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La herrumbre amenaza a dos de los históricos viaductos del Trenet

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El Trenet es pura arqueología industrial. Esta vía métrica, inaugurada el 28 de octubre de 1914, supuso un hito en el desarrollo económico de las dos comarcas de la Marina. Con todas sus incomodidades, cumplió durate buena parte del siglo XX un papel fundamental para el transporte de pasajeros y mercancías. La línea sobrevive, pese a los muchos golpes que recibe. Pero el anuncio de cierre entre Dénia y Calp (deterioro de la vía y falta de seguridad de los convoyes) alerta a los vecinos.

Ferrocarriles de la Generaltat Valenciana (FGV) no avanza la fecha en la que la Marina Alta volverá a tener tren. Aseguran que el próximo año se acometerán obras para solventar los problemas (las traviesas de madera saltan hechas astillas). Dicen que modernizarán la vía (bloqueo automático y el sistema de protección automática de trenes). Prometen que el centenario tren recibirá fondos para su mantenimiento. Y, sin embargo, todo el mundo piensa que el centenario tren no volverá a circular nunca más.

Hay gente que se muestra preocupada por el futuro de algunas de las infraestructuras de esta centenaria línea. Tras décadas de escasísimas inversiones, es notable el abandono en los cientos de traviesas, en estaciones y apeaderos ruinosos como el de Benissa y el del Ferrandet y en los puentes metálicos corroídos por el óxido. Preocupa en particular el estado de herrumbre de dos de los viaductos más impresionantes del centenario trazado. Sin utilidad aparente, pueden acabar, como tantos otros, en manos del chatarrero. Los viaductos del Quisi o Santa Ana y del Ferrandet son dos prodigios de ingeniería. Pero no se salvan del desgaste que ha sufrido esta línea en sus más de cien años de existencia. Ambos cuentan en sus laterales con pasos peatonales protegidos con barandillas. Pero en el del Quisi, que alcanza los 35 metros de altura y tiene una plataforma de 120 metros de longitud, esos pasos crujen cuando se pisan.

Están, como toda la estructura de este puente, considerada la obra más emblemática de la Línea 9, más que corroídos por el óxido, que ha carcomido e incluso agujereado las planchas peatonales. La barandilla, también con una herrumbre más que evidente, no ofrece muchas garantías de seguridad. Para expertos en arqueología industrial, este viaducto es de los más bellos del sistema ferroviario. Se aguanta sobre pilares de hierro que, a su vez, se sustentan en una peana de sillares de piedra.

El puente del Ferrandet, que salva el profundo barranco del Pou Roig, se sostiene, en cambio, sobre recios pilares de piedra. La plataforma de hierro también está oxidada, pero sobrelleva mejor el deterioro que la del Quisi. Aún así también preocupa su mantenimiento.

El Trenet, orgullo de esta zona durante años, es hoy puro recuerdo. La importancia de esta línea ha sido gigantesca: facilitó el transporte económico de personas y mercancías, potenció el crecimiento urbano, agroindustrial y demográfico y contribuyó a la expansión de los puertos de Alicante, Altea y Dénia; durante los últimos lustros ha adquirido relevancia turística y siempre tuvo un peso indiscutible en el ideario sentimental de los habitantes de la Marina, para quienes durante generaciones el Trenet fue su tren. Y eso que cubrir el trayecto entre Dénia y Alicante, una distancia de poco más de 90 kilómetros, cuesta la friolera de 177 minutos. Entre Dénia y Benidorm, los convoys circulan a una velocidad de 42 kilómetros a la hora; y entre Benidorm, donde hay transbordo porque se pasa de la Línea 9 a la 1, y la capital alicantina, a 48 kilómetros por hora.

Pero a principios del siglo XX el trazado de esta línea métrica fue un acontecimiento singular. Hubo que contruir 2,5 kilómetros de túneles, 7 viaductos, 17 puentes metálicos de más de ocho metros, 38 pasos inferiores o superiores. Asimismo, el trazado – del que 35 kilómetros discurren en terraplén y 40 en trincheras- cuenta con un 25% de curvas de radio inferior a quinientoos metros. La línea representó una notable mejora de las comunicaciones para la comarca de La Marina, así como una importante contribución a la potenciación del puerto de Denia. En los primeros años transportaba hasta Alicante y su puerto las más variadas mercancías de La Marina.

