¿Gamberrada o reivindicación deportiva?


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¿Se puede utilizar una bici en los pasillos del metro? ¿Se puede sentir alguien ofendido por esa apráctica? ¿Hay que sancionar a quien se atreve a realizarl un ejercicio de este tipo? ¿Pero alguien se atreve a hacerlo? Son preguntas que uno se plantea al hilo de los acontecimientos. Aunque lo cierto es que hay quien circula en bicicleta por el metro, aun a riesgo de ser sancionado.

Los miembros de Rock&Ride se reúnen todos los domingos a las seis de la tarde para dar una vuelta por la capital catalana. La última salida -llevan ya unas 25- incluye un polémico tramo por el suburbano de Barcelona. “Fue espontáneo e improvisado, no había ninguna maldad en la idea”, cuenta Bernardo, uno de los organizadores de esta práctica. Si Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) le acaba multando, dice que la sanción la pagarán entre todos. Muy a regañadientes porque, dice, no gritaron ni empujaron ni violentaron a nadie. “Me sorprende tanto rechazo hacia la bici en Barcelona. Solo intentamos vivir el ciclismo a nuestra manera, sin afán de molestar a nadie, no vamos como cafres. Pero puede que el domingo fuéramos un poco egoístas, es verdad…”.

Los lunes y los miércoles por la noche los miembros de Rock&Ride suelen reunirse en la Ciutadella o en la denominada plaza de la Aspirina (el cruce de Diagonal con Marina) para jugar a ‘bike polo’, un deporte que requiere de una gran habilidad, no solo para lograr perforar la portería contraria, sino para evitar dolorosas caídas con la bici. En el grupo, explica su fundador, hay gente “de todo tipo y de todos los barrios”. También un padre que acude con su hija de 10 años.

La acción del domingo, sin embargo, ha creado polémica en la Ciudad Condal. Bernardo no tiene muy claro cómo acabará la cosa. Cree que también les puede beneficiar, que más gente quiera unirse a ellos. Pero le sabe mal que tantos ciclistas también les hayan puesto a parir en internet. Es normal, puesto que la bici arrastra en esta ciudad un estigma del que es muy difícil desprenderse. A pesar de que solo están implicadas en el 3,9% de los accidentes registrados en el 2015 en Barcelona (por un 39% de motos o un 46% de turismos), siguen siendo las grandes discutidas de la vía pública. En parte, porque todavía se les permite circular por las aceras, algo que debería prohibirse en año y medio porque así lo dicta la ordenanza. ¿Y ahora cómo se va a ver esta práctica?

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