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Renfe refuerza la limpieza de los trenes

Renfe ha puesto en marcha un amplio conjunto de medidas para que sus clientes puedan disfrutar de un viaje seguro y de confianza, reforzando los procedimientos de limpieza y desinfección de todos los trenes. Estos procedimientos de limpieza y desinfección de los trenes, así como las diversas medidas de embarque, desembarque y a bordo llevados a cabo por Renfe, han permitido obtener el certificado AENOR frente al COVID-19 para el transporte de viajeros. Además, Renfe ha implantado un servicio de mantenimiento de la higienización en ruta de los trenes Ave y Larga Distancia, que comienza antes de la salida del tren, con la higienización de los puntos de contacto de los viajeros en el proceso de acceso a los coches (botoneras, asideros, marcos de puertas, etc.).

En el interior del tren y durante el trayecto, el personal de mantenimiento se encarga de mantener las condiciones higiénicas de las zonas comunes. Además, en las paradas intermedias repasan la mesa o mesita del respaldo de los asientos que queden libres, los apoyabrazos de las butacas y la sustitución de los cabezales.

Estos trabajos se suman a los que ya se realizan con los trenes en vacío (todos los trenes se desinfectan al inicio y al final del servicio), con el fin de extremar las condiciones higiénico-sanitarias, y ofrecer a los viajeros un entorno seguro a la hora de viajar. Todos los viajeros recibirán, además, toallitas y/o gel hidroalcohólico durante el check-in, y dispondrán de dispensadores de gel en los WC de todos los trenes. Asimismo, Renfe ha introducido mejoras en la ventilación del interior de los trenes, con el aumento de las renovaciones completas de aire en los coches, que se realizan cada 7 minutos.

Los protocolos, certificados por AENOR mediante exhaustivas evaluaciones tanto presenciales como documentales, contemplan todos los momentos en que un viajero entra en contacto con los servicios de la compañía antes, durante y una vez finalizado su viaje, incluyendo el check-in y acceso a los trenes, la distribución de los pasajeros, la limpieza y desinfección del interior de los trenes, así como las medidas de protección de viajeros y empleados, entre otros. Este proceso de certificación frente al contagio de COVID-19 es un paso más dentro del programa Objetivo Tren Seguro, diseñado por Renfe para ofrecer a todos sus viajeros la máxima confianza a la hora de viajar y afrontar con éxito la vuelta a la normalidad.

Los protocolos de desinfección y limpieza incluyen la limpieza profunda y sistemática de todo el tren, incluyendo asientos, suelos, revestimientos horizontales y verticales; utilización de OX VIRIN, producto de alta eficiencia desinfectante; desinfección cuidadosa de todas las zonas de contacto: pulsadores de apertura y cierre de puertas, apoyabrazos, bandejas de los asientos, pasamanos, etc.; limpieza profunda de baños y todos sus elementos, así como de coches cafetería y cabinas de conducción, donde abundan dispositivos especialmente sensibles, como pantallas táctiles, botoneras, picaportes y paneles. También supone el registro de cada limpieza y desinfección, con fecha y hora de los trabajos realizados. Esta ficha figura en zonas visibles del interior del tren para consulta e información.

Entre las medidas implantadas para generar mayor seguridad entre los clientes se realiza una limpieza extraordinaria y ampliada cada cinco viajes aplicando desinfectante. Ningún tren se pone en marcha sin haber sido sometido a una limpieza previa y sin la reposición obligada de los elementos higiénicos y sanitarios. La flota de trenes es sometida a la programación habitual de limpieza ahora reforzada con intervenciones adicionales que garantizan los más altos estándares de calidad en la desinfección.

Para llevar a cabo estas medidas, Renfe dispone de un equipo de más de 125 personas que garantiza la desinfección y limpieza de todos los espacios durante el viaje. Se ocupan del mantenimiento específico de aquellas plazas que quedan libres en estaciones intermedias, para dejarlas completamente higienizadas antes de ser ocupadas por otra persona, e intervienen durante el trayecto en cualquier otro punto del tren en el que sea necesario. Renfe realiza además 9 renovaciones completas de aire en la sala de viajeros a la hora (cada 7 minutos). Esta limpieza asegura la renovación completa del aire en los coches de viajeros.

