Cuando el tren llegó, casi de imprevisto, de Córdoba a Málaga hace ahora siglo y medio


Locomotora MZA 335-Deposito de Córdoba-Año 1867-Foto-Jose-Spreafi

“El día 10 a las seis de la mañana, como oportunamente habíamos anunciado, tuvo lugar con la solemnidad de costumbre, la apertura oficial de la importante vía férrea de Córdoba a Málaga. Asistieron a este acto el señor ministro de Fomento, los gobernadores civiles de aquella provincia y de Málaga, comisiones de la diputación provincial del ayuntamiento y cuantas personas notables encierra esta capital. Los alrededores de la estacion estaban ocupados por la muchedumbre que había acudido ávida a presenciar tan solemne acto, y en cuyos semblantes se reflejaba el entusiasmo de que estaban poseídos los corazones de todos al ver realizada la unión de Córdoba y Málaga. El prelado de Córdoba bendijo la via, y pocos momentos después se puso en marcha el tren entre los acordes ecos de las bandas de música y los vítores que la multitud daba al viento al escuchar los agudos silbidos de la locomotora, que ceñida de flores y coronada con banderolas, partía majestuoaa hacía la orilla del Mediterráneo, abriendo dilatados espléndidos horizontes al espíritu industrial y mercantil de las dos provincias hermanas. Plegue al cielo que esta unión sea fecunda en prósperos resultados para las mismas”.

Así anunciaba en su página 3 ‘La Correspondencia de España’ el 13 de agosto de 1865 la puesta en marcha de la línea férrea entre Córdoba y Málaga, que a las siete de la tarde del día 10 se había ianugurado en un derroche de pomba y boato. Un acontecimiento que celebra ahora el siglo y medio de vida. Se culminaban cinco años de complicados trabajos en la que emplearon esfuerzos y capital los grandes empresarios de Málaga –Jorge Loring, Martín Larios, Tomás Heredia–, principales interesados en la construcción de esta gran obra que conectaba la ciudad mediterránea con el interior de Andalucía y con el resto de la red ferroviaria española, aún incipiente en aquellas fechas.

El carbón de las minas de Belmez y Espiel (Córdoba) era suficiente recompenesa para embarcarse en este proyecto. «Colocada entre dos puertos, Cádiz y Alicante, que tenían ferrocarril para el interior, Málaga, careciendo de él, caminaba hacia una rápida decadencia, no solo porque el comercio del interior que iba hacia el puerto de Málaga buscaría otras salidas, sino que los ricos y especiales frutos de Málaga no podrían sin el ferrocarril ir al interior de España? He aquí por qué el ferrocarril era objeto de los deseos y aspiraciones de todos los malagueños», justificaba el gobernador civil en aquellos años, Antonio Guerola.

Los trabajos en la línea se iniciaron el 15 de marzo de 1860, «día memorable en la historia de Málaga, decía ‘El Avisador Malagueño’, pues en él se va a poner el cimiento de su futura prosperidad y grandeza». Hubo ceremonia inaugural en un ambiente de gran euforia. Los periódicos dedicaron sus primeras páginas al acontecimiento, recogiendo el entusiasmo de la población y las esperanzas puestas en el «camino de hierro». Al puerto de Málaga fueron llegando barcos cargados con el material necesario para la construcción: grandes cantidades de madera, herramientas y útiles; grúas hidráulicas, máquinas de diferentes clases, plataformas, martinetes, raíles, hierro en lingotes, traviesas, puentes, etc.

En octubre de 1862, aprovechando una visita a Málaga de la reina Isabel II se celebró una ceremonia de inauguración. La Sociedad del Ferrocarril preparó un escenario adecuado a la solemnidad del momento y a la presencia regia; arco triunfal, avenida hacia una glorieta donde se había construido una estación provisional, tienda de campaña de grandes dimensiones, multitud de adornos, banderas, lápidas con inscripciones conmemorativas. El obispo de Málaga bendijo el tren preparado para recorrer los primeros 30 kilómetros, hasta el lugar de Casa-blanca, pero debido a la falta de tiempo la Reina no pudo hacer la proyectada excursión.

La sección más complicada de la línea fue la comprendida entre Álora y Bobadilla. Había que atravesar la sierra de los Gaitanes, macizo montañoso «inaccesible», verdadero desafío para la ingeniería de la época, que había de llevar a cabo una obra colosal horadando montañas, salvando desfiladeros, venciendo en definitiva la «barrera inexpugnable» que oponía la naturaleza. La obra de los Gaitanes exigió la construcción de 14 túneles con una longitud total de más de cinco kilómetros, numerosos viaductos, muros de contención, caminos de servicio; se hicieron hornos para la elaboración de cal, se abrieron canteras; según datos de la empresa, se emplearon más de 3000 trabajadores.

Tras varios aplazamientos, la inauguración oficial de la línea tuvo lugar el 10 de agosto de 1865. A las seis de la mañana el obispo de Córdoba bendijo la locomotora y la vía, en presencia del ministro de Fomento, Marqués de Vega Armijo; el director General de Obras Públicas; gobernadores Civiles de Córdoba y Málaga; autoridades de las dos provincias; consejo de administración de la Compañía, ingenieros y numerosos invitados. El tren se puso en marcha llevando como viajeros al grupo citado acompañados por la banda de música del Ayuntamiento de Córdoba. A lo largo del trayecto los habitantes de los pueblos del tránsito se agolparon junto a la vía prodigando «mil demostraciones de júbilo» y obligando a detenerse a la expedición en varios puntos.

En Málaga, donde se conoció la noticia de la inauguración con muy escasa antelación, hubo que improvisar un recibimiento adecuado a la importancia del acontecimiento. La estación fue adornada profusamente, bandas de música recorrieron la ciudad, las tiendas cerraron y multitud de personas acudieron a esperar la llegada del tren. Al producirse ésta –siete de la tarde– se dispararon fuegos artificiales, sonó de nuevo la música, se encendieron bengalas y los asistentes manifestaron su entusiasmo con vítores.

La línea fue abierta a los viajeros el 15 de agosto. Menos de ocho horas, señalaba ‘El Avisador Malagueño’, tardaría el tren en recorrer los 193 kilómetros de vía, «y esto a causa de la desviación que hay que hacer para salvar uno o dos túneles, ínterin se hacen en ellos las obras que se juzgan necesarias para su mayor fortificación». Terminadas éstas, se tardaría menos de siete horas. El sueño se había cumplido. Málaga estaba unida por el camino de hierro «al corazón del reino, a sus extremos y en más íntimo contacto con las naciones extranjeras».

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Una respuesta a “Cuando el tren llegó, casi de imprevisto, de Córdoba a Málaga hace ahora siglo y medio

  1. Ingeniero andaluz

    Para ampliar información, puede consultarse un amplio articulo del profesor de Historia Contemporanea de la Universidad de Málaga, Cristóbal García Montoro, pubicado el 10-8-15 en el diario “La Opinión” de esa ciudad.

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