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La estación central de Copenhague, escenario privilegiado para la música del ‘bolero de Ravel’


Un nuevo flashmob en una estación de tren. Un escenario ideal para que la música, la buena música, suene por todo lo alto. La terminal central de trenes de Copenhague ha servido para una actuación privilegiada de la Sjællands Symfoniorkester (Orquesta Sinfónica) cuyas notas musicales concentraron la atención de los admirados pasajeros de los trenes daneses, con una magnífica interpretación del ‘bolero de Ravel’.

La estación central de la capidal danesa magnificó la obra musical del compositor francés Maurice Ravel, con una de las más famosas obras del compositor y uno de los exponentes de la música del siglo XX. Ballet compuesto y dedicado a la bailarina Ida Rubinstein, alcanzó de inmediato el éxito y la rápida difusión universal tras su estreno en la Ópera Garnier de París el 28 de noviembre de 1928.

Movimiento orquestal inspirado en una danza española, se caracteriza por un ritmo y un tempo invariables, con una melodía obsesiva —un ostinato— en do mayor, repetida una y otra vez sin ninguna modificación salvo los efectos orquestales, en un crescendo que, in extremis, se acaba con una modulación a mi mayor y una coda estruendosa. El Bolero esconde una gran originalidad, y en su versión de concierto ha llegado a ser una de las obras musicales más interpretadas en todo el mundo, al punto de que hasta el año 1993 permanecía en el primer lugar de la clasificación mundial de derechos de la Société des auteurs, compositeurs et éditeurs de musique.

Un flashmob, traducido literalmente de inglés como «multitud instantánea» (flash: destello, ráfaga; mob: multitud), es una acción organizada en la que un gran grupo de personas se reúne de repente en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa rápidamente. Suelen convocarse a través de los medios telemáticos (móviles e Internet) y en la mayor parte de los casos, no tienen ningún fin más que el entretenimiento, pero pueden convocarse también con fines políticos o reivindicativos.

El fenómeno de los flashmobs comenzó con la publicación en octubre de 2002 del libro del sociólogo Howard Rheingold, “Smart Mobs: The Next Social Revolution”. En este libro el autor predecía que la gente usará las nuevas tecnologías de comunicación (Internet, teléfonos móviles) para autoorganización. En junio de 2003 Rob Zazueta de San Francisco, después de haber leído las obras de Rheingold, creó la página web flocksmart.com en la que por primera vez los mobbers empezaron a planear sus reuniones.

El primer flashmob se organizó en Manhattan el 3 de junio de 2003 por Bill Wasik, editor junior de Harper’s Magazine. El origen de este flashmob fue desconocido hasta que Wasik publicó un artículo sobre su creación en marzo de 2006 en una edición de Harper’s Magazine. Este primer intento fue un fracaso, ya que alguien le contó a las personas de la tienda sobre lo que iba a pasar. El primero que tuvo éxito se realizó el 17 de junio de 2003 en Nueva York, EE. UU., en el departamento de ventas de Macy’s. Para prevenir los problemas del primer intento, Wasik se reunió con los participantes en unos puntos de encuentro preliminares –cuatro bares de alrededores de Manhattan– donde fueron repartidas las instrucciones con la información sobre lo que iban a hacer y el lugar donde se realizará el evento justo antes del comienzo de éste.

La estación central (Kobenhavns Hovedbanegard) es la más grande del país y en ella confluyen la mayor parte de las líneas, incluido el tren de cercanías, llamado S-Tog. También salen de ahí los trenes Intercity que conectan con Suecia y la ciudad de Malmo y Alemania. El tren atraviesa la ciudad semienterrado de oeste a este y tiene paradas en Vesterport, Nørreport y Østerport, dentro de la zona central de la ciudad. Fuera de esta zona, comunica los barrios del exterior con el centro de la ciudad de un modo bastante eficaz y rápido. El problema es que hay barrios de la ciudad como Bronshøj, Christianshavn o Amager, a los que no llega, y no sirve para trasladarse de norte a sur de la ciudad.

Los ferrocarriles daneses (DSB) llegan a casi todos los puntos del país y tienen acuerdos con líneas regionales de autobuses para comunicar localidades sin estación con la red de ferrocarriles. Los precios, por lo general, son algo elevados, aunque hay ofertas muy interesantes. Los jóvenes tienen la tarjeta Wild Card, con descuentos de hasta el 50% en la mayor parte de los días laborables y los billetes Orange, con precios económicos para determinadas fechas en largo recorrido.