‘Orient Express’, la muerte de otro mito del ferrocarril


No es la primera vez que desaparece; más bien es la segunda ocasión que se le da la puntilla y se acaba con el mito. El ‘Orient Express’ , heredero del legendario tren de la Compagnie Internationale des Wagons-Lits, y que en su segunda existencia cubría el trayecto de Estrasburgo a Viena, ha concluido el servicio. Pese a todo, sus actuales propietarios pretenden que siga en activo el próximo año la rama que une Venecia y Estambul. Pero ya no será lo mismo. En realidad, nuca lo ha sido desde su primer fallecimiento en 1977.

El 4 de octubre de 1883 echaba a andar desde la ‘Gare de l’Est’ de París el primer ‘Orient Express’; su destino: la ciudad de Giurgiu, en Rumania. Pero antes de llegar allí, el tren debía pasar por las vías de Estrasbugo, Viena, Budapest y Bucarest. Desde la citada población rumana los pasajeros eran transportados a través del Danubio hasta la ciudad de Ruse, en Bulgaria. De allí otro tren los llevaba hasta Varna, donde podían tomar un ferry para Estambul. Un trayecto hecho para millonarios en un tren de auténtico lujo.

Un joven belga apasionado del ferrocarril, George Nagelmackers, tuvo la original idea. Pretendía emular en el continente europeo al norteamericano George Pullman, el primero que construyó un prototipo de coche-cama (1864) y que consiguió llegar hasta Gran Bretaña donde puso en marcha este servicio. Nagelmackers, creador en 1872 de la Compagnie Internationale des Wagon-Lits , introdujo los coches cama y vagones restaurante en los trenes europeos. Proyectó entonces crear una línea que conectara San Petersburgo, Berlín, Roma, París, Madrid, Lisboa, Bruselas y Londres, pero la declaración de una epidemia de cólera en Italia, el sur de Francia y la Península Ibérica apartó a Madrid, Lisboa y Roma de las negociaciones. El impulsor belga decidió seguir adelante y en la primavera de 1883, con a la ayuda del rey Leopoldo II de Bélgica, el gran tren estaba listo.

Dos años después, el expreso ya contaba con salidas diarias de París a Viena, desde donde, además de las dos salidas semanales hasta Giurgiu, se creó otra alternativa, que salía de Viena hasta Nis, en Yugoslavia (actual Serbia), pasando por la capital Belgrado. De Nis, como las ferrovías en Bulgaria estaban incompletas, los pasajeros cruzaban la frontera usando carruajes hasta la ciudad de Plovdiv, donde tomaban otro tren hasta Estambul. En 1889 se termina la línea hasta la propia Estambul. En esa época, el servicio diario de París comenzó a ir hasta Budapest. Tres veces por semana el tren se extendía hasta Estambul, pasando por Belgrado y Sofía. Incluso en Budapest, una vez por semana el servicio iba hasta Constanza, en el Mar Negro, pasando por Bucarest. En 1891 el nombre oficial pasó a ser ‘Orient Expres’.

Se crearon nuevas rutas y una red de hoteles. La fama y el éxito hacían del tren uno de los destinos inexcusables para las grandes fortunas que se esforzaban lo increíble para subir a bordo de uno de las leyendas del ferrocarril mundial, sin pensar en los riesgos (que los había) y las penurias del viaje.

El servicio fue interrumpido durante la Primera Guerra Mundial, pero volvió a la normalidad nada más acabar la contienda en 1918. Un año más tarde se inauguró el túnel Simplon, uniendo Suiza con Italia, posibilitando así una ruta alternativa hasta Estambul. Se inaugura de esta forma el servicio ‘Simplon Orient Expres’s, que pasaba (luego de salir de París) por Lausana, Milán, Venecia y Trieste, uniéndose a la ruta original en Belgrado.

Los años veinte y treinta fueron los años de gloria de este legendario tren. Los viajeros de fortuna se sentían atraídos no solo por el tren, sino por otras virtudes inseparables del expreso: una cocina estudiada y exquisita, un servicio exclusivo y personal, la presencia de los mejores vinos y la convivencia con personajes excéntricos y famosos. Una atmósfera que magníficamente supo describir Agatha Christie en su célebre relato “Asesinato en el Orient Express” y cuya ambientación en este palacio sobre ruedas no fue una casualidad. Como tampoco es el azar el que consigue que haya inspirado a tantos artistas y haya servido de escenario en tantas obras literarias.

En esta época alcanzó su máximo apogeo, con tres servicios atravesando Europa: el ‘Orient Express’ original, el ‘Simplon Orient Express’, y el nuevo ‘Arlberg Orient Expres’s, que seguía la trayectoria París – Budapest pasando por Zúrich e Innsbruck, con vagones siguiendo rumbo hasta Bucarest o hasta Atenas. En esta época Londres ya contaba con los servicios del ‘Simplo’n.

Durante la Segunda Guerra Mundial se interrumpieron de nuevo todos los servicios. Los enlaces a través de los ferry tuvieron que ser suspendidos, y franquear las fronteras se convirtió en una tarea imposible. Después de la guerra, se añadieron al tren vagones de segunda clase. Sin embargo, la suerte del ‘Orient Express’ entró en declive con la difusión del transporte aéreo, menos caro, y, aunque continuó circulando hasta el 19 de mayo de 1977, ya no contaba con más que tres coches durante el día y un solo coche cama en bastante mal estado.
Nuevamente un apasionado del mundo del ferrocarril, el empresario James B. Sherwood, compró dos coches del tren durante una puja en las Subastas Sotheby’s de Montecarlo. En años sucesivos localizó, compró y restauró alrededor de 35 coches cama, coches Pullman y antiguos coches- restaurante, en una operación en la que llegó a invertir cerca de 16 millones de dólares.

El 25 de mayo de 1982, el legendario tren volvía a las vías con la realización del primer viaje del ‘Venecia Simplon Orient Express’ entre Londres y Venecia. Y así ha permanecido, de marzo a noviembre y a precios desorbitados recordando aquellas rutas del finales del siglo XIX, hasta mediados de este diciembre, cuando la propietaria de la línea París-Viena, Euro Night Rail Services, ha reconocido que “los vuelos baratos y los trenes de alta velocidad nos han forzado a retirar la línea”. De todas formas, poco o nada tenía que ver con el esplendor, el glamour y el lujo de su legendario antecesor.

2 Respuestas a “‘Orient Express’, la muerte de otro mito del ferrocarril

  1. Ya no se respeta nada. Ni siquiera los mitos literarios y cinematográficos. Dónde vamos a llegar…

  2. Pingback: Vehículos especiales: coches cama | treneando

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