El Grupo ACS irrumpe con fuerza en el ferrocarril de Israel con un contrato de electrificación


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El Grupo ACS, a través de su filial industrial SEMI, se ha adjudicado la oferta de una de las obras de electrificación más grandes en Israel por 480 millones de euros. El contrato contempla la electrificación de 420 kilómetros de líneas de ferrocarril, tanto existentes como planificadas, junto con los transformadores y el centro de control y mando de la línea.

El Gobierno israelí ha impulsado la inversión en este modo de transporte para que en 2018 el país entre en el mapa de la alta velocidad con una conexión entre Tel Aviv y Jerusalén. La obra de ACS consiste en ejecutar 1.080 kilómetros de catenaria y 14 subestaciones. Esos kilómetros de catenaria discurren en un trazado de 420 kilómetros, en los que hay zonas en las que existen dos, cuatro e incluso cinco vías.

El plazo de ejecución será de cinco años para la construcción y los trabajos se ejecutarán en cortes de circulación nocturno de 6-7 horas y 24 horas durante los fines de semana. El importe de construcción es de 385,8 millones de euros y adicionalmente tendrá 10 años de mantenimiento por un importe de 46 millones (4,6 millones/año).

Esta oferta forma parte del proyecto de electrificación de líneas de Israel Railways que se estima en 13.700M NIS (unos 3.400 millones de euros) y busca el cambio de todas las líneas de ferrocarril que funcionan con diésel a líneas eléctricas. La oferta está realizada con moneda local (shekel) a un cambio fijo de 4,225 nis/euro.

El grupo español fue el primero en desembarcar en la alta velocidad de California (EEUU) y participa en la construcción del primer AVE de Arabia Saudí. Ahora irrumpe con fuerza en el ferrocarril de Israel para llevar a cabo una de las mayores obras de infraestructuras del país: la electrificación y posterior mantenimiento de la red ferroviaria.

Antes que ACS, Bombardier ganó otro de los grandes pedidos de la compañía Israel Railways. El fabricante canadiense recibió en agosto un encargo para construir 62 locomotoras eléctricas (ampliable a otras 32 más) por unos 232 millones de euros. Este contrato ha estado salpicado de polémica porque las autoridades locales acusaron a Bombardier de incumplir los acuerdos de reciprocidad. En paralelo, un consorcio chino perdedor denunció la adjudicación después de ser descalificado.

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