El vapor vive en la China de la Alta Velocidad


China ha construido en solo dos décadas algo más de 20.000 kilómetros de vías de Alta Velocidad. La red avanza imparable para unir el mayor número de ciudades y comunicar los cuatro puntos cardinales del gigante asiático, en una demostración inigualable de su potencial y en tan solo veinte años ha conseguido situarse a la cabeza de la Alta Velocidad mundial. Sin embargo, aún hay es posible asistir al bello espectáculo que propician las máquinas de vapor en algunos puntos del país, como en la provincia de Sichuan.

El ferrocarril de Jiayang, una línea de tan solo 20 kilómetros que se recorre de punta a punta en una hora y cuarto, data de 1958, comenzó a construirse la línea de ferrocarril para el tren de vapor de Jiayang. El objetivo era el transporte de carbón, que se extrae de varias explotaciones minuyeras de la zona, pero a los vagones de carga pronto se acoplaron otros vehículos para que pudieran viajar los mineros y habitantes de la zona (hasta 2012 no se podía viajar por coche, por una pista de montaña).

Desde finales del siglo XIX se extrae carbón en Jiayang, pero la producción a mediados de los 50 en la China de Mao mejora sustancialmente con el uso de medios mecánicos y, sobre todo, con el pequeño ferrocarril que consigue transportar el mineral de la ‘Mina 406’. El Gobierno chino consigue 81 pequeñas locomotoras de la clase P24 fabricadas en Polonia, sufragadas por la Unión Soviética. Las máquinas, de rodaje 0-4-0 corren sobre vía métrica, son las más adecuadas para recorrer la geografía montañosa de Jiayang y las necesidades chinas.

Los chinos no solo acceden al material soviético, sino a los conocimientos técnicos para fabricar este tipo de máquinas de vapor. En apenas seis años, comienza la fabricación de estas locomotoras, de las que se llagan a producir cerca de mil unidades, y que se baurizan con nombres como C2, YJ, ZM-4, ZG y ZM16-4. Las pequeñas, pero potentes máquina se distribuyen por otras zonas del país, sobre todo en complejos industriales. La producción acaba en 1988, cuando los yacimientos de la zona dejan de ser rentables y ya no son necesarias.

La rápida desaparición del vapor en China, prácticamente en un lustro, propició la conversión del antiguo trazado minero en un codiciado menú turístico, sobre todo desde que en 2010 el Gobierno reconoció esta zona con la categoría de Parque Nacional Minero. Nostálgicos y curiosos se acercan a este rincón de la provincia de Sichuán para viajar en los antiguos vagones mineros (muchos son una simple estructura metálica protegida por verjas y sin cristales) y acceder a rincones prácticamente congelados en los años 60 del siglo pasado, como la localidad de Bagou, que es un auténtico museo viviente de la etapa conocida como el Gran Salto Adelante. El vapor es el gran atractivo de esta zona casi inaccesible y su gran valor patrimonial.

(Cortesía de Javier Telletxea)

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