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Un aniversario sin fiesta



El 172 aniversario del primer tren peninsular va a pasar sin pena ni gloria. Los acontecimientos que vivimos a consecuencia de la covid-19 no dan para fiestas. Así que prácticamente el Museo de Vilanova apenas si recordará que tal día como hoy de 1848 la locomotora ‘Mataró’ recorría la distancia de28 kilómetros que separa Barcelona de Mataró. Eso sí habrá una jornada de puertas abiertas y por la tarde, a las 17 horas de forma telemática, se inaugura el Máster de Sistemas Ferroviarios y Tracción Eléctrica de la UPC con la presentación del libro de Luis Ubalde: “El ferrocarril de las cercanías de Barcelona”.

La aparición del ferrocarril marcó un antes y un después en la historia. El proyecto, del que fue responsable Miquel Biada, que había participado también en la primera línea española (1837) en La Habana, sentó las bases de la industria ferroviaria que, a partir de ese año se extendería hasta llegar al último rincón de España, salvo a Canarias. Novecientas personas, repartidas en 25 coches, recorrieron los 28 kilómetros que separaban la capital catalana de la localidad del Maresme. El viaje sólo duró 35 minutos. Todo un récord. La gente recibía el tren entusiasmada. A su paso, la multitud irrumpía en prolongados aplausos y vítores, a los que la ‘Mataró’ respondía con el resoplido de su silbato. Un día después del viaje inaugural, 4.000 personas tomaban al asalto el nuevo medio de transporte. El éxito de esta primera experiencia peninsular contribuyó al crecimiento y a la prosperidad de la comarca del Maresme, pero también abrió las puertas a otros proyectos ferroviarios.

El ferrocarril inicia sus servicios con 62 coches (otras fuentes hablan de 72, aunque F. Wais certifica la primera cifra) que han sido fabricados ese mismo año en la factoría británica Wright & Sons. Se emplean “62 carruajes, diez de ellos con detenedor (sic); dos breacks-vans (furgones), 30 vagones descubiertos para mercancías y dos para el transporte de carruajes” que suman 96 vehículos. Los dos coches salones “son de esmeradísima construcción, y están adornadas con lujo, con asientos cómodos de más de una vara de ancho”, aseguran los periódicos.

A las 9.00 horas, los obispos de Barcelona y Puerto Rico bendijeron las cuatro locomotoras que la Compañía el Camino de Hierro Barcelona-Mataró había comprado para esta línea, pero ese día solo la locomotora ‘Mataró’ emprendió el trayecto hacía la capital del Maresme; la localidad natal de Miquel Biada i Bunyol, quien en el año 1838 había visto la construcción de la primera línea de ferrocarril en Cuba y decidió buscar promotores y permisos para construir una igual en su tierra. La estación de Barcelona, ubicada en la puerta de Sant Carles de Barcelona, entre las murallas de la ciudad y la Barceloneta, cerca de donde hoy está la estación de Francia, había sido construida por Martí Audinis y Domènec Tomàs. Era un edificio de discretas dimensiones, formado por tres cuerpos dispuestos en forma de U. A él se entraba por la fachada oeste que, com es tradicional en muchos edificios de este uso, disponía arriba de un reloj dentro de una hornacina.

A las 11.00 horas, y después de pasar por Montgat, El Masnou, Ocata, Premià y Vilassar, el tren llegó por primera vez a Mataró, una ciudad en auge gracias a la industria textil y metalúrgica. La estación también estaba llena de mataroneses que no querían perderse un día histórico. El tren significaba el final de los largos e incómodos trayectos en diligencia hacia la capital catalana. La estación había sido construida por Josep Forns y estaba ubicada junto a la playa, al final de la calle de Sant Agustí ante el vapor Gordils. Tenía el mismo diseño que la estación de Barcelona pero más pequeña, sin los cuerpos laterales. Sobre las vías había un único cubierto de hierro y zinc y en el friso figuraba la misma inscripción: “Primer ferrocarril de España. Inauguración el 28 de Octubre de 1848″.

