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El tren español según el No-Do



Los más jóvenes pueden reírse a mandíbula batiente de este noticiero. Pero durante muchos años fue, además de obligatorio en los cines españoles, una de las ventanas de apertura al mundo y a la España de Franco. El No-Do ha pasado a ser un testigo privilegiado del sentir y el vivir de la historia de nuestro país. Y si nos olvidamos de su perorata profranquista y grandilocuente, es ahora un buen termómetro de la visión histórica de los años de la postguerra, la autarquía y la conexión con Europa.

El tren -sus avances, adelantos, inauguraciones, modernización y recorridos- es escenario habitual de los documentos incluidos en el No-Do. Es un buen momento, por tanto, para recordar , revivir o conocer esos tiempos donde el tren era prácticamente el único medio de transporte y suponía el eje de conexión de todo el país de Norte a a Sur, de Este a Oeste, eso sí pasando por Madrid.

El primer tren



La réplica que ‘la Maquinista’ reconstruyó para celebrar el centenario del aquel primer ferrocarril peninsular se expone en este documental en todo su explendor. Aunque sea para conmemorar un encuentro de los dirigentes sindicales de UGT, que tanta relación guardan con los trabajadores ferroviarios.

Un testimonio vivo, en color, de los años donde comienza la esperanza y que permiten además la modernización del ferrocarril español. Imágenes gozosas que alivian los calores del verano y que ponen un punto de sonrisa bobalicona en nuestros rostros. Solo para disfrute de quienes aman al tren. Y sin ninguna otra intención, aunque lo pueda parecer.

Los trenes de nuestros abuelos



Tiempos de Maricastaña. Tiempos de la España de postguerra. Tiempos de nuestros abuelos. Creo que es un buen documento para recordar, revisar o conocer cómo eran aquellos trenes de los tiempos de la Renfe. Arcaicos, antiguos, molestos…. los trenes de otra época, menos modernos y no tan veloces como los de ahora. Los tiempos de la 3 clase y los asientos de madera… incómodos, sucios, con hollín y luces inexistentes en los túneles… La Renfe de los inicios.

Dicen que olvidar el pasado es renunciar a la historia. Y hoy hay, incluso, quien reniega de lo que fue nuestra primitiva Renfe. Pero es la herencia de aquella compañía la que hoy nos permite presumir de tener los trenes más modernos de Europa. Os invito a conocer el pasado… a quien no lo conozca.

Aquellos viejos cacharros, tesoros de una época



Una época difícil. Complicada para vivir, compleja para viajar, ardua para respirar. Estrecheces, penurias y un aislamiento voluntario hacia el exterior. Renfe nace en 1941 y pone en marcha la maquinaria para recuperar (?) el material perdido o destruido durante la Guerra Civil. Todo el país necesita superar lo ocurrido y se inicia una nueva época ( (tardaría en llegar)) que acaba por modernizar el tren español.

Esos tesoros de la arquelogía ferroviaria cobran vida como por arte de magia y, a través de la imagen del cine, nos trasladan a aquellos años, donde se imponen majestuosos los trenes de la época. Vetustos cacharros que trasladan a la gente, que silban furiosos en las estaciones y que se dejan oír hasta en los silencios más profundos de aquella historia hoy casi olvidada.

Adiós al Talgo III

‘El Miguel de Unamuno desaparece’. Auque aún Renfe no ha puesto fecha fija para la supresión de la relación que lleva el nombre del insigne escritor bilbaino, antes del verano la operadora sustituirá los Talgo III que cubren el citado servicio por los trenes Alvia con material rodante de la serie 120, que circula por la línea de alta velocidad entre Barcelona y Zaragoza.

El adiós al ‘Miguel de Unamuno’ es el adiós al Talgo III. Se pone fin a época histórica y se acaba con uno de los mitos en la tracción ferroviaria española, sin que de momento nadie parezca haber advertido la trascendencia del momento. El Talgo III, que cubre el servicio entre Barcelona, Bilbao y Salamanca desde hace tres lustros, es el único ejemplar de esta rama que aún circula por las vías españolas, ya que sus gemelos se vendieron a Argentina hace ya unos años.
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El tren de los muertos

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Estamos en los primeros años del siglo XX. Bilbao era ya una ciudad en pleno crecimiento y desarrollo, con importantes fábricas, minas e industrias siderúrgicas que daban empleo a miles de personas. Era reciente, además, la anexión de municipios cercanos a la villa, como el de Derio, donde se había construido el nuevo cementerio de la ciudad. La comunicación entre ambos puntos (Bilbao y Derio) se hacía por ferrocarril. Y el traslado de los féretros hasta el nuevo cementerio fue uno de los negocios más prósperos de la época.

La Compañía del Ferrocarril de Bilbao a Lezama explotaba la línea que desde Bilbao se dirigía a Lezama por Begoña y Sondica. Inaugurada en 1895 recorría los términos de Lezama, Zamudio y Derio. Pese a que la empresa estaba en manos de las fortunas de Vizcaya (los Chávarri, Martínez Rodas y viuda de Epalza, entre otros) la explotación de la línea era deficitaria. Pero la suerte cambió. El tren comenzó un nuevo negocio: el traslado de féretros desde la capital vizcaína hasta el cementerio de Derio. Y la iniciativa salvó a la empresa.
La compañía construyó una capilla en la estación de las Calzadas de Mallona donde los familiares podían velar a sus muertos y donde los amigos se despedían del féretro en su último viaje (nunca menor tilizada la expresión). El tren llegó a establecer un horario especial para los servicios del cementerio. Y durante la festividad de Todos los Santos la circulación se incrementaba notablemente.

El primer tren con destino al cementerio de Vista-Alegre salía a diario a la una de la tarde y a diferencia de los viajeros de otros trenes, la mayoría de sus pasajeros iban de luto, silenciosos, acompañados de coronas fúnebre, cruces y ramos de flores.

Las agencias funerarias también se hicieron eco del negocio. En 1910 una de las más importantes, Nueva Agencia Funeraria, ofrecía su organización en las páginas de El Noticiero bilbaino, donde publicitaba precios y servicios sin competencia en la conducción por ferrocarril de los cadáveres, con billetes gratis para los acompañantes y todo tipo de complementos (lazos, coronas, flores) para los enterramientos.

El tren de los muertos acabó su carrera a mitad de siglo, una vez que el servicio por carretera se hizo con las riendas del negocio. Atrás quedaron las escenas de despedida multitudinaria en la explanada de las Calzadas de Mallona, una escena que nunca se volverá a producir.