Archivo de la etiqueta: Historia

El tren M1-M6-M8, primer convoy de metro de Barcelona, hará mañana un recorrido nocturno

m1m6m8-del-metro-de-barcelona

El histórico M1-M6-M8 vuelve de nuevo a la vía. El primer convoy de metro de Barcelona, del año 1924, hará un recorrido nocturno entre las estaciones de La Pau y Sagrada Familia el próximo miércoles 24 de abril. La actividad durará una hora y, al finalizar el recorrido en la estación de La Pau, habrá un servicio especial de autobuses hasta la Sagrada Familia.

En la estación de Sagrada Familia, habrá una exposición de reproducciones de cuadros modernistas pintados por Ramon Casas, Joan Ferrer Miró y Marià Fortuny. La exposición estará amenizada por un grupo de gospel, el coro Raval Revolution, integrado por 21 artistas de 12 países, bajo la dirección del músico Jordi Cardona.

El tren M1-M6-M8, de la serie 300, inauguraron el 30 de diciembre de 1924 la línea del Gran Metro entre Lesseps y Catalunya, la primera de Barcelona y precursora de la actual L3. Estos convoyes estuvieron en funcionamiento más de sesenta años, hasta finales de 1987.

Los tres coches motores (M1-M6-M8) que se restauraron en 1999 para la celebración del 75º aniversario de la inauguración del Gran Metropolitano de Barcelona, realizaron un viaje conmemorativo para después quedar apartados en las cocheras. Y allí han permanecido estos últimos años a la espera de otra oportunidad de lucir su poderío. Durante este tiempo han recibido la atención profesional de quienes se ocuparon de ellos durante su vida útil (63 años en servicio), que los mimaron y los mantuvieron en orden de marcha.

La actual red de metro de Barcelona procede de la unión de dos antiguas compañías privadas que operaron por separado hasta bien avanzado los años cincuenta, cuando se unieron en una sola de carácter público por razones político-económicas. Pero no ha alcanzado su notoriedad hasta hace unos años, tras conseguir la total integración de Metro de Barcelona con las líneas urbanas de FGC, ya que esta compañía posee tres líneas de ferrocarril subterráneo (además de diversas líneas interurbanas) totalmente equiparables a las líneas explotadas actualmente por Metro. Así, finalmente, se ha creado una red con diez líneas de ferrocarril metropolitano totalmente integradas tanto en servicio como en tarifas. A la integración tarifaria también se ha sumado Renfe.

Irún conmemora siglo y medio de tren con una exposición y charlas que reflejan su impacto

muestra-150-anos-del-tren-en-irun

Siglo y medio después de que llegara aquel primer tren, el 18 de octubre de 1863, hay poca discusión sobre el impacto ferroviario en Irún: “Fue un elemento de cambio social, económico y de población, afectó incluso al urbanismo», decía ayer el alcalde irundarra, José Antonio Santano. Hoy, 150 años después, tras un periodo de «esplendor y otro de decadencia, vuelve a estar sobre la mesa como elemento para el desarrollo y el transporte sostenibles».

Irún acoge hasta el próximo 28 de abril la exposición “150 años del ferrocarril en el País Vasco”, una muestra que repasa la evolución del tren en esta comunidad y que analiza su influencia en el desarrollo socioeconómico del territorio. Por las vías férreas llegó el progreso y una capacidad asombrosa para dinamizar la economía vasca, en general, y la de Irún, en particular. Carlos Larrínaga, historiador donostiarra que ha comisariado la exposición, señaló que «con unas leyes que prohibían construir industria a menos de 10 kilómetros de la frontera, el ferrocarril activó en Irún una economía de los servicios, el comercio y el transporte». Son los sectores que aún hoy representan la principal fuente de negocio en la ciudad.

La muestra, una de las primeras actividades programadas con motivo de los 150 años de la llegada del ferrocarril a la ciudad guipuzcoana , está organizada por el Museo Vasco del Ferrocarril, cuya directora Maitane Ostolaza ha participado en el recorrido por la sala junto con el comisario de la exposición Carlos Larrínaga. Los contenidos específicos sobre Irún se mostrarán en octubre con la exposición en la que está trabajando ya la Asociación de Amigos del Ferrocarril BAF7301, si bien se han colocado un par de paneles con información que recuerdan la estación del Norte de la época y varias piezas referidas a la ciudad fronteriza.

La exposición que ahora se puede ver fue preparada en 2012 por la Fundación del Museo Vasco del Ferrocarril coincidiendo con los 150 años de la apertura del tramo Miranda de Ebro-Olazagutía de la línea Madrid-Irún, el primero que entró en explotación en el País Vasco, y fue visitada en octubre por más de 10.000 personas en Vitoria-Gasteiz.

«La historia», recordaba la directora de la Fundación del Museo del Ferrocarril, Maitane Ostolaza, «es buena para extraer lecciones. El ferrocarril ha significado mucho para el País Vasco contemporáneo y va a seguir siendo fundamental para su desarrollo en muchos aspectos». Cuando dijo que «a través de su pasado podemos acercarnos al presente y al futuro», estaba resumiendo en una sola frase lo que engloba la exposición que se inauguró ayer por la tarde en Irún, con presencia también de la consejera vasca de Medio Ambiente y Política Territorial, Ana Oregi.

Coincidiendo con Santano y Ostolaza en la importancia del tren en el futuro y en la necesidad de que «todas las instituciones se pongan de acuerdo para su impulso», Oregi añadió que «también todos los territorios deben hacerlo, porque el tren es algo que une, algo que vertebra» y, en alusión al TAV, recordó también el papel que juega Francia.

En 150 años el mundo ha cambiado radicalmente. Y radicalmente es poco decir. La historiadora irundarra Mertxe Tranche abrió el martes por la tarde, con una conferencia, el programa con el que Irún celebra su siglo y medio de relación con las vías férreas. «Se calcula que, antes del ferrocarril, el 95% de la humanidad moría donde había nacido sin haberse aventurado nunca más allá de unas pocas leguas de ese mismo sitio», contó.