De estos dos edificios nada queda hoy. Cuando la Compañía de la línea de Mataró se fusionó con la de Granollers en 1861, el edificio de la estación de Barcelona se dejó de utilizar para pasajeros (1865), y a partir de 1877 se destinó a estación de mercancías, hasta que en 1920 se derribó. El único elemento que se conserva de aquella primera estación es un reloj de pared que se encuentra en el Museo del Ferrocarril de Madrid. La estación de Mataró tuvo una vida un poco más larga, pero terminó igual. A principios de siglo XX se instaló la doble vía y en 1905 se construyó la nueva estación en una nueva ubicación. Sirvan estas líneas, cuando menos, para recordar la aventura de aquel primer tren de la península ibérica, un invento que los periódicos habían calificado de “revolucionario” y que se comparaba con la imprenta.

Mataró rinde homenaje a Miquel Biada y estrena una ruta sobre escenarios de la vida del industrial

tren-Mataró-M.Badia(1848)

Nueva iniciativa y reconocimiento a un precursor. Mataró estrena este sábado una nueva ruta guiada titulada “Miquel Biada, el primer ferrocarril“, que hace un recorrido por los escenarios relacionados con la vida del impulsor del tren entre Barcelona y Mataró, el primer ferrocarril de la Península (once años antes había entrado en servicio el de Cuba, por entonces colonia española). El ayuntamiento ha decidido organizar esta ruta con el objetivo de visitar escenarios relacionados con la vida de Miquel Biada en la ciudad para aproximarse a su época y a la revolución que significó la llegada del tren .

Durante el recorrido, se explicarán aspectos de la trayectoria vital del empresario catalán, desde su estancia y sus negocios en Venezuela y Cuba como indiano hasta llegar al gran proyecto de sus últimos años, la promoción de la línea de tren entre Barcelona y Mataró. El consistorio hará una contextualización de la época y mostrará las pinturas de Puiggalí con la representación del ferrocarril, así como la galería de los ciudadanos ilustres de Mataró, donde se encuentra el retrato de Miquel Biada, obra de Rafael Estrany.

También se visitará el Museo de Mataró, donde se encuentran elementos vinculados al ferrocarril, la plaza Santa María para mostrar que en dicha basílica bautizaron a Miquel Biada y observar los pomos de dos casas de la plaza, que tienen un ferrocarril.

El recorrido también pasará por la casa natal de Miquel Biada para acabar en la Plaza de Miquel Biada, ante la estación de tren , para describir cómo fue la inauguración del primer tren de España.

La visita guiada es gratuita, dura una hora y media y empieza a las 10.30 horas ante el Ayuntamiento.

El mismo sábado tendrá lugar la tradicional ofrenda floral que el ayuntamiento organiza cada año con motivo del aniversario del primer ferrocarril de España ante el panteón de Miquel Biada en el Cementerio dels Caputxins.

El primer tren español nació en 1837 en tierras cubanas, que en aquella época era una colonia española, para cubrir la distancia entre La Habana-Bejucal y transportar, sobre todo, la caña hacia los puertos para su exportación. El industrial catalán Miquel Biada y Bunyol quedó profundamente impresionado. El ingenio rodante, del que había oído hablar maravillas, era en verdad un invento revolucionario. Y aquella mañana de 1837 tuvo la oportunidad de verlo en acción. El hacendado catalán se prometió que en un año lo vería circular en su tierra natal. El destino le jugó una mala pasada y no pudo ver culminada su obra. Una enfermedad le llevó la tumba.

El 28 de octubre de 1848, Barcelona y Mataró entraban en la historia del ferrocarril. «La mañana amaneció radiante, con cielo despejado y el mar en calma», según el relato de los cronistas de la época. Media Barcelona se había dado cita en el Portal de Don Carlos para saludar la partida del primer ferrocarril peninsular con la locomotora bautizada ‘Mataró’ como protagonista. La prueba resultó un completo éxito. Novecientas personas, repartidas en 25 coches, recorrieron los 28 kilómetros que separaban la capital catalana de la localidad del Maresme. El viaje sólo duró 35 minutos. Todo un récord. La gente recibía el tren entusiasmada. A su paso, la multitud irrumpía en prolongados aplausos y vítores, a los que la ‘Mataró’ respondía con el resoplido de su silbato. Un día después del viaje inaugural, 4.000 personas tomaban al asalto el nuevo medio de transporte.