Aranda reclama el Directo


Aranda de Duero lo tiene claro. El ferrocarril directo Madrid-Aranda-Burgos es, más que un deseo, una necesidad. Y así se lo ha hecho saber al consejero de la Presidencia de la Junta la alcaldesa de la localidad arandina, Raquel González. La regidora, junto al primer teniente de alcalde, Emilio Berzosa, y al segundo teniente de alcalde, Francisco Javier Martín, mantuvo ayer un encuentro con responsables del Ejecutivo para conocer los temas más relevantes que afectan al buen desarrollo del municipio.

Ibáñez reiteró el compromiso total de la Junta con el proyecto, “que es fundamental para el desarrollo de la provincia de Burgos y el futuro económico de Castilla y León, y que además conecta con Madrid asegurando el progreso del centro y el norte de España. Una reivindicación justa que tanto la Junta como el Ayuntamiento de Burgos y la Diputación hicieron y aún estamos pendientes de una respuesta por parte del Gobierno de la Nación”.

La alcaldesa ha puesto en conocimiento del consejero la reciente designación de Aranda de Duero como Ciudad Europea del Vino 2020, con un proyecto enfocado a la sostenibilidad en el mundo del vino y que contará con diversas actividades a lo largo del año como la celebración del Foro Duero 2020, punto de encuentro para profesionales del sector. “Esta es una oportunidad para Aranda, una localidad con un potencial organizativo indudable y también para la Comunidad, todas la miradas de Europa estarán puestas en Castilla y León, un territorio que tiene en el sector vinícola una puerta abierta al mundo, gracias a su calidad y profesionalización”, declaró el consejero.

La línea sigue formando parte de la Red Ferroviaria de Interés General del Estado, el conjunto de vías que gestiona Adif y que tienen estatus de interés público nacional. Pero se ha convertido en una conexión inexistente y en un agujero de más de 15 millones para las arcas públicas. Los ayuntamientos de los diferentes municipios afectados aseguran que en la última década no han tenido noticias de Adif. También denuncian que desde hace años no se realiza ninguna labor de mantenimiento ni de vigilancia y que la vía ha sido abandonada, “de forma sistemática” por parte de la administradora ferroviaria. Los robos y vandalizaciones han sido permanentes desde el cierre.

Desde su puesta en servicio, en 1968, fue una conexión muy útil y eficaz hasta comienzos de la década de 1990, cuando llegó su declive con el descarrilamiento de un Talgo y su muerte un año después, por el accidente en el túnel de Somosierra. La línea, de 280 kilómetros de longitud, quedó dividida en dos mitades, cortando la comunicación directa entre Madrid y Burgos por ferrocarril. Y Renfe nunca más volvió a pedir permisos para que circularan sus trenes. Ahora solo se utilizan 25 kilómetros para transporte de pasajeros, los que corresponden a Cercanías desde Madrid hasta Colmenar Viejo. Otros 96 kilómetro,s que conectan Aranda con la Nueva Variante Ferroviaria de Burgos, sirven para transporte de mercancías. El resto, 159 kilómetros de vía desde Colmenar Viejo hasta Aranda de Duero, está operativo sobre el papel, pero abandonado en la práctica.

La Plataforma por el ferrocarril Madrid-Aranda-Burgos, la asociación que lucha por la reapertura de la línea, exige a Adif la aplicación de los recursos del contrato marco de mantenimiento con carácter urgente y cautelar, ante el grave deterioro que sufre la vía.

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