Poblaciones intermedias, como Altea, Benidorm o Calpe vieron facilitado el transporte de mercancías y viajeros, muy especialmente, a partir del crecimiento demográfico que se experimentó con la llegada del turismo a algunas poblaciones de la comarca, entre las que destaca Benidorm. Pese al auge del transporte por carretera a partir de la mejora económica de los años 50, el ferrocarril cumple una función social muy importante como medio de transporte de viajeros.

En la actualidad la conexión Alicante-Denia forma parte de la red del Tram de Alicante que combina un sistema de tren-tram- tranvía y tren diésel, con cinco líneas en servicio, distribuidas a lo largo de más de cien kilómetros, con 71 estaciones, y llega a 13 municipios. ¿Sobrevivirá?

(Imagen Esteban Gonzalo)

Vuelco a la historia. Expertos sitúan el primer ferrocarril de España enterrado en Arnao

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Vuelco a la historia. El primer ferrocarril español no se constuyó en Cuba. Y la primeta línea peninsular no fue la Barcelona-Mataró. Eso es lo que sostienen ahora investigadores del Grupo Hunosa que aseguran haber hallado en el museo de la antigua mina asturiana de Arnao, en el municipio de Castrillón, los restos del primer ferrocarril de España, que podría datar de los años 30 del siglo XIX. “Ni La Habana-Güines, ni Barcelona-Mataró; el primer tendido férreo de España se construyó en la pequeña localidad de Arnao”, sostienen los especialistas de la empresa Sadim Ingeniería, que gestiona el Museo de la Mina de Arnao.

El equipo que investiga el hallazgo de los restos del que se considera el primer ferrocarril de España, utizado para el transporte de carbón, cree que una parte importante del mismo se encuentra sellado bajo una espesa capa de arcillas del acantilado donde fue localizado. Otros indicios arqueológicos apuntan a la existencia de un espacio de la explotación minera por descubrir como una posible cuneta de desagüe y restos de edificios, explica Iván Muñiz, doctor en arqueología por la Universidad de Oviedo y director cultural del Museo de la Mina de Arnao.

Tras el primer hallazgo presentado el viernes, Muñiz y el ingeniero de minas Guillermo Laine San Román, que forma parte del equipo de la compañía Hunosa que realizó las investigaciones, están coordinando la elaboración de un proyecto de intervención arqueológica y estudio histórico que garantice la excavación en área y el análisis integral de un patrimonio industrial que despierta enormes expectativas.

En este proyecto se espera que participe el Museo del Ferrocarril de Asturias como entidad asesora después de que la intervención arqueológica realizada junto a la antigua mina de Arnao, la primera explotación española con galerías submarinas, permitiera recuperar parte de un primitivo trazado ferroviario de inicios del siglo XIX que modifica la historia del ferrocarril español.

El camino de hierro estaba sepultado bajo una capa de arcillas, en pleno acantilado de la costa y a unos nueve metros de altura con respecto al mar, lo que hizo que la intervención se realizase en condiciones muy delicadas después de que los temporales provocaran el colapso del terreno y dejaran a la vista el extremo de un carril. Hasta ahora se consideraba que los trazados ferroviarios más antiguos funcionaron entre La Habana y Güines, en Cuba, a partir de 1837, y entre Barcelona y Mataró, a partir de 1848.

Los estudios arqueológicos y de documentación escrita llevados a cabo por Iván Muñiz y Guillermo Laine con el asesoramiento de Javier Fernández, director del Museo del Ferrocarril de Asturias, y el ingeniero de caminos Juan Antonio Peláez, han permitido aquilatar el modelo y proporcionar unas dataciones ajustadas.

