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Putxeras ferroviarias en Balmaseda, una cita anual para festejar en grupo a san Severino

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Como todos los años, san Severino es cita anual y obligada en Balmaseda (Bizkaia). El aire huele a noviembre, pero sobre todo a alubias cuando se festeja al santo romano en la villa encartada. Y ‘las putxeras’ se hacen protagonistas indiscutibles y concentran a los especialistas en este arte culinario procedente de los tiempos del vapor en el ferrocarril. «Por cada putxera que se presenta al concurso –150 cada año– hay al menos otras dos que se preparan sólo para tomar con los amigos». Así que no es de extrañar que el aire se llene de olores.

Aunque no parece una exclusividad de los ferrocarriles del Norte, es en los trenes de La Robla donde ‘la putxera’ se hace más popular. Localidades burgaleses y leonesas, por donde discurre también el trazado del viejo hullero, rinden también culto al artilugio, si bien existe un reconocimiento hacia quien lo ha universalizado con sus concursos de alubias: Balmaseda es, por tanto, el punto neurálgico de este utensilio que los ferroviarios de finales del XIX, principios y mediados del XX utilizaban para preparar sus comidas a bordo del tren.

Porque en definitiva, ‘la putxera’ es fruto de la sabiduría e ingenio popular. Un utensilio que se ‘enchufaba’ a una espita de la caldera cuando los trenes eran de vapor y que utilizaban maquinistas y fogoneros para preparar sus comidas. También las había de carbón, tal y como hoy las conocemos, que usaban los galgueros que iban en los últimos vagones del tren a modo de hornillo ya que no podían acceder al vapor de la máquina.

El aprovechamiento del vapor de la locomotora estaba generalizado, hasta el punto de figurar la espita (donde el fogonero enchufaba ‘la putxera’) en los planos que proyectaban la caldera. En el artilugio introducían alubias, tocino, chorizo, morcilla y otros productos porcinos, que conformaban un plato único, potente y muy contundente, de mucho poder calorífico.

‘La putxera’ es en la actualidad una especie de olla adaptada a una pequeña estufa y que permite la elaboración de sabrosos guisos, obteniendo la fuente de calor de las brasas que se almacenan en la parte baja del utensilio.

En Balmaseda la putxera es mucho más que una competición. La preparación del tradicional plato ferroviario es en sí misma una forma de fiesta, y desde hace décadas sirve como motivo de reencuentro con los amigos para cientos de vecinos. La celebración de San Severino volvió a dar motivos ayer a la villa para retomar este particular cocido a base de alubias, sacramentos, carbón y buena compañía. Y no es de extrañar que siendo un artilugio tan ferroviario, los concursantes se vistan como tales e incluso presuman de artilugios propios de la industria del ferrocarril.

Balmaseda, situada a unos 30 kilómetros de Bilbao, es una localidad importante en la comarca de las Encartaciones. La villa fue plaza comercial y aduanera de importancia hasta el siglo XVII. En sus cantones se crearon comercios, mesones, industrias artesanales, herrerías, etc., así como una importante comunidad judía que prosperó hasta su expulsión. La llegada del tren y de la industrialización a principios del siglo XX marca una nueva era económica en la villa encartada. El Ferrocarril de La Robla, con sus talleres y sus servicios, acerca a Balmaseda gentes de otras regiones, que le hace vivir un reflote demográfico importante.

El Ferrocarril de La Robla constituye la línea de vía estrecha más larga de Europa Occidental, con 335 kilómetros, comprendida entre La Robla (León) y Bilbao (Vizcaya). Su tramo principal, entre La Robla y Balmaseda, fue inaugurado el 11 de agosto de 1894. Su objetivo principal era acercar la importante producción carbonífera de las cuencas de León y Palencia a su consumo en la poderosa industria siderúrgica de Vizcaya. Su recorrido atraviesa las provincias de León, Palencia, Cantabria, Burgos y Vizcaya, y debido a su influencia económica y social a lo largo de más de un siglo es considerado uno de los ferrocarriles más emblemáticos de España. Y quien quierarecordar aquellos tiempos, tiene la oportunidad de hacerlo por el viejo camino del hullero en el Expreso de La Robla, uno de los trenes turísticos de Feve.

(Imagen Pedro Urresti)