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Una década con Treneando

Diez años ya. Dos lustros con esta cita diaria en la Red. Toda una década. ¡Por fin! Este día se cumple el décimo aniversario de Treneando. Todo un logro para este mundo tan efímero de la blogosfera, donde se calcula en cinco meses la media de vida de una bitácora. Hay quien sostiene que en el mundo habrá 150 millones de blogs, pero que solo se mantiene el 1%. activo ¡Cómo para no sentir que estos diez años son todo un éxito!

El número 10 es ante todo un número virtuoso (sigo la simbología de los números, como en años anteriores). Históricamente ha jugado un papel fundamental en todas las culturas y creencias. Además, es un número sagrado como ya dijo en su día Pitágoras. Los pueblos antiguos contaban con los dedos de las manos y, cuando llegaban a diez, agrupaban sus múltiplos. Aunque los primeros en utilizar la denominada “base diez” en matemáticas fueron los egipcios, en la filosofía pitagórica se tomó el número diez como sinónimo de perfección, relacionándose con el ser supremo.

El matemático Leibniz dijo que el número uno como símbolo de la unidad representa a Dios y que el cero representa la nada, llegando así a la conclusión de que Dios creó el Universo a partir de la nada. En el cristianismo se repite el número diez en innumerables situaciones: los diez mandamientos, las diez plagas que azotaron Egipto… Además, diez son los antepasados que comparten Adán y Noé, y hay también diez entre Noé y Abraham. Para los hebreos, la Yod, que equivale al diez, es la primera letra que forma el nombre de Dios. Así mismo, en la actualidad se ha establecido el diez como la nota más alta en la escala habitual entre el cero y el 10, es decir, la perfección.

No os extrañe, por tanto, que dedique este día a darme un homenaje. Celebro el tiempo transcurrido, aunque con la carga de la responsabilidad. Y más en esta ocasión, que cierro el ciclo (y lo empiezo) con el reconocimiento de los lectores (5.435.000 impactos) y algún que otro premio durante este tiempo (Guadix y Euskadi). Pero el tiempo también deja su huella. Y es probable que durante este nuevo tiempo que se abre ahora lo notéis. Porque quizá no acuda a diario, como hasta ahora, a este cita con vosotros.

En esta particular confesión os digo lo mismo. Mi contrato es inequívoco. Treneando aspira a una de estas tres máximas: informar, explorar y entretener. Perdonad mis errores; a buen seguro que los cometo. Sed indulgentes con mis fallos. Sigo aprendiendo; e intento que otros también lo hagan. Seguro que muchas veces no seré original. Pero os prometo que intento buscar la diferencia: incidir en un matiz, un punto de vista distinto, más distante, menos entregado. Mi pasión son los trenes, las vías, los vehículos, las infraestructuras que hacen posible mover el ferrocarril. Y en ese empeño pongo todos los días parte de mi vida para acercarme un poco más a quienes me seguís.

“No es que escribir me produzca un gran placer, pero es mucho peor si no lo hago”, decía Paul Auster: Así que confío en mantenerme vivo otro año más. Quizá con menos producción, pero con el mismo espíritu que dio sentido a este blog. Y superar cuantos obstáculos se presenten para estar ahí, al pie del cañón.

Y aquí os va la felicitación de este año