Archivo diario: febrero 18, 2014

Darío de Regoyos, el pintor del tren

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Darío de Regoyos (1857-1913) ha sido uno de los pintores más entusiastas del ferrocarril. De los españoles, es quizá quien mayor número de veces pintó el paso del tren por los paisajes y ciudades de la península ibérica. El tren es protagonista de varias de sus obras, imprimiendo sentimientos y significados que van más allá de las apariencias pintorescas o paisajísticas, según aseguran los especialistas. Viajero incansable, buscaba constantemente nuevos paisajes para sus cuadros.El pintor ilustró las crónicas de su compañero de viaje Émile Verhaeren con xilografías que fueron publicadas en el libro ¡’España negra’. Otras muchas obras del pintor se acercaron a la misma temática, con un punto de vista, destaca San Nicolás, original. “Pintó la España recia y seria, el silencio, la soledad y la tristeza”. Quizá influenciado por su padre, un hombre del ferrocarril, se prodigó en pintar el tren en diversos aspectos de la vida cotidiana.

El ferrocarril, como fuente extraordinaria de progreso y comunicación, tenía por fuerza que ejercer una gran atracción para una mentalidad abierta y nómada como la de Regoyos. La ‘afición’ venía además de familia, pues su padre, Darío, el afamado arquitecto e ingeniero artífice del madrileño barrio de Argüelles, había dirigido las obras de construcción de la vía férrea al paso por Ribadesella. El gusto del pintor por este tema como nuevo elemento poético queda patente en otros cuadros como ‘El túnel de Pancorbo’ y el curioso ‘Viernes Santo en Castilla’.

De origen asturiano, se relacionó con artistas como James Ensor, Camille Pissarro, Georges Seurat, Paul Signac o James McNeill Whistler, llegando a formar parte de los grupos europeos de vanguardia L’Essor y Les XX. Con una exposición de cien obras, el Museo Thyssen-Bornemisza se abre a Darío de Regoyos, el impresionista español, el único que rigurosamente se puede relacionar con el impresionismo como movimiento europeo y que como tal tuvo que sufrir la crítica en un momento en que primaban los cánones académicos. Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, asegura que estamos ante un artista conocido para el público español, ya que ha estado presente en nuestras vidas durante muchas décadas, “no ha sido puesto en valor en la medida suficiente”. Para ello, y con motivo del centenario de su muerte que se celebró el pasado año, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, donde la exposición pudo verse anteriormente, el Thyssen y el Museo Carmen Thyssen de Málaga, se han unido para organizar esta amplia retrospectiva.

De Regoyos es uno de los artistas preferidos de la baronesa que ha cedido para esta exposición tres destacadas obras, de las cuatro de posee: ‘Paisaje nocturno nevado (Haarlem)’, ‘Almendros en flor’ y ‘Paisaje de Hernani’, estas dos últimas cedidas en el Museo Carmen Thyssen Málaga, donde viajará la exposición el 26 de junio.

A lo largo de su vida realizó numerosos viajes por España, Bélgica, Holanda, Francia e Italia en busca de motivos pictóricos. En 1885 se trasladó a Londres con su amigo el poeta Émile Verhaeren, con quien años después recorrió la geografía española, experiencia que dio origen al libro ‘España negra’ (1899). De Regoyos fue uno de los pocos artistas españoles que adoptó las teorías impresionistas y que, a pesar de la incomprensión de una parte de la crítica, se mantuvo fiel a ellas.

La exposición se inicia con obras de los primeros años, cuando viajó por primera vez a Bruselas y conoció a los artistas más innovadores del momento. Ya en esta etapa mostró su interés por los efectos lumínicos y pintó sus primeros nocturnos, afirmó Juan San Nicolás, comisario de la muestra y experto en la obra de Regoyos. El espacio siguiente muestra obras de paisajes y rituales de la España provinciana, más tradicional y en ocasiones sombría, fruto del viaje que hizo junto a Émile Verhaeren. El pintor dedicó numerosos óleos y obras sobre papel a este mismo tema que, hasta comienzos de siglo, alternó con los paisajes impresionistas.

El cuadro ‘Viaducto de Ormaiztegui’ es una de las bellas postales del paisaje vasco pintadas por el asturiano. Una luz suave y ligeramente lánguida aporta un contraste e intensidad cromática a los jugosos verdes, matizados por ocres. El estatismo del entorno, aparentemente inmutable, es apenas perturbado por la marcha majestuosa del signo de los nuevos tiempos y su estela de humo gris y azulada. Dividiendo el espacio, se alza una magnífica estructura de hierro, idealizada en azul.

‘El Puente del Arenal’ (1910), que ilustra esta entrada, muestra esta composición urbana del Billbao culto e industrial de entonces, donde tranvías, ferrocarril y barcazas de la Ría, se mezclan con el Teatro de la ópera bilbaina en un atardecer nubloso.

‘Túnel de Pancorbo’ (1902) muestra una de sus visitas a Pancorbo; el pintor nos deja este lienzo donde camino y ferrocarril se mezclan como el desfiladero y el río.

Otro de sus lienzos con temática ferroviaria es ‘El tren de las 16 horas, noviembre, San Sebastián’ (1900) donde aparecen tren, humo y paisaje, lo efímero y lo permanente. Las variaciones de tonos en el monte rompen el efecto del sol de la tarde sobre los árboles. El paso del tren es una escena de Ategorrieta, cerca de San Sebastián, que fue llevada a cabo en otoño del mismo año en que el pintor se trasladó de Irún a esta ciudad.

En ‘Viernes Santo en Castilla’ (1904) aparecen dos mundos inconexos en la España profunda: una procesión pasa por debajo del puente al mismo tiempo que el tren. Contraste entre luz y oscuridad. A la cabeza de la procesión, la imagen del santo con su aureola aparece como el equivalente visual de la locomotora , con su faro . Y las llamas de las velas , pequeñas pero numerosas, equilibran el humo del tren. El mundo de tradición y modernidad enfrentándose aquí, el número y la lentitud, por una parte, la energía, la masa y la velocidad en la otra.