Esa evolución tiene su reflejo en esta exposición, que describe un completo arco desde los modos preferroviarios de viajar, como las pequeñas diligencias tiradas por caballos, hasta los modernos tranvías urbanos y el hoy omnipresente Tren de Alta Velocidad. Hay espacio para contar cómo se construyó tanta infraestructura, para el enorme desarrollo del que disfrutaron los ‘trenes económicos’, los de vía estrecha, en el País Vasco y para la importancia que esto tuvo en el crecimiento económico del territorio. Se habla de las máquinas de vapor, de las eléctricas y las diésel, y de muchas otras cosas, bien reforzadas todas con pertinentes fotografías.

Los textos son interesantes, pero lo que realmente hace obligatoria la visita a la muestra es la colección de objetos que la acompaña. La caja de cambios de una locomotora, el despacho de un jefe de estación del Tren del Urola, faroles, billetes, canceladoras, atuendos de los trabajadores de distintas épocas, son sólo una parte. Una maqueta de un tren eléctrico, un espectacular dibujo a mano del diseño de una locomotora, planos técnicos, entre ellos el del proyecto Amara-Puente Internacional para el Topo, son la otra.

Ese plano se incluye como una de las novedades que contiene esta muestra con respecto a la de Vitoria. Es una sección de carácter local, donde un panel explica el efecto demográfico y económico del tren sobre Irún, acompañado con históricas fotografías cedidas de su archivo personal por el irunés Jose Mari Castillo. La última pieza es un cofre recogido en la ciudad, un armario para provisiones de una máquina de vapor que lleva el nombre del maquinista, H. Cuesta, en una chapa.

El entorno expositivo, muy cuidado y alegórico, cuenta con vías que sostienen vitrinas y dispone las esquinas cubiertas de balasto, esas piedras sobre las que se asentaban las traviesas, recordando permanentemente al visitante cuál es el contexto de todo lo que ve.

No están los tiempos para grandes dispendios, así que el Ayuntamiento de Irún optó por la fórmula de la colaboración para diseñar un programa de actividades conmemorativas. Encontró el apoyo de entidades y empresas públicas y privadas como Adif, Renfe, Transfesa y la propia Fundación del Museo Vasco del Ferrocarril, y también el de numerosas asociaciones de la ciudad como Bidasotarra 7.301 de Amigos del Ferrocarril, la fotográfica AFI, la de Vecinos de San Miguel (el llamado barrio de la Estación) o la Filatélica y Numismática del Bidasoa. Con ellos se ha completado un programa que se abrió el martes con la conferencia de la historiadora Mertxe Tranche y que hoy tiene otra cita, en Ficoba, con la Jornada de Comunicación sobre el TAV. Incluirá también, durante los próximos meses, visitas guiadas de carácter histórico por la estación y el barrio que la rodea, exposiciones fotográficas y muchos otros actos, entre los que destaca una recreación histórica popular de 1863 en octubre, cuando se hará efectivo el 150 aniversario.

(Fuente e imagen Diario Vasco)

Frialdad y desapego institucional ante el 150 aniversario de la llegada del tren a Bilbao

aspecto-interior-estacion-abando

Indiferencia, desinterés, apatía e indolencia. El 150 aniversario de la llegada del tren a Bilbao ha pasado inadvertido. Ni un solo acto institucional para recordar la efeméride, con todo lo que esta ciudad (y el territoro) le debe al ferrocarril, que contribuyó de forma notable a la proyección exterior y de sus organismos principales. El pago: ni el recuerdo.

Ni el Ayuntamiento ni la Diputación de Bizkaia han tenido un gesto hacia este aniversario que supuso el lanzamiento de la Villa y su proyección exterior a los mercados de la Meseta y del Ebro. El tren llegó a Bilbao el de 1 marzo de 1863 con la aquiescencia de las acaduladas familias bilbaínas, pero con la adhesión popular de los vecinos de Bizkaia (la Diputación tuvo un papel capital), hasta lograr reunir en pocas semanas 100 millones de reales, todo un dineral en la época, para poner en marcha el ‘camino de fierro’. El entusiamo que invadió a la muchedumbre que recibió el tren inaugural aquel día en Abando se ha desvanecido en la historia, hasta el punto de que nadie hoy recordará ese insigne día. Ni tan siquiera Renfe ni Adif han tenido un detalle para evocar tamaño acontecimiento.

Cierto es que la Universidad del País Vasco prepara unas jornadas para el último cuatrimestre del año en el que se recordará el evento con una serie de charlas y una exposición con imágenes y artilugios del ferrocarril. Pero no es suficiente. No para este medio de transporte que tanto ha hecho por este territorio que tanto le debe. Pendientes de la llegada de ‘Y’ vasca, que ni tan siquiera estará para el horinzonte de 2018, van dejando morir edificios y vehículos ferroviarios y renuncian a recordar el pasado con un museo acorde a esta tierra que parió el hierro de los raíles y las locomotoras más famosas salidas de sus fábricas recorrieron todas las vías españolas. Y así nos va.

Bilbao se enganchó a la vía algo más tarde que sus capitales vecinas. Los guipuzcoanos (y alaveses) le birlaron la conexión directa con Madrid. Los financieros e industriales vizcaínos no tuvieron más remedio que optar por la conexión hacia el Este, una vez que el Gobierno de Madrid aprobó el trazado entre la capital del Reino y la frontera francesa por Irún, que dejaba las tierras vizcaínas de lado. Miranda de Ebro acabaría por desplazar a Vitoria. La unión de fuerzas con los empesarios vitivinícolas de La Rioja propició la creación del ferrocarril Tudela-Bilbao.