Un nuevo accidente con víctimas reabre el debate sobre la seguridad ferroviaria en Argentina

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Dolor, consternación, rabia e impotencia. Esa es la reacción de la sociedad argentina ante el nuevo accidente en el servicio suburbano próximo a la capital y que ha vuelto a reabrir el debate sobre la seguridad de los trenes en el país. Llueve sobre mojado y los pasajeros del servicio ferroviario claman para que las autoridades pongan remedio a los males del país. Pero apenas si creen en una solución a corto plazo. Tan solo ponen su esperanza en que los milagros sigan evitando una verdadera catástrofe en las vías.

El balance del último accidente no deja lugar a dudas. Tres personas han muerto y, al menos, han resultado heridas otras 155 por el choque de un tren suburbano de pasajeros que embistió a otro que estaba parado cerca de la estación de Castelar, 30 kilómetros al oeste de Buenos Aires. Y de nuevo en la línea Sarmiento, la misma donde hace poco más de un año se produjo otro siniestro que causó la muerte a 51 viajeros. Sarmiento estaba operada por la concesionaria TBA (Trenes de Buenos Aires) de los hermanos Antonio, Roque y Sergio Cirigliano hasta febrero de 2012, cuando fueron encausados y les fue eliminada la concesión por el choque en la terminal de Once de la capital. Desde entonces, se conformó la UGOSM con fuerte inversión estatal para un plan integral de reformas que está en plena ejecución, según la página oficial de las líneas ferroviarias.

Este nuevo accidente se ha producido a las 7.07 hora local (11.00 en España) cuando una de las formaciones con pasajeros chocó contra la parte trasera de un tren vacío que, al parecer, esperaba para ingresar a los talleres de reparación. El ministro argentino del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, dijo en un mensaje al país que 155 personas sufrieron heridas de distinta gravedad y fueron atendidas en siete hospitales de la zona, en la poblada periferia oeste de Buenos Aires.

“Para que se puedan realizar las investigaciones a fondo, se interrumpirá el servicio por 24 horas porque queremos determinar en forma fehaciente si fue un siniestro o un accidente. El conductor y el acompañante están incomunicados. El tren que chocó tenía frenos nuevos”, dijo Randazzo.

Decenas de voluntarios y bomberos rescataron a los lesionados entre los hierros retorcidos de los primeros coches del tren que quedaron incrustados contra la formación que estaba detenida, constató una periodista de la AFP.

La compañía ferroviaria culpó a uno de las maquinistas de la acción y negó las acusaciones que el delegado sindical Daniel Ferrari efectuó nada más producirse el siniestro, asegurando que la formación siniestrada “se quedó sin frenos” y que “tenía problemas desde hacía seis meses”. “En los instantes previos al impacto, de acuerdo al análisis que surge del monitoreo satelital, la formación frenó normalmente en la estación Morón (la anterior al lugar del accidente). Posteriormente la formación chapa 1 (que colisionó) cruzó una primera señal a precaución (lo que determina que debe bajar la velocidad) y las siguientes tres señales a ‘peligro'”, indicó el comunicado, que aclara que en este caso debe detener su marcha.

La concesionaria UGO-SM insistió en que “de acuerdo al reglamento operativo, ante una señal de peligro el conductor debe detener completamente la formación, situación que no ocurrió”.

Tras el accidente de 2012, la presidenta Cristina Kirchner anunció en enero pasado el cambio de todos los coches de las líneas Sarmiento y Mitre (que une la periferia norte con la Capital), y que se encontraban en pésimas condiciones, por coches que serán fabricados en China y estarán operativos en 16 meses.

Por el accidente de Once en 2012, la justicia argentina encausó a dos exsecretarios de Transporte y a los empresarios encargados de la concesión de los trenes, mientras que el área de Transporte que dependía del ministerio de Planificación Federal pasó al ministerio del Interior. Ese accidente constituyó un golpe para la popularidad del gobierno de Kirchner, según encuestas.

El sistema ferroviario argentino fue privatizado en los años 90 durante el gobierno de Carlos Ménem (1989-99), cuando se cerraron decenas de estaciones y ramales en todo el país, sin que desde entonces se hayan hecho inversiones suficientes para mejorar el servicio. Desde entonces, el nivel de popularidad del sistema ferroviario ha caído en declive y la confianza de los pasajeros ha disminuido considerablemente.
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(Imagen Ricardo Pristupluk. La Nación)