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Estaciones singulares: Oviedo

Oviedo recuerda la llegada del ferrocarril a la ciudad como sentimientos ambivalentes. Alegría, por un lado, porque le permite acercarse a lugares lejanos, como Madrid; y tristeza y desesperación, porque con el tren se abate el mítico Carbayón, el árbol secular y sagrado de la ciudad, testigo de todos los acontecimientos históricos, que da lugar al gentilicio oficioso de los oventenses, llamados también carbayones por este mítico roble. «El silbido de la locomotora dicen que anunció su caída; pero no hubiera sido así con más respeto a las tradiciones de un pueblo, que ellas no son un obstáculo para las reformas, y ántes bien las prestan encanto y poesía», destaca un ccronista local. El 2 de octubre de 1879 se hace efectiva la tala para abrir la calle Uría, con la que se modifica la estructura urbana de la ciudad y permite levantar unnuevo paseo, donde se asienta la burguesía de la ciudad. El árbol mide 9 metros de circunferencia en su base, con dos troncos principales que alcanzan una altura de 30 metros y una copa de 38 metros de circunferencia. Tras su derribo, se comprueba que el Carbayón se encuentra gravemente enfermo y se le calcula una edad entre 500 y 600 años.

Asturias sufre una enorme potenciación en sus comunicaciones con el resto del país con la apertura de la línea ferroviaria de Sama de Langreo a Gijón de 1853, la tercera vía férrea de España, La ampliación de la red más allá del Puerto de Pajares, tras la expansión producida por la minería y la industria, permite la coexistencia de ramales carboneros, secundarios y económicos. En 1872 comienza a funcionar el tramo Gijón-Oviedo del ferrocarril a Madrid y en 1874 se inaugura el tramo Oviedo-Lena. Se funda así, como organizador del tráfico ferroviario, la estación del Norte, obra del segoviano Melitón Martín, autor de los edificios de viajeros de Gijón (1872) y Avilés (1875?), entre otros muchos proyectos.

Oviedo es centro de la infraestructura regional de comunicaciones derivada de su condición de capital provincial y de su privilegiada localización entre la principal vía de comunicación con Castilla, las cuencas hulleras y los puertos: carretera Gijón-León (iniciada en 1771 y culminada en 1835) y los ferrocarriles Lena-Gijón en 1874 (luego prolongado, salvado Pajares en 1884 y que comunica directamente con León y la Meseta), más las dos líneas de vía métrica de la Compañía de Ferrocarriles Económicos, que conectan con el oriente regional entre 1891 y 1905. y el Ferrocarril Vasco-Asturiano, que enlaza Aller, Oviedo y Pravia en 1906, cada uno de ellos con una estación en la capital.

El diseño de la estación en cuanto a distribución de vías, organización de los servicios y edificios necesarios para los mismos entra dentro de las competencias de los ingenieros contratados por las compañías ferroviarias. Usualmente éstos pertenecen al cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, aunque dadas las peculiaridades de la industrialización asturiana también se aprecia la intervención de varios Ingenieros de Minas. Asimismo, la presencia de arquitectos es significativa a partir de la segunda década del siglo XX. En su concepción la estación de Oviedo es mixta, de pasajeros y mercancías. En 1883, debe ampliarse merced a la inauguración del ferrocarril entre Oviedo y Trubia que tiene como principal objetivo recoger el carbón procedente de Quirós, Teverga y Proaza que llega hasta Trubia en un ferrocarril minero y comunicar la Fábrica de Cañones de Trubia. En 1885, tras la desaparición de la Compañía de los Ferrocarriles de Asturias, Galicia y León por su quiebra derivada de las faraónicas obras de acceso del ferrocarril a Asturias y Galicia, la estación y todo el patrimonio de la compañía pasan a manos de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España.

José Elduayen y Melitón Martín pertenecen a la primera generación de autores de las estaciones asturianas. El primero obtiene el título en 1844, en la sexta promoción de la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid; Melitón Martín ni tan siquiera tiene título reconocido en España, pues cursa sus estudios en Inglaterra. Según La Ilustración Española y Americana, Martín posee el título de Ingeniero Civil. En Gran Bretaña, los ingenieros civiles, por oposición a los militares, se organizan como institución entre 1818 y 1820, y obtienen en 1828 la consideración de Real, reconocimiento formal como profesión. Curiosamente la definición de Ingeniero Civil no incluye la intervención en caminos de hierro. Para esto se funda en 1847 la Institución de Ingenieros Mecánicos, con George Stephenson como primer presidente. Los ingenieros civiles se orientan hacia la obtención y producción de energía. No está de más recordar que Martín se encarga de iniciar la producción de gas de alumbrado para varias ciudades españolas.

