las circunstancias. Sobre las siete y media de la mañana -hora en que sucedió el accidente- no viajan muchas personas en la línea C5 en el trayecto de Aluche a Móstoles, aunque sí es hora punta en dirección contraria, es decir hacia Madrid. Por ello sólo fueron atendidas por los servicios sanitarios unas sesenta personas entre los dos trenes, «seguramente casi todos los pasajeros que iban en ellos. Por las indemnizaciones», explican desde el coletivo de maquinistas.

El tren se paró automáticamente y el maquinista «perdió los nervios», a consecuencia de lo cual, retrocedió para regresar a la estación de Aluche, donde ya se encontraba otro tren, con el que finalmente chocó «a muy baja velocidad». Se da la circunstancia de que el maquinista, que dio negativo en la prueba de alcoholemia que le realizaron después del accidente, lleva «unos 25 años trabajando, de los cuales, cerca de 20 precisamente en la línea C5, que conoce como la palma de su mano» y no había tenido problemas de ningún tipo anteriormente. Las mismas fuentes señalan también que «no cabe en cabeza de maquinista dar marcha atrás y menos en un túnel y con pasajeros», ya que significa actuar en contra del reglamento.

Al arrancar en la estación de Aluche para proseguir hacia la de Fanjul, el tren rebasó la señal que automáticamente da luz verde al siguiente tren para entrar en Aluche, que se encontraba en esos momentos a unos 500 metros de esta estación en el túnel entre Laguna y Aluche. Al llegar el segundo tren a la estación de Aluche hizo su parada reglamentaria, abrió las puertas para que subieran y bajaran los pasajeros y entonces recibió el impacto del tren que retrocedía y que desplazó al tren parado «unos tres metros hacia atrás».

Según las fuentes, descarrilaron los tres primeros vagones -del total de seis- del tren y el accidente no causó heridos graves porque en los vagones delanteros habitualmente no entran ni salen pasajeros en Aluche, ya que las puertas de acceso al andén están situadas a la cola del tren. Esa sucesión de hechos coincide con la versión que dieron en su día los testigos y con los datos que ofreció Juan Javier Pérez Sanz, director general de Servicios de Cercanías y Media Distancia de Renfe, recordaron fuentes de esta compañía. Indicaron que la investigación interna no ha concluido y manifestaron que cuando se produce una investigación judicial de este estilo, Renfe «se limita a colaborar, como es su obligación, y a aportar toda la información que le solicita el juzgado»

(Fuente ABC)

Dictamen: fallo humano

El tren de Feve que descarriló el pasado lunes cuando circulaba entre Oviedo y Santander iba prácticamente al doble de la velocidad permitida en la curva en la que se salió de la vía, a la altura de la localidad asturiana de Soto de Dueñas. El convoy superaba los setenta kilómetros por hora cuando el límite permitido en la curva era de cuarenta kilómetros, según ha precisado le director de Feve, Amador Robles Tascón.

“Un fallo humano» es el dictamen fibal de Feve que ya ha abierto un expediente informativo al maquinista y que probablemente se cerrará con una «falta grave». La compañía verificó primero que el estado de las vías no intervino en el descarrilamiento y, posteriormente, que ningún componente de la seguridad del tren estuviera dañado. Robles ha admitido que la infraestructura ferroviaria está preparada para que se supere en «algo más» la velocidad permitida, pero el conductor del convoy superó los límites de tolerancia, que oscilan entre cinco kilómetros, y casi duplicó los parámetros establecidos.
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La primera mujer maquinista

pilarcareagaNo eran tiempos para el feminismo y, sin embargo, nadie se escandalizó. Por primera vez, una mujer manejaba una máquina de tren. Estamos en 1929. Pilar Careaga y Basabe realizaba sus prácticas de ingeniería industrial en el ferrocarril. Y no dudó en ponerse el mono de trabajo y conducir una 4.700 de la compañía Norte (Renfe se funda en 1941, acabada la Guerra Civil y unificando las distintas línea que daban servicio en España: Norte, MZA, Oeste entre las más importantes). Desde la estación Norte de Madrid a la estación del mismo nombre en Bilbao. Toda una hazaña para la época. En febrero se cumplirán 80 años de aquel hecho insólito para la España de aquel periodo.

Ahora quizá nos parezca una tontería, pero que una mujer se subiera a una locomotora en la década  de los 20 y en España…Y así lo trataron las publicaciones de la época. La revista ‘Estampa’ se hizo eco del aquel viaje con un amplio reportaje gráfico: Uno de los reporteros de la publicación (cuyo propietario era ¿casualmente? el ingeniero   Luis Montiel Balanzat) acompañó a la joven ingeniera (tenía veinte años) en su locomotora de vapor para relatar las impresiones de aquel curioso viaje. En el artículo se reflejaban no solo los sentimientos de Pilar Careaga, sino las impresiones que su presencia en aquel mastodonte de vapor causaba en viajeros y los curiosos de estación.

Pilar Careaga fue la primera ingeniera española (consiguió el título con 21 años). De hecho “la promoción de Pilar” fue la referencia para todos los compañeros que se graduaron aquel mismo año con ella. No ejerció nunca la profesión porque desde que terminó los estudios se dedicó a la política. También fue (mucho años después) la primera alcaldesa (y única) de Bilbao. Pero de eso, mejor no hablamos.