El ferrocarril fue la mayor empresa hasta entonces constituida en el País Vasco y, en gran parte, fue financiada por el capital local. A diferencia del ‘Madrid-Irún’ gestionado por la Compañía de Caminos del Hierro del Norte de España, con la que se hizo imposible un acuerdo, el tren a Bilbao se financió fundamentalmente con capitales recabados en las comarcas afectadas. La suscripción pública de acciones y obligaciones tuvo un espectacular éxito. Sólo en Bizkaia se suscribieron rápidamente 65 millones de pesetas, «con una fe y entusiasmo que prueban cómo se ha desarrollado en el país entero el pensamiento de dar un gran impulso a la creación de vías férreas». Además de capitales riojanos y navarros, participaron vizcaínos residentes en Cuba, que hasta 1898 es tierra española, y, por supuesto, la Diputación.

El 1 de marzo de 1863 las radiantes locomotoras, recién compradas en Gran Bretaña, permanecen estacionadas y en posición de revista, al alcance de las miradas de los miles de curiosos que no quieren perderse la ceremonia. Aún no han recibido el bautismo, pero ya tienen nombres que exponen sin pudor en placas remachadas en la carrocería. ‘Vizcaya, ‘Rioja’, ‘Burgos’, ‘Alava’, ‘Bilbao’, ‘Logroño’, de la casa escocesa William Fairbairn y numeradas del 1 al 6, a las que se suman otras de la inglesa Beyer-Peacock, que reciben también apelativos de las distintas poblaciones por las que va a atravesar el nuevo tren. Hoy en día solo queda una máquina superviviente, ‘la Izarra’, que casi desapercibida se mantiene a duras penas, desguarnecida y con escasos cuidados, en el andén 1 de Abando.

“Se hizo luego un profundo silencio; pitó la máquina y enseguida partió camino de la ciudad de Orduña, llevando en sus vagones a los más destacados invitados. A lo largo de los cuarenta kilómetros de recorrido, los expedicionarios presenciaron la triunfal acogida que las gentes de todos los pueblos dispensaban al convoy. La llegada a Orduña puede calificarse de apoteósica; después la fiesta fue creciendo en volumen. Allí se celebró un gran banquete y al final se pronunciaron los rituales discursos, que en aquella ocasión fueron vibrantes, preñados de alegría y de emoción”. El delirio popular y los fastos se multiplicaron por cuatro cuando la locomotora regresó a la estación bilbaína. El relato de los periódicos bilbaínos no deja resquicio alguno. Fue todo un acontecimiento.

Lo cierto es que la línea aún no se había completado -la estación de Abando seguía inconclusa y al poco tiempo sufrió un incendio, por lo que hubo que reconstruirla-, y los trenes con pasajeros sólo subían hasta Orduña, si bien los de mercancías llegaban hasta Miranda. El 31 de agosto de ese mismo año acaban las obras y la línea se completa hasta el enlace con Castejón de Ebro. En total, tenía una longitud de 249 kilómetros, de los que 104 correspondían al trayecto Bilbao-Miranda. Las estaciones y apeaderos son en 1872, además de las cabeceras, Arrigoriaga, Miraballes, Areta, Llodio, Amurrio, Orduña, Lezama, Inoso, Izarra y Pobes en Alava y Bizkaia. Se cumplía así la invocación de los artífices de este proyecto. “Y que pronto veamos unidos los raíles del Nervión al Ebro,llevando riqueza y ventura a todas las provincias de España”.

Si quieres puedes leer el relato que he publicado en El Correo sobre esta misma historia.

(Imagen J. Laurent. Patrimonio histórico Ministerio de Cultura)

Nueva York festeja los cien años de vida de la ‘Grand Central Terminal’, icono ferroviario mundial

grand-central-terminal-de-nueva-york.jpg

Un siglo ya. Y lo que le queda. En pleno corazón de Manhattan, se encuentra la construcción ferroviaria más iconográfica del mundo y uno de los edificios más visitados del planeta. La Estación Central de Nueva York, considerada la catedral del transporte, cumple hoy cien años en plenitud de facultades. La ciudad de los rascacielos celebra el centenario por todo lo alto.

El 2 de febrero de 1913 salía de los andenes de la ‘Grand Central Terminal’ el primer tren; su destino era Boston. Cien años después la terminal es el punto de partida y llegada de cientos de trenes, aunque los convoyes limitan su recorrido hasta el estado vecino de Connecticut. En sus 67 andenes transitan 150.000 pasajeros apresurados que solo acortan el paso al tropezar con los fascinados turistas que visitan esta joya de la arquitectura ferroviaria. Más de 21 millones de visitantes acuden al año a la terminal neoyorquina, una de las más grandes del mundo, en una competencia con la que no pueden ni tan siquiera el Empire State, el Puente de Brooklyn o la Estatua de la Libertad. Es uno de los grandes símbolos de la ciudad con 44 andenes y 67 vías en los dos niveles subterráneos (41 vías en el superior y 26 en el inferior).

Y, sin embargo, a punto estuvo de pasar a mejor vida durante el ‘boom’ del automóvil de los años 50. Situada en el cruce de la calle 42 y la Park Avenue, el aumento de los precios del suelo en Manhattan y la brutal eclosión de los utilitarios obligó a las autoridades a replantearse su futuro y su posible derribo. Las alarmas se encendieron y cientos de voces se alzaron contra la acción de la piqueta. Una de las que más influyó por preservarla fue Jackie Kennedy. El Tribunal Superior se pronunció finalmente y fue declarada monumento histórico.

El diseño de la terminal comenzó en 1903 (un choque de dos trenes en los abarrotados túneles del transporte de Nueva York dejó 17 muertos y Cornelius Vanderbilt decidió que era la hora de dotar a la ciudad de un nuevo trazado y una estación mejor) y se inauguró diez años después. A finales de la década de los 20 estaba ya en pleno apogeo y alcanzó todo su esplendor durante los cuatro lustros siguientes. Estrellas de cine, dirigentes de medio mundo, acaudalados viajeros y, por supuesto, varios presidentes llegaban a Nueva York en tren y pernoctaban en el cercano Waldorf Astoria, que tenía su propio andén ferroviario. Un cine, una galería y escuela de arte y varios restaurantes componían el decorado de la ‘Grand Central Terminal’. Antes de llegar a la mitad de siglo, la mitad de los habitantes de Estados UnidosNueva York había pasado por alguna de sus dependencias.