El trazado emplea el tipo de carril patentado por John Birkinshaw en 1820 y estaría datado entre esta fecha y principios de los años 30 del siglo XIX y se trata, según Muñiz, de una pieza extraordinaria dentro del patrimonio industrial español en la que se emplea una cabeza convexa que atenúa la fricción de la rueda. Esta tipología fue progresivamente sustituida por el carril diseñado por Stevens en 1831 e introducido por Vignole en Europa en 1836, origen del modelo que llega a nuestros días.

Muñiz ha explicado que la localización del camino de hierro in situ ha permitido estudiar el sistema al completo, con rasgos de notable arcaísmo que escriben una página imprescindible para entender los primeros momentos del ferrocarril nacional. A su juicio, el hallazgo supone un hito en la historia de la revolución industrial española dado que el empleo de caminos de hierro en fechas tan tempranas sitúa a España a la altura de las principales potencias de la época.

La localización de este trazado es un auténtico vuelco en el tratamiento histórico del ferrocarril español. Según los técnicos de Hunosa, “todo indica que el carril forma parte de un tendido ferroviario utilizado por la Real Compañía Asturiana de Minas“. En esta línea, el director cultural del Museo, Iván Muñiz, y el director técnico y responsable de Sadim, Guillermo Laine, explicaron que el camino de hierro de Arnao “responde a una patente desarrollada por John Birkinshaw en Inglaterra en 1820 y constituye un modelo único en España“. “Las fuentes escritas hablan de la presencia de caminos de hierro en Arnao entre los años 1833 y 1836”, señalan. “Todo indica que en el ferrocarril no se utilizaron locomotoras y que la tracción era animal, igual que la que se utilizó al comienzo de la línea Barcelona-Mataró”.

Tanto los dos investigadores, como la presidenta de Hunosa, María Teresa Mallada; el director general de Patrimonio Cultural del Gobierno del Principado de Asturias, Adolfo Rodríguez Asensio; y la alcaldesa de Castrillón, Yasmina Triguero, señalaron que “la pieza tiene un valor histórico excepcional”. Tanto Mallada como Asensio y Triguero se muestran dispuestos a colaborar para iniciar un proyecto arqueológico que permita “rescatar el resto del trazado que penetra en el acantilado”. La existencia del trazado ha podido documentarse gracias a una intervención arqueológica en los acantilados costeros tras la información facilitada por un vecino.

Las obras de la alta velocidad en Barcelona sacan a la luz nuevos mosaicos de la antigua Barcino

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Sorpresas que dan las obras. La excavación arqueológica de la villa romana puesta al descubierto con las obras de tren de alta velocidad en la Sagrera de Barcelona ha sacado a la luz nuevos fragmentos de mosaico polícromo, que se investiga si estaban en el mismo ámbito que el localizado en el verano de 2011. Los dos sectores de mosaico configurarían una superficie de unos 60 metros cuadrados, aunque todavía no se ha visto el punto de contacto entre uno y otro ni se puede confirmar que correspondan a un mismo ámbito.

Los trabajos arqueológicos en la villa romana del Pont del Treball, en el barrio de la Sagrera, se retomaron a mediados de 2012 en el espacio donde se localizó el mosaico de unos 50 metros cuadrados el verano del 2011. Se trata de un mosaico polícromo (opus tessellatum) realizado con piezas cúbicas de pequeñas dimensiones y materiales diversos que daban lugar a combinaciones de dos o más colores.

Por lo que se ha excavado hasta ahora, la decoración del mosaico presenta un conjunto de motivos geométricos, que forman una composición simétrica combinada con algunos motivos figurativos. La composición es diferente a la documentada en la primera fase de los trabajos, pero conserva la policromía de las teselas, además de la repetición de ciertos motivos decorativos, como los nudos de Salomón y las flores de cuatro pétalos. Se pueden observar motivos figurativos como un cráter con dos pájaros bebiendo y un recipiente con flores, acompañados de la figura de la esvástica, elemento decorativo habitual en estos tipos de composiciones.

Los motivos decorativos hasta ahora identificados en este mosaico de la villa romana del Pont del Treball, así como la composición, son parecidos a los de otras villas peninsulares del siglo IV.

