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Dos detenidos por robar dos toneladas de cobre de la vía y causar un accidente de tren con el material

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Los Mossos d’Esquadra han detenido a dos hombres acusados de cortar el cable de la vía ferroviaria en Pla de Vilanoveta (Lleida) y dejarlo preparado para llevárselo sobre la vía, lo que provocó que un tren tuviera un accidente al chocar con los hierros, aunque sin que se registraran daños personales. Al parecer, los hechos tuvieron lugar en febrero y los detenidos, acusados de daños y de hurto en grado de tentativa por arrancar 200 metros de cable de cobre de la via del tren, acumulaban más de dos toneladas de carcasas de cable ya pelado cerca de su casa.

Las detenciones son el resultado de una investigación iniciada el pasado 20 de febrero, después de que los Mossos tuvieran conocimiento de que unos individuos habían intentado hurtar cable de cobre de la vía ferroviaria, a la altura de la población de Pla de Vilanoveta. Los ladrones arrancaron unos 200 metros de cable de cobre y lo dejaron cortado y preparado para recogerlo posteriormente. Esto motivó que, alrededor de las 06.30 horas del mismo día, un tren que cubría la línea entre Lleida y Cervera topara con parte de los hierros que habían sido arrancados. El choque, que no causó daños personales, provocó una avería a los frenos del convoy, que no pudo continuar su marcha, teniendo que ser transportados los viajeros en autocares. El accidente también provocó la suspensión otros tres trenes.

El pasado lunes, los Mossos, con la colaboración del servicio de vigilancia privada de Adif, pudieron identificar y detener, en la calle Veguer Carcasona de Lleida, a los dos presuntos autores del hurto. Los detenidos son Francisco H.D., de 34 años, y José Manuel H.D., de 39 años, ambos de nacionalidad española y vecinos de Lleida, a los que se acusa de un delito de daños y un delito de hurto, en grado de tentativa. Los detenidos, con numerosos antecedentes por hechos similares, pasaron ayer a disposición judicial ante el juzgado de instrucción en funciones de guardia de Lleida.

Los Mossos en colaboración de la Guardia Urbana de Lleida, han realizado una inspección a las cercanías del domicilio de los detenidos, situado en la calle Aigüestortes de Lleida. Al final de esta calle hay una zona no urbanizada y escondido en medio de una zona arbolada los agentes han localizado grandes cantidades de carcasas de cable de cobre ya pelado. Esto hace suponer a la Policía que el material había sido ya vendido a algún chatarrero.

Con la ayuda de los servicios de limpieza municipales, una retroexcavadora y un camión se ha retirado la mayor parte de todo este material, presuntamente robado, que supera las dos toneladas de peso. La investigación continúa abierta y se han cogido muestras del material para averiguar su procedencia.

El tren minero de El Soplao permite un cómodo acceso a esta capilla geológica de Cantabria

Minería y ferrocarril guardan una relación histórica. No en vano fueron las empresas mineras las primeras en explotar el uso del tren para el desarrollo y mejora de las explotaciones. Rieles y vagones se convierten en prototipos casi naturales que conviven con el paisaje minero. Y hacen que el tren sea el vínculo de unión entre el exterior e interior de estas galerías industriales. No podía ser, por tanto, de otra forma que se haya elegido un tren para acceder a las cuevas de El Soplao, uno de los referentes turísticos más sobesalientes de Cantabria, sobre todo en esta última década.

El tren minero de El Soplao es único y genuino en su tipología. Su inspiración proviene de las vagonetas que utilizaban los mineros para el transporte de material, aunque ahora se haya cambiado el mineral por otro tipo de recursos, que aporta también beneficios a la empresa que lo explota. Este pequeño convoy traslada a los visitantes a las cuevas desde la estación exterior hasta el andén de intercambio de pasajeros del interior de la cavidad, que se sitúa a 180 metros de la entrada.

El vehículo que se utiliza para acceder a la cueva simula, por tanto, lo que hubiersa sido el transporte habitual en una instalación industrial de este tipo. Se ha construido especialmente para este servicio que se tracciona a través de un cable que aprovecha la pendiente existente entre la estación y la galería. El cable de tracción va sujeto a uno de los vehículos, en cualquiera de los dos sentidos de marcha. El ancho de vía es de 650 milímetros y el carril de 30 kilos por metro. La longitud aproximada de todo el trayecto ferroviario es de unos 300 metros.

El convoy se compone de un carro tractor con cabestrante eléctrico, una decena vagones para el alojamiento de los visitantes, carro de freno con alojamiento para el conductor y lanzas que unen entre sí todo el transporte. El cable es guiado por un sistema de diferentes tipos de rodillos.