Son cientos los detalles que hacen de este edificio el icono ferroviario más reconocido del mundo. El interior es impresionante; en él sobresalen, además de la gran sala y sus lucernarios naturales (el vestíbulo principal tiene un techo interior que se encuentra a unos 40 metros de altura, con tres ventanas que llegan a los 23 metros), los adornos. En cada rincón se puede ver un montón de bellotas y hojas de roble, (“from an acorn a mighty oak shall grow”, es decir, de una bellota puede nacer un poderoso roble), que Cornelius Vanderbilt, una de las grandes fortunas del siglo XIX aunque de familia humilde e impulsor del ferrocarril, convierte en el escudo heráldico del que carece por su procedencia. También la fachada exterior es algo especial, aunque el edificio ha sufrido en los últimos años alguna merma que la ha restado monumentalidad. Sin embargo, el viandante aún se sorprende cuando contempla la estatua de Mercurio, a la que acompañan Hércules y Minerva.

Más detalles que la hacen diferente. Aún tiene un negocio inalterable desde 1913, el Oyste bar; coexisten 103 establecimientos de distinta naturaleza y se sirven 10.000 comidas en los restaurantes del complejo. Alrededor de 19.000 prendas se pierden y se encuentran, de los que los abrigos son los artículos más frecuentes con más de 2.000 al año.

Ahora Nueva York se rinde a sus pies. Los festejos comenzaron ayer; durante todo el dia se produjeron diversos espectáculos en los que participaron caras conocidas como Caroline Kennedy, hija del presidente John F. Kennedy, o el director de cine Spike Lee. Una exposición multimedia desarrollada por el New York Transit Museum muetra, además, la historia de la estación y su repercusión en la ciudad de Nueva York, situándola en el contexto histórico, social y cultural a través de los años.

A lo largo de todo el año están programados varios eventos conmemorativos como una exposición de trenes antiguos centrada en la historia del ferrocarril. Además, en primavera comenzará la renovación de la entrada de la terminal por la calle 42: se acondicionará el Vanderbilt Hall para exposiciones y se construirá una nueva cafetería. La guinda del pastel será la creación de un logotipo inspirado en el icono más famoso de la terminal: el reloj. Para esta ocasión las agujas marcan las 19.13 horas en alusión al año de apertura de la terminal, 1913.

La estación ha sido el escenario de multitud de películas como ‘El coleccionista de huesos’ o ‘Men in Black’. También se han rodado en su interior tomas clásicas como el tiroteo en la escalinata de la estación protagonizado por Kevin Costner en la película ‘The Untouchables’ justo en el momento en el que el carrito de un bebé rueda escaleras abajo, o cuando la terminal queda destruida en ‘The Avengers’ durante la lucha de los superhéroes por salvar el planeta de unos invasores extraterrestres.

Para conocer los actos más sobresalientes de este aniversario puedes consultar el calendario que se ha elaborado, por lo que debes entrar en la página web www.grandcentralterminal.com o www.grandcentralterminal.com. También puedes expresar tus sentimientos y compartirlos a través de las redes sociales GrandCentralTerminal en facebook y GrandCentralNYC en Twitter.

(Imgen Hal Morey. 1930)

‘Salvemos la Izarra’… y pongámosla a cubierto

IZARRA-1

Con más entusiamo que medios, integrantes de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao trabajan incansables en adecentar ‘la Izarra’, de forma que esté algo más que presentable para presidir los actos del 150 aniversario de la llegada del tren a Bilbao, en marzo de 2013. Mientras se ultiman aún los detalle para celebrar tal acontecimiento, la vetusta locomotora se somete a un acelardo ‘lifting’, aunque sus custodios con conscientes de que su futuro sólo está aegurado si consiguen ponerla a resguardo y evitar que la herrumbre acabe con esta auténtica joya del patrimonio ferroviario vasco. Lleva 38 años sin apenas cuidados y a la intemperie.

Fuera de vía, aislada en un pedestal en la zona más desguarnecida del andén número 1 de la estación de Abando, la ‘Izarra’ pide a gritos un cobijo que evite su muerte. El óxido y la herrumbre han minado seriamente sus defensas que ahora, a marchas forzadas pero con escasos medios, tratan de reparar los amigos del tren de Bizkaia que la tienen sometida a una cura de urgencia que palíe los años de exposición a la intemperie. Única en su género, es una de las locomotoras de vapor de ancho ibérico más antigua de España. Junto a sus siete gemelas (‘Amurrio’, ‘Orduña’, ‘Miranda’, ‘Haro’, ‘Cenicero’, ‘Recajo’ y ‘Rincón’) llegó en 1863 para llevar los coches de viajeros de la recién constituida línea ferroviaria Tudela-Bilbao, cuyos propietarios encargaron a la firma inglesa Beyer Peacook su primer parque de máquinas (curiosamente, unos años más tarde, esta misma empresa repetiría este modelo para los trenes de la primera línea del metro londinense).

Tras la quiebra de la sociedad férrea, la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España se hizo cargo de la línea en 1878 y con ello de la ‘Izarra’ y sus mellizas. Nuestra particular estrella siguió en activo hasta principios del siglo XX, momento en que ‘Norte’ la vendió de ocasión a la Sociedad Anónima Basconia de Basauri. Esta empresa la utilizó como locomotora de maniobras en el ramal que conectaba su factoría con la estación de Basauri-Dos Caminos, hasta el año 1965. Poco después, con motivo de un congreso internacional sobre el tren que se celebró en la capital vizcaína, fue donada a la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao. Pese a que nunca figuró en el parque de Renfe, la operadora accedió a colocar esta valiosa pieza de la arqueología industrial en la terminal de Abando, donde lleva a la intemperie 38 años, desde que en 1974 fue instalada como un monumento al tren. Siempre al exterior, sin cuidados ni arreglos que mitiguen los efectos de esta prolongada sobreexposición al aire libre, la amenaza se cierne sobre esta magnífica pieza ferroviaria.