Aunque Elduayen y Martín son prácticamente contemporáneos, su intervención en Asturias está separada por casi dos décadas. Martín, al parecer familiarizado con los distintos proyectos que desarrolla Inglaterra, asegura examinar modelos de diferentes líneas europeas antes de decidirse a presentar los suyos, pero excluye haber utilizado el de ninguna de ellas en concreto. Aún más, los modelos que plantea el manual más difundido de la época, el Tratado Elemental de Caminos de Hierro de Auguste Perdonnet, difieren bastante de lo creado por Martín. En la fecha de redacción de los proyectos del técnico segoviano, la poderosa Norte tiene estaciones de capitales de provincia servidas con barracones provisionales; compañías provinciales como las vascas o las asturianas y gallegas desarrollan proyectos más elaborados.

Los inicios de la arquitectura ferroviaria en Asturias están marcados por la utilización de elementos y recursos clasicistas. Frontones, pilastras, almohadillados y arcos de medio punto caracterizan las primeras construcciones del Ferrocarril de Langreo. Sin embargo, en Oviedo se vuelve a utilizar el mismo tipo de estación proyectada para la línea de Galicia a pesar de que se redacta una década después. Se trata de un proyecto similar a los de A Coruña y Gijón. Destaca el prominente frontón que corona la fachada principal y donde se ubica el reloj. De la materialidad, resalta el enmarcado de los arcos mediante ladrillo alternado con resaltes planos de sillería. Norte únicamente se dedica a mantener esta estación, sin aportar ningún avance estilístico o de materialidad, según sostienen los especialistas. Como elementos definitorios destacan su simetría, pabellón central sobresaliente del plano de fachada, remate con antepecho realizado en sillería, pilastras de remate lateral, frontón prominente y juego de huecos. En la planta baja, ritmo y tipo modificados en el pabellón central (mayor tamaño y remate con arco de medio punto en planta baja) y el resto remate por arcos rebajados y claves muy marcadas. Y en la planta alta, huecos con arco rebajado, marcadas cornisas que enfatizan la horizontalidad.

Esta obra del técnico segoviano responde a un clasicismo ecléctico, en la que se usan materiales tradicionales: hormigón ordinario o hidráulico y mampostería en cimientos, sillería en zócalos, pilastras, jambas, cornisas, etc.; mampostería ordinaria con enfoscado de cal y arena para los entrepaños de muros; ladrillo para tabicones y tabiques interiores y cubierta de teja. También dispone de cubiertas metálicas, cerchas Polonceau, marquesinas de protección en andenes adosadas a fachadas. Es un edificio de piedra en el que llama la atención su singular reloj de aguja, de grandes proporciones, que corona el pabellón central.

El edificio, muy afectado por la Guerra Civil, debe ser reconstruido bajo la dirección del arquitecto de Norte, Agustín Ballesteros, en 1937. Desde entonces, la estación dispone de rasgos típicos de la arquitectura montañesa donde las alas laterales manifiestan composición y tipología de huecos similar a la estación originaria; destacan los prominentes aleros y la composición del cuerpo central. Conviene resaltar la falta de evolución estilística, a pesar de lo tardío de la nueva construcción. inaugurada en 1946. El edificio se compone de un pabellón central de dos alturas que escoltan dos torres y prolongan en ambos costados dos alas laterales. La planta baja está adornada con un largo pórtico formado por arcos de medio punto todos ellos de dimensiones similares a excepción de los tres centrales, algo mayores, que sirven de acceso principal al recinto. Incluye, además, el tendido de una pasarela desde la prolongación de la calle Pidal hasta San Pedro de los Arcos.

Si bien el edificio principal para viajeros no sufre cambios sustanciales en su estructura desde su reconstrucción, no se puede decir lo mismo de la zona de andenes y del haz de vías ya que en 1998 éste se tapa y recubre por una imponente losa que reposa sobre 220 pilares siguiendo los planos del ingeniero Leonardo Fernández Troyano. En total la losa abarca unos 38 000 metros cuadrados de superficie y tiene una longitud de 700 metros. En 1999, tras la clausura de Oviedo-Jovellanos y de Oviedo-Económicos, ambas estaciones de Feve, la compañía comienza a prestar sus servicios en la estación del Norte. En 2013, la desaparición de Feve deja a Renfe como único operador de todos los servicios y a Adif como titular de las instalaciones ferroviarias, tanto de vía ancha como de vía estrecha.