El tren permite, por tanto, un acceso cómodo a las cuevas de El Soplao, una de las grandes referencias del turismo subterráneo que atesora un espectacular conjunto de formaciones excéntricas. La cueva recibe el nombre de soplao que la terminología minera define como una cavidad natural cerrada que al ser alcanzada por una galería minera provoca una fuerte corriente de aire. En los últimos años se ha convertido en uno de los focos turísticos más importantes de Cantabria. Las rocas -calcita y aragonito-, que habitan en sus galerías, adoptan formas que invitan a interpretaciones de imaginación desbordada. Constituye un paisaje único que permite a los investigadores un entorno de continuas sorpresas. El gran yacimiento de ámbar ubicado una ladera del llamado Territorio Soplao -junto a la cueva del mismo nombre- se presentó como único en su especie y se ha postulado como «laboratorio mundial» para conocer cómo era la Tierra hace 110 millones de años.

El Soplao se ubica al noroeste de Cantabria, en la Sierra de Arnero, a 540 metros sobre el nivel del mar y se extiende a lo largo de 21 kilómetros de galerías naturales, con más de 30 de galerías mineras. La cueva está situada en un entorno natural de gran belleza, entre los municipios de Valdáliga, Herrerías y Rionansa. Se descubrió a principios del siglo XX, durante los trabajos de explotación de la mina de La Florida. El visitante puede acceder a la cueva en el tren mineroo y visitar una zona de 1.300 metros que transcurre por varias salas, entre las que destaca la denominada Ópera. La visita se realiza con un guía y dura una hora, siendo apta para todos los públicos. Además, se ofrece una visita de turismo aventura con una duración dos horas y media y unos cuatro kilómetros de recorrido subterráneo.

Hay quien asegura que el mundo subterráneo de El Soplao supera con creces, salvando las distancias, el espectáculo que proporciona Altamira. Esta capilla geológica está considerada como una de las grandes maravillas de la geología, con grandes superficies tapizadas de aragonitos, falsos techos, gours, estalactitas y estalagmitas excéntricas que provocan todo un juego de luces y sombras, sensaciones, colores y olores. El visitante se siente atrapado por el curso que ha seguido la naturaleza a lo largo de los siglos y acercarse, al mismo tiempo, a la historia de la minería, retratada en los túneles y arqueología minera que se conserva en la cavidad, explotada ya en época romana y, posteriormente, desde el siglo XIX hasta el año 1979.

Los ladrones de cobre provocan daños millonarios en las vías férreas inglesas

La noticia proviene de Inglaterra. Pero lo mismo se puede aplicar a otros países europeos, incluido el nuestro. Los ladrones del cobre utilizado en la infraestructura de las líneas de ferrocarril británicas están causando daños millonarios y continuas molestias a los viajeros que utilizan ese medio público de transporte. Según informa hoy el diario ‘The Guardian’, la compañía Network Rail, que fue la primera en denunciar ese nuevo tipo de delincuencia, ha creado un grupo de trabajo para combatir los robos de ese metal, que desde 2004 suman 41 millones de euros de pérdidas para las empresas ferroviarias.

Ese grupo de trabajo, del que forma también parte la Policía de Transporte, reclama de las autoridades condenas más duras para los delincuentes, así como nuevas leyes que den mayores poderes a los agentes de la ley para perseguir a los vendedores de chatarra que comercian con mercancía robada. Las bandas de ladrones paralizan tramos enteros de la red al arrancar los cables de cobre de los sistemas de señalización, que utilizan ese metal para transportar los mensajes y la propia corriente.

Network Rail ha calculado que por culpa de esos robos los viajeros sufren retrasos anuales equivalentes a medio millón de minutos, según el citado diario. Los robos de cobre de la red ferroviaria disminuyeron a finales de 2008 debido a la caída del precio de ese metal en los mercados mundiales, pero han vuelto a proliferar con el aumento de los precios, consecuencia de la fuerte demanda de China y la India.

La red ferroviaria no es, sin embargo, la única víctima de esos delincuentes: cientos de hogares de la localidad de Lympne, en el sureste de Inglaterra, vieron interrumpidos sus servicios telefónicos y de banda ancha de internet por culpa del robo de cables de cobre, y en otras localidades se han registrado incidentes similares. Los ladrones han robado también tuberías de gas, estatuas de cobre o de bronce e incluso pararrayos de iglesias.

Según un portavoz de la Policía de Transportes, “generalmente los ladrones roban los cables de señalización. Ello no supone una amenaza para los pasajeros porque las señales pasan inmediatamente al rojo, lo que hace que los trenes se detengan”.

El fenómeno no nos es ajeno, puesto que en España también se ha producido un alarmante aumento de los robos de este material. No hay un día en que no se detenga a algún individuo con cierta cantidad de este metal. Sin ir más lejos, el pasado 17 agentes de la Guardia Civil de Tráfico detenían de madrugada a dos individuos que transportaban en dos furgonetas un kilómetro de cable recién sustraído del tendido de servicio de la vía del AVE Madrid-Barcelona. Además de las vías férreas, el tendido telefónico (y el eléctrico) se ve perjudicado por este tipo de elitos, hasta el punto de que se han alzado peticiones reclamando un endurecimiento de las penas por este tipo de delitos que pone en riesgo la seguridad de servicios básicos: la comunicación y el transporte.