“En una ciudad con un clima particularmente húmedo, su exposición a la intemperie no es la más adecuada. Toda restauración es forzosamente temporal, ya que, sin un constante mantenimiento, la corrosión reaparece a los pocos años y degrada la locomotora. Como mínimo, sería preciso construir una cubierta que la proteja. Evidentemente, trasladarla hacia el interior de la estación sería una práctica magnífica, aunque habría que estudiar previamente si es factible su mudanza, el acceso de las grúas, maniobras y otro tipo de operaciones”, subraya Juanjo Olaizola.

Para los amigos del tren, lo más urgente es su protección. Y se conforman con una simple marquesina que la permita guarecerse de la lluvia y de las inclemencias meteorológicas, aunque tenga que permanecer en el mismo lugar donde fue plantada hace 38 años. Algunos más exigentes reclaman un lugar privilegiado, donde pueda ser contemplada y admirada como lo que es: una verdadera alhaja. Que ocupe el lugar que le corresponde en el centro de la estación de Abando.

Si tú estás dispuesto a conseguir este objetivo, puedes mandar el documento que se muestra aquí debajo a la Diputación Foral de Bizkaia. Son los únicos que pueden realizar este sueño, no en vano son los garantes del patrimonio cultural de este país. Bájate el documento en pdf. Para dirigir el escrito a su destinatario final, el diputado general de Bizkaia, José Luis Bilbao, pincha aquí y adjunta el documento que te has bajado y envialo.

salvemos

Si quieres leer más sobre esta histórica locomotora puedes hacerlo en este reportaje publicado en El Correo el miércoles 19 de diciembre de 2012

Vitoria acoge la próxima semana el VI Congreso de Historia Ferroviaria

Vitoria será la próxima semana capital ferroviaria española. La ciudad gasteiztarra albergará el VI Congreso de Historia Ferroviaria, que organizan el Museo del Ferrocarril de Madrid de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, con el patrocinio de Euskotren y con la colaboración del Ayuntamiento, el Ministerio de Fomento, Renfe Operadora y Alsa. Los actos tendrán lugar en las instalaciones del Palacio de Congresos ‘Europa’, situado en la Avenida de Gasteiz, los días 5, 6 y 7 de septiembre.

Inmaculada Aguilar, de la Universidad de Valencia, abrirá la jornada inaugural, con la conferencia “Cincuenta años de patrimono ferroviario; la evolución del concepto de monumento”. El cierre de estas sesiones correrá a cargo de Manuel González Portilla (Universidad del País Vasco). Durante los tres días del congreso pasarán por el ‘Europa’ un centenar de investigadores sobre el mundo ferrociario.

Desde que se celebró en 1998 –en Alicante– el Primer Congreso de Historia Ferroviaria con motivo del sesquicentenario del ferrocarril en España, la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, a través de su Programa de Historia Ferroviaria, ha organizado varios encuentros académicos de carácter internacional entre los principales investigadores de la historia del ferrocarril. Además del citado de Alicante (1998), se han celebrado los de Aranjuez (2001), Gijón (2003), Málaga (2006) y Palma de Mallorca (2009).

Estos congresos han supuesto un flujo incesante de transferencia de conocimiento entre las principales universidades españolas, europeas y latinoamericanas. En ellos se han discutido medio millar de ponencias y se han inscrito en total alrededor de mil congresistas, y su carácter itinerante ha respondido, entre otras razones, al impulso de la organización para que coincidieran con las fechas conmemorativas de la implantación del ferrocarril en diferentes puntos de la geografía española. En el Congreso de Vitoria, la celebración ferroviaria coincide, además, con la declaración de Vitoria como European Green Capital 2012.

Los textos que compondrán las diferentes sesiones temáticas se han agrupado en seis sesiones: Los ferrocarriles en el País Vasco y su entorno; Ferrocarril y ciudad en perspectiva histórica; Ferrocarril y turismo; Conexiones ferroviarias transfronterizas; El ferrocarril y su relación con otros modos de transporte; Patrimonio Industrial Ferroviario; y Sesión General. Sus autores proceden de 31 universidades y diferentes instituciones de Alemania, Argentina, Austria, Bélgica, España, Estados Unidos, Francia, Italia y Ucrania, y pertenecen a áreas del conocimiento tan variadas como la historia económica, la historia social, la ingeniería, la historia del arte, la literatura o la historia financiera.

Además de las sesiones científicas, se desarrollará un programa cultural complementario que contará con una exposición sobre la historia del ferrocarril en el País Vasco, la visita al Museo Vasco del Ferrocarril de Azpeitia y diversas visitas guiadas por la ciudad de Vitoria.

‘Historias del tren’, el blog sobre el mundo ferroviario de Juanjo Olaizola

“Desde que vine al mundo en San Sebastián, en 1965, el transporte ferroviario en todas sus facetas, desde las locomotoras de vapor a la alta velocidad, pasando por la vía estrecha, los trenes mineros, los tranvías e incluso híbridos como los trolebuses, ha atraído mi interés”. Juanjo Olaizola Elordi se presenta así en su recién abierto blog, ‘Historias del tren’ con el que pretende “desentrañar la historia de nuestros ferrocarriles en todas sus facetas: empresas, empresarios, trabajadores, infraestructuras, material móvil, servicios, éxitos y fracasos. Espero que, además, se convierta en una tribuna abierta en la que los lectores puedan proponer temas a tratar y plantear cuestiones que, en la medida de nuestras posibilidades intentaremos resolver. De este modo, entre todos, podremos contribuir a incrementar el conocimiento sobre la rica historia de nuestros ferrocarriles”.

Al mater e impulsor del Museo Vasco del Ferrocarril, Juanjo Olaizola es un prolífico autor de textos ferroviarios y unos de los expertos en la materia en nuestro país. Apasionado del vapor, ha logrado que el tren vasco sea un referente en el extranjero, a través de su gestión en el museo, al que ha dedicado casi dos décadas de intenso trabajo. Con su dirección, apuesta decidida por el vapor vivo y la restauración del patrimonio ferroviario, las instalaciones de Azpeitia son un ejemplo museístico que otros centros han intentado copiar. Y ha conseguido que la localidad guipuzcoana sea paso obligado para todos los amantes del tren tanto de España como del extranjero.