La obra, conocida como La Losa, es fruto de la culminación en diferentes etapas del denominado Proyecto Cinturón Verde, proyectado para eliminar el trazado ferroviario que transcurre a lo largo de la ciudad. Este ‘cinturón de hierro’ forma una suerte de barrera arquitectónica en buena parte de la ciudad que mantiene aislados a los barrios periféricos del centro urbano. El proyecto, iniciado por la Sociedad Cinturón Verde, es fruto de la colaboración del Ayuntamiento, el Principado de Asturias, las empresas ferroviarias estatales Feve y Renfe, el Ministerio de Obras Públicas y el programa europeo Feder.

Con La Losa, la estación del Norte unifica los servicios de Renfe y Feve y traslada sus talleres y garajes a un espacio más propicio cercano a Lugo de Llanera. El espacio que deja la compañía de vía métrica sirve para edificar la nueva terminal de Autobuses, a la que se accede a través de la Avenida Pepe Cosmen y que se inaugura el 15 de marzo del año 2003. El espacio liberado del Vasco-Asturiano sirve para realizar nuevos proyectos urbanísticos. La cubierta de Norte supone la apertura de una nueva calle, la Avenida de la Fundación Príncipe de Asturias, que transcurre a través de buena parte de su trazado, y la apertura de la nueva Plaza de los Ferroviarios, donde bajo su cúpula acristalada se encuentra el acceso a los servicios de la estación, que conserva la entrada tradicional desde la calle Uría.

(Fuentes. José María Flores, en «Estaciones y estilos. Influencia y relación entre los lenguajes constructivos y la arquitectura ferroviaria asturiana (1847-1974). Carlos Nárdiz Ortiz, en «Desarrollo histórico de la red ferroviaria del noroeste de España». Inmaculada Aguilar Civera, en «El ferrocarril: legado cultural y patrimonio». Aurora María Martínez Corral, en «Estación de ferrocarriles de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte en Valencia. Génesis. De la idea al proyecto. De los materiales a la construcción»)

Cuando el tren penetró la cornisa cantábrica y abrió brecha en Pajares para conectar con la meseta

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“El tren regio llegó junto al túnel de La Perruca a las siete y quince de la mañana. Habíase preparado, para la ceremonia de la bendición de las máquinas, dos pabellones, uno para la familia real y otro para los convidados, y entre ellos una capilla donde poder oficiar el clero y decir la misa de campaña”. El corresponsal en Asturias del diario ‘La Crónica de España’ relata de esta forma uno de los acontecimientos más importantes en la historia del ferrocarril español, cuando el tren rompe la barrera de la cornisa cantábrica y conecta los impenetrabales paisajes asturianos con la meseta. “Las obras del puerto de Pajares harán época, sin duda alguna, en los anales de construcción de ferrocarriles, tanto por haber sido terminadas en un plazo muy corto como por las inmensas dificultades que la naturaleza oponía allí al esfuerzo de los hombres”.

El 15 de agosto de 1884 fue la fecha elegida. Como la ocasión requería, la ceremonia de apertura del nuevo tramo contó con la presencia de los reyes Alfonso XII y María Cristina, así como las infantas Isabel y Eulalia, que viajaron en un tren especial que se detuvo unos metros antes de la boca de entrada del túnel de La Perruca. La obra para construir el trazado ferroviario de Pajares, considerada como una de las mayores obras de ingeniería en España en el siglo XIX, se prolongó durante cuatro años, desde 1880 a 1884, para salvar un desnivel de 817 metros desde los 1.237 de Busdongo (León) hasta los 420 de Campomanes (Asturias).

“Se ha abierto el camino del porvenir para Asturias. Una nueva cinta de hierro une el Cantábrico al Mediterráneo. Es un hermoso día, como lo es para el esclavo el día en que rompe sus cadenas; la cadena colosal con la que la naturaleza aprisionó esta tierra gloriosa ha sido quebrada por el esfuerzo del hombre: somos, al fin, libres”, se afirmaba en la Prensa de la época con bastante entusiasmo.

