‘The Flying Scotsman’ recupera sus colores originales para volver a los recorridos turísticos


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Un tren de otra época recorre la campiña inglesa veloz como en los viejos tiempos: es la locomotora ‘The Flying Scotsman’ (‘El escocés volador’), construida en 1923, en su regreso este jueves a los raíles británicos. Eran las 07.40 horas cuando la poderosa máquina de 97 toneladas, la primera que alcanzó las 100 millas por hora, abandonó la estación King’s Cross de Londres entre el entusiasmo de los aficionados, en su primer viaje oficial tras un proceso de restauración de 10 años.

La espléndida locomotora, que recuperó su color verde original para la ocasión, viaja arrastrando unos coches de época en los que 300 personas viajaron hasta York, a unos 280 kilómetros al norte, en un recorrido de 5 horas que concluyó en el Museo Nacional del Ferrocarril, que la compró en 2004. “Es un sentimiento maravilloso verla aquí, verla rodar. Es como una mujer hermosa”, dice Sir William McAlpine, uno de sus antiguos propietarios, muy conmovido. En los coches, ni wifi, ni tomas eléctricas, pero todo el encanto de los viejos trenes: mesas puestas como en un gran restaurante, con unas pequeñas lámparas en forma de campana, bancos de terciopelo rojo…”Es una experiencia totalmente diferente”, comenta Tony Hey, un pasajero de 70 años. “Los trenes eléctricos son todos iguales, en cambio estos tienen un olor particular, y el vapor… es fantástico”.

La locomotora, un legado de la espléndida era industrial británica, estará en el museo hasta marzo, y luego se dedicará a realizar viajes turísticos y exhibiciones. Unos camareros vestidos de verde, como la locomotora, sirvieron un clásico desayuno inglés: huevos, bacon, crema de avena y té, además de champagne. “Es un día histórico”, dice Paul Kirkman, director del museo. “Este viaje de celebración significa un nuevo hito en la larga y colorida historia de este icono de vapor, y es un homenaje a todos los que han trabajado duro para hacerlo posible, desde los que trabajaron en la restauración, al público que hizo donativos para devolver la vida a esta leyenda”, añade. “Es muy importante ver este símbolo magnífico del patrimonio ferroviario y tecnológico británico recorrer de nuevo nuestras vías”, asegura entusiasmado Peter Hendy, presidente de Network Rail, el organismo que gestiona la red ferroviaria británica.

Esta máquina alcanzó la fama cuando se presentó en la gran Exposición Imperial Británica de 1924, un año después de su construcción en Doncaster, en el norte de Inglaterra, y es una de las joyas del patrimonio industrial nacional. En 1928 inició el primer servicio sin paradas entre Londres y Edimburgo, reduciendo el viaje de 670 kilómetros a 8 horas. En 1934, fue la primera que alcanzó las 100 millas por hora. En 1963 la compañía de ferrocarriles la retiró del servicio y la vendió a unos propietarios privados, que la usaron para exhibiciones en Australia y Estados Unidos. En Australia estableció el récord del viaje más largo sin paradas para una máquina de vapor, los 679 kilómetros que separan Melbourne de Alice Springs.

Gracias a una colecta pública, la máquina volvió a manos del Reino Unido en 2004, por 2,3 millones de libras (3 millones de euros, 3,3 de dólares). Con 22 metros de longitud, y una capacidad de almacenamiento de 8 toneladas de carbón y 23.000 litros de agua, se estima que ha recorrido unos 4 millones de kilómetros.

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