Despedido de la dirección de Azpeitia en diciembre, e incluso de la empresa que gestiona el museo, Juanjo Olaizola se embarca en una aventura literaria con la que pretende “contribuir a la recuperación de la memoria de aquellos trenes y tranvías que sentaron las bases de nuestros ferrocarriles”. Es autor de más de 28 libros sobre el ferrocarril (entre otros “75 aniversario del funicular de La Reineta, 1926-2001″, I centenario del ferrocarril de Bilbao a Lezama”, “El ferrocarril de Durango a Arrazola y Elorrio”, “El ferrocarril vasco navarro. Eusko Tren. Bilbao, 2000″, “El tranvía eléctrico de Bilbao a Durango y Arratia. Eusko Tren. Bilbao 2001″ o “Eusko Tren, 1982-2002. Veinte años de progreso. Eusko Tren. Bilbao, 2002″);y ha publicado cientos de artículos en todas las revistas del sector (‘Carril’, ‘Trenes Hoy’, ‘Vía Libre’, ‘Maquetrén’, ‘Hobbytren’, ‘Trenmania’, ‘Doble Tracción’, ‘Revista de Historia Ferroviaria’) Asimismo, ha colaborado en la elaboración de varias publicaciones en prensa, radio y televisión y ha participado en seminarios, congresos y conferencias en Euskadi, Miranda de Ebro, Mallorca, Málaga, Alicante, Madrid, Almería, Gijón, Santander, Tarragona, Barcelona y Oporto.

Bienvenida sea la iniciativa, y que dure, mientras el tiempo cicatriza las heridas y hace posible -que lo hará- el regreso de Olaizola al Museo Vasco de Azpeitia, y con él, el de las decenas de Amigos del Museo a los que también se les ha expulsado de la institución.

‘El tren de la muerte’, un viaje al primer fusilamiento masivo de la Guerra Civil, según el historiador Santiago Mata

Más episodios de la Guerra Civil. Y el tren como involuntario protagonista. Lejos de lo que algunos piensan, conviene recordar la Historia para no repetir los mismos errores. El periodista e historiador Santiago Mata (Valladolid, 1965) ha investigado en su último libro, ‘El tren de la muerte’ (La Esfera de los Libros) lo que él mismo califica como “el mayor fusilamiento público de la Guerra Civil”, una masacre que tuvo lugar el 12 de agosto de 1936 cuando un tren procedente de Jaén era inmovilizado por grupos de milicianos en un apeadero cercano a Vallecas. De las 240 personas que viajaban en él, 191 fueron fusiladas.

‘El tren de la muerte’ pone en evidencia cómo las dos partes implicadas en la Guerra Civil estuvieron interesadas, aunque por causas distintas, en ocultar las dimensiones reales de la estructura de poder y del cambio social que se produjo en la retaguardia republicana.

Los pasajeros de este tren fueron detenidos en la provincia andaluza por su filiación política de derechas o su catolicismo; en el convoy viajaba el obispo de Jaén junto a su hermana. Todos ellos eran conducidos a la cárcel de Alcalá de Henares pero ante la presión de los milicianos, el Gobierno accedió a que los presos fueran fusilados. Sólo lograron escapar unos pocos, entre ellos Leocadio Moreno, un joven de 19 años que Santiago Mata ha conseguido localizar y que a sus 94 años recuerda vívidamente lo que ocurrió, aunque confiesa no haberlo contado más que “tres o cuatro veces” en su vida y nunca a sus padres, señala Mata.

El autor ha dedicado dos años a reconstruir estos hechos y para ello ha ahondado en los documentos que dan cuenta de lo ocurrido, si bien apenas existen datos poco más allá de los nombres de las víctimas y la identificación de los verdugos sobre los que hubo una escueta investigación policial. Curiosamente, y por diferentes motivos que expone en el libro, ni el bando republicano ni, sobre todo, el franquista quisieron profundizar en lo sucedido.

Para Santiago Mata esta investigación empezó inicialmente “por curiosidad” pues le “chocaba” que apenas se explicara lo ocurrido. En el libro, el historiador descubre el lugar exacto donde fueron fusilados los 191 presos que llegaban a Madrid procedentes de Jaén.

‘El tren de la muerte’ está dividido en tres partes. En la primera se reconstruyen, a la luz de los documentos, los sucesos de los días 11 y 12 de agosto de 1936: las matanzas de cientos de presos que llegaban a Madrid procedentes de las provincias de Jaén y Córdoba (ese día 11 el intento no tuvo el éxito esperado pues viajaban más de 300 personas de las que fusilaron a 11, pero en la jornada siguiente sí se logró el objetivo).

La principal evidencia obtenida al respecto es que estas matanzas, según sostiene Mata, fueron autorizadas por el Gobierno de la República con el consentimiento muy probablemente del presidente del Gobierno (José Giral), casi con certeza del ministro de Gobernación (Sebastián Pozas) y sin ningún género de dudas del director general de Seguridad (Manuel Muñoz).

Según explica, el anuncio del envío de los presos en trenes, hecho desde Jaén por diputados socialistas, llevó al asalto en Atocha del primero de los trenes, y tras el fracaso parcial de este asalto, a la preparación concienzuda de la segunda y más mortífera matanza. En esta preparación intervinieron fuerzas militares comunistas, socialistas y anarquistas.

En la segunda parte, Mata narra las “consecuencias internacionales” de esta acción. La documentación diplomática ha revelado que, al día siguiente de producirse la masacre, los embajadores extranjeros comunicaron al Gobierno republicano que admitirían en sus sedes diplomáticas a ciudadanos españoles. “Todos los Gobiernos, excepto México, Turquía y Argentina, autorizaron a sus embajadores a marcharse de España, si bien finalmente no lo hicieron pensando en la protección que debían a sus súbditos”, explica.