Hasta entonces, el viaje a Madrid sólo lo hacían las clases más adineradas que empleban seis días en el trayecto. El recorrido se cubría con la ayuda del ferrocarril y diligencia. Pero una vez pudo abrirse la vía, la ruta se completaba en 23 horas. La inauguración de Pajares «es una de las cuatro fechas que explican la Asturias de hoy», aseguran los expertos. «La animación ha sido grande en las calles. Además de las músicas de la localidad, grupos de campesinos las recorrían entonando cantos populares al son de las tradicionales gaitas. La iluminación ha sido brillante, y los fuegos artificiales que so han disparado han agradado á los espectadores», relata una de las crónicas de aquellos días que festeja y aplaude la culminación de la obra.

La idea de unir el Principado con el resto de España, que uniese Gijón y León sin olvidar Oviedo y Pajares, fue concebida y defendida por Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811). En el primer tercio del siglo XVIII el trazado se convirtió en el embrión de la actual carretera N-630 de Oviedo a León, que quedaría inaugurada en 1833. Habría que esperar otros 50 años hasta ver que el ferrocarril comunicara Asturias con la Meseta. El 30 de agosto de 1863 llegó a León la primera locomotora procedente de Palencia y a partir de entonces el tren se desarrolló hacia Galicia y Asturias, pero en 1868 tan sólo llegaba hasta Brañuelas (dirección Galicia) y Pola de Gordón (dirección Asturias). Salvar la cordillera Cantábrica que divide la Meseta y Asturias, fue una obra de titanes plena de dificultades, incluida la quiebra de la compañía del Noroeste que tanto empeño puso en el proyecto.

La excavación de varios túneles bajo la roca del macizo, que costó Dios y ayuda, hizo posible la conexión. Las crónicas periodísticas les conceden un espacio destacado. «Maravilla ver cómo se han vencido las dificultades que presentaba la realización de obras tan atrevidas como gigantescas. El túnel de Perruca empieza en los límites fronterizos de León y Asturias, y tiene 3.085 metros; es el mayor de España, y desde su entrada marcha en pendiente, bajando desde los 1.283 metros á los 1.231 sobre el nivel del mar. Este túnel tiene 1.200 metros de carga y desemboca al principio del pintoresco y magnifico Valgrande, una de las terribles hondonadas que se abren al pié de la colosal cordillera».

«Al túnel de la Perruca sigue en importancia el apellidado por los contratistas el Capricho. Se le aplicó este nombre porque, creyéndole innecesario los ingenieros constructores, pidieron la modificación del trazado, y se les negó la petición. El expresado túnel une el valle de Parana con el de Congostinas: mide 1.856 metros de longitud y tiene 400 metros de carga; se construyó en 20 meses, extrayendo diariamente 600 vagones da escombros. Sigue en importancia al anterior el de Congostinas, que mide 1.170 de longitud con 700 de carga. Digno es de citarse asimismo el túnel de la Sorda, de 1.075 metros de longitud: su trazado forma una S, ó sea una curva, recta y contra curva de 500 metros. Respecto a puentes, constituyen dos obras de mérito y de importancia suma, el viaducto de Burón y el de Parana. En ambos se ha detenido el tren regio para quo los vieran SS. MM. con detención. El primero está situado en el kilómetro 83, entre Linares y Malvedo: su longitud total es de 120 metros y su altura 23, y está formado con tres arcos de obra de fábrica, que tienen 23 metros de luz. El segundo viaducto. Paraná, tiene 130 metros de longitud y 43 de altura desde el nivel del río. Es de hierro, en curva de 300 y pendiente del 2. Consta de tres tramos, dos extremos de 40 cada uno, y el central, que tiene 50. El estribo segunde tiene fundaciones tubulares de 23 metros de profundidad el cimiento. Ha sido construido por la casa Giffeld. Tiene algún parecido con el viaducto de la calle de Segovia de Madrid; pero, sin comparar su solidez, me parece mejor este último, dado el uso del uno y del otro.

El encuentro de las locomotoras ‘Jovellanos y ‘Pelayo’ fue apotéosico y aventuraba un porvenir glorioso. De nuevo recurro al recurso periodístico para glosar un momento. «Se ha abierto el camino del porvenir para Asturias. Una nueva cinta de hierro une el Cantábrico al Mediterráneo. Es un hermoso día, como lo es para el esclavo el día en que rompe sus cadenas; la cadena colosal con la que la naturaleza aprisionó esta tierra gloriosa ha sido quebrada por el esfuerzo del hombre: somos, al fin, libres”.