Según los expertos que trabajan en estas excavaciones, que pese a la importancia de los hallazgos no serán ‘indultadas’, se confirma el origen de la prosperidad de los antiguos moradores de la Barcino romana. En el vasto terreno llano desde las murallas hasta el río Besòs, se cultivaron grandes extensiones de viñedos. En la actual frontera entre La Sagrera y Sant Martí, justo debajo del derribado Pont del Treball Digne, se producían hace unos veinte siglos miles de litros anuales de vino. Los ingresos que generaba este apreciado producto enriquecieron a los dueños de la cercana villa romana de La Sagrera y les permitieron construir la lujosa mansión rural, con mosaicos, que fue hallada accidentalmente en agosto de 2011.

(Imagen Antoni Martín/Tribuna d’Arqueologia)

La AHV Borsing número 39, una joya para el Museo de la Minería de Abanto

El Museo de la Minería del País Vasco en Abanto acaba de recuperar una de sus joyas, una locomotora de vapor 020WT, que desde hace unos días permanece en la explanada principal de acceso al centro gallartino. La máquina, bautizada con el número 39 de la empresa siderúrgica Altos Hornos de Vizcaya , fue construida en 1927 y estuvo en uso hasta 1970, fecha en la que fue sustituida por otra de mayor tamaño.

La locomotora ha sido recuperada en los talleres que la empresa Asai 2001 S.L. tiene en la vecina localidad de Ortuella y se mantiene casi completa, con su caldera, cabina y ruedas, de tal forma que podría volver al servicio activo (una máquina similar, la ‘Espinal’ 020ST procedente de la mina de la Orconera, funciona aún en el museo del ferrocarril de Azpeitia). La máquina transportaba en la factoría de Sestao tanto lingotes de hierro como las cucharas, el carbón de los coques o el mineral.

La AHV Borsing número 39 fue donada el museo minero por el Ayuntamiento de Getxo en enero de 2003 después de haber permanecido expuesta durante años en la explanada de la estación de Eusko Tren de Las Arenas y sufrir las inclemencias de la exhibición al aire libre. La factoría siderúrgica fabricó al menos sesenta ejemplares idénticos, o con ligeras modificaciones funcionales, a partir de 1945 en sus talleres de Sestao, según los planos de la compañía alemana Borsing.

Se tiene constancia de al menos 60 ejemplares de estas máquinas idénticos o con ligeras modificaciones funcionales, que se construyeron a partir de 1945 en los talleres que la empresa vizcaina tenía en Sestao siguiendo los planos elaborados por la empresa alemana Borsing. AHV dispuso de una vasta red de vía estrecha en el interior de sus instalaciones siderúrgicas por la que circulaban un gran número de locomotoras de diversos modelos y constructores, entre los que figuraban Kerr Stuart, Henschel o la citada Borsing con los consiguientes problemas originados por la falta de estandarización. La empresa alemana realizó un diseño de locomotora ‘unificada’ con ancho homogéneo de vía métrica y con unas dimensiones de 6,17 metros de largo por 2,40 de ancho. Todas las unidades del parque de Altos Hornos fueron reconstruidas en los talleres sestaoarras.

De todas las unidades construidas en la misma época se conoce con certeza la pervivencia hasta nuestros días de un total de seis máquinas; las números 6, 12, 13, 39, 53 y 60 que se encuentran dispersas en diferentes puntos de la geografía vasca, dos de ellas en Abanto. La número 13, donada por el Instituto Municipal de Deportes de Bilbao (la tuvo expuesta en Txurdinaga) permanece ahora en la parte trasera del Museo Minero con un gran deterioro general.

La recuperación del parque de vapor no resulta ya un ejercicio aislado en España, por fortuna, aunque salvo la labor encomiable de algunas instituciones y museos (entre ellos el de Azpeitia), son pocas las empresas que se deciden a participar en una iniciativa de este calado. La AHV 020WT ha sido recuperada en los talleres de Asai 2001 S.L. y en su financiación han participado el Gobierno vasco y el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos de Minas del País Vasco, Navarra, La Rioja y Soria.

(Fuente Deia. Imagen Emilio Zunzunegi)