Así, en su opinión, los otros países dejaban claro que consideraban que La República había dejado de ser un Estado de Derecho que pudiera reclamar la solidaridad de las democracias occidentales.

Por último, en la tercera parte, Santiago Mata analiza los motivos por los que especialmente el régimen franquista no dio a la masacre la relevancia que tenía. Su teoría es que estos sucesos podían “poner en entredicho” algunos mitos del franquismo. Por ejemplo, el papel heroico que en la posguerra se asignó a la Guardia Civil (invocando para ello la gesta del Santuario de Santa María de la Cabeza) podía quedar en duda si se conocía la conducta de dudosa adhesión al alzamiento, o abierta cobardía, de algunos mandos del instituto armado en Jaén.

Tampoco salían bien paradas muchas familias adineradas de la provincia, que habían evitado la cárcel, la deportación y la muerte pagando un rescate. El autor apunta que, en realidad, la colaboración con las autoridades revolucionarias había sido mucho más habitual de lo que pudiera pensarse a primera vista.

A la vista de todo esto, Santiago Mata señala que las personas que viajaban en ese tren “fueron las víctimas más olvidadas”. Todas ellas, perfectamente identificadas, fueron enterradas inicialmente en el cementerio de Vallecas pero en los años 40 se les trasladó a la cripta de la catedral de Jaén.

El libro también incluye el testimonio de Leocadio Moreno, que tenía 19 años en el momento de la masacre y que es el último superviviente. En su opinión, “las más de 200 víctimas de los trenes de Jaén han sido las grandes perdedoras de aquella tragedia”.

Las peripecias tremendas que sufrió Moreno, quien logró escapar de aquellos fusilamientos mostrando un carnet de estudiante y alegando que pertenecía a los socialistas universitarios, le han dado al autor el “impulso decisivo” para escribir este libro. “Paradójicamente Leocadio Moreno logró, diez días después de aquellos hechos, volver a burlar a la muerte durante su estancia en la cárcel Modelo haciéndose pasar por un preso común para no ser ajusticiado. Y, durante la guerra, a pesar de ser de derechas, le tocó defender el bando republicano y también sobrevivió”, narra Mata.

Santiago Mata se licenció en Historia en 1988 y en Periodismo dos años más tarde. Entre 1996 y 2004, vivió en Eslovaquia y Austria, trabajando para diversos medios de comunicación. Es redactor de cultura y sociedad en ‘La Gaceta’. Entre sus publicaciones de divulgación histórica destacan ‘U-Boote. Submarinos alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Mito y realidad de un trágico destino’, el especial sobre ‘Bombardeo estratégico en la Segunda Guerra Mundial’ y la biografía ‘El hombre que demostró el cristianismo. Ramon Llull’.

Un convoy histórico recorre Italia para evocar, 90 años después, el viaje con el cuerpo del ‘soldado desconocido’

La historia de María Bergamas vuelve de nuevo al primer plano de la actualidad italiana. Noventa años después de ocurridos los hechos, la madre del ‘soldado desconocido’ italiano recobra la vida, aunque solo sea en el recuerdo de aquel viaje que conmocionó la Italia del primer cuatro de siglo XX y encogió los corazones de millones de compatriotas afligidos por el fallecimiento de 650.000 soldados. Roma necesitaba honrar a sus muertos de la Gran Guerra. Y el féretro donde María Bergamas colocó el cuerpo de su hijo, muerto en la contienda mundial, dio la vuelta a Italia hasta que alcanzó el reposo final en el monumento de Víctor Manuel II, en el ‘altar de la patria’.

Ahora, noventa años después, el tren del ‘soldado desconocido’ vuelve a la estación de Termini, donde puso fin a un viaje de cinco días por varias regiones italianas para evocar el recorrido realizado por la locomotora que arrastraba el coche con los restos de uno de los caídos en la Primera Guerra Mundial. El convoy partió desde el pueblo de Aquileia, en el noreste del país, y atravesó 15 ciudades, entre ellas Florencia y Bolonia, antes de llegar a Roma. Pintado con los colores de la bandera italiana (verde, blanco y rojo), el interior del tren fue reconstruido tal cual era en 1921. Una locomotora de época arrastraba, como entonces, cinco coches, hoy en depósito en el museo ferroviario.

La historia del ‘soldado desconocido’ arranca en 1921, cuando el Alto Mando del Ejército italiano decidió honrar a los 650.000 efectivos italianos caídos en combate, en su mayoría anónimos. El Ejército seleccionó a la madre de uno de los caídos, María Bergamas, para que eligiese un féretro entre once que incluían restos de soldados italianos, de los que saldría el emblemático símbolo.

El féretro seleccionado fue introducido en un tren que recorrió 120 pueblos y ciudades, donde fue aclamado hasta llegar al monumento en honor del primer rey de la Italia unificada, Víctor Manuel II, donde se dispuso su lugar de reposo en el llamado Altar de la Patria.

Noventa años después, evocando aquel viaje que encogió el corazón de millones de italianos, el convoy llegó al son de una canción partisana a la estación romana de Termini, donde esperaban entre otros el presidente de la República, Giorgio Napolitano; el ministro italiano de Defensa, Ignazio La Russa, y el heredero de la casa de Saboya, Manuel Filiberto, invitado por el Gobierno. Con este recorrido, Italia honra a sus soldados caídos en el 150 aniversario de su unificación.

‘El maquinista de La General’, un gran clásico del cine mudo y la ruina de Buster Keaton

Estados Unidos se prepara estos días para participar en los actos organizados para rememorar el 150 aniversario de la Guerra de Secesión, que aún sigue provocando fuertes controversias e hiriendo la susceptibilidad de los estados sureños. Sin embargo, las imágenes que guardan en la retina millones de personas en el mundo sobre los sangrientos episodios del último cuarto de siglo XIX poco o nada tiene que ver con la cruda realidad. Porque el gran icono de esa trágica historia se ha inmortalizado a través del celuloide en una melancólica película que ha pasado a los anales cinematográficos como una de las grandes obras del cine mudo. Y el culpable de todo ello es el magnífico actor Buster Keaton, coautor del guión de ‘El maquinista de La General’, que también dirigió y protagonizó.

‘El maquinista de la General’ se acabó de rodar en agosto de 1926, y en diciembre de ese año tuvo un pase previo en Los Ángeles que sirvió para realizar algunos retoques. El estreno oficial no se produjo hasta el 5 de febrero del siguiente año en el Capitol Theatre de Nueva York. Gustó al público, pero no a los críticos que fueron muy duros con el actor y director, quizá por las supuestas simpatías que el film mostraba hacia la causa confederada. De los once periódicos importantes de la zona, ocho fueron completamente hostiles al filme, dos lo recibieron con una cautela más o menos favorable y sólo uno lo reconoció como la obra de un genio. Como consecuencia, ‘El maquinista de La General’ sólo recuperó el alto coste con su explotación en otros países, pero nunca dio ganancia alguna y fue considerada un desastre económico por su distribuidora, United Artists. Desde entonces, y aunque tuvo cierto control sobre sus próximas películas, Buster Keaton no volvió a figurar como director en ninguna de ellas.

‘El maquinista de La General’ es ante todo una epopeya, incluida hoy por críticos y cineastas entre las mejores películas jamás hechas. Pese al fracaso de taquilla, Buster Keaton la consideró la mejor de todas sus films. Años más tarde, público y crítica coinciden con él. La cinta está considerada como uno de los grandes clásicos del cine mudo.

Mientras en Estados Unidos la película tiene unas connotaciones trágicas (aún hoy la Guerra Civil levanta serias controversias y recelos entre los habitantes del Sur), miles de personas de todo el mundo contemplan la historia que Keaton como un cuento cómico. Nada más lejos de la realidad. A partir de una historia real en la Guerra Civil Americana en 1862, Buster Keaton protagonizó y creó una comedia heroica. Conmovido, como millones de sus compatriotas, por el relato de un superviviente de la guerra, la película está basada en un hecho real. Se trata de una adaptación del libro de William Pittenger: Daring and Suffering: A History of the Great Railway Adventure (Audacia y sufrimiento: Una historia de la gran aventura ferroviaria), el cual fue publicado en 1863.

El gran actor cómico narró la historia de Johnnie Gray, un maquinista de ferrocarril de la Western & Atlantic [1 que tiene dos pasiones en su vida, su locomotora ‘La General’ y su novia Annabelle Lee (Marion Mack). Cuando estalla la Guerra Civil, Annabelle pide a Johnnie que se aliste en el ejército sudista para luchar contra la Unión. En el momento en que va a inscribirse no es admitido pues lo consideran más útil en su profesión de maquinista que en su posible aportación como soldado. Annabelle Lee cree que fue un acto de cobardía y decide no hablarle más. Un año después, Annabelle tiene que viajar porque su padre está herido, y lo hace en la locomotora de Johnnie, del que nada quiere saber. A mitad del recorrido un grupo de nordistas, intentando enlazarse con el ejército de la Unión en Chattanooga, deciden poner en marcha un plan que incluye el robo de ‘La Genera’. Cuando llevan a cabo su huida descubren que Annabelle permanece en la locomotora y se la llevan como prisionera. Johnnie intentará recuperar su locomotora y al mismo tiempo a su amada. Y comienza una espectacular persecución que propicia las mejores escenas del filme y algunas de las más memorables de toda la época del cine mudo, como la del cañón que desciende su ángulo de tiro y apunta directamente a Keaton. Esa persecución llevará a Johnny hasta detrás de las líneas enemigas, donde recuperará a sus grandes amores (su novia y su locomotora), conocerá los planes secretos de los unionistas y se verá envuelto también una nueva persecución contrarreloj -en esta ocasión será él el perseguido-, con el objetivo de advertir a los confederados de la amenaza que se cierne sobre ellos

El principio esencial en el que se basa el montaje y el contenido de las escenas en general es el de veracidad y fidelidad. Keaton procura que lo que graba se vea lo más real y creíble posible, no importándole gastar hasta un millón setecientos mil dólares para dejar caer una locomotora al río. Una de las secuencias más caras de la historia del cine. Igualmente, Buster Keaton no aceptó el uso de dobles ni en las escenas más peligrosas, como la de Johnnie sentado en la biela de la locomotora que de pronto empieza a avanzar y que exigía una exquisita pericia del maquinista para evitar que la máquina pudiera patinar, hacer caer al actor y quedar despedazado entre las ruedas.

Keaton logró inmortalizar la mítica locomotora protagonista de esta rocambolesca historia, pero paradójicamente la máquina que aparece en su película es una ‘doble’ de ‘La General’. La auténtica máquina de vapor se conservaba por aquel entonces en la estación de Chattanooga, expuesta al público y a los pasajeros, y aunque en un principio sus propietarios autorizaron su uso para el filme, luego decidieron negarlo ante las protestas de diversos grupos de veteranos de la Guerra Civil. A ninguno le hacía mucha gracia que esa reliquia fuera objeto de una cinta cómica. Como resultado, Keaton tuvo que conformarse con unas réplicas esencialmente idénticas a las dos locomotoras que protagonizaron aquella épica persecución.

Buster Keaton recuperaría años más tarde el favor del público y de la crítica. Y todo gracias a su mejor película. Entusiasmado con su creación, a mitad del siglo XX el coleccionista Raymond Rohauer se compromete a recuperar, restaurar y difundir la mayor parte de su obra. Rehabilitado en su propio país, obtiene un oscar honorífico de la Academia en 1959 que le permite iniciar una gira por Europa que le restituye la fama.

En 1989, 'El maquinista de La General' fue seleccionada para su conservación en el National Film Registry de Estados Unidos por la Biblioteca del Congreso por ser "cultural, histórica o estéticamente significativa". Entró en el registo en el primer año, junto con películas como ‘Los mejores años de nuestras vidas ‘, ‘Casablanca’, ‘Ciudadano Kane’, ‘Lo que el viento se llevó’ y ‘Sunset Bulevar’.