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El Gobierno de Aguirre asume la gestión del Metro de Madrid porque es quien más paga

De mutuo acuerdo. O la afuerza ahorcan. La Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital han llegado a un acuerdo por el que la institución que preside Esperanza Aguirre gestionará en solitario Metro de Madrid, con el objetivo de evitar duplicidades y ahorrar costes dentro de la política de austeridad motivada por la crisis. Ambas instituciones «han llegado a un acuerdo», aunque aún no se ha podido precisar si está «totalmente cerrado».

Aguirre asegura que finalmente será la Comunidad de Madrid la que se encargue de la gestión de Metro de Madrid porque es «la que paga la mayor parte de los gastos». A su juicio no era lógico «que la gestión estuviera en manos de un presidente no ejecutivo», como ocurre actualmente con el presidente de la entidad y delegado de Hacienda del Consistorio, Juan Bravo.

«Creemos que es mucho más claro con objeto de mejorar el servicio público que se presta a los madrileños que haya una línea de mando», ha argumentado Aguirre, para añadir que esta línea de mando tiene que ser de la de «la institución que paga la mayoría de los gastos», que, en este caso, es el Gobierno regional. Actualmente, el Ayuntamiento posee el 75% de las acciones del Metro (el resto son de la Comunidad), aunque el usufructo y los derechos políticos están cedidos en ambos casos al Consorcio.

Tras este acuerdo, el Ayuntamiento de Madrid dejará de aportar al Consorcio de Transportes regional la cantidad que destina actualmente para sufragar los costes de Metro. Las cifras relacionadas con este acuerdo no están cerradas totalmente, y han apuntado que el Consistorio continuará sufragando los costes correspondientes a la EMT.

La mayor parte de la infraestructura es propiedad de la empresa pública Metro de Madrid SA, y está operada por ella, aunque todas las secciones construidas desde 1999 pertenecen a otra entidad pública empresarial MINTRA. Ésta se limita a cobrar a aquélla un canon por su uso, pero no interviene en la gestión del tráfico. Ambas empresas dependen de la Comunidad de Madrid (de Ferropedia).

Junto a este esquema general, la sección Barajas-Aeropuerto T4 de la Línea 8 se ha construido en régimen de concesión por una Unión Temporal de Empresas formada por FCC y Caja Madrid, a quien Metro de Madrid SA paga un canon por hacer rodar sus trenes sobre ella. Por otro lado, hay tres secciones más de la red que también se han construido en régimen de concesión pero que se expotan por compañías independientes de la empresa pública: Línea 9b (Puerta de Arganda-Arganda del Rey). A cargo de Transportes Ferroviarios de Madrid; Línea ML1 (Pinar de Chamartín-Las Tablas). A cargo de Metros Ligeros de Madrid SA; y Líneas ML2 (Colonia Jardín-Estación de Aravaca) y ML3 (Colonia Jardín-Puerta de Boadilla). A cargo de Metro Ligero Oeste SA.

La red de Metro o de ferrocarril metropolitano de Madrid fue inaugurada el 17 de octubre de 1919 por el rey Alfonso XIII, contando aquella Línea 1 con las estaciones comprendidas entre las actuales de Cuatro Caminos y Sol, aunque con una estación más en su recorrido (actualmente la estación-museo de Chamberí).

Desde el 28 de marzo de 2011 cuenta con 288 estaciones, de las que 233 son sencillas, en 27 trasbordan dos líneas, en 12 tienen parada tres líneas y una (Avenida de América) sirve de transbordo a cuatro líneas. Su longitud total es de 293 kilómetros. La red de Metro de Madrid la componen 12 líneas convencionales y el ramal que une Ópera y Príncipe Pío. En tres de esas estaciones (Tres Olivos, Estadio Olímpico y Puerta de Arganda), se hace cambio de tren dentro de una misma línea, y en 21 paradas hay correspondencia con la red de Cercanías Madrid de Renfe. También hay tres líneas de metro ligero que suman un total de 27,78 kilómetros y cuentan con 38 estaciones, de las que Metro de Madrid opera las 9 paradas de la línea ML1 de 5,4 kilómetros.

Es la segunda red de metro de la Unión Europea por kilómetros (sin contar el Metro Ligero) y la octava del mundo después de Shanghái, Londres, Nueva York, Tokio, Seúl, Moscú y Pekín. Fue además una de las que más rápidamente se expandió entre 1995 y 2007. De hecho, durante 2010 se contabilizaron 932.495.273 desplazamientos, que le acercan a las 10 primeras redes de metro por número de viajeros.

(Fuente Ferropedia. Imagen Benedicto 16 en Wikimedia Commons)

El funicular de Artxanda se ha quedado anticuado

El funicular de Artxanda no da más de sí. Después de veintiséis años desde su puesta en servicio (junio de 1983) el Ayuntamiento de Bilbao se ha propuesto cambiar el sistema de funcionamiento, que ha quedado desfasado. Y parece que ya no puede demorarse más la sustitución del mecanismo de funcionamiento, al que el consistorio de la capital vizcaína piensa destinar 570.000 euros.

No se trata de adquirir nuevos componentes nuevos para sustituir los que se han deteriorado, sino de sustituir por completo el mecanismo que mantiene activo el arrastre de los dos coches que en estos momentos cubren el servicio entre la plaza de Castaños y Artxanda; un viaje de apenas tres minutos.

Según explican desde el consistorio (que me perdone Joseba Barrio si soy un tanto impreciso), los sistemas de comunicaciones entre la sala de máquinas, la sala de control y los vagones, al igual que los automatismos de los distintos elementos de este tradicional transporte bilbaíno son una unidad integrada que no permite que sean reemplazados de forma parcial con otros materiales del mercado.

Los responsables municipales han proyectado la implantación de un nuevo sistema «redundante» de comunicaciones y automatismos en el funicular, que serán independientes y compatibles con distintas marcas comerciales. No sé si han tenido en cuenta la experiencia de gente del sector que sabe mucho de estas cosas, pero yo que Iñaki Azkuna les escucharía antes de meterme en una obra que quizá luego no sea la mejor solución. Por cierto, quien quiera saber más de este tipo de transportes que entre en la página de trenak en la que hay información muy detallada sobre nuestro ‘funi’ y otros transportes de este tipo en otros países.

La primera actuación que ha preparado el consistorio pasa por la instalación del sistema de comunicaciones mediante la colocación de fibra óptica y cable radiante en la vía. El segundo paso, implantar el citado sistema de automatización «redundante» en las salas de control y de maquinaria, renovando el pupitre y panel de mando. Después, los expertos acometerán la automatización en los dos vagones del funicular. Acabarán colocando aparatos de videovigilancia integral que permita observar el servicio desde la sala de control. Lo que da a entender que los maquinistas quizá vayan a desaparecer de este peculiar transporte. No parece, sin embargo, que los coches vayan a ser sustituidos, aunque me cuentan que uno de ellos, por ejemplo, tiene problemas de goteras durante los días de lluvia. Y, de momento, Bilbao no es Río de Janeiro. Es decir que hay más días con agua que de sol.

La historia del ‘funi’, como así se conoce el transporte entre los bilbaínos, se remonta a los primeros años del siglo XX, si bien no fue posible disponer de un funicular hasta el 7 de octubre de 1915. Benito Marco Gardoqui era alcalde de la villa, cuyos habitantes utilizaban las campas y txakolís (merenderos) de uno de los montes de Bilbao para su esparcimiento y ocio personal. La construcción del casino aceleró los planes para la puesta en marcha del transporte, que costó 2.935,39 euros en aquel entonces. La maquinaria fue diseñada y construida por la empresa suiza L.Von Roll, que se dedicaba a elaborar trenes de montaña. En muchas ocasiones fue utilizado de transporte, incluso de ganado que llevaban los aldeanos que vivían en el monte al mercado o al matadero.

Los primitivos coches aguantaron hasta el año 1976; durante el cambio del cable motriz, un fallo en los frenos de agarre y de las mordazas, hizo caer un vagón hacia la estación inferior con cuatro operarios dentro; tres saltan del coche, pero el cuarto aguanta tirado en el suelo hasta la estación inferior; es rescatado entre los escombros y trasladado al hospital, donde se recuperó. Tras un paréntesis de siete años, se modernizó el ‘funi’ y de nuevo volvió a comunicar Artxanda con el Bilbao de toda la vida. Tiene un recorrido de 770 metros, capacidad para 70 personas y la duración del viaje apenas llega a los tres minutos.

(Imagen Maite